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Friday, February 20, 2026

Marina de Umberto Giordano en Milán


Foto: Lorenza Daverio

Massimo Viazzo

Marina de Umberto Giordano (1867-1948) melodrama en un acto nunca antes representado, que permaneció durante tanto tiempo en el olvido, quizás porque parte de su música fue después reutilizada en su ópera sucesiva Mala vita. Recientemente fue descubierta la partitura autógrafa en la colección Koch de la biblioteca Beinecke Rare Book and Manuscript de Yale, de Andreas Gies. Fue precisamente el quien curó la edición critica en la que se basa este estreno absoluto. Gracias a este meticuloso trabajo, no solo fue reconstruida la música, si no también el texto cantado por Enrico Golisciano y las indicaciones escénicas. Visto que el libreto original nunca llegó hasta nosotros, fue Emanuele D’Angelo, quien se ocupó de reconstruirlo. La primera representación, realizada en forma de concierto, fue un evento de gran relevancia para el mundo musical internacional, y se llevó a cabo en el Teatro dal Verme de Milán, como parte de la temporada 81 de Pomeriggi Musicale, gracias a la colaboración con la Edizione Nazionale delle Opera di Umberto Giordano / LIM-Librería Musicale italiana, y una grabación discográfica del evento será posteriormente publicada por el sello discográfico DECCA.  Es importante mencionar la vocación operística del Teatro dal Verme di Milano, que perduró hasta su destrucción, a consecuencia de los bombardeos ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial. Tras una cuidadosa restauración, completada en 1946, la estructura fue destinada para ser una sala de cine. Desde el 2001, el Teatro dal Verme, alberga a la Fondazione Pomeriggi Musicale y funge como sala de conciertos.  En el transcurso de su historia, el teatro que fue inaugurado con Gli Ugonoti de Meyerbeer en 1872, ha tenido importantes premieres, entre las que se encuentra Le Villi de Giacomo Puccini, Pagliacci de Ruggero Leoncavallo, con un joven Toscanini en el podio, así como los estrenos italianos de Una vida por el Zar de Mijaíl Glinka y La viuda alegre de Franz Lehár. Marina se inserta en la corriente del verismo, proponiendo una narrativa intensa y dramática ambientada en el contexto de las históricas tensiones entre Serbia y Montenegro. Los personajes principales – Marina, su hermano Daniele, el pretendiente no correspondido Lambro y el joven enamorado, el serbio Giorgio – se ven envueltos en un torbellino de intensas emociones, donde amor, celos y pertenencia étnica e ideológica se entrelazan, culminando con un final dramático. En el centro de la narrativa se encuentra Marina, una mujer valiente que enfrenta las dificultades impuestas por la violencia patriarcal y bélica para salvar al hombre amado. Compuesta en 1888, Marina es la primera obra del compositor pugliese, que era entonces un estudiante veinteañero del Conservatorio de Nápoles. Con valentía, el joven Giordano decidió presentar su partitura en el famoso Concurso Sonzogno, un concurso creado en 1883 para descubrir nuevos talentos y enriquecer el repertorio, y que luego revolucionaría el melodrama italiano. Marina fue seleccionada, pero solo obtuvo el sexto premio (el primero fue para Cavalleria rusticana de Mascagni). Sin embargo, el editor Sonzogno quedó tan impresionado por el talento del joven, aunque no apreciara mucho el libreto, que lo contrató inmediatamente. Muy pronto, entre 1896 y 1903, llegaron sus tres títulos más célebres: Andrea Chénier, Fedora y Siberia. Aunque en realidad, solo Chénier y en parte Fedora han entrado de manera algo estable en el repertorio. Musicalmente, Marina resalta el talento compositivo de Giordano, caracterizado por un lenguaje moderno y armónicamente avanzado, perfectamente adaptado a la palabra. La ópera presenta referencias estilísticas que abarcan de Verdi a Ponchielli, e incluso a Carmen de Bizet, anticipando al mismo tiempo soluciones que desarrollaría en sus obras maduras. La estructura del acto único, dividido en dos partes (la primera más elaborada) se muestra sólida e incisiva. De la introducción coral, que evoca eficazmente el clima bélico, se pasa a la presentación de la protagonista Marina, mujer montenegrina de  carácter fuerte, voluntariosa pero también frágil, escena que culmina con el encuentro con Giorgio Lascari, soldado serbio herido, momento en el que surge entre ambos la chispa de la atracción amorosa. Después de la canción montenegrina de Lambro, el pretendiente rechazado, todavía impregnado de espíritu guerrero, hay un breve concertato en el que descubre que Marina ha socorrido y escondido a un enemigo (Giorgio). Posteriormente, la primera parte concluye con el dúo entre Marina y Daniele, durante el cual este último advierte a su hermana que preste máxima atención. La segunda parte comienza con un breve intermezzo instrumental y con el hermoso momento lírico del tenor, el aria de Giorgio. El dúo siguiente sellará finalmente el amor y la pasión entre los dos protagonistas. La ópera luego se dirige rápidamente hacia su dramática y trágica conclusión. Lambro mata tanto al rival, en amor y en guerra, Giorgio, como a la tan deseada Marina, todo ello en perfecto estilo verista. Eleonora Buratto encarnó al personaje principal de la ópera con canto pulido, un timbre aperlado y extremo lirismo. Su Marina emergió como un persona complejo, emotivo y humano, capaz de frasear con calor, pero también de erguirse imperiosa con agudos luminosos y muy firmes. A su lado, Freddie De Tommaso, en el papel de Giorgio Lascari, mostró un timbre bruñido y expansivo, atenta dicción y un acento viril. Fraseó con intensidad, mostrando también cierto squillo en el registro más agudo. Mihai Damian, en el papel del “malo” de la historia, el pretendiente rechazado Lambro mostró facilidad en los agudos. El barítono rumano, con un timbre claro, casi tenoril, exhibió musicalidad y refinamiento en la ejecución de las frases líricas y el impulso adecuado en las más combativas. Completó el reparto Nicholas Moog, quien interpretó a Daniele de manera confiable, con un timbre franco y musicalidad. La Orquesta dei Pomeriggi Musicali, bien preparada y participativa, bajo la batuta escrupulosa y rítmicamente ágil de Vincenzo Milletarì, sonó con cohesión. Optima estuvo también la prueba del Coro de la Fondazione Teatro Petruzzelli dirigido por Marco Medved.




Tuesday, February 17, 2026

Marina di Umberto Giordano - Milan

Foto: Lorenza Daverio

Massimo Viazzo

Marina di Giordano (Pomeriggi Musicali) Marina di Umberto Giordano (1867-1948), melodramma in un atto mai rappresentato, è rimasto per tanto tempo nel dimenticatoio, forse anche perché parte della sua musica è stata poi riutilizzata nell’opera successive Mala vita. Di recente è stata scoperta la partitura autografa alla Beinecke Rare Book and Manuscript Library di Yale, nella Koch Collection, da Andreas Gies. È stato proprio lui a curare l’edizione critica su cui si basa questa prima assoluta. Grazie a questo lavoro meticoloso, non solo è stata ricostruita solo la musica, ma anche il testo cantato di Enrico Golisciani e le indicazioni sceniche, visto che il libretto originale non è arrivato fino a noi. Emanuele d’Angelo si è occupato di ricostruire il libretto. La prima assoluta in forma di concerto, evento di grande rilevanza per il mondo musicale internazionale, si è tenuta presso il Teatro dal Verme di Milano, nell’ambito della 81ª stagione dei Pomeriggi Musicali, grazie alla collaborazione con l’Edizione Nazionale delle Opere di Umberto Giordano/ LIM-Libreria Musicale Italiana. La registrazione discografica dell’evento sarà successivamente pubblicata dalla DECCA. È importante ricordare la vocazione operistica del Teatro dal Verme di Milano, che perdurò fino alla sua distruzione a seguito dei bombardamenti avvenuti durante la Seconda Guerra Mondiale. Dopo un accurato restauro completato nel 1946, la struttura fu adibita a sala cinematografica. Dal 2001, il Teatro dal Verme ospita la Fondazione Pomeriggi Musicali e funge da sala da concerti. Nel corso della sua storia, il teatro, che fu inaugurato con Gli Ugonotti di Meyerbeer nel 1872, ha ospitato importanti première, tra cui Le Villi di Giacomo Puccini, Pagliacci di Ruggero Leoncavallo con un giovane Toscanini sul podio, nonché le prime italiane di Una vita per lo Zar di Michail Glinka e La Vedova Allegra di Franz Lehár. Marina si inserisce nel filone del verismo, proponendo una narrazione intense e drammatica ambientata nel contesto delle storiche tensioni tra Serbia e Montenegro. I personaggi principali – Marina, il fratello Daniele, lo spasimante non corrisposto Lambro e il giovane innamorato, il serbo Giorgio – sono coinvolti in un vortice di emozioni intense, dove amore, gelosia e appartenenza etnica e ideologica si intersecano, culminando in un finale drammatico. Al centro della narrazione si erge Marina, una donna coraggiosa che affronta le difficoltà imposte dalla violenza patriarcale e bellica per salvare l’uomo amato. Composta nel 1888, Marina è la prima opera del compositore pugliese, allora ventenne e studente al Conservatorio di Napoli. Con coraggio, il giovane Giordano decise di presentare la sua partitura al famoso Concorso Sonzogno, concorso nato nel 1883 per scoprire nuovi talenti e arricchire ilrepertorio, e che poi avrebbe rivoluzionato il melodramma italiano. Marina fu selezionata ma si aggiudicò solamente il sesto premio (il primo premio andò a Cavalleria rusticana di Mascagni). L’editore Sonzogno rimase però talmente colpito dal talento del ragazzo, pur non apprezzando molto il libretto, che lo mise subito sotto contratto. E presto, tra il 1896 e il 1903 arrivarono i suoi tre titoli più celebri Andrea Chénier, Fedora e Siberia. In realtà, solo Chénier e in parte Fedora sono entrati poi abbastanza stabilmente in repertorio. Musicalmente, Marina mette in risalto il talento compositivo di Giordano, caratterizzato da un linguaggio moderno e armonicamente avanzato, perfettamente adattato alla parola. L’opera presenta richiami stilistici che spaziano da Verdi a Ponchielli, e persino alla Carmen di Bizet, anticipando al contempo soluzioni che verranno sviluppate nelle sue opere mature. La struttura dell’atto unico, suddiviso in due parti (la prima più articolata), si dimostra solida e incisiva. Dall’introduzione corale, che evoca efficacemente il clima bellico, si passa alla presentazione della protagonista Marina, donna montenegrina dal carattere forte, volitivo ma anche fragile, scena che culmina nell’incontro con Giorgio Lascari, soldato serbo ferito, momento in cui scocca tra i due la scintilla dell’attrazione amorosa. Dopo la canzone montenegrina di Lambro, il pretendente respinto, ancora intrisa di spirito guerresco, si ha un breve concertato alla scoperta che Marina ha soccorso e nascosto un nemico (Giorgio). Successivamente, la prima parte si chiude sul duetto tra Marina e Daniele, nel corso del quale quest’ultimo avverte la sorella di prestare la massima attenzione. La seconda parte si apre con un breve intermezzo strumentale e con il bel momento lirico del tenore, l’aria di Giorgio. Il duetto seguente suggellerà finalmente l’amore e la passione tra I due protagonisti. L’opera volge poi rapidamente verso la sua drammatica e tragica conclusione. Lambro uccide sia il rivale, in amore e in guerra, Giorgio, sia la tanto desiderata Marina, il tutto in perfetto stile verista. Eleonora Buratto ha incarnato il personaggio principale dell’opera con un canto levigato, una timbrica perlata ed estremo lirismo. La sua Marina è emersa come un personaggio complesso, emotivo e umano, capace di fraseggiare con calore ma anche di ergersi imperiosa con acuti luminosi e fermissimi. Accanto a lei, Freddie De Tommaso nei panni di Giorgio Lascari ha mostrato una timbrica brunita e espansiva, una dizione attenta e un accento virile. Ha fraseggiato con intensità, mostrando anche un certo squillo nel registro più acuto. Mihai Damian, nel ruolo del “cattivo” della vicenda, lo spasimante respinto Lambro, ha mostrato facilità negli acuti. Il baritono rumeno, dalla timbrica di colore chiaro quasi tenorile, ha messo in mostra musicalità, raffinatezza nell’esecuzione delle frasi liriche e giusto impeto in quelle più battagliere. Completava il cast Nicholas Moog, che ha interpretato Daniele in modo affidabile, con un timbro franco e musicalità.L’Orchestra dei Pomeriggi Musicali, preparata e partecipe, sotto la bacchetta scrupolosa e ritmicamente scattante di Vincenzo Milletarì, ha suonato con coesione. Ottima anche la prova del Coro della Fondazione Teatro Petruzzelli diretto da Marco Medved.