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Tuesday, May 31, 2011

XX Edizione- Premio Lirico Internazionale Mario Tiberini


Su idea di Andrea Gamurrini, il Premio Lirico Internazionale Mario Tiberini, giunto alla ventesima  edizione, si inserisce nel nuovo festival MUSICAMARE di Cattolica, organizzato dall'Associazione Cattolica per la Tanzania presieduta dal dott. Maurizio Lugli e dall'Associazione Musicale Mario Tiberini presieduta dalla Prof. Giosetta Guerra, con lo scopo di raccogliere fondi per la costruzione di una scuola in Tanzania. Quattro gala di  beneficenza di altissimo livello, ma accessibili al pubblico di ogni  genere, ospiteranno gli artisti più quotati del panorama lirico internazionale: il 26, 27, 30 giugno 2011 al Teatro della Regina di  Cattolica (RN) e il 16 luglio al Teatro Tiberini di San Lorenzo in Campo (PU). Il 26 giugno il grande soprano greco DIMITRA THEODOSSIOU offrirà un programma vasto ed accattivante accompagnata dal pianista Simone Savina e dal Coro della Regina di Cattolica, diretto da Gilberto Del Chierico; il 27 il coro più famoso d'Italia e il più rappresentativo dell'Italia risorgimentale, il CORO DEL TEATRO REGIO DI PARMA, diretto da Martino Faggiani, ripercorrerà le pagine più significative del melodramma dell'800; il 30 giugno ci sarà spazio per il barocco con un quintetto dei  famosi SOLISTI VENETI, diretti dal grande CLAUDIO SCIMONE, e per il  belcanto col noto mezzosoprano SONIA GANASSI e il tenore pesarese ENRICO  GIOVAGNOLI, sosia di Mario Tiberini, accompagnati al pianoforte da Donatella Dorsi; il 16 luglio sarà la volta di un programma tra il serio e il faceto con le voci della famiglia Alaimo, Simone zio, Nicola nipote e Silvia Tortolani moglie di Nicola, accompagnati al pianoforte da Mirca Rosciani. Tutti gli artisti saranno premiati col Tiberini d'oro o d'argento, in base alla loro fama e la Theodossiou verrà incoronata REGINA DEL MELODRAMMA ITALIANO. Il 27 alle ore 11 ci sarà una conferenza nel ridotto del Teatro di Cattolica, per illustrare l'operato dell'Associazione Cattolica per la Tanzania e per presentare l'aspetto patriottico del tenore Mario Tiberini. Partecipare sarà un piacevolissimo arricchimento culturale per tutti. Prenotazioni (anche per eventuale hotel) allo IAT di Cattolica (0541966697) e al 3333416088 (Associazione Musicale)






Friday, June 18, 2010

Concierto por el 50 aniversario de I Solisti Veneti y su director Claudio Scimone en Ferrara, Italia

Foto: I Solisti Veneti: Uto Ughi. Teatro Comunale di Ferrara

I Solisti Veneti y Uto Ughi dirigidos por Scimone en un aplaudido concierto por el cincuentenario.

Cuando el virtuosismo es mayéutica y no artificio.

Athos Tromboni

FERRARA- El 2010 es el año del cincuentenario de I Solisti Veneti y su director Claudio Scimone, y la orquesta festeja este aniversario con una gira de representaciones que inició el 22 de mayo en Marostica y concluirá en Asiago el próximo 28 de agosto. Una serie de veinticuatro conciertos se realizaran en el ámbito del calendario del Veneto Festival, con funciones también en Trentino, Emilia Romagna y Friluli Venezia Giulia, más allá de su territorio de residencia. Así, el 17 de junio la ciudad de Ferrara albergó la etapa emiliana de la gira, haciéndole el honor a la orquesta, al maestro Scimone y a sus solistas invitados, el primero de ellos, el violinista Uto Ughi, con un Teatro Comunale repletó de público. El tema característico del concierto puede ser individualizado en el virtuosísimo musical, no solo por la presencia de Ughi (en su honor la velada fue titulada “magia del violín”) si no también por lo que Scimone y la orquesta supieron mostrar. Si, porque si hay un virtuosísimo del solista lo hay también en el envolvente virtuosismo orquestal proveniente de la concertación del ensamble, y esto fue ofrecido por el maestro véneto con la obra de apertura del concierto: la Sinfonía en Re menor op.12 n.4 de Luigi Boccherini. La composición es de 1770, muy poco tiempo después que Boccherini asumiera como “compositor y virtuoso de cámara de su Eminentísima Alteza Don Luis Infante de España” y que constituía el ejemplo de la expresividad instrumental que se desarrolló del estilo del siglo dieciocho al incipiente dramatismo romántico. Es por ello que es necesario el virtuosísimo orquestal, entendido no en el sentido de un estéril ejercicio de habilidad concertante, si no de uno fecundo y expresivo. Por ejemplo, un diminuendo que va del mezzaforte al pianissimo o un pizzicato de acompañamiento mórbido hasta la anulación del último armónico con el silencio, pueden ser limpios y maravillosos pero sin alma, o de otra manera perturbantes, como si el alma fuera agitada o quizás guiada por algunas penas. En cualquier caso se trata de un virtuosísimo, aunque el primero es de estéril expresión y el segundo es fecundo. Con la sinfonía de Boccherini, el maestro Scimone y los Solisti Veneti ofrecieron el virtuosísimo de fecunda expresión que hizo “sentir” al espectador que aquella, la primera, velada de teatro no valía la pena, y menos aun cuando la fluida mutación armónica, rítmica y melódica, por ejemplo en la chacona (tercer movimiento) asumió cuerpo y espesor pasando del gesto mesurado del director a la sesiones de las cuerdas y de los instrumentos, y sin apartar de la paleta aquel estilo imprescindible y galante que hace que la música de Boccherini sea inconfundible, dio a las minuciosas ornamentaciones una melancólica cantabilidad y aquellos acentos trágicos que hicieron del sonido una música apasionada.


Se podrían citar otros ejemplos para destacar el virtuosísimo orquestal de los Solisti Veneti, pero me detendré aquí, porque es necesario mencionar algunas palabras sobre el virtuosismo orquestal del extraordinario Lorenzo Guzzoni, protagonista de las Variaciones sobre temas del Mosè y de la Donna del Lago de Gioachino Rossini: una ejecución admirable de parte del clarinetista, en perfecto clima de simpatía con la orquesta. Guzzoni, puede hacer lo que quiera con su instrumento, como también obtener acordes de swing (al estilo Benny Goodman, para ser claros) del cuerpo de la composición sinfónica sin chillidos tímbricos, así como bellezas tímbricas que ni el propio Rossini se hubiera podido imaginar. Era lógico que al final los aplausos fueran calurosos y prolongados, con Scimone sonriendo con satisfacción, por tantas reacciones del público a una ejecución divertidísima y única. Previamente, una variación en el programa había sustituido al previsto Concierto para oboe y cuerdas RV447 de Antonio Vivaldi por dos obras como el: Concierto en Sol mayor para dos mandolinas y cuerdas RV 532 y por el Concierto en Re mayor para mandolina laúd y cuerdas RV93 esto se debió a que “me llegó una carta firmada por muchas personas donde me solicitaban tocar música para mandolina” explicó el maestro Scimone: de quien – en una ciudad que elogia a una de las mejores orquestas de plectro hoy en actividad, la “Gino Neri”- pareció un homenaje por la agradable hospitalidad. En estas obras se distinguieron los solistas Ugo Orlandi y Maria Cleofe Miotti en las mandolinas e Ivano Zanenghi en el laúd de arco, quienes con virtuosismo alegraron al público. Después apareció Uto Ughi, entonando su violín desde atrás del escenario y llegó a el como si fuera una presentación de patinaje, y llovieron los aplausos como un saludo de respeto y admiración por este magnifico artista italiano. Ughi interpretó de forma esplendida el Concierto en La mayor K219 de Mozart, insertando en el lugar del Adagio original, el más celebre Adagio K261 como lo había ya hecho Mozart en sus tiempos. Concluyó el concierto con la funambulesca Fantasía sobre Carmen op. 25 de Pablo de Sarasate, y para mencionar el efecto agregaremos una consideración: el gran interprete (!Ughi lo es!) además de los dotes musicales puede poseer también una virtud mayéutica, que es aquella de transformar una paráfrasis, una imitación, una pantomima en cualquier cosa absolutamente nueva como si fuera el resultado de su inspiración original. Ughi nos ha hecho probar esto en la Fantasía sobre Carmen, como si Saraste fuera el autor de los temas como Bizet. Había escuchado esta Fantasía una infinidad de veces ejecutada por buenos violinistas, otras en agrupaciones de cámara, pero nunca había tenido la impresión de ese cambio de titularidad entre autores. El merito fue de Ughi, y de su ya definida mayéutica, lo que llevó al público a aclamar de viva voz el bis, así, los bises fueron: un popurrí de cuerdas de los Caprichos de Paganini y la repetición de la página final de la Fantasía de Sarasate. Parecía que los aplausos no terminarían más.

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Uto Ughi e i Solisti Veneti diretti da Scimone in un applaudito concerto del 50°, Ferrara

Foto: Claudio Scimone / Uto Ughi (Credito- Gerald Bruneau). Teatro Comunale di Ferrara

Quando il virtuosismo è maieutica e non artificio

Athos Tromboni

FERRARA - Il 2010 è l'anno del cinquantesimo per i Solisti Venti di Claudio Scimone e l'orchestra festeggia la ricorrenza con un tour che è iniziato il 22 maggio a Marostica e si concluderà ad Asiago il prossimo 28 agosto. Una serie di 24 concerti nell'ambito del calendario di Veneto Festival, con serate anche in Trentino, Emilia Romagna e Friuli Venezia Giulia, oltre che nel territorio di residenza. Così il 17 giugno la città di Ferrara ha ospitato la tappa emiliana del tour, facendo onore all'orchestra, al maestro Scimone e ai solisti ospiti, primo fra tutti il violinista Uto Ughi, con un Teatro Comunale gremito di pubblico. Il tratto caratteristico del concerto può essere individuato nel virtuosismo musicale, non solo per la presenza di Ughi (in suo onore il sottotitolo della serata era programmatico: "magia del violino") ma per quanto Scimone e l'orchestra hanno saputo mostrare. Sì, perché se c'è un virtuosismo solistico c'è anche un altrettanto coinvolgente virtuosismo orchestrale ricavabile dalla concertazione dell'ensemble e questo il maestro veneto l'ha offerto proprio con il brano d'apertura, la Sinfonia in Re minore op.12 n.4 di Luigi Boccherini. La composizione è del 1770, quando Boccherini era da poco assunto come "compositore e virtuoso da camera di sua Altezza Eminentissima Don Luis Infante di Spagna" e costituisce l'esempio dell'espressività strumentale che evolve dallo stile settecentesco all'incipiente drammatismo romantico. Ecco perché c'è bisogno di virtuosismo orchestrale, inteso non nel senso di sterile esercizio d'abilità concertante, ma di feconda significanza espressiva. Per esempio, un diminuendo dal mezzoforte al pianissimo o un pizzicato d'assieme morbido fino all'annullamento dell'ultimo armonico nel silenzio, possono essere puliti e meraviglianti ma senza l'anima; oppure conturbanti come se l'anima fosse agitata o compulsa da chissà quali pene. È virtuosismo in ogni caso, ma il primo è sterile d'espressione, l'altro è fecondo. Con la sinfonia di Boccherini, il maestro Scimone e i Solisti Veneti hanno offerto quel virtuosismo fecondo d'espressione che fa "sentire" allo spettatore che quella serata a teatro ne valeva la pena. Quantomeno perché la fluida mutevolezza armonica, ritmica e melodica ad esempio della ciaccona (terzo movimento) assumeva corpo e spessore passando dal gesto misurato del direttore alle sezioni degli archi e degli strumentini e perché senza esiliare dalla tavolozza quell'imprescindibile stile galante che rende inconfondibile la musica di Boccherini, dava alle minuziose ornamentazioni quelle cantabilità malinconiche o quegli accenti tragici che facevano del suono una musica appassionata.

Potremmo citare altri esempi per raccontare del virtuosismo orchestrale dei Solisti Veneti, ma ci fermiamo qui, perché occorre ora spendere parole per il virtuosismo solistico di uno straordinario Lorenzo Guzzoni, protagonista delle Variazioni su temi del Mosè e della Donna del Lago di Gioachino Rossini: una performance ammirevole da parte del clarinettista, in perfetto clima simpatetico con l'orchestra; Guzzoni, con l'ancia, può fare quello che vuole, anche trarre accordi swinganti (alla Benny Goodman, per essere chiari) dal corpo della composizione sinfonica senza stridori timbrici, anzi proprio come preziosismi timbrici che neanche Rossini avrebbe potuto immaginare. Era logico che alla fine l'applauso fosse caloroso e prolungato, con Scimone a sorridere soddisfatto di tanta reazione del pubblico per un'esecuzione divertentissima e unica. Precedentemente, una variazione di programma aveva sostituito il previsto Concerto per oboe e archi RV447 di Antonio Vivaldi con due brani quali il Concerto in Sol maggiore per due mandolini e archi RV 532 e il Concerto in Re maggiore per liuto mandolino e archi RV93 sempre di Vivaldi, perché "una lettera firmata da una quarantina di persone mi è pervenuta per richiedere musica coi mandolini" aveva spiegato il maestro Scimone: il che - in una città che vanta una delle migliori orchestre a plettro oggi in attività, la "Gino Neri" - è sembrato un cortese omaggio alla goduta ospitalità. Qui si sono distinti i solisti Ugo Orlandi e Maria Cleofe Miotti ai mandolini e Ivano Zanenghi all'arciliuto, e sempre di virtuosismo solistico si è beato il pubblico. Poi è arrivato Uto Ughi, accordando il violino da dietro le quinte fin sul proscenio come fosse un glissando di autopresentazione; gli applausi sono piovuti quale saluto di rispetto e ammirazione per questo magnifico artista italiano. Ughi ha eseguito, in splendida forma, il Concerto in La maggiore K219 di Mozart, inserendo al posto dell'Adagio originario, il più celebre Adagio K261 come del resto aveva già fatto Mozart ai suoi tempi. E ha concluso il concerto con la funambolica Fantasia dalla Carmen op.25 di Pablo de Sarasate; per dire l'effetto aggiungiamo solo una considerazione: il grande interprete (e Ughi lo è) oltre le doti musicali può avere anche una virtù maieutica, quella di trasformare una parafrasi, una imitazione, una pantomima, in qualcosa di assolutamente nuovo come fosse il risultato di una ispirazione originale. Ughi ci ha fatto provare questo nella Fantasia dalla Carmen, come se Sarasate fosse l'autore dei temi anziché Bizet. Abbiamo sentito miriadi di volte questa Fantasia eseguita da bravi violinisti, anche in formazioni cameristiche, ma mai avevamo avuto l'impressione di quello scambio di titolarità per gli Autori. Il merito è di Ughi, di quella che abbiamo definito la sua maieutica, che ha portato il pubblico ad acclamare a viva voce il bis, anzi i bis: un pot-pourri di arcate dai Capricci di Paganini, e la ripetizione della pagina finale della Fantasia di Sarasate. E gli applausi non finivano più.

Monday, September 21, 2009

La Scala di Seta- Rossini Opera Festival, Pesaro

Foto: Paolo Borgodna, Olga Peretyatko, Anna Malavasi
Credito: Studio Amati Bacciardi- Rossini Opera Festival

Giosetta Guerra

Meritano plauso ed attenzione il giovane regista Damiano Michieletto e lo scenografo-costumista Paolo Fantin che hanno ambientato La scala di seta di Rossini in un moderno appartamento, di cui, come due bravi architetti, presentano una planimetria interna con cucina, camera e bagno arredati Scavolini e una finestra sul fondale che con un gioco di specchi lascia vedere anche le azioni che avvengono in esterno. Strabiliante. Le stanze non sono divise da muri e da porte, ma da linee sul pavimento e dall’idea delle porte che gli artisti fingono di aprire e chiudere ad ogni passaggio. Ė l’appartamento di Giulia, situato a Pesaro, in via Rossini n. 2, arredato a vista durante l’ouverture da un’équipe di operai guidati da un arredatore, nel quale si svolge una vicenda di intrighi a lieto fine, resa esilarante dalla genialità teatrale del regista e dalla verve interpretativa degli artisti. Gli abiti sono naturalmente di foggia moderna. Sulla scena Paolo Bordogna (Germano) in tenuta da cameriere filippino col caschetto nero – quello della TV -, ha la compagnia di un cagnolino, un chihuahua di sua proprietà, si muove con un’agilità sorprendente, salta perfino di scatto da un mobile sopra un armadio o si avvinghia mani e piedi come uno scimmiotto sotto il tavolino, Carlo Lepore (Blansac) si muove ora con baldanza ora con leggerezza, cammina come se avesse le ali ai piedi e a volte fa il saltello in avanti con il piede sollevato all’indietro come faceva Alberto Sordi, Anna Malavasi (Lucilla) è una bravissima attrice, vestita da segretaria zitella con un tailleur viola attillato, camicia, cravatta, scarpe bianche, capelli raccolti e occhiali si muove con circospezione, ma poi, quando non contiene più le voglie represse, si scioglie i capelli ed inizia uno spogliarello, Olga Peretyatko (Giulia) si presenta in sottoveste, poi si mette tuta e scarpe da tennis e fa ginnastica e infine indossa leggeri abitini estivi di vari colori, José Manuel Zapata (Dorvil) non è un gran amoroso né in pantaloncini corti né con pantaloni lunghi e camicia, Daniele Zanfardino è un Dormont gobbo e vecchietto. Il sestetto finale vede tutti seduti sul boccascena, mentre inservienti agitano un telo col quale coprono tutti e tutto. La storia è finita. Sul piano musicale abbiamo ascoltato l’Orchestra Haydn di Bolzano e Trento alle prese con una musica davvero di seta, diretta da Claudio Scimone con Gianni Fabbrini al fortepiano nei recitativi e le voci di buoni cantanti che sono entrati con padronanza vocale nei rispettivi ruoli. Olga Peretyatko ha una bella voce di soprano, luminosa, musicale e melodiosa (duetto con Germano “Io so ch’hai buon core”), trilla e gorgheggia con naturalezza e sostiene bene il suono, nell’aria lenta e nostalgica “Il mio ben sospiro e chiamo” fa uso della messa di voce e sale con facilità verso le vette acute. Paolo Bordogna usa con morbidezza una voce consistente di baritono, tiene una buona linea melodica e aderisce perfettamente al canto sillabato sia largo che veloce. Carlo Lepore ha una gran voce di basso, rotonda, morbida, sonora e dal bellissimo colore, interpreta a dovere anche una scena aggiunta con una grande aria di basso, ricca di espansioni acute e affondi gravi "Alle voci della gloria", ribattezzata "Alle voci dell’amore". José Manuel Zapata è un tenore chiaro e robusto con slanci acuti e mezze voci. Anna Malavasi ha una bella voce di mezzosoprano e Daniele Zanfardino è un bravo tenore chiaro. Lo spettacolo è piaciuto e il pubblico è uscito soddisfatto.
VERSION EN ESPAÑOL
Meritoria aprobación y atención para el joven regista Damiano Michieletto y para el escenógrafo-vestuarista Paolo Fantin, quienes ambientaron La Scala di Seta de Rossini en un moderno apartamento, en el cual como dos buenos arquitectos, presentaron un diseño interno con cocina, habitación con baño y una ventana al fondo con un juego de espejos, permitió ver también la acción en el exterior, es el apartamento de Giulia, en el cual se desarrolló una función de intrigas con final feliz, resultado divertido obra de la genialidad teatral del director escénico y de la verve interpretativa de los artistas. Los vestuarios fueron naturalmente de carácter moderno. En la escena Paolo Bordogna (Germano) vestido como camarero filipino con cabello negro, con la compañía de un perrito chihuahua, y se movió con una agilidad sorprendente. Vocalmente usó con morbideza, suavidad, su voz consistente de barítono, posee una buena línea melódica y se adhirió perfectamente al canto enunciado largo o veloz. Carlo Lepore (Blansac) se movió con osadía y con ligereza, caminando como si tuviese alas en los pies. Con su gran voz de bajo, rotunda, sonora y de bello color, cantó también la gran aria rica de expansión, intensa, profunda grave "Alle voci della gloria", ribattezzata "Alle voci dell’amore".Olga Peretyatko (Giulia) con su voz de soprano luminosa, musical y melodiosa, sostuvo bien el sonido e hizo uso de la media voz que emitió con facilidad hacia los puntos más agudos Anna Malavasi (Lucilla) es una muy buena actriz, bien caracterizada, y con una hermosa voz de mezzosoprano.. El tenor español (de Granada) José Manuel Zapata (Dorvil) es un tenor claro y robusto con buenos agudos y media voz, y no fue un gran amante ni en pantalones cortos ni largos con camisa. Daniele Zanfardino fue un Dormont jorobado y viejo y vocalmente un bravo tenor claro. En el plano musical, se escuchó a la Orchestra Haydn di Bolzano e Trento con una musica verdaderamente de seda, dirigida por Claudio Scimone, y con Gianni Fabbrini al piano en los recitativos y las voces de buenos cantantes que cantaron con maestría vocal sus respectivos papeles. El espectáculo fue agradable y el publicó salió satisfecho.