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Monday, October 5, 2015

Don Carlo de Verdi en el Teatro Colón de Buenos Aires

Fotos: Teatro Colon de Buenos Aires

Dr. Alberto Leal

Un gran desafío constituye siempre la presentación de “Don Carlo” de Verdi. Es la ópera más larga del Maestro y la que más modificaciones tuvo. Fue estrenada en el Teatro Imperial de la Opera el 11 de marzo de 1867, por encargo de la Opera de París para la Exposición Universal del mismo año. Por ese motivo fue concebida como una Grand Opera francesa, con ballet incluido en el tercer acto, como era de rigor.   A pesar de la belleza de la misma no fue bien acogida en su estreno, tal vez por la presencia en la sala de la Infanta española y la parcial veracidad de los hechos por parte del libro original de Schiller.  Mucho camino y modificaciones sufrió la obra hasta ser estrenada en la versión italiana en el Teatro La Scala de Milán el 10 de enero de 1884 y ésa es la versión más representada hasta la fecha  y la elegida en esta ocasión por el Teatro Colón. En esta versión se ha suprimido el acto de"Fontainebleau" que aunque aumenta la duración le da más coherencia al argumento. Se han restituído sin embargo algunos fragmentos usualmente cortados en las representaciones en italiano, fundamentalmente en la escena de la prisión con Carlo arrojándole al rostro de su padre su autoria de los documentos inculpatorios que Rodrigo asumió como suyos para salvarlo, provocando su muerte a manos de los sicarios del Rey, y el dolor y remordimiento ( CHI RENDE A ME TAL UOM) de este., y el prolongado fragmento “bélico “ del dúo final entre Don Carlo y Elisabetta. El Teatro Colón no reparó en gastos en la puesta en escena de esta Opera que fue encarada con fidelidad a la época, gran fastuosidad casi hollywoodense por parte de su regisseur y escenógrafo Eugenio Zanetti, provocando un deslumbramiento de la platea que se tradujo en el hecho de que por una vez la figura más aplaudida al término de las representaciones fuera precisamente el regisseur. No es que el trabajo de Zanetti sea impecable, pues tiene algunas ideas que no resultan claras ni de buen gusto, momentos marcadamente kitsch, como en las dos primeras escenas, pero en general hubo más que elogiar que criticar, especialmente en el rubro vestuario, con trajes deslumbrantes de diseño y realización poco vistos en el Colón de los últimos años. Una cuestión aparte es por qué el Teatro Colón cada vez que repone Don Carlo lo hace con una puesta en escena nueva, gastando importantes sumas de dinero, sin contemplar la posibilidad de reponer alguna de las versiones anteriores, de las cuales se conservan gratos recuerdos. Tiene sentido haber gastado todo este dinero para tener almacenada otra puesta de Don Carlo que en el mejor de los casos será utilizada dentro de 10 años cuando el Teatro se decida a volver a incluir la Opera en su repertorio, si es que –fiel a su propia tradición-no decide hacerlo con una nueva presentación escénica Ahora bien, si Zanetti es un talentoso escenógrafo, su enfoque de la obra es más estético que dramático. 
Así los cuidados cuadros fijos con que terminan los diversos actos, la disposición de los solistas y coro en escena evocaron más bien modelos pictóricos, pero no se percibió en los movimientos de los solistas una profundización en las actuaciones individuales que estuviera a la altura del texto, que incluye algunos de los personajes más ricos, más complejos que haya presentado Verdi en sus obras y en general toda su versión carece del dramatismo planteado por el Maestro. Claro, hay que concederle que tampoco contó con un elenco con una particular inclinación por la profundización del trabajo dramático. Musicalmente la partitura fue bien servida por Ira Levin con un gran trabajo de la Orquesta y el Coro plenamente de acuerdo con sus antecedentes de los últimos años. No hubo la misma suerte con el elenco solista, donde sólo hubo dos actuaciones a la altura de los personajes : el excelente barítono argentino Fabián Veloz totalmente en dominio de la parte, luciendo un gran volumen vocal, buena línea de canto verdiana y un uso inteligente de la mezza voce, y el sólido bajo ruso Alexander Vinograd, que por una vez nos presentó un Rey relativamente joven, más acorde con el personaje histórico que el anciano al borde de la senilidad que suele presentarse. La voz, de bello timbre y solvente en toda su extensión, puede haber sonado algo menos profunda que lo habitual pues se trata de un bajo cantante, pero completamente en dominio de la parte. Su actuación fue medida, Hizo más bien un Rey introvertido, pero totalmente válido. No tuvo la misma suerte el Teatro con el resto del elenco. En primer lugar es inexplicable la contratación de Alexei Tanoviski, un bajo prematuramente envejecido vocalmente, que no estuvo a la altura del personaje debilitando una de las escenas clave de la Opera cual es el enfrentamiento entre el Rey y el Inquisidor. Tamar Iveri no acertó para nada el personaje al interpretar a la joven Elisabetta y su amor contenido e imposible. Vocalmente simplemente pasó por la parte sin grandes sobresaltos pero sin dejar impresión alguna, alcanzando un buen momento en las dos escenas finales, donde pudo finalmente cantar a viva voz exhibiendo una más que aceptable calidad vocal, con agudos cubiertos y de buen volumen, Beatrice Uria Monzón que hizo su carrera como mezzo lírica, está ahora cantando como soprano y su próximo compromiso es con la ópera Tosca. Es una cantante experimentada, que sabe administrar sus declinantes recursos y ofreció en todo momento una decorosa actuación, con una sólida versión de la difícil aria final OH DON FATALE, en la cual inevitablemente lució tensa y esforzada y con un timbre vocal que traiciona su larga carrera. Lucas Debevec tuvo dificultades con los agudos del Fraile. Rocío Giordano, Iván Meier, Darío Leoncini y Marisu Pavon completaron el elenco con buenas voces y eficaces interpretaciones. Y además estuvo Josep Bros como protagonista. Dueño de una voz de tenor lírico-ligero, adecuada para por ejemplo un Nemorino, tuvo que esforzarse para dar al personaje el peso vocal requerido y ello fue a expensas de la línea de canto cuando no de la afinación. Su voz, aunque no es grande, posee una gran calidad en armónicos que logra que corra por toda la sala y se lo escuche siempre. Su composición del personaje fue nula. El constante recurso de portamentos acabó causando hastío en los oyentes. Cantar por primera y única vez este título en el pequeño auditorio del Escorial no lo habilita para poder hacerlo en el Teatro Colón con suceso. Ofrecer un Don Carlo si no se tienen cantantes de primera línea capaces de dar a la partitura el lucimiento vocal requerido y al texto el hondo dramatismo que proyecta, es una empresa condenada de antemano al fracaso y poco importa que se la vista con todos los oropeles, porque al fin de cuentas será como dije en el título, siempre será, “mucho ruido y pocas nueces”.

Sunday, June 5, 2011

La Flauta Mágica de Mozart en el Teatro Colón de Buenos Aires

Fotos: Teatro Colón de Buenos Aires

Alberto Leal

“La Flauta Mágica”, una de las obras más populares de Mozart, fue estrenada en 1791. En el largo camino transcurrido hasta nuestros días generó las más diversas interpretaciones. Desde cuento infantil hasta folleto masónico, todo ha sido válido y por esa causa el espectador nunca sabe - a priori - que pasará cuando se abra el telón. Esta misma discrepancia tal vez sea una de las causas que ha llevado a famosos directores de cine a generar más de una versión cinematográfica. En su ambigüedad podemos encontrar una parte importante de su atractivo. Y fue segundo título del Teatro Colón para la presente temporada. Debo adelantar que el placer más grande que tuve - y uno de los pocos – es ver el teatro funcionando a pleno con su Orquesta, Coro y que – aunque no se especifica como puesta nueva – nuestros queridos artesanos han trabajado en ella. Lo musical y visual fue otra cosa… Sergio Renán, de quien guardo el recuerdo de algunas puestas valiosas y que en lo personal me alegra verlo activo, no será éste uno de sus trabajos por lo que lo recordaremos. Con una más que pesada escenografía de Juan Pedro de Gaspar, con un aspecto monumental, algo fuera de moda, y un despliegue sin definir entre Cecil B. DeMille y Disneylandia, lo visual tuvo muy poco de acierto. Solamente algunas proyecciones lograron momentos algo interesantes. Tampoco contribuyó el vestuario de Renata Schussheim, una diseñadora que merece el mayor de mis respetos. Líneas simples y colores suaves, que siempre son bienvenidos, pero trajes realmente pocos sentadores, como el de la Reina de la Noche, o fuera de contexto como el de Papagena. En la parte musical el Maestro Frédéric Chaslin pareció dirigir para él, sin tener en cuenta en general lo que pasaba en el escenario. Con tiempos más rápidos que los habituales, que incomodó a algunos cantantes, y en general poca presencia de estilo mozartiano. Muchos desajustes en la orquesta tampoco contribuyeron a lograr un buen nivel musical. Lo vocal es digno de un análisis más exhaustivo que no puede ser cubierto en esta crónica. Pero existieron cosas inexplicables. Solamente puede pensarse en un mal casting, una presión de parte de los representantes, falta de conocimiento o alguna otra causa… Como puede ser que un tenor como Darío Schmunck, que ha cantado en la mayoría de los grandes teatros del mundo junto a artistas como Anna Netrebko, Elina Garanca, etc. sea el segundo reparto de un intérprete con una magra trayectoria en teatros de provincia europeos? Además Scmunck, a quien he visto en Tamino, hace realmente una más que interesante creación del papel. Patrick Henckens posee una voz de timbre poco agradable, poca conciencia de canto mozartiano, problemas notorios de afinación y emite los agudos con gran dificultad. Siendo además nulo como actor. La Pamina de Lyuba Petrova es otro caso para tener en cuenta. Hasta hace muy poco tiempo cantaba roles de soprano ligera – algunos todavía los canta. Posee una voz de bello timbre, buen volumen y tiene un canto afinado. Pero su voz sigue sonando algo leve para el rol y sus conocimientos de cómo cantar Mozart parecen no ser su fuerte, como quedó demostrado en su aria. Markus Werba brindó un Papageno desenvuelto, vivaz y con notables condiciones de actor. Su voz no posee un timbre particularmente bello y cuesta imaginárselo en otro rol, pero posee suficiente volumen para un teatro de las dimensiones del Colón.
Aline Kutan, con una voz más oscura que las sopranos que abordan este rol, cantó con solvencia las dos temibles arias de coloratura, luciéndose más en la segunda de ellas. Lucas Debevec – Mayer (reemplazo a último momento de Reinhard Hagen) cantó con su habitual dignidad un rol que no parece el más adecuado para su voz en un teatro de las dimensiones del Colón, donde un bajo profundo es necesario. Le he visto el mismo rol en el Teatro Avenida y adquiere otra dimensión. Tampoco fue favorecido con los tiempos del Director, especialmente en el sector grave, pero su trabajo nunca estuvo debajo de un nivel de dignidad artística. Virginia Wagner, Florencia Machado, Mónica Sardi, como las tres damas, no lograron en ningún momento amalgamar sus voces, con una notable diferencia de volumen entre ellas, donde sobresalió todo el tiempo Virginia Wagner, con algunos pasajes realmente notables. Nada puedo comentar sobre la actuación de Laura Belli, vestida más para un teatro de revistas que para una ópera de Mozart, ya que fue totalmente inaudible desde mi posición, fila 14 de platea. Muy desenvueltos los tres genios de Tobías Campos, María Constanza Leone, Solana Figuera. Y merece un reconocimiento especial el Orador de Fernando Radó, voz bien impostada y dignidad en el decir y actuar. De rutina el resto del elenco. El coro tuvo un olvidable primer acto, voces sueltas sin amalgamar, pero mejoró sensiblemente en el segundo acto. Una Flauta Mágica totalmente olvidable. Solo me llevé la ilusión de un Teatro trabajando a pleno. Espero mejores resultados para los títulos siguientes de la temporada.



Sunday, April 25, 2010

La Flauta Mágica en Buenos Aires

fotos gentileza de FUNDAMÚS
Gustavo Gabriel Otero
FUNDAMÚS (Fundación para la Música) de Buenos Aires abrió la Temporada Lírica 2010 de la Argentina el pasado mes de marzo (20, 26, 27 y 28), presentando en el Teatro Avenida de Buenos Aires La Flauta Mágica de Mozart en una adecuada propuesta musical y teatral. Eduardo Casullo busca profundizar el lado más teatral de este singspiel con recursos que ya se tornan un clásico en este artista: la entrada de Papageno por el pasillo central de las plateas (entonando buena parte de su aria antes de subir al escenario), los coros desde el fondo de la platea, el escenario prácticamente vacío, las proyecciones sobre el fondo (exteriores, interiores, templos, ambientaciones más concretas o más abstractas) y las mujeres con los cuerpos pintados (en este caso los animales del bosque).
La solución de realizar todas las partes habladas en castellano genera algo de confusión en el espectador avezado y, quizás, contribuya en los no iniciados. De todas maneras y a pesar de que la calidad musical opacó las objeciones que pudiera tener esta solución, lo mejor parece seguir siendo el sobretitulado. La dirección orquestal de la italiana Tania Morandini fue correcta con buena respuesta de la orquesta. Se notó su innegable experiencia en la dirección coral ya que los mejores momentos de su batuta y los más seguros fueron los coros. Hubo un mejoramiento general en el segundo acto.

El reparto es casi inmejorable para la realidad actual de la Argentina. Carlos Ullán (Tamino) y Graciela Oddone (Pamina) forman una dupla perfecta de excelente calidad. El barítono Luciano Garay parece conocer todos los recovecos de su histriónico y experto Papageno. Su compañera Papagena está bien personificada por Andrea Lucero. Lucas Debevec Mayer compone un adecuado Sarastro, aunque su gesticulación denota cierta dificultad. Luz del Alba Rubio, soprano uruguaya de carrera internacional, cumple como la Reina de la Noche.
Bien el terceto de damas (Claudia Montagna, Trinidad Goyeneche y Laura Domínguez) y de genios (Clara Pinto, Anahí Fernández Caballero y Javiera Paredes Krefft), mientras que Monóstatos tuvo lo que hay que tener de la mano de Fabián Frías. Correcto el resto del elenco así como el coro dirigido por Ezequiel Fautario.