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Tuesday, April 11, 2023

Tosca a San Diego

Foto:© 2023 Karli Cadel

Ramón Jacques

L'ultimo rapporto pubblicato nel 2022, con i dati del periodo 2020-2021, dell'associazione Ópera América a cui appartengono i teatri d'opera americani, contiene informazioni interessanti e dettagliate, come il numero del personale impiegato dai teatri (con 130 città che hanno almeno una compagnia lirica professionale), l'impatto che il COVID ha avuto a causa della cancellazione di spettacoli, stagioni e chiusure di teatri durante quel periodo; così come l'origine del finanziamento dei teatri, che negli Stati Uniti si concretizza in un'alta percentuale di contributi privati ​​di aziende o sponsorizzazioni, investimenti e minimi sostegni statali, nonché il contributo che questo settore ha nell'economia del paese. Inoltre, il report contiene dati come il numero di artisti ingaggiati dai teatri, il numero di spettatori con biglietti pagati sul totale degli spettacoli eseguiti, e l'elenco dei titoli più rappresentati e apprezzati, che dal 1970 ad oggi include la Tosca di Giacomo Puccini, penultimo titolo dell'attuale stagione della San Diego Opera. L'ultima produzione a cui ho assistito in questo teatro è stata Madama Butterfly nell'aprile 2016, e nonostante siano passati diversi anni, ho potuto apprezzare ancora una volta un'altra produzione scenica elegante, dettagliata e attenta, che aderisce puntualmente a quanto descritto nel libretto. Sul palco, la compagnia di San Diego si è disimpegnata nelle proprie produzioni in un ambito conservatore, tradizionale con poche sperimentazioni moderne innovative o controverse. I decori e le ampie scenografie di questa produzione di Tosca sono stati disegnati da Andrew Horn, con i costumi raffinati e ben caratterizzati di Andrew MarleyAndrew Marley. E' piaciuto particolarmente il secondo atto, con enormi affreschi collocati in cima a quello che doveva rappresentare l'interno di Palazzo Farnese, e per il lucido e inquietante gioco di luci in cui il cielo sul fondale passava dal cupo buio della notte allo splendore dell'alba, un effetto magnificamente ottenuto dal light designer Chris RynneLa regia è stata affidata a Alan E. Hicks, che è incorso nei soliti cliché, in eccessi inutili e in qualche violenza, soprattutto nel secondo atto, cose che di solito si vedono nella maggior parte delle Tosche  in scena, dove più che al tempo e all'ambientazione in cui si svolge l'azione, le idee riguardanti la recitazione sono generalmente limitate. Sottolineo però il fatto che nonostante Tosca possa essere considerato un titolo molto visto o ripetuto, continua ad essere una calamita al botteghino e, come è stato verificato, risulta essere la prima esperienza nel mondo dell'opera per un pubblico che rimane sorpreso, commosso e turbato dalla storia, rivalutandola continuamente e dando validità allo spettacolo. La collaborazione tra il teatro e la San Diego Symphony ha dato buoni risultati, poiché una strumentazione molto sfumata, colorita e vibrante è emersa dalla buca orchestrale quando necessario, sotto la guida del maestro italiano Valerio Galli che ha approfittato della sintonia e del valore dei musicisti di questa orchestra, dirigendo con attenzione ai dettagli e sottigliezza. Come Tosca, il soprano Michelle Bradley ha mostrato una voce potente, in equilibrio tra nervosismo e delicatezza, richieste nei diversi passaggi e stati d'animo che il personaggio attraversa. Al suo debutto locale, il tenore argentino Marcelo Puente ha mostrato calore e un timbro robusto ed energico, adatto al ruolo, anche se sul palco è apparso un po' rigido e a volte poco plausibile. Il basso-baritono americano Greer Grimsley ha dato vita a uno Scarpia aggressivo e violento, a mio parere anche troppo, e ha restituito il ruolo più con l'esperienza che per le doti vocali che sembrano non essere più le stesse di prima. Corretti nei loro interventi sono stati il tenore Joel Sorensen nei panni di Spoletta, artista con uno stretto rapporto da molti anni con la compagnia, il baritono Michael Sokol nel ruolo del Sagrestano, il basso baritono Deandre Simmons nel ruolo di Sciarrone, il basso-baritono Andrew Craig Brown nella sua doppia apparizione nei panni di Angelotti e il carceriere, e il soprano Abigail Allwein per la radiosità nella sua voce com interprete del  pastore. Non si può dimenticare la presenza e il contributo del San Diego Opera Choir, sotto la guida del maestro Bruce Stasyna, che vanta una notevole carriera alla guida di cori di importanti teatri americani; né il contributo del San Diego Children's Choir.




Tosca en San Diego

Fotos: © 2023 Karli Cadel / SDO

Ramón Jacques            

El último reporte publicado en el  2022, con datos del periodo 2020-2021, de la asociación Ópera América a la que pertenecen los teatros de ópera estadounidenses, contiene interesante y detallada información, como la cantidad de personal empleado por los teatros (donde 130 ciudades cuentan con al menos una compañía lírica profesional), el impacto que tuvo el  COVID en el medio debido a la cancelación de funciones, temporadas, y cierre de teatros durante ese periodo; así como el origen del financiamiento de los teatros, que en Estados Unidos proviene en un alto porcentaje de aportaciones privadas de empresas y particulares, o patrocinios, inversiones, y mínimo apoyo gubernamental, así como el aporte que este sector tiene en la economía del país. Además, el reporte contiene cifras como la cantidad de artistas contratados por los teatros, la cantidad de público asistente con boleto pagado al total de las funciones realizadas, y la lista de los títulos más representados y populares, que desde 1970 al día de hoy, incluye a Tosca de Giacomo Puccini, penúltimo título de la actual temporada de la Ópera de San Diego.  La última producción a la que asistí en este teatro fue Madame Butterfly en abril del 2016, y aunque han pasado varios años, he podido apreciar de nueva cuenta otra elegante, detallada y cuidada producción escénica, que se apega puntualmente a lo descrito en la trama. Escénicamente, la compañía de San Diego se ha conducido dentro de un rango conservador y tradicional en sus montajes, con pocos experimentos modernos, innovadores o polémicos. Los decorados y espaciosas escenografías de este montaje de Tosca, fueron ideadas por Andrew Horn, con refinados y distinguidos vestuarios de Andrew Marley y Heide Zamora. Agradó especialmente el segundo acto, por los enormes frescos situados en la parte superior de lo que representaría el interior del Palazzo Farnese, y el lucido e inquietante juego de luces en el que en el cielo al fondo del escenario pasaba de la lúgubre oscuridad de la noche a la brillantez del alba, un efecto muy bien logrado por el iluminador Chris Rynne.  La dirección escénica corrió a cargo del director Alan E. Hicks, quien incurrió en los habituales clichés y la innecesaria sobreactuación y cierta violencia, sobretodo en el segundo acto, que se suelen ver en la mayoría de las Toscas que se ven en escena, donde más allá de la ambientación y el tiempo en el que se situé la acción, las ideas en cuanto al desempeño actoral suele ser limitada.  Sin embargo, destacaría el hecho de que a pesar de que Tosca se puede considerar como un título muy visto o repetido, continúa siendo un imán de taquilla, y como se ha podido constatar, resulta ser la primera experiencia o introducción de muchos asistentes del público a la ópera, quienes se sorprenden, se conmueven y se inquietan con la historia, lo que le revaloriza y continúa dándole vigencia al espectáculo. La colaboración entre el teatro y la San Diego Symphony, resultó, ya que del foso surgió una instrumentación muy matizada, colorida, y vibrante cuando fue necesario, bajo la conducción del maestro italiano Valerio Galli quien aprovechó la conjunción y el oficio de los músicos de esta orquesta, dirigiendo con atención al detalle y sutileza en sus movimientos.  Como Tosca, la soprano Michelle Bradley, mostró una voz potente, balanceada entre el nervio y la delicadeza, que se requieren en los diferentes pasajes y estados de ánimo por los que atraviesa el personaje.  En su debut local el tenor argentino Marcelo Puente, mostró calidez y un robusto y enérgico timbre, adecuado para el papel, aunque en escena lució algo rígido y por momentos poco verosímil. El bajo-barítono estadounidense Marcelo Puente dio vida a un agresivo y violento Scarpia, innecesario a mi parecer, y sacó adelante el papel más por experiencia que por cualidades vocales, que parecen no ser las mismas de antaño. Correctos en sus intervenciones estuvieron:  el tenor Joel Sorensen como Spoletta, artista con una estrecha relación desde hace muchos años con la compañía; el barítono Michael Sokol como el Sacristán, el bajo barítono Deandre Simmons como Sciarrone; el bajo-barítono Andrew Craig Brown en su doble aparición como Angelotti y el carcelero, y la soprano Abigail Allwein por su resplandor en la voz del pastor. No se puede olvidar la presencia y la contribución del coro de la ópera de san diego, bajo la conducción del maestro Bruce Stasyna, poseedor de una notable trayectoria al frente de los coros de importantes teatros estadounidenses; como tampoco el aporte del coro San Diego Children’s Choir.



Monday, May 14, 2018

Francesca da Rimini en el Teatro alla Scala de Milán


Foto: Brescia&Amisano - Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

Riccardo Zandonai, compositor italiano que creció en el clima musical de la ‘Giovane Scuola’, y que muy pronto se interesó en experiencias armónicas y en colores transalpinos y centroeuropeos, es prácticamente recordado por un solo título: Francesca da Rimini. La ópera, que trata sobre una obra dramática de Gabriel D’Annunzio y se inspira en el conocido episodio de la Divina Comedia de Dante, es de hecho una gran obra maestra del teatro musical italiano, que sin embargo no es muy popular.  La Scala hizo bien en programarla a casi sesenta años de las celebres funciones con Magda Olivero y con Mario Del Mónaco.  En esta ocasión, María José Siri en el personaje de Francesca no defraudó, por el contrario, gustó por la seguridad de su emisión, la suavidad de su fraseo y la finura en su timbre; por su parte, no convenció Marcelo Puente, el interprete de Paolo, cuya voz de interesante color bruñido no estuvo bien proyectada, y pareció carecer del esmalte necesario para cantar de la mejor manera un papel basado a menudo en el declamato. Potente, vigoroso y desbordante estuvo el Gianciotto Malatesta de Gabriele Viviani, mientras que Luciano Gangi personificó un Malatestino, justamente persuasivo e insinuante, pero siempre cantado con nítida dicción, técnica fortalecida y squillo. Entre el resto los demás papeles, todos profesionalmente correctos, un aplauso se lo merece sin dudas, la expresiva Smaragardi de Idunnu Münch.  El espectáculo dirigido por David Pountney tuvo un gran impacto visual con una escena circular cerrada en el fondo por un imponente medio busto femenino, símbolo de la belleza y la pureza (que más adelante en el transcurso de la ópera fue atravesado por numerosas lanzas), y en el frente por una estructura de hierro móvil, una especie de muralla semicircular con una red de escaleras y aberturas de varios tipos, que lucio acechante y amenazante.  Digno de recordar fue el final del primer acto con la entrada silenciosa de Paolo en una armadura dorada, sobre un caballo dorado, y acompañado de las suntuosas páginas sinfónicas compuestas por un Zandonai en estado de gracia.  También tuvo un gran efecto el final del segundo acto con la transformación de la estructura escenográfica en un verdadero tanque de guerra con un gigantesco cañón al centro, apuntado hacia la platea.  Fabio Luisi, quien ha trabajado bastante en teatros alemanes, se encontró de maravilla con esta rica partitura, evidenciando los empastes en los timbres y la riqueza armónica, sin perder nunca de vista el paso teatral. La orquesta y el coro del Teatro de la Scala estuvieron en gran forma. 

Francesca da Rimini - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Brescia&Amisano -Teatro alla Scala, Milano

Massimo Viazzo

Riccardo Zandonai, compositore italiano cresciuto nel clima musicale della “Giovane Scuola”, ma presto interessato ad esperienze armoniche e coloristiche d’Oltralpe e Mitteluropa, è praticamente ricordato per un solo titolo: Francesca da Rimini. L’opera, tratta da un dramma di Gabriele D’Annunzio e ispirata al noto episodio della Divina Commedia di Dante, è in effetti un grande capolavoro del teatro musicale italiano, peraltro non molto frequentato. E ha fatto bene la Scala a programmarla a quasi sessant’anni dalle celebri recite con Magda Olivero e Mario Del Monaco. Questa volta se Maria Josè Siri nei panni di Francesca non ha deluso, anzi è piaciuta per la sicurezza della sua emissione, la morbidezza del fraseggio e la finezza timbrica, non così ha convinto Marcelo Puente, l’interprete di Paolo, la cui voce, di interessante colore brunito, non è parsa ben proiettata, ed è sembrata priva dello smalto necessario per cantare al meglio un ruolo basato spesso sul declamato. Potente, vigoroso e debordante il Gianciotto Malatesta di Gabriele Viviani, mentre Luciano Gangi ha impersonato un Malatestino, giustamente persuasivo ed insinuante, ma sempre cantato con dizione nitida, tecnica ferrata e squillo. Tra i molti ruoli di contorno, tutti professionalmente corretti, un plauso va senz’altro alla espressiva Smaragdi di Idunnu Münch.  Lo spettacolo curato dal regista David Pountney è stato di grande impatto visivo con una scena circolare chiusa sullo sfondo da un imponente mezzobusto femminile simbolo di bellezza e purezza (e che poi nel prosieguo dell’opera verrà trafitto da numerose lance), e sul davanti da una struttura ferrigna mobile, una specie di muraglia semicircolare, un reticolato di scale e aperture di vario tipo, incombenti e minacciose. Da ricordare la fine del primo atto con l’entrata muta di Paolo in armatura dorata su cavallo dorato sulla sontuosa pagina sinfonica composta da uno Zandonai in stato di grazia. E anche di grande effetto la fine del secondo atto con la trasformazione della struttura scenografica in una vera e propria macchina da guerra con un gigantesco cannone al centro puntato verso la platea. Fabio Luisi, che ha lavorato molto in teatri di area tedesca, si è trovato a meraviglia con questa ricca partitura evidenziandone gli impasti timbrici e la ricchezza armonica, senza perdere mai di vista il passo teatrale. Orchestra e Coro del Teatro alla Scala in gran forma.