Showing posts with label Dario Schmunk. Show all posts
Showing posts with label Dario Schmunk. Show all posts

Monday, September 10, 2012

Gala Lírica en el Teatro Colón



Foto: Teatro Colon

Dr. Alberto Leal

DARÍO SCHMUNCK ORQUESTA ACADEMICA DEL INSTITUTO SUPERIOR DE ARTE DEL TEATRO COLÓN. DIRECTOR: ENRIQUE ARTURO DIEMECKE
 
Celebrando los cincuenta años de relación entre Argentina y Corea, el Teatro Colón programó un concierto con la soprano coreana Sumi Jo y el tenor argentino Dario Schmunck. Varios años pasaron desde que disfrutáramos la presencia de la cantante coreana, ya que se lució en nuestro Coliseo en “Ariadna en Naxos”, “La flauta mágica” y “Rigoletto”. El tiempo ha pasado, pero sus encantos siguen intactos, más allá de algunas diferencias vocales. Puede aún manejar el fiato de una forma admirable, posee los estupendos pianissimos  que la han caracterizado y su facilidad para la coloratura sigue siendo la misma. Además de su gracia, lo que contribuyó con su actuación en cada aria y lució una espléndida figura. Con una sala totalmente colmada, en gran parte por miembros de la comunidad coreana en Argentina, el concierto tuvo sabor a verdadera fiesta. Por supuesto que el tiempo no pasa en vano. Con independencia de todo lo brindado, en ningún caso dio un sobreagudo en forte, siempre en pianissimos. Su dicción sigue siendo un punto flojo en su canto y su falta de entrega se hizo notable en algunas arias. Brilló en el aria de “Le toréador” de Adolphe Adam, covenció menos en un “Caro nome”, impecable en lo vocal pero poco sentido y lució ampliamente en el aria de Olimpia “Les oiseux dans la charmille” de “Los cuentos de Hoffmann” de Offenbach. Los agregados al programa, tuvieron suerte diversa, desde un «O mio babbino caro», que no es el aria más conveniente para sus medios hasta canciones típicas coreanas y una expresiva y emotiva «Canción a la bandera» de «Aurora» de Panizza, cantada a dúo con el tenor Dario Schmunck, en un totalmente entendible español. El tenor Dario Schmunck cantó una correcta versión de Una furtiva lacrima”, tal vez, los tiempos demasiado rápidos que imprimió el Maestro Enrique Arturo Diemecke no le permitieron matizar más su canto, pero se recompuso brindando un magnífica versión del “Kuda,kuda” de “Eugenio Oneguin”. El Maestro Diemecke se constituyó en una figura más, interactuando con los cantantes. La ORQUESTA ACADEMICA DEL INSTITUTO SUPERIOR DE ARTE DEL TEATRO COLÓN estuvo siempre a la altura del concierto, realizando un plausible trabajo. El cierre, como era de esperar, llegó de la mano del brindis de Traviata. Un concierto particular, con mucho sabor a afecto por la lejana tierra de sus orígenes y muy disfrutable para los que no pertenecemos a la comunidad coreana.

Thursday, November 17, 2011

El Murciélago (Die Fledermaus) de Johann Strauss Brillante cierre de temporada de Juventus Lyrica

Foto: Liliana Morsia
 
Alberto Leal

El Murciélago Brillante cierre de temporada de Juventus Lyrica El Murciélago (Die Fledermaus) de Johann Strauss (h) Libreto de RICHARD GENÉE Y KART HAFFNER. Intérpretes: Rosalinde Macarena Valenzuela. Adele Laura Polverini. Eisenstein Mariano Spagnolo. Príncipe Orlofsky Griselda Adano. Alfred Sebastián Russo. Dr. Falke Ernesto Bauer. Frank Fernando Álvar Nuñez. Dr. Blind Hernán Sánchez Arteaga . Ida Claudia Montagna. Frosch Carlos Kaspar. Orquesta Académica de Buenos Aires, Coro de Juventus Lyrica . Director: Carlos Calleja . Escenografía: Daniel Feijóo. Preparación y Dirección escénica: Ana D’Anna .Vestuario: María Jaunarena

Con una deliciosa versión de la clásica opereta “El Murciélago”, Juventus Lyrica dio cierre a su temporada anual. Sin dudas es la opereta más famosa y representada en el mundo y cuya extensa obertura es una pieza fundamental para el público en general. La versión, cantada completamente en idioma original, cosa que no pasaba hace un tiempo en nuestro país, donde las operetas eran cantadas en español o por lo menos las partes habladas, generando siempre un sabor a zarzuela, es el primer mérito de los muchos que esta puesta posee. Desde el principio se siente que ha sido concebida con libertad, como ocurre con el género en cualquier gran teatro del mundo, se ha incluido – cosa no habitual en nuestro medio, pero si en el resto del mundo, invitados en la fiesta del Príncipe Orlofsky y se vio en todo momento el disfrute de los cantantes durante la representación. El Maestro Carlos Calleja brindó una versión siempre en estilo, con excelentes tiempos y muy buen balance entre foso y escenario. La Orquesta, más allá de algunos pequeños desajustes respondió de manera muy positiva. Daniel Feijóo creó una escenografía simple pero efectiva, notablemente despojada, muy agradable a la vista y dejando un muy buen espacio para el movimiento de los cantantes. Ana D’Anna – en uno de sus mejores trabajos del último tiempo – se permitió las licencias válidas aceptadas en este tipo de obras. Gags inteligentes y con fuerte repercusión por parte del público asistente, agregando con acierto a los guiños escritos por el compositor tanto en el papel de Alfred como en la Gala. María Jaunarena diseñó un vestuario aggiornado en la época, pero de notable buen gusto y que permitió a los cantantes moverse con mayor comodidad.
Un excelente grupo de cantantes – actores dieron brillantez a esta versión. Macarena Valenzuela aportó la belleza de su voz, con un canto de notable afinación y estilo. Se movió muy bien en lo actoral, además de aportar su excelente figura. Un muy buen trabajo y donde pareció sentirse vocalmente más cómoda que en la Leonora de Il Trovatore de principio de este año.Mariano Spagnolo poseedor de excelentes dotes de comediante, generó un excelente Eisenstein. Canto con buena voz y volumen, un rol creado originalmente para tenor pero que en general es cantado por barítonos. Sebastián Russo lució una bella voz de tenor, una notable vena cómica y su actuación fue un pilar en el primer acto. Solo debería trabajar más el sector grave de su voz, donde no logra mantener el volumen del resto de su registro. Pero su trabajo como un todo fue notable. Laura Polverini como Adele cantó en forma excelente, su voz va creciendo en volumen sin perder su facilidad para la coloratura. A la belleza de su voz le unió su impecable técnica y fue correcta como actriz. En lo personal creo que, por temperamento, la prefiero para roles dramáticos. Ernesto Bauer como Dr. Falke brindó la mejor prestación que he visto de este artista. Cantó con total corrección, se movió con gran desenvoltura durante todo el tiempo que estuvo en escena y hasta bailó con notable facilidad. Siempre me ha parecido un cantante correcto pero algo “acartonado”, aquí mostró total soltura y compuso un personaje sumamente creíble y una figura adecuada. Solo espero que siga en esa línea. Griselda Adano como el Príncipe Orlofsky unió buen canto a un excelente desempeño actoral, logrando hacer totalmente creíble su papel, cosa que no es fácil. Muy buenas prestaciones del resto del elenco como así mismo del Coro, que cantó y actuó en forma muy positiva. Un párrafo especial para la sorpresiva Gala en la fiesta del Príncipe Orlofsky. Fue absolutamente placentero ver a un artista de los quilates de Gui Gallardo cantando la Serenata de Mefistófeles del Fausto de Gounod, a Darío Schmunk, quien con gran línea de canto se lució la bella aria de Martha de Flotow, pero sobre todo la sorpresa de ver a Soledad de la Rosa, una de las mejores voces de nuestro medio, cantar con onda emoción el tango “Nostalgias”, llevándose la mayor ovación a telón abierto. Un brillante cierre de temporada, donde se vio claramente el trabajo y la dedicación brindada. Bravo! Y que sea un adelanto de lo que podemos esperar de la temporada futura.

Saturday, June 18, 2011

Il Trittico en el Teatro Colón de Buenos Aires

Fotos: Teatro Colón de Buenos Aires

Dr. Alberto Leal

Doy mi opinión sobre el primer elenco de esta puesta escenica del Il Trittico. Creo que Stefano Poda generó una puesta demasiado lúgubre, tampoco comparto el cambio de orden que dispuso en los títulos y tendría que tener en claro que las actualmente populares puestas “acuáticas” en Europa ya fueron vistas aquí este mismo año, en el Onegin del Teatro Argentino de La Plata, con más sentido que el apreciado en "Gianni Schicchi" y "Suor Angelica", ya que en "Il Tabarro" puede tener algo más de lógica. Logró algunos momentos de belleza visual, como el coreográfico caminar de la hermanas en Suor Angelica y la escenografía fue por momentos un factor positivo al igual que la iluminación. Pero el estatismo fue un factor de aburrimiento que es casi impensable en el tríptico, agravado en Il Tabarro. Además, la lentitud de movimientos – como efecto – fue lograda solamente a medias, siempre alguna acción rompía el efecto, cosa que no ocurre con algunas de las puestas de Robert Wilson, de quien tuve la suerte de ver su Butterfly en Los Angeles, y el efecto se mantenía todo el tiempo y por todos los personajes, de una manera tal vez robótica, pero de indudable fuerza. Aquí reinó el aburrimiento, la oscuridad, lo lúgubre. El vestuario, totalmente en negro y atemporal, en las tres operas, no contribuyó a aliviar lo visual para el espectador. En resumen, momentos de belleza plástica en una puesta totalmente olvidable. El Maestro Richard Buckley dirigió en estilo y con fuerza la Orquesta Estable, que sonó en general con excelente nivel. Solamente es criticable la falta de balance entre orquesta y foso. Por momentos, los cantantes con voces de menor volumen fueron tapados por la misma. La ya mítica figura de Juan Pons fue lo más destacable de la velada. A pesar del paso del tiempo su voz mantiene un hermoso timbre de barítono dramático, cantando con admirable dicción, impecable afinación y demostrando una vez más su calidad actoral, adecuando su accionar a cada uno de los papeles que le tocó interpretar.
La soprano Amarilli Nizza es una lírico de buen volumen con un timbre un tanto metálico y un, por momentos, molesto vibrato en la zona aguda. No lució en Il Tabarro, básicamente debido a su carencia de graves audibles, aunque siempre se mostro como una buena actriz. Mejoró su trabajo en Suor Angelica, basado en su labor actoral, generando un drama algo exterior, pero con efecto. Por el momento parece más destinada a roles de lírico que de spinto, cosa que quedó a la vista en Il Tabarro. Creo que para muchos de los presentes todavía será inolvidable la versión de años atrás de Cristina Gallardo Domas. Carl Tanner es un tenor con un timbre de voz no especialmente bello, posee un importante volumen pero su técnica lo lleva a emitir los agudos en forma muy abierta que afean su canto.
Agnes Zwierko es una mezzo que posee buen volumen y graves rotundos. Su técnica vocal no genera un canto parejo a través de todo su registro. No lució lo suficiente en Il Tabarro, mejoró en Gianni Schicchi, pero su actuación fue más convincente en Suor Angelica, aunque fue perjudicada por la reggie, ya que su entrada, pieza fundamental de la obra, pasó casi desapercibida. Creo que la contratación de Beatriz Diaz fue totalmente innecesaria. Aunque canta con buena técnica y apropiado gusto, su voz es pequeña en volumen y tengo la certeza que varias sopranos de nuestro medio pueden brindar una Lauretta de mejor nivel. Creo que la lista de nombres locales que pueden cantar a su nivel o mejorarlo no entraría en esta crítica. Los cantantes locales cumplieron en muy buena forma los roles asignados. Darío Schmunck volvió a brindarnos su bello timbre y exquisita musicalidad, aunque la orquesta de Puccini no parece la más adecuada para el volumen de su voz. Del resto del numeroso elenco se destacaron especialmente Mario De Salvo como Simone y María Luján Mirabelli, cantando una celadora con potente voz y la personalidad requerida.

Sunday, June 5, 2011

La Flauta Mágica de Mozart en el Teatro Colón de Buenos Aires

Fotos: Teatro Colón de Buenos Aires

Alberto Leal

“La Flauta Mágica”, una de las obras más populares de Mozart, fue estrenada en 1791. En el largo camino transcurrido hasta nuestros días generó las más diversas interpretaciones. Desde cuento infantil hasta folleto masónico, todo ha sido válido y por esa causa el espectador nunca sabe - a priori - que pasará cuando se abra el telón. Esta misma discrepancia tal vez sea una de las causas que ha llevado a famosos directores de cine a generar más de una versión cinematográfica. En su ambigüedad podemos encontrar una parte importante de su atractivo. Y fue segundo título del Teatro Colón para la presente temporada. Debo adelantar que el placer más grande que tuve - y uno de los pocos – es ver el teatro funcionando a pleno con su Orquesta, Coro y que – aunque no se especifica como puesta nueva – nuestros queridos artesanos han trabajado en ella. Lo musical y visual fue otra cosa… Sergio Renán, de quien guardo el recuerdo de algunas puestas valiosas y que en lo personal me alegra verlo activo, no será éste uno de sus trabajos por lo que lo recordaremos. Con una más que pesada escenografía de Juan Pedro de Gaspar, con un aspecto monumental, algo fuera de moda, y un despliegue sin definir entre Cecil B. DeMille y Disneylandia, lo visual tuvo muy poco de acierto. Solamente algunas proyecciones lograron momentos algo interesantes. Tampoco contribuyó el vestuario de Renata Schussheim, una diseñadora que merece el mayor de mis respetos. Líneas simples y colores suaves, que siempre son bienvenidos, pero trajes realmente pocos sentadores, como el de la Reina de la Noche, o fuera de contexto como el de Papagena. En la parte musical el Maestro Frédéric Chaslin pareció dirigir para él, sin tener en cuenta en general lo que pasaba en el escenario. Con tiempos más rápidos que los habituales, que incomodó a algunos cantantes, y en general poca presencia de estilo mozartiano. Muchos desajustes en la orquesta tampoco contribuyeron a lograr un buen nivel musical. Lo vocal es digno de un análisis más exhaustivo que no puede ser cubierto en esta crónica. Pero existieron cosas inexplicables. Solamente puede pensarse en un mal casting, una presión de parte de los representantes, falta de conocimiento o alguna otra causa… Como puede ser que un tenor como Darío Schmunck, que ha cantado en la mayoría de los grandes teatros del mundo junto a artistas como Anna Netrebko, Elina Garanca, etc. sea el segundo reparto de un intérprete con una magra trayectoria en teatros de provincia europeos? Además Scmunck, a quien he visto en Tamino, hace realmente una más que interesante creación del papel. Patrick Henckens posee una voz de timbre poco agradable, poca conciencia de canto mozartiano, problemas notorios de afinación y emite los agudos con gran dificultad. Siendo además nulo como actor. La Pamina de Lyuba Petrova es otro caso para tener en cuenta. Hasta hace muy poco tiempo cantaba roles de soprano ligera – algunos todavía los canta. Posee una voz de bello timbre, buen volumen y tiene un canto afinado. Pero su voz sigue sonando algo leve para el rol y sus conocimientos de cómo cantar Mozart parecen no ser su fuerte, como quedó demostrado en su aria. Markus Werba brindó un Papageno desenvuelto, vivaz y con notables condiciones de actor. Su voz no posee un timbre particularmente bello y cuesta imaginárselo en otro rol, pero posee suficiente volumen para un teatro de las dimensiones del Colón.
Aline Kutan, con una voz más oscura que las sopranos que abordan este rol, cantó con solvencia las dos temibles arias de coloratura, luciéndose más en la segunda de ellas. Lucas Debevec – Mayer (reemplazo a último momento de Reinhard Hagen) cantó con su habitual dignidad un rol que no parece el más adecuado para su voz en un teatro de las dimensiones del Colón, donde un bajo profundo es necesario. Le he visto el mismo rol en el Teatro Avenida y adquiere otra dimensión. Tampoco fue favorecido con los tiempos del Director, especialmente en el sector grave, pero su trabajo nunca estuvo debajo de un nivel de dignidad artística. Virginia Wagner, Florencia Machado, Mónica Sardi, como las tres damas, no lograron en ningún momento amalgamar sus voces, con una notable diferencia de volumen entre ellas, donde sobresalió todo el tiempo Virginia Wagner, con algunos pasajes realmente notables. Nada puedo comentar sobre la actuación de Laura Belli, vestida más para un teatro de revistas que para una ópera de Mozart, ya que fue totalmente inaudible desde mi posición, fila 14 de platea. Muy desenvueltos los tres genios de Tobías Campos, María Constanza Leone, Solana Figuera. Y merece un reconocimiento especial el Orador de Fernando Radó, voz bien impostada y dignidad en el decir y actuar. De rutina el resto del elenco. El coro tuvo un olvidable primer acto, voces sueltas sin amalgamar, pero mejoró sensiblemente en el segundo acto. Una Flauta Mágica totalmente olvidable. Solo me llevé la ilusión de un Teatro trabajando a pleno. Espero mejores resultados para los títulos siguientes de la temporada.



Tuesday, April 5, 2011

Eugenio Onegin de Tchaikovsky en el Teatro Argentino de la Plata, Argentina

Fotos cortesía Teatro Argentino de la Plata

Dr. Alberto Leal.

El Teatro Argentino vuelve a sorprendernos con un título básico de la opera rusa como “Eugene Onegin”, elegido para abrir esta nueva temporada. Los directivos siguen apostando fuerte y es un hecho que debe ser valorado. En una producción realizada totalmente en el Teatro, en coproducción con varios teatros de Europa, el plantel del teatro sigue mostrando, una vez más, que posee la capacidad técnica y artística para lograr puestas, que según el escenógrafo pueden gustar o no, pero que tienen real nivel internacional. Bravo por ellos! Con Eugene Onegin Tchaikovsky se planteó una opera romántica, como el libro original – aunque introdujo algunas variantes – íntima, casi camerística y generó una maravillosa partitura para esta historia. Michal Znaniecki y Luigi Scoglio plantearon la puesta como una gran opera, quitándole en general el tono intimista. Profusión de espejos el los primeros actos – que por momentos molestan la visual al espectador, tres grandes aberturas, dos laterales y una central, que son las vías para ingresar al escenario y que van variando de color o diseño según las escenas. La puesta es sin duda imponente, pero en lo personal pienso que algo pretenciosa y fuera del clima que creó Tchaikovsky. El acto más logrado, de indudable belleza, es el del duelo. Creo que son demasiadas ideas juntas para una sola puesta. En el final, el hielo, que ha compartido gran parte de la historia, se convierte en agua, recurso realmente poco usado y, tanto cantantes como bailarines transitan por ese pequeño “lago” creado en el escenario. Tal vez una forma de significar la parábola que se ha generado en la vida de Onegin. Los que han visto la puesta de Robert Carsen para el Metropolitan, con mínima cantidad de recursos, pero con una fuerza increíble tendrán la misma sensación que yo tuve, demasiada grandiosidad en un caso que no es necesario. Aunque valoro la profusión de ideas creativas creo que las mismas pudieron ser dosificadas.  Muy buen trabajo de Bogumil Palewicz en la iluminación y atractivo el vestuario, aunque con muchas licencias, del mismo Znaniecki.  En el plano vocal se destacó plenamente el barítono Marcin Bronikowski, con una voz de buen timbre y excelentes armónicos, sumado a un canto de muy buena técnica y afinación, supo crear un personaje totalmente creíble, todo lo detestable que se requiere.
La soprano Magdalena Nowacka es una lírico con una voz de normal volumen. Cantó con buena técnica y afinación, pero su canto resulta frío, poco logra transmitir y esto fue notable en la famosa escena de la carta, cantada con pocos matices y falta de intensidad. Tampoco mostró ningún cambio de la Tatiana del primer acto a la del último. Darío Schmunck cantó el aria de Lensky, el tramo más popular de esta opera, con su bello timbre, sólida técnica y marcada musicalidad. Como en otras oportunidades su escaso caudal fue en detrimento de su prestación. De todas formas – y gracias a un certero cambio de escenografía – cantó casi en el proscenio, y su aria fue lo más aplaudido de la función.  Ariel Cazes nos brindó un muy digno príncipe Griemin, cantado con buenos medios vocales. Del resto del elenco se destacó Susanna Moncayo, mostrando una excelente voz y buena composición del personaje y Elizabeth Canis quien hizo una pequeña creación de su, por momentos, conmovedora nodriza. Muy desenvuelta Mónica Sardi como Olga y correcto el resto del elenco. Muy buen trabajo del Coro, a pesar de la incómoda posición de los integrantes debido a la complejidad de la escenografía. El excelente maestro Stefan Lano condujo correctamente a la Orquesta Estable, aunque Tchaikovsky no parece ser el compositor más afín al Director. Por momentos un poco más de pasión parecía necesaria. Creo que el gran trabajo de los talleres del teatro justifica por si solo ver este Eugene Onegin, pero además algunas innovaciones en la escenografía son dignas de apreciar, aunque tal vez la aplicación no sea la más adecuada. Pero además, hay algunos excelentes trabajos vocales y sobre todo, la maravillosa música de Tchaikovsky.