domingo, 22 de febrero de 2015

Simone Kermes en el Festival Ortiz Tirado 2015 de Álamos Sonora, México

Foto: Agencias
En un verdadero tributo a la voz humana, la soprano alemana Simone Kermes ofreció una espléndida gala de ópera al lado de la Orquesta Filarmónica de Sonora (OFS) que, bajo la batuta de Christian Gohmer, lució en la ejecución del repertorio con el que la intérprete sorprendió al público, llevando al extremo su dramatización. Irreverencia, capacidad de improvisación pero, sobre todo, una exquisita voz que maravilló por su potencia, frescura y espontaneidad, fueron las cartas de presentación de Kermes, en su debut en Álamos, como parte del 31 Festival Alfonso Ortiz Tirado (FAOT), encuentro al que cautivó con sus encantos y su particular estilo que rompe con el cliché de una exponente del bel canto. En el Patio del Palacio municipal, Kermes se entregó al placer de cantar y bailar sobre el escenario, cual estrella de pop o de rock, sus más grandes influencias a la hora de abordar un repertorio clásico. La obertura de la ópera “Alcina”, de George Friedrich Händel (1685-1758) fue la introducción de este mano a mano que de un lado tuvo a la irreverente Kermes y del otro a la virtuosa filarmónica, que bajo la batuta de Gohmer, supo seguir la corriente a la soprano, que enseguida apareció enfundada en un vestido rosa, que reflejó la mezcla que hace de lo clásico con lo contemporáneo, para interpretar “Vedra turbatto il mare”, aria de Oranta, de la ópera “Mitridate”, de Nicola Antonio Porpora (1686-1768) “D’ Oreste d’Ajace”, aria de Electra, de la ópera “Indomeneo”, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), fue otra de las interpretaciones con las que la rubia mostró desparpajo, una animosidad inusual y uno que otro pasito de baile. La obertura de la ópera “Guillermo Tell”, de Gioacchino Rossini (1792-1868), puso a la Filarmónica a la altura del espectáculo, ganando el aplauso de un público que para entonces sabía que la soprano hablaba en serio cuando había anunciado en el ensayo que sería una velada de sorpresas y que no sabía en qué iba a acabar. Gaetano Donizetti (1797-1848) se hizo presente cuando sonaron las notas de “Ah tardei troppo O luce di quest’ anima”, un aria de la ópera “Linda de Chamounix”, y Simone apareció en un nuevo vestido ahora todo en negro. Notas limpias, agudas y prolongadas se escucharon contrastando con otras sutiles y breves con las que la artista recorrió la escala, mostrando que tiene pleno dominio de su instrumento, más allá del estilo y la presencia escénica que le imprime. En medio de aplausos se retiró al intermedio y al volver, luego de la intervención de la Filarmónica de Gohmer, que hizo una espléndida ejecución de la obertura de la ópera “El Barbero de Sevilla”, subió a escena con un nuevo vestuario y actitud alegre para interpretar un aria de la ópera “Semiramis”, de Rossini. Una de las piezas más aplaudidas fue la obertura de “La Forza del destino”, de Giuseppe Verdi (1813-1901), compositor de quien interpretó además “Tu del mio Carlo…Carlo Vive”, y el aria de Amalia, de la ópera “I Masnadieri”. Ya con el público en la bolsa, Simone interpretó en tono de opereta, “Glitter and be gay”, de la ópera “Candide”, de Leonard Bernstein (1918-1990). Los aplausos no se hicieron esperar, la solemnidad se perdió en el recinto, cuyo público la escuchaba atento, para aplaudir y pedirle otra…y sí, los complació con tres temas más, uno de ellos de “Farinelli” y al final, por elección del público, “Lascia ch’io pianga” con la que adoptó una postura más clásica, demostrando una vez más que con su voz puede cantar en el estilo que quiera, pues es poseedora de una voz espectacular. Ante el estallido de aplausos, la euforia se apoderó de Simone, quien bajó a coquetear con un joven, como lo hiciera toda la noche con Gohmer y para sorpresa de todos, a besos lo sonrojó antes de retirarse de la escena. Prometió sorprender y lo logró, cautivando sobre todo al público juvenil en la sala, que es al que, ha dicho, le interesa mostrarle la belleza del canto lírico desde un estilo contemporáneo, pues es la época que a ella le ha tocado vivir. “Yo no sé cómo cantaban hace 250 años, yo canto la ópera hoy para el público de hoy”, afirmó tras asegurar que su “performance” lo prepara con la más absoluta honestidad, desde las emociones que le provoca y que gusta de compartir con su público. Kermes es poseedora de diversos premios y reconocimientos internacionales en los concursos internacionales de canto. Actualmente tiene presentaciones en escenarios de Francia, Polonia, Austria y Australia, y en varias ciudades alemanas, como Berlín, Munich, Colonia y Leipzig.

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