martes, 10 de febrero de 2015

El Rapto en el Serrallo de Mozart con la Houston Symphony, Houston Tx.

Foto: Houston Symphony

Ramón Jacques

La programación de operas dentro de las temporadas de las orquestas sinfónicas, que es ya una costumbre entre las principales agrupaciones estadounidenses, ha enriquecido la oferta lirica en sus ciudades con títulos desconocidos, poco representados o difíciles de escenificar por los teatros de ópera. Como ejemplo se pueden citar las versiones en concierto que harán este año la Boston Symphony de Król Roger de Karol Szymanowksi; o de Written on Skin de George Benjamin por la New York Philarmonic. Es precisamente en este nicho en el que la Houston Symphony incorporó a su repertorio El Rapto del Serrallo de Mozart (y evidentemente lo hará con más obras liricas en futuras temporadas). En esta ocasión, se optó por una versión semi-escénica con un estrado detrás de la orquesta en el que los cantantes y el coro se desplazaran con facilidad, entraban y salían en los cambios de escena. Se redujeron los diálogos a lo indispensable, lo que ayudó a que prevaleciera la continuidad musical. De la dirección escénica y actoral se ocuparon Lloyd Wood y la dramaturga Gretl Satorious quienes exaltaron con gracia las situaciones cómicas que permite la trama, aunque por momentos se excedió y se exageró innecesariamente en las bromas y la interacción que tuvo el director de orquesta con los solitas y con el público. Musicalmente, una reducida orquesta cumplió satisfactoriamente, con una ejecución puntualmente sinfónica pero con la libertad de transmitir, sorprender y de halagar, bajo la incisiva y entusiasta batuta de su titular, el colombiano Andrés Orozco Estrada quien demostró control e incesante motivación a sus músicos. El elenco de jóvenes cantantes fue encabezado por el tenor Paul Appleby quien prestó al rol de Belmonte calidez y elasticidad con voz de un color sutil que agrada en este repertorio. Sorprendente la prestación de la soprano Lauren Snoufer quien sacó adelante el tour de forcé que es el papel de Constanza con encomiable naturalidad, brillantez y agilidad. Agradó Abigail Dueppen por su esmalte vocal como Blonde y el tenor Rafael Moras por su desenvoltura como Pedrillo. El bajo Aaron Sorensen dio vida al papel de Osmin. Una mención para el coro de la Universidad de Houston por su solido aporte.


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