miércoles, 16 de diciembre de 2015

L’Enfant el les sortilèges por el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón de Buenos Aires

Foto: Parpagnoli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 12/12/2015. Teatro 25 de Mayo. Maurice Ravel: L’Enfant et les sortilèges. Fantasía Lírica en dos partes. Libro de Sidone-Gabrielle Colette. Arreglo para cuarteto de Didier Puntos. Espectáculo presentado y producido por el Taller de Integración Operística (TIO) del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Temporada 2015 del Teatro Colón.

Algunos creen que el futuro de la ópera está en producir puestas escénicas revolucionarias, modernas o con cambios radicales respecto al texto. Puede ser un camino para los que ya conocen el repertorio y el impacto del escándalo produce interés en ver estas producciones. Pero existe otro camino, sin dudas más difícil, que es el de formar nuevos artistas y nuevos públicos para asegurar el futuro del género. El Instituto Superior de Arte del Teatro Colón forma artistas, con altísima calidad, desde hace décadas y con esta presentación de su Taller de Integración Operística (TIO) pudo cumplir tanto con los jóvenes que se forman en las distintas disciplinas artísticas que se conjugan en la ópera como con la tarea de formar nuevos públicos, con estas cuatro funciones de ‘L’enfant et les sortilèges’ (el niño y los sortilegios) de Maurice Ravel con entrada libre y gratuita y en un Teatro -el 25 de Mayo- alejado de los circuitos habituales de la música académica. El Taller de Integración Operística (TIO) amalgama todas las carreras y talleres que se dictan en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. La conducción del Instituto propone un título operístico al principio del año y se realiza un concurso entre los estudiantes de la Carrera de Dirección Escénica de Ópera, quienes presentan proyectos y equipos de trabajo en conjunto con los alumnos de los talleres de vestuario y de realización escenográfica. El trabajo ganador es el que se ofrece en estas funciones abiertas al público, toda la producción queda en manos de los alumnos con la supervisión del cuerpo docente. Una más que buena iniciativa que apuesta por el futuro de la ópera. Los encargados de los aspectos visuales fueron Mariana Ciolfi (dirección escénica), Zacarías Gianni (diseño escenográfico), Luján Assad (diseño de vestuario) y Aurelia Espinola (realización de vestuario). Todo se conjugó para una puesta delicada, simple y bella. Los movimientos naturales, el marco escénico y los ingeniosos trajes crearon el marco perfecto para una obra que pueden disfrutar grandes y chicos. En la faz musical se optó por el arreglo para cuarteto de cuerdas de Didier Puntos interpretado con excelencia por Marcelo Ayub y Sebastián Achenbach (piano), Jorge Pérez Tedesco (violonchelo) y Damián Romagnoli (flauta). Emmanuel Siffert en el podio concertó con brillo la obra mientras que el coro reunido para lo ocasión, y preparado por Marcelo Ayub, aportó su cuota de justeza y profesionalismo. El elenco vocal es numeroso y se mostró homogéneo y solvente. El niño ofrecido por Cecilia Pastawski, tuvo todo lo que tiene que tener el protagónico de la obra. Se destacaron: la madre/la libélula interpretadas por Trinidad Goyeneche, la princesa a cargo de Elizabeth Guerrero Rengifo y las matemáticas cantadas por Mauro Di Bert. Sebastián Angulegui fue un reloj y un gato de perfectos acentos mientras que mostró robustez vocal el árbol de Gustavo Vita, Milagros Burga se conjugó adecuadamente, como la gata, con su contraparte en el delicioso dúo y excelentes condiciones mostró Ana Sampredro (la bergère y el murciélago). Con buen nivel las danzas así como el resto del elenco formado por María Florencia Molinero, Pamela Rosenstock, Natalia Salardino, Pablo Scaiola, Constanza Díaz Falú, María Goso, Elías Ongay y Luis Asmat Ramírez.

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