domingo, 13 de diciembre de 2015

Dafne de Antonio Caldara en Venecia, Italia

Francesco Bertini

Durante el festival Lo spirito della musica di Venezia, el Teatro La Fenice organizó una serie de concertos que ofrecen un repertorio poco conocido o casi nunca interpretado. Tal es el caso de la producción operística de Dafne. La obra de Antonio Caldara, le da luz a un compositor a un compositor actualmente desconocido.  Su actividad fue en los años venecianos posteriores al periodo romano y la consagración vienesa donde obtuvo el encargo de vice maestro de Cappella di Sua Maestà Cesarea e Cattolica. La obra mitológica pertenece a la etapa madura de la actividad de Caldara, quien concluyó la partitura en julio de 1719, que está basada en un libreto del abad Giovanni Biavi, y fue representada el 4 de octubre de 1719 en Salzburgo con la presencia del arzobispo Fran Anton von Harrach, a quien fue dedicada.  La producción de la Fundación Teatro La Fenice, en colaboración con la Fundación Musei Civici di Venezia,  fue dirigida por Bepi Morassi y afianzada con los bellos vestuarios de Stefano Nicolao.  La Sala dello Scrutinio del imponente Palacio Ducal fue una marco espectacular para la producción que se realizó sobre plataformas, donde se colocaron maquinas alineadas y manejadas con la mano, que era reproducciones  de modelos originales. El aspecto ‘fantástico” particularmente apreciado entre el siglo diecisiete y dieciocho se introdujo a la perfección en la locación lo que dio frescura a toda la representación. El elenco vocal fue respetable con una Francesca Aspramonte quien puso al servicio de dos papeles, el de Dafne y el de Venere, una voz dúctil y una interpretación atenta al fraseo y a la presencia escénica.  Optimo fue el desempeño de Carlo Vistoli, contratenor que cantó la parte de Febo con técnica envidiable, unida y homogeneidad en toda la gama vocal. El barítono Renato Dolcini como Peneo y Giove evidencio potencial con ambos personajes. El único que mostró alguna dificultad fue el tenor canadiense Kevin Skelton, intérprete de Aminta y Mercurio con dicción oscura y algunos problemas con la tesitura que comprometieron en parte la línea canora. El aporte de Stefano Montanari, guiando a la Orquesta Barroca del Festival, resultó ser valida.  El director, quien también toco el violín, captó el sentido de la narración, dándole al espectáculo fluidez y una constante atención para desenmarañar la historia.  Su lectura, mas allá de dar frescura al lengua barroco, estimuló una profunda atención gracias a sus constantes y personales búsquedas de ejecución. 

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