Saturday, July 17, 2010

Entrevista a la soprano María Rey-Joly

Fotos cortesía María Rey-Joly; Don Giovanni, Doña Francisquita, Adios a la Bohemia – zarzuela Teatro Español de Madrid, Falstaff , Cosi Fan Tutte en Lausana, Suiza.
Ramón Jacques

La versatilidad artística y vocal de la soprano María Rey-Joly la ha llevado ha convertirse en una destaca interprete del repertorio operístico, sinfónico, de cámara, así como de zarzuela y de música española. Originaria de Madrid, estudió violín y piano para licenciarse posteriormente en canto en la Escuela Superior de Canto de Madrid. Completó su formación bajo la guía de destacados cantantes como Gundula Janowitz, Brigitte Fassbaender, Raina Kabaiwanska y Plácido Domingo, y en la Verbier Academy de Suiza. Fue además galardonada en diversos concursos internacionales de canto entre los que destaca el primer premio de la VIII edición del Concurso Internacional Francisco Alonso.

Su repertorio abarca papeles de operas que van desde Mozart hasta Wagner, sin olvidar los de zarzuela, entre los que se podría mencionar a: Pamina de Die Zauberflöte, Fiordiligi de Così fan tutte, Donna Elvira de Don Giovanni, Norina de Don Pasquale, Musetta de La Bohème, Alice Ford de Falstaff, Micaela de Carmen, Woglinde en Das Rheingold y Götterdämmerung, Ortlinde y Helmwige en Die Walküre, así como Francisquita en Doña Francisquita, Ángela en El Hijo Fingido, la Princesa Olga en La Generala, María en El Juramento, Miss Kelly en Los sobrinos del capitán Grant, Sara en Le Revenant, Zobeida en El Asombro de Damasco, Aurora en La Parranda, Trini en el Adiós a la Bohemia, Antonelli en El dúo de la Africana, Eliseo en La Gran Vía y Narcisa en La Clementina entre tantos otros.
Recreó el personajes de Fiordiligi en la notable producción de Così fan tutte de Giorgio Strehler, en el Piccolo Teatro de Milán, en numerosos teatros europeos y en el Teatro de Ópera de Lausana, Suiza. Se ha presentado en diversos teatros como: Teatro de La Zarzuela , el Teatro Real , el Auditorio Nacional, el Teatro Español y el Teatro Monumental de Madrid, Teatro de la Maestranza de Sevilla, Teatro Giuseppe Verdi de Trieste, Teatro Quirino de Roma, Teatro G. Verdi de Gorizia, Teatro Giglio de Lucca, Teatro de Opera de Estambul, Teatro Villamarta de Jerez, Teatro Campoamor de Oviedo, Teatro Arriaga de Bilbao, Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria, Auditorio de Santa Cruz de Tenerife, Festival de Santander, Palau de la Música de Valencia, Verbier Festival (Suiza) , Teatro de la Ópera de Tours etc.

María aceptó amablemente realizar esta entrevista en la que nos habla sobre su fructífera e internacional carrera en la lírica.

¿Cómo fue tu acercamiento al canto y tu preparación hasta llegar a ser la soprano de carrera internacional que eres hoy?

En mi caso no fue muy difícil que me acercara al mundo del canto, ya que lo tenía en casa. Mi madre era una magnífica soprano y así fue creciendo en mí, desde muy pequeña, mi afición por la música. Al principio estudiando piano y violín para, por fin, terminar dedicándome por completo a la lírica.
¿Qué seria lo primero que te gustaría que te escuchara cantar alguien que no conoce tu voz?

Creo que sería cantando una representación de ópera en vivo. No hace falta que sea un rol concreto, porque creo que lo interesante es la interpretación completa de un personaje de principio a fin. Creo que es donde realmente se puede ver el trabajo del artista.

¿Cómo definirías las características de tu voz?

Este siempre es un tema un poco subjetivo y creo que les corresponde a otros tratarlo, los que te oyen desde fuera. Sí te puedo decir que soy un soprano lírica, aunque también canto papeles de un repertorio más ligero o de coloratura.

¿Que cantante del pasado o del presente consideras que te ha influenciado positivamente?

En la carrera creo que te influyen muchos cantantes, desde los que puedes escuchar en grabación o desde tu butaca en el teatro hasta el que tienes a tu lado en el escenario cualquier día en cualquier representación. Por supuesto, tengo cantantes a los que admiro como: Plácido Domingo, Mirella Freni, Bryn Terfel, Diana Damrau, Barbara Frittoli, Carol Vaness, Natalie Dessay.
¿Cuáles papeles de tu actual repertorio te satisface interpretar y consideras que se identifican con tu propio temperamento?

Afortunadamente el repertorio es muy extenso y eso ofrece muchas posibilidades. Me encanta poder interpretar papeles muy diferentes y dispares entre sí. Sobre personajes concretos, he disfrutado siempre mucho cantar Alice Ford de Falstaff por su aspecto vocal y su dramaturgia. Creo que Falstaff es una ópera absolutamente genial y Alice, un papel redondo. También debo decir que Fiordiligi es de mis preferidos, ya que fue un privilegio poder interpretarla en el montaje de Giogio Strehler, y Mozart es un seductor que me cautivó desde el primer momento. Sobre el temperamento de los personajes me encanta la comedia y disfruto mucho haciendo papeles divertidos aunque también tengo sitio para el drama, como por ejemplo, Adiós a la bohemia, una ópera de Sorozábal, que es una joya de obra con un personaje tan maravilloso como es Trini.

Es imposible dejar de resaltar tu aporte a la interpretación y difusión de la zarzuela. ¿Cómo nace tu acercamiento a este género?

Desde la admiración y el respeto. Creo que es un género maravilloso y me siento muy afortunada de haber podido interpretar cualquiera de los títulos que he hecho hasta ahora.

En tu opinión ¿Cuáles consideras que son las dificultades u obstáculos por los que la zarzuela no se programa habitualmente en las temporadas de los teatros internacionales?

Fuera de España no se cuenta con una tradición en este género y esto hace más complicada su programación. El problema es que si no se programa, se hace más difícil que la gente lo conozca y se genere un acercamiento. Creo que sería un acierto que los teatros apostaran más por el género, ya que por mi experiencia sé que cuando se ha llevado la zarzuela fuera de España, la acogida ha sido siempre abrumadora.


¿Puedes hablarnos más sobre esa experiencia a la que te refieres?

Si. He tenido diversas experiencias con zarzuela y con música española, en recital y en representación escenificada, y siempre con una magnifica recepción. Por ejemplo en Trieste Italia, con un montaje de Emilio Sagi de La Generala de Vives, o el caso mas reciente, en San José de Costa Rica, en un recital de zarzuela en el que se interpretaron romanzas, números de coro y de orquesta, y fue tan grande el éxito que el publico salió entusiasmado y con ganas de querer ver mas zarzuela.
Por cierto ¿Cuál es tu relación con la música de los compositores de Iberoamérica?
Mi relación con los compositores iberoamericanos hasta el momento ha sido muy breve aunque espero que esto cambie pronto. Desde mi colaboración en el disco de María de Buenos Aires Suite de Piazzolla con la Versus Ensemble (para el sello discográfico Naxos) espero ansiosa el momento de volver a retomar una música que considero tan maravillosa y tan rica.

Dos producciones importantes en las que has participado son: Margarita la Tornera de Chapi en el Teatro Real de Madrid y recientemente en La Clementina de Boccherini por diversos teatros de España. ¿Nos podrías hablar sobre lo que estas han significado para ti?

Para mí, Margarita la Tornera fue un momento realmente importante. Era mi primer papel como solista y lo hacía en el Teatro Real de Madrid y compartiendo escenario con Plácido Domingo, ¿qué más podía pedir? ¡Fue una experiencia maravillosa! La Clementina me ocurre en otro momento de mi carrera, en el que cuento con más experiencia y solidez pero no por eso me produce menos excitación. Cada proyecto nuevo es como el primero y creo que es importante no perder esa ilusión y entrega.

¿Cuál es el momento más memorable que recuerdas haber vivido sobre un escenario?

El calor del público, eso es algo que queda con uno para siempre.

Finalmente ¿Qué retos o sueños tienes por cumplir en el futuro?

Mi reto más importante es superarme cada día e intentar siempre dar lo mejor. Creo que soy una privilegiada por poder dedicarme a esta profesión, que es lo que más me gusta, y disfrutar como lo hago cada vez que me subo al escenario, ese es un sueño que puedo revivir constantemente.


http://www.mariareyjoly.com/

Opera a San Francisco: La febbre dell’oro

Foto: Cory Weaver / SFO

Ramón Jacques
L’Opera di San Francisco ha presentato la realizzazione della Fanciulla del West in occasione del centesimo anniversario dell’opera che ebbe la sua prima assoluta nel 1910 al Metropolitan di New York. Sia l’opera di Puccini che il dramma teatrale da cui fu tratta, The Girl of the Golden West di David Belasco, hanno un legame con l’Opera di San Francisco, poiché la trama si svolge nell’Alta California, in miniere e montagne non lontano da questa città. Per questa ragione il pubblico presente ha riconosciuto i nomi familiari di monti, città, miniere (e del famoso corriere Wells Fargo) menzionati nei dialoghi. Eppure quest’opera è praticamente sconosciuta in questo teatro, poiché la sua ultima messa in scena fu nel 1979 con Carol Neblett, Placido Domingo e la direzione musicale di Giuseppe Patanè.

La cornice scenica concepita da Maurizio Balò, in cooproduzione col Teatro Massimo di Palermo, dove sarà rappresentata nel prossimo dicembre, ha voluto dare all’azione un taglio cinematografico e un ambiente californiano da Far West, con paesaggi e montagne che evocavano l’ambiente tipico dell’Alta California. I costumi adeguati, le luci brillanti e la regia particolareggiata, ma mai esagerata, di Lorenzo Mariani hanno contribuito a dare un maggiore realismo alla scena.

Musicalmente parlando il giovane direttore barese Giuseppe Finzi, secondo direttore musicale del teatro, ci ha sorpreso ed emozionato con la sua lettura dii cesello, estraendo una vasta gamma di particolari e colori e l’esuberanza già contenuta nell’orchestrazione.

Il soprano Deborah Voigt debuttava il ruolo di Minnie e lo ha fatto in maniera davvero convincente. Dal punto di vista vocale, nonostante alcune difficoltà di emissione e di acuti all’inizio, il soprano ha ben calibrato la voce e ha successivamente cantato con uniformità e con un timbro robusto. Il tenore Salvatore Licitra è stato un Dick Johnson con carattere e vivacità, cantandolo con bel timbro e buona proiezione vocale. Notevole è stata la caratterizzazione del violento e arrogante Jack Rance, il baritono Roberto Frontali, che ha realizzato con autorità, precisione musicale e vocale. Il resto del cast era perfettamente all’altezza della situazione.

Friday, July 16, 2010

RAVENNA FESTIVAL: BETULIA LIBERATA DUE VOLTE (JOMMELLI)

Foto: Ravenna Festival

Giosetta Guerra
Basilica di Sant’Apollinare in Classe:
Betulia liberata di Niccolò Jommelli.
Oratorio in sauna (5 luglio)

L’Ouvertura in tre tempi di Betulia liberata di Jommelli è scorrevole e frizzante con suggestivi interventi dell’oboe, del corno da caccia, del cembalo, di un violino solo, della viola da gamba.
Ogni aria ha un’introduzione di diversa natura in base agli affetti e una coda. Nella prima aria di Ozìa (“D’ogni colpa la colpa maggiore”) l’introduzione è briosa, nell’altra più lunga è prima brillante poi densa poi danzante con arricchimenti strumentali, in quella cantabile di Carmi “Non hai cor” è delicata e riservata agli archi, in quelle cantabili di Giuditta è leggera e piacevole in “Del pari infeconda” e pacata in “Ah non più vi chiami il pianto”, in quella di Achior “Te solo adoro” è distesa e in quella di bravura di Carmi “Quei moti che senti” è agitatissima con arcate frizzanti.
I recitativi sono per lo più sostenuti dal basso continuo, ma nei momenti più drammatici è l’intera orchestra che li accompagna. Sul piano esecutivo la parte migliore dell’oratorio tenutosi nella magnifica Basilica di Sant’Apollinare in Classe è stata l’Orchestra Giovanile Luigi Cherubini, diretta dal M° Riccardo Muti, che ha fatto arrivare la bellezza della musica ad un pubblico tormentato da una cappa infernale di caldo e di afa dentro una chiesa con le porte chiuse e piena di superfari per le riprese audio-video.
Segue a stretto giro il Philarmonia Chor Wien, preparato da Walter Zeh, un magnifico insieme di 35 elementi, che fa pochissimi interventi eppur sufficienti a far emergere la compattezza e la pienezza del suono. La parte meno soddisfacente è rappresentata dai cantanti, che forse per le temperature insopportabili, forse per l’acustica poco felice dell’ambiente (nonostante la magnificenza cromatica del catino absidale della basilica, in un teatro sarebbe stato meglio), forse per l’inadeguatezza dell’opera alle loro corde vocali (occorrevano voci più piene e con maggior destrezza nell’articolazione delle parole) hanno solo in parte soddisfatto l’ascolto. Intanto nessuna parola è uscita di bocca in modo comprensibile neanche nei recitativi, i suoni erano udibili in base alla veemenza di emissione.

Antonio Giovannini, nel ruolo di Ozìa che richiede una voce contraltile, è un controtenore con registro di soprano, quindi meglio chiamarlo sopranista; nonostante uno spessore modesto ed una zona centrale un po’ vetrosa, il cantante ha rivelato un corretto modo di porgere, una buona estensione con bassi naturali e non costruiti di petto, pulizia e naturalezza d’emissione in zona acuta, agilità nei trilli e nelle puntature acute (“D’ogni colpa la colpa maggiore” “Se Dio veder tu vuoi”). Laura Polverelli, nelle vesti di Giuditta che dovrebbe essere un soprano, è un mezzosoprano chiaro, che, nonostante la buona volontà interpretativa, non è stata tecnicamente soddisfacente, come lo è stata recentemente nel “Flaminio” a Jesi. Dal fondo della chiesa dove io mi trovavo ho sentito mezze voci quasi senza suono, gravi intubati, esplosione di suoni gonfiati (“Del pari infeconda”), articolazione forzata delle sillabe nei recitativi (“Che ascolto, Ozìa”), linea di canto disomogenea, dai pianissimo quasi vuoti ai rigonfiamenti dei suoni acuti (“Udite: Appena di Betulia”). Peccato perché la Polverelli è una brava artista. Dmitri Korchak (Carmi), un tenore opaco dal suono impastato “Non hai cor”, ha una voce ibrida dal brutto timbro, ma tecnicamente è preparato nell’eseguire le agilità (“Quei moti che senti”). Poco controllata l’emissione vocale del basso Vito Priante (Achior), che ha esibito una voce morchiosa e poco aggraziata nel recitativo “Ubbidirò”, mentre nell’aria distesa “Te solo adoro” è emerso il bellissimo colore scuro che conoscevo, una voce timbrata e vibrante, ma coperta dall’orchestra. In teatro ci avremmo guadagnato tutti.

RAVENNA FESTIVAL: BETULIA LIBERATA A DUE VOLTE (MOZART)

Foto: (Alicia Kolosoa, Michael Spyres ) Silvia Lelli / Ravenna Festival

Giosetta Guerra

Tra le riscoperte che il maestro Muti è solito proporre a Ravenna figurano quest’anno due magnificenze musicali: Betulia liberata, azione sacra in due parti di Mozart (1771) e Betulia liberata, oratorio di Jommelli (1743), entrambe su libretto di Pietro Metastasio, che narra la liberazione per mano di Giuditta della città di Betulia dal tiranno Oloferne, opportunamente adattato dai compositori alle loro esigenze nel numero dei personaggi, che in quella di Mozart sono di più, e nella attribuzione delle parti e quindi delle arie. L’immagine di Giuditta con in mano la testa sanguinante di Oloferne è stata tramandata da pittori del calibro di Donatello, Botticelli, Tiziano, Rubens, ma nel libretto di Metastasio Oloferne non compare neanche, se non attraverso il racconto di Giuditta, il tema centrale è una disputa teologica sul politeismo e monoteismo, Betulia potrebbe rappresentare la città di Gerusalemme e Oloferne ricorda l’onnipotente Nabucobonosor.

Teatro Alighieri: Betulia liberata con l’inconfondibile invenzione melodica di Wolfgang Amadeus Mozart. (4 luglio)

Il colorito fresco e giovanile della scrittura musicale di Betulia liberata, composta da Mozart a soli 15 anni, rispecchia il carattere di Amadeus quindicenne, che si dissocia già da un teatro troppo dotto e antiquato, l’orchestra ha un ruolo fondamentale, sia come controcanto alla voce nelle melodie sia come protagonista degli interludi strumentali. L’Ouvertura (= ouverture) in tre movimenti (Allegro, Andante, Presto), scritta nella scura tonalità di re minore, preannuncia la drammaticità della vicenda, le arie sviluppano i temi degli affetti e anche i personaggi minori hanno arie molto espressive. L’Orchestra Giovanile Luigi Cherubini, preparata egregiamente dal M° Riccardo Muti, entra con disinvoltura nella varietà dei temi e delle dinamiche architetture musicali e restituisce la grazia dell’invenzione melodica inconfondibilmente mozartiana.
L’Orchestra e il bravo Philarmonia Chor Wien, preparato da Walter Zeh, creano un suggestivo amalgama sonoro e riempiono il teatro di sublimi sonorità. Al clavicembalo Speranza Scappucci. La scena si apre su un popolo di derelitti grigi e scalzi, striscianti tra moduli semicircolari inclinati, lavici e ferrigni, che girando su se stessi differenziano anche se di poco gli ambienti, oppressi da una cappa d’inquietudine, propria di un popolo assediato e prossimo alla riscossa. Tra le tuniche incolori e informi della folla spiccano i tre magnifici abiti (nero, turchese e rosso) di Giuditta, arricchiti di ori e gemme. Le masse corali formano suggestive figure d’insieme, la gestualità dei personaggi è molto curata e ben studiato il disegno luci. Scene di Italo Grassi, costumi di Gabriella Pascucci, regia di Marco Gandini, luci di Marco Filibeck. I cantanti sono giovani e sconosciuti, ma per lo più bravi e ben preparati.
Ozìa, principe di Betulia, è interpretato da Michael Spyres, un baritenore americano dal mezzo vocale ben timbrato nei registri medio e grave e chiaro ma corto in acuto. Affronta le lunghe e bellissime arie con dizione comprensibile, voce agile, sovracuti sicuri (“D’ogni colpa la colpa maggiore”), ha buone sonorità in tutti i registri, ma priva dello scintillio riscontrabile nella musica la difficilissima aria del secondo atto “Se Dio veder tu vuoi”, affrontata con poca scioltezza nella coloratura, suoni fissi e rigidi, acuti smorzati o sbiancati in falsetto, buone note gravi scure; è un’aria troppo acuta e troppo mossa per la sua voce che manca di flessibilità e di estensione in acuto. Cabri, capo del popolo, è il soprano genovese Barbara Bargnesi dagli acuti luminosi e belle inflessioni mezzosopranili. Nell’aria di dolore “Ma qual virtù non cede”, con accompagnamento orchestrale danzante, è brava nel porgere e nell’atteggiarsi, nell’eseguire la coloratura e la messa di voce, con attacchi melodiosi e naturalezza d’emissione.

Nelle vesti di Amital, nobile donna israelita, il soprano Marta Vendoni Iorio dà importanza all’intelligibilità della parola, è molto intensa nell’aria centrale “Non hai cor”, esibisce una vocalità flessibile nell’eseguire i trilli e nell’uso della messa di voce nell’aria “Quel nocchier che in gran procella”, usa bene un mezzo vocale che non è di gran peso nella toccante aria con la figura del violino “Con troppa rea viltà”. Giuditta, vedova di Manasse, è impersonata egregiamente dalla bella moscovita Alisa Kolosova, contralto e mezzosoprano dalla vocalità importante e rara per una cantante di soli 23 anni. Il colore è splendido, il suono è rotondo, denso e fresco nel contempo, grazie al buon peso nella tessitura medio grave e alla luminosità in zona acuta. Esegue con naturalezza d’emissione le agilità della lunga aria dal carattere pastorale “Del pari infeconda”, accompagnata da una musica carezzevole che sottolinea ed arricchisce la melodia. Nell’aria “Parto inerme e non pavento” è splendida nel dosare i suoni e nel modo di porgere. I lunghi recitativi accompagnati di Giuditta che racconta come ha ucciso Oloferne hanno una musica un po’ sommessa, ma il ricamo strumentale più bello dell’aria stessa emerge nell’aria “Prigionier, che fa ritorno”. Il basso argentino Nahuel Di Pierro (26 anni), nel ruolo di Achior, principe degli Ammoniti, ha un bel timbro vocale e un buon sostegno del fiato. Nell’aria “Terribile d’aspetto”, introdotta da arcate dense e accompagnata da un ricco tessuto orchestrale in cui emerge il gioco dei violini, esibisce un buon corpo vocale, ma poca dimestichezza con la mezza voce che realizza sottovoce. Nell’aria “Te solo adoro” il bellissimo colore si espande in sonorità pastose e robuste, ma il cantante deve stare attento a non far sibilare la pronuncia della “s”.
Carmi, capo del popolo, è il soprano leggero Arianna Vendittelli, la quale rivela incisività d’accento nel recitativo che precede l’aria ricca di pathos con musica agitata “Quei moti che senti”, eseguita bene, con bel timbro, pulizia del suono e buoni appoggi nella zona grave.

Faust di Gounod - Teatro alla Scala, Milano

Foto Brescia e Amisano © Teatro alla Scala
Roberta Pedrotti
Al momento dei ringraziamenti finali, Fernando Portari si inginocchia e bacia il palcoscenico. Sembra non crederci nemmeno lui, ma ha appena compiuto il suo debutto alla Scala, sostituendo all’improvviso l’indisposto Marcello Giordani nel ruolo di Faust, che su questo stesso palcoscenico era stato appannaggio di Lauri Volpi, Gedda, Kraus o Sabbatini. Gli va dunque reso l’onore delle armi, anche se no si può dire che, in termini oggettivi, la sua prestazione ci abbia entusiasmati: il legato è piuttosto carente – lo si avverte soprattutto in Salut demeure, dove anche l’emozione gioca la sua parte – l’emissione un po’ disordinata, l’espansione limitata e il colore un po’ generico. Molto, è vero, può dipendere dalla tensione del debutto, quindi il giudizio rimane aperto anche se la sensazione non è quella di trovarsi di fronte a un fuoriclasse, ma di un professionista alle prese con un esordio importante quanto precipitoso. Ricordiamo peraltro che il tenore brasiliano non è un Carneade delle scene italiane, avendo già al suo attivo produzioni importanti come quelle della Rondine e del Crociato in Egitto alla Fenice di Venezia, entrambe pubblicate in DVD.

Il problema che pone questa nuova produzione meneghina del capolavoro di Gounod è però molto più ampio del caso di una sostituzione d’emergenza: si tratta di constatare il livello complessivo della locandina proposta da quello che dovrebbe essere considerato uno dei primi teatri al mondo e di fare dunque il punto sullo stato attuale della vocalità. Perché se la Scala non è stata in grado di allestire un Faust migliore di questo allora dobbiamo porci un serio interrogativo sul futuro del teatro lirico. Seppure in fase declinante, la carriera di Roberto Scandiuzzi giustifica appieno la sua presenza sulla scena: è una delle ultime, rare voci di autentico basso e ancora ce lo fa sentire con belle frasi brunite e timbrate e una buona resa, per esempio, dell’invocazione “O nuit, étends sur eux ton ombre!”. Peccato che il trascorrere del tempo abbia segnato il registro acuto, spesso duro o debole, e che nel corso della recita si avverta un sensibile calo di resa, con intonazione non impeccabile e in particolare una serenata del quarto atto disordinata e decisamente mal riuscita. Irina Lungu si impegna moltissimo per rendere una Marguerite credibile, ma è questo il meglio che si possa ascoltare oggi? È una Marguerite all’altezza della Scala? La coloratura dell’aria dei gioielli è approssimata con prudenza, suonano meglio le frasi liriche, ma spesso l’acuto è tagliente e l’intonazione imprecisa: non v’è, per esempio, una sola ripetizione della frase “Portez mon ame au sein des cieux” nel terzetto finale che non possa dirsi calante. Un vero peccato. Una grande delusione viene anche da Nino Surguladze, che, per quanto la sua Carmen non ci abbia entusiasmati, è comunque avvezza a ruoli di ben altro spessore che non Siebel, reso, tuttavia, totalmente insignificante sotto il profilo teatrale (e spiace, perché la figura ha una sua fascinosa freschezza) sia sotto quello musicale (e spiace ancor di più, perché, eliminata senza pietà la romance del quarto atto, “Faitez lui mes aveaux” è una pagina deliziosa, scomparsa nell’indifferenza per una lettura priva d’anima e di smalto). Decisamente male anche il Valentin di Dalibor Jenis, che sta pagando pesantemente l’emissione eterodossa, con un registro acuto tutto compresso nel naso. I gravi e i piani sono assai deboli, la linea sgradevolmente frammentata fra suoni gutturali e adenoidei. Sciupata l’aria del secondo atto può parzialmente rifarsi con il declamato della scena della morte. La crisi delle voci è tanto grave da non offrire valide e abbondanti alternative per l’innamorato adolescente e il fratello di Marguerite? Sylvie Brunet è una Marthe di temperamento e Olivier Lallouette completa il cast come Wagner. Dirige Stéphane Denève, lo fa con precisione, infondendo impeto vigoroso alle scene corali, ma senza centrare altrettanto il bersaglio della leggerezza e dell’involo poetico, cosicché già la stretta “A’ moi les maitresses” manca di spirito e soprattutto il terzo atto rischia in più punti la noia.

L’orchestra però suona benissimo e il coro istruito da Bruno Casoni (uno dei migliori preparatori oggi in circolazione) è davvero eccellente per musicalità e impasto timbrico. Ecco finalmente l’alto livello artistico di cui essere orgogliosi a livello internazionale. Qualche ulteriore dubbio viene invece dalla messa in scena, che pure coltiverebbe, nel coinvolgimento del lituano Eimuntas Nekrosius, alte ambizioni. Proporzionale alla fama del regista e alla dovizia di dettagli giustapposti è la perplessità destata da un allestimenti che non sembra nemmeno tendere alla realizzazione di un’idea forte, condivisibile o meno che sia. Potrebbe paradossalmente esser definito teatro del pensiero debole, per la quantità di materiale esposto in maniera quasi casuale (o studiatamente casuale?) alla libera interpretazione del pubblico. Un teatro faticoso, perché non c’è istante in cui il dettaglio di un costume o il gesto di un figurante non ci costringano a soffermarci su un simbolo, su una speculazione del regista senza però scioglierne il nodo. I simboli restano spesso vuoti simulacri, irrelati sovente fra loro. La prima scena, con le due fughe prospettiche delle strutture lignee e il pavimento disseminato di libri aperti sfogliati dal vento, lascia ben sperare, ma poi tutto si perde, fra qualche immagine azzeccata (la scena della chiesa, l’uccisione di Valentin, l’abbraccio di Faust da cui Marguerite si libera solo alla proclamazione della sua salvezza) e molte altre gratuite se non incomprensibili, come il salto della corda durante il valzer del finale secondo. Il lavoro sugli attori è minimo, dichiaratamente rinunciatario: Nekrosius afferma di voler lasciare liberi i cantanti e difatti la loro azione è per lo più convenzionale; afferma di non essere troppo preparato musicalmente e infatti non si rende conto che nella prima scena del quarto atto gli archi stanno rappresentando il movimento dell’arcolaio, per cui il regista non è obbligato certo a rispettare rigorosamente l’immagine goethiana di Marguerite intenta a filare, tuttavia sarebbe auspicabile un’azione scenica che assecondi e traduca in teatro quel ritmo ossessivo. Allo stesso modo il coro dei soldati nasce come esaltazione dello spirito del Secondo Impero, della grandeur di Napoleone III, su cui però pesa imminente il presagio della disfatta di Sedan. Non si auspica, ancora una volta, una lettura storicistica, ma quei soldatini di piombo dai gomiti insanguinati non riescono nemmeno a muovere al sorriso. Ci si annoia, ancora una volta, e questo a teatro è un peccato mortale. Non basta associare Marguerite all’azione del ricamo (ed eccola rimbalzare come un ago, eccola sempre con un tombolo nei dintorni o con un abito tutto a punto croce), non basta munire Méphistophélès di un palo smisurato simbolo del suo potere o circondarlo di grotteschi aiutanti, o fare di Siebel un povero sciancato.

Lo spettacolo non funziona, non convince se manca la seduzione del male, se fra Faust e Marguerite non spira quella sensualità che nel finale terzo dovrebbe lasciare senza fiato, se, soprattutto, l’impressione costante è quella di un catalogo un po’ sconclusionato di intuizioni estemporanee del regista. Peccato davvero. Citiamo per dovere di cronaca l’impianto scenico, potenzialmente assai interessante, di Marius Nekrosius (figlio del regista), i costumi poco accattivanti di Nadezda Gultiajeva (moglie del regista) e le luci di Mario Filibeck. Al termine dello spettacolo applausi cordiali con una sola uscita (oltre allo scarso entusiasmo destato bisogna anche dire che le recite si concludevano a mezzanotte, con oltre mezz’ora di intervallo prima dell’ultimo atto, ridotto a una ventina di minuti per i tagli radicali nella Nuit de Walpurgis). Spiace dover riferire che il comunicato sindacale dei lavoratori della Scala è stato accolto quasi con aggressività da parte del pubblico. Caso più unico che raro fra tante dimostrazioni di solidarietà nelle altre città italiane. Che succede a Milano?

Thursday, July 15, 2010

Carmen en Venezuela con Magdalena Kozena y Simon Rattle

Fotos: Fesnojiv

Prensa Fesnojiv
Por primera vez, Simon Rattle, director de la Filarmónica de Berlín, subió a un podio para dirigir, en formato de concierto, Carmen de Bizet considerada como una de las óperas más célebres de la historia de la música. Para hacerlo, escogió un escenario venezolano, la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, y una orquesta venezolana: la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, proyecto cumbre del Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, adscrito a la Vicepresidencia de la República Bolivariana de Venezuela.
Cuando Simon Rattle entró al escenario, el público lo recibió con aplausos y Rattle respondió levantando la batuta. Impregnó la sala con el gesto vívido de quien goza lo que hace. El anuncio estaba hecho. Lo que vendría a continuación sería una fiesta para los sentidos: el oído no pudo dejar de estar atento y el ojo se afanaba por no perder detalle. Rattle le hace entender al público que él también es espectador. Por momentos, mientras seguía moviendo sus manos y brazos, ladeaba el rostro, cerraba los ojos con delicadeza como si estuviera concentrándose sólo en el placer de escuchar. La Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar fue cómplice desde el principio de una obra que no escatima en buenos pasajes para solos instrumentales: los violines se hicieron eco de un oscuro presagio, las trompetas y toda la fila de metales dibujaron una Sevilla del siglo XIX custodiada por oficiales y tropas; clarinete, oboe y flauta fueron sinónimo de la picardía del andaluz.

Los solistas invitados para conformar un elenco envidiable, en palabras del mismo Rattle, entraron uno a uno e hicieron de sus cuerpos y de sus gestos herramientas para que el espectador dejara de estar allí y viajara a una plaza de Sevilla, la Taberna de Lilas Pastia, a una montaña y, en el último acto, a una plaza de toros donde Escamillo, interpretado por el barítono Kostas Smoriginas, deja al toro en la arena luego del rumor del banderilleo.

Young Wook Kim fue el Zuñiga que recibió a Micaela, la reconocida soprano Measha Brueggergosman, quien buscaba afanosamente a Don José, el tenor Bryan Hymel. Tarde encontró Micaela a Don José. Para cuando lo volvió a ver, ya su prometido se había entregado a los encantos de Carmen, interpretada por la mezzosoprano Magdalena Kozena, una tabacalera con trágico destino que confiesa “El amor es como una golondrina. Si piensas agarrarlo, él te evita y si lo evitas, él te atrapa”. Con ello desencadena una historia cuyas líneas hablan de ítems universales que han desencadenado las grandes tragedias de la literatura: pasión, celos, intrigas, dilemas éticos, libertad; en fin, de la condición humana.

La ópera contó con la participación de Barbara Kind como la fogosa Frasquita, la venezolana Mariana Ortiz quien encarnó a Mercedes, a Holger Marks que interpretó a Dancaire y al venezolano Idwer Álvarez quien asumió el rol de El Remendado. Carmen no se hubiese contado tan fehacientemente sin la participación del Coro Sinfónico Juvenil de Venezuela, dirigido por Lourdes Sánchez y preparado vocalmente por la profesora Margot Parés Reyna, a quién Rattle abrazó al finalizar el concierto, y a los Niños Cantores de Venezuela, que conmovieron al público desde su entrada en el primer acto. Durante tres horas, Rattle se encargó de que la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar hiciera justo lo que él le había pedido durante las semanas de ensayo: que respirara con los solistas, que hicieran una alfombra mágica para los cantantes, que no miraran sólo al frente, sino que se metieran en la historia.

Il Flaminio de Pergolesi en el Festival Pergolesi Spontini 2010, Jesi Italia

Foto: Fondazione Pergolesi Spontini - Jesi

Giosetta Guerra

En el tercer centenario del nacimiento de Giovanni Battista Pergolesi, la Fondazione Pergolesi Spontini de Jesi hizo un homenaje a su conciudadano, llevando a la escena algunas de sus operas

En el Teatro "Valeria Moriconi", un espacio teatral creado en la iglesia del convento de San Floriano, se escenifico Il Flaminio, la ultima opera compuesta por Pergolesi antes de su prematura muerte a causa de la tuberculosis a la edad de veintiséis años, En esta ocasión se introdujo el nuevo sistema tecnológico myKoiné, que permitió visualizar en una pequeña pantalla de mano los supertítulos de la obra, el programa de sala, el argumento de la opera, el elenco, la sinopsis y las imágenes en video de la puesta escénica asi como imágenes detrás del escenario. MyKoiné nació de la unión de dos dinámicas compañías NetResults, perteneciente a la Universidad de Pisa, la Eikon de Florencia y de la experiencia del teatro de Cristian Venturini.

Il Flaminio, representada en 1736 en el Teatro Nuovo de Nápoles, es una opera de grandes dimensiones en tres actos, y 55 escenas con una introducción instrumental muy elegante en tres movimientos, recitativos de gran efecto, 24 arias, 4 ensambles, 2 duetos, un terceto y un final. Las arias son muy bellas, y contiene una introducción instrumental que nos anuncia el clima de la obra. La ejecución musical fue confiada a Ottavio Dantone, director y maestro al clavecín y a la Accademia Bizantina, expertos en música del siglo dieciocho del estilo de ejecución barroca y contó con una compañía especializada de canto.

La trama es complicada y extravagante, ya que los papeles bufos conviven con los papeles serios, y donde el dialecto napolitano se mezcla con la lengua italiana. En escena se agregaron seis personajes cada uno con sus propias características los civiles Flaminio y Giustina, partes serias derivadas de la experiencia barroca, Agata, Ferdinando y Polidoro partes de “color”, y Checca y Vastiano, las partes bufas.
Juan Francisco Gatell (Polidoro, hermano de Agata y enamorado de Giustina) al final de la primera aria que es de alegría “Amor che si sta accolto” (atto II sc. I) demostró ser un tenor con bella proyección vocal, bello timbre, claro, robusto y seguro, que estuvo correcto en la ejecución y en el respeto de las dinámicas del canto. Vito Priante (Vastiano, sirviente di Polidoro) es un bajo de agraciada y amplia voz, de buen peso, muy timbrada tanto en los recitativos como en el canto en (“Con queste paroline”). Tuvo importantes notas graves en (“Quando voi vi arrosseggiate”), y una bella extensión y notable capacidad para aligerar. Marina De Liso (Giustina, viuda enamorada de Flaminio) exhibió una voz densa de bello color de mezzosoprano, interesante cuerpo vocal, vibrante, rico de pathos, y luminosa en la zona aguda, en las arias de dolor (“D’amor l’arcano ascoso”), como en las de furor (“In mezzo a questo petto”) o en las que expresan dulzura. (“Più, crudel, non mi dirai”).

Laura Polverelli con un vestido blanco de hombre fue Flaminio con el nombre de Giulio, amante de Giustina; en el aria de furor y con introducción instrumental y vigoroso acompañamiento “Scuote e fa guerra” (atto I sc. IX) fue una virtuosa con voz muy extensa y sólida, aunque muy clara para ser mezzosoprano. En la larga aria de desesperación “O Dio. Sei troppo barbara” la voz fue usada con ímpetu y con suavidad Serena Malfi con vestimenta masculina gris, zapatos y cabello negro, bigote y anteojos, caracterizó el papel de Ferdinando, un hombre pretencioso, prometido de Agata, que estuvo escénicamente bien. Es una mezzosoprano dotada de una voz pulida rica en sonoridad, vibraciones y luminosa, que cantó bien la arias de dolor del tipo “Non si’ cchella ch’io lassaie” acompañada de una música prodiga y en la de rabia come “Lo caso mio”.
Sonia Yoncheva (una provocativa Agata, enamorada de Flaminio), es una soprano de agilidad que se desempeñó muy bien en la agitada aria “Non vo’ tal sposo” y que alternó hábilmente una vocalidad lanzada con trinos, medias voces y delicadeza sobre la música, como agitada en el aria “Da rio funesto turbine”. La soprano Laura Cherici (Checca) siguió con maestría las brillantes arias del tipo de “A lui donai mio core”.

Muy original y funcional estuvo la nueva producción escénica de Benito Leonori. La planta central de la iglesia acogió al público, sobre la parte de atrás de la escena de se colocó la orquesta, y los personajes actuaban en todos los espacios posibles e imaginables, en escena, en la platea, y en los espacios laterales. Pocos elementos como cuatro sillas, y habilidad para hacer parecer lleno un escenario prácticamente inexistente para envolver al público en un carrusel de apariciones con un amplio juego de luces. Dirección escénica divertida con imágenes a contraluz y luces de Michal Znaniecki, y vestuarios de Klaudia Koniecki.

El espectáculo fue bien hecho y muy interesante. Seguramente habrán estado muy bellos e interesantes los otros espectáculos como Adriano in Siria y Livietta e Tracollo, que lamento no haber podido presenciar por razones de horario, ya que no se puede iniciar a las 21 horas obras que duran mas de cuatro horas (y el barroco tiene necesidad de gente despierta) y que lo hace difícil para las personajes que no residen o están alojadas en esta y deben conducir de noche. Para esta operación estaría bien un domingo a media tarde.




Wednesday, July 14, 2010

OMAGGIO a Giovanni Pergolesi nel trecentesimo della nascita - Baveno Festival, Lago Maggiore

Foto: Gemma Bertagnolli- Bozen Baroque Orchestra - Copyright

BAVENO FESTIVAL – Umberto Giordano
Martedì 6 luglio ore 18,30 – Chiesa dei Santi Gervaso e Protaso

OMAGGIO a Giovanni Pergolesi nel trecentesimo della nascita

HARMONICES MUNDI – Bozen Baroque Orchestra /
Gemma Bertagnolli – soprano

Renzo Bellardone

Nell’atmosfera solenne e mistica dell’affrescata chiesa pievana dedicata ai Santi Gervaso e Protaso in Baveno, l’attacco vitale del violone di Riccardo Coelati Rama e la pacatezza del violino di Veronika Egger vengono repentinamente integrati dal violino di Ursula Muhlberger e dalla viola di Luigi Azzolini nell’esecuzione della sinfonia da “o Frate ‘nnamurato” del celebrato G.Pergolesi.

Il secondo brano proposto è la cantata “Nel chiuso centro” che vede protagonista Gemma Bertagnolli: soprano di fama internazionale si riafferma subito ottima cantante ed interprete, sicura vocalmente e nel ruolo. Accompagnata all’organo dal direttore dell’Ensemble Claudio Astronio che, poliedrico e versatile dà la misura della sua bravura e dell’ affiatamento con i suoi orchestrali e con la voce. Lo stesso Astronio proporrà poi la “sonata in fa maggiore per cembalo”, partitura poetica e dolcemente interpretata con sensibilità e leggerezza.

Il brano a seguire è il “Salve Regina” in la minore per soprano, archi e basso continuo che conduce al cuore pulsante del concerto dove ogni suono vocale o strumentale ottiene il massimo risalto, come per l’arciliuto di Pietro Prosser a far quasi da metronomo; l’incontrastata dominatrice della scena è però Gemma Bertagnolli che ad occhi chiusi ed il capo rivolto verso l’alto cerca l’ispirazione che si tramuta in dolcezza avvolgente nel ‘largo’ iniziale; l’allegro ‘Ad te clamamus’ non pare quasi musica sacra tanto è vivace e la riconferma della gaiezza la si ritrova nei brani successivi : “Elia ergo” dove il soprano conferma le potenzialità vocali e la raffinata sicurezza interpretativa che ben conducono al sommesso finale di soli archi nel “O Clemens”.

Il ben equilibrato programma prevede poi la “Sinfonia in fa maggiore” per violoncello e basso continuo e gli spontanei applausi sottolineano il gradimento del pubblico per la proposta di una bella pagina virtusisticamente interpretata da A.Palmieri; brano di immediata presa per l’ eclettica modernità e gli impliciti contenuti di riflessione mistica e filosofica.

Con due arie da l”Olimpiade” iniziate come in preda ad una visione onirica raggiungono momenti di forte espressività sia per la scrittura vigorosa che per l’interpretazione eseguita senza nulla lesinare anzi offrendo tutta la potenza e forza interpretativa; Gemma Bertagnolli , con la sola forza della voce, riesce a restituire l’immagine della lotta e della speranza, la furia e le difficoltà, la determinazione e la rabbia che culmina con l’ eslamazione “A te barbaro!” e poi “Barbaro tu m’uccidi!” che ottengono applausi prolungati e ripetuti al punto tale che vengono concessi due bis tratti da Vivaldi , una cantata ed il ’Laudate pueri’ in do minore.

La bravura di tutti ha contribuito alla riuscita del concerto evento che si è tramutato quasi in uno spettacolo teatrale grazie alla bravura dell’ affabilissima e sorridente soprano che, come lei stessa dichiara, nel suo bagaglio tiene in tutta evidenza l’insegnamento del Maestro B. Michelangeli : “per cantare non bisogna avere la musica in testa, ma la testa nella musica !!!”

Monday, July 12, 2010

Ópera Nacional de Paris: Temporada 2010-2011

Fotos: Ópera Nacional de Paris - Garnier, Bastille
Gustavo Gabriel Otero
La Ópera Nacional de París ha programado, para su Temporada 2010-2011, diecinueve Óperas y catorce espectáculos de Ballet a desarrollarse, principalmente, en sus dos sedes del Palacio Garnier y de la Ópera de La Bastilla. Pero, también, en la sale Pleyel, en el Anfiteatro del Museo del Louvre, en Rennes, Nanterre, Compiègne y Bobigny.
La Temporada se iniciará el 9 de septiembre de 2010 con El Holandés Errante de Wagner en La Bastilla con el protagónico de James Morris y la batuta de Peter Schneider, y concluirá el 16 de julio de 2011 con las últimas representaciones de Così fan tutte en el Palacio Garnier -con Elza van den Heever, Katine Deshayes, Matthew Polenzani, Paulo Szot, Anne-Catherine Gillet e Ildebrando D’Arcangelo- y Otello en la sala de La Bastilla. Siete de las puestas en escena serán nuevas producciones a cargo de Luca Ronconi (El Tríptico -en coproducción de la Scala de Milán y el Real de Madrid- desde el 4 de octubre de 2010), Olivier Py (Matías el Pintor) Laurent Pelly (Giulio Cesare), Giancarlo Del Monaco (Francesca da Rimini en la Opéra Bastille en enero de 2010, en coproducción con la Ópera de Zurich). Nicolas Joel firmará los aspectos escénicos del estreno mundial, el 28 de marzo de 2011, de Akhmatova de Bruno Mantovani en La Bastilla, mientras que Günter Krämer seguirá a cargo del proyecto de la integral de la Tetralogía Wagneriana con dirección musical de Philippe Jordan.
La temporada lírica incluye La Italiana en Argel de Rossini en el Palacio Garnier con Vivica Genaux (10 representaciones a partir del 11 de septiembre de 2010), Eugenio Onieguin protagonizado por Ludovic Tézier, Olga Guryakova y Joseph Kaiser (La Bastilla, 8 funciones desde el 17 de septiembre), Matías, el pintor de Hindemith, con la dirección de Chistoph Eschenbach y Matthias Goerne desde el 16 de noviembre, La novia vendida de Smetana con puesta de Gilbert Deflo, la batuta de Constantin Trinks y los cantantes Inva Mula y Piotr Beczala, a partir del 4 de diciembre de 2010, y Kátia Kabanová de Janácek con Angela Denoke y la batuta de Yomas Netopil (8 funciones desde el 8 de marzo de 2011 en el Palacio Garnier).
También encontramos dos reposiciones de Mozart: Las bodas de Fígaro con la presencia de Dalibor Jenis, Barbara Frittoli, Luca Pisaroni, Ekaterina Syurina y Erwin Schrott, entre otros, y Così fan tutte, desde el 16 de julio de 2011. Dos títulos verdianos: Luisa Miller con Krassimira Stoyanova y Marcelo Álvarez (9 funciones desde el 7 de abril de 2011) y Otello con el protagónico de Aleksandrs Antonenko y la presencia de Renée Fleming y la llegada de Francesca da Rimini de Zandonai (enero de 2011) con la batuta de Daniel Oren, el protagónico de Svetla Vassilieva y el retorno a la Ópera de París de Roberto Alagna como Paolo Il Bello.
La cuota pucciniana se cubrirá con las reposiciones de Madama Butterly -con Micaela Carosi desde el 16 de enero del año próximo- y Tosca -con Iano Tamar que cantará 11 funciones entre el 20 de abril y el 18 de mayo de 2011- y una nueva producción de Il Trittico –con un múltiple elenco en el cual se destacan Juan Pons, Matco Berti, Oxana Dyka, Tamar Iervi, Luciana D’Intino, Ekaterina Syurina y Juan Francisco Gatell-, mientras que Wagner estará presente con el ya comentado Buque Fantasma y las dos últimas jornadas del Anillo del Nibelungo: Sigfrido subirá a escena en marzo de 2011 mientras que El Ocaso de los Dioses estará en junio del mismo año, Torsten Kerl será Sigfrido y Katarina Dalayman será Brunilda en ambas jornadas.
A las propuestas anteriores se suman Giulio Cesare de Haendel con Lawrence Zazzo en el protagónico y la Cleopatra de Natalie Dessay -12 representaciones en enero y febrero del próximo año- y Ariadna en Naxos de Strauss con Diana Damrau, Ricarda Merbeth, Sophie Koch y Stefan Vinke (del 11 al 30 de diciembre de 2010 en Bastille). Naturalmente no faltará el estreno mundial, con la ópera encargada a Bruno Mantovani (artista nacido en 1974), con libreto, en francés, de Christophe Ghristi inspirado en la vida de Anna Akhmatova, una de las más importantes poetas rusas del siglo XX. Akhmatova será cantada por Janina Baechle y dirigida por Pascal Rophé (seis funciones del 28 de marzo al 13 de abril de 2011).
Ballet:La Temporada de Ballet se iniciará el 22 de septiembre de 2010 con un triple programa creado por Roland Petit; se incluyen los tradicionales Paquita, Copellia, Romeo y Julieta y El lago de los cisnes, las visitas del Ballet de Hamburgo y el del Bolshoi, el estreno mundial de L’anatomie de la sensation con coreografía de Wayne McGregor y música de Mark Anthony Turnage (Blood onthe Floor) interpretada por el Ensamble Intercontemporain, el ingreso al repertorio de Rain con música de Steve Reich y coreografía de Anne Teresa de Keermaeker, programas mixtos, reposiciones y nuevas coreografías. El 31 de diciembre de 2010 las dos salas de la Ópera Nacional de París ofrecerán Ballet: en el Palacio Garnier un triple programa con coreografías de Gerge Belanchine, Trusha Brown y Pina Bausch (Consagración de la primavera con música de Stravinsky) y en La Bastilla el inoxidable Lago de los Cisnes con coreografía de Rudolf Noureev.

Otros espectáculos:Los conciertos sinfónicos comenzarán el 18 de enero de 2010 con la dirección de Philippe Jordan con un programa con obras de Brahms y Schostakovich e incluirán la presencia de Gerges Prêtre en la mística Sala Pleyel. También habrá conciertos de cámara, tanto vocales como instrumentales, conciertos dentro del festival de otoño de la ciudad de París en el Anfiteatro de la Opéra Bastille, y siete espectáculos, entre octubre de 2010 y junio de 20101 dentro del ciclo ‘Jeune Public’ para iniciar a jóvenes en las distintas facetas de la música y la danza. Dos grandes exposiciones se ofrecerán en el Palacio Garnier: una dedicada a conmemorar el centenario del nacimiento de Rolf Liebermann, compositor, director de orquesta y de escena y director de la Ópera de París entre 1973 y 1980, que se desarrollará entre noviembre de 2010 y marzo de 2011 y otra, entre mayo a agosto de 2011 con un recuerdo a las grandes divas de la ópera del período 1875 a 1914.

Por su parte el Atelier Lyrique que reúne a jóvenes cantantes de diversas nacionalidades ofrecerá ocho presentaciones incluyendo conciertos, recitales y la puesta de las óperas La Hora Española de Ravel y Orfeo y Euridice de Gluck.
Se pueden comprar billetes en forma de abono o individuales por la web, telefónicamente al +33-1-71-25-24-23 o en las boleterías, los precios van desde los cinco a los ciento ochenta euros por representación. Mayor información en: www.operadeparis.fr

Thursday, July 8, 2010

La Fanciulla del West de Puccini - Opera de San Francisco

Fotos: Cory Weaver / San Francisco Opera. Deborah Voigt (Minnie), Roberto Frontali (Jack Rance), Salvatore Licitra (Dick Johnson)

Ramón Jacques

Los tres teatros más importantes en Norteamérica: Nueva York, San Francisco y Chicago han programado dentro de su presente temporada La Fanciulla del West, en conmemoración del centenario de la opera de Puccini, que tuvo su estreno mundial el 10 de diciembre de 1910 en el Metropolitan, y cuya premier en el teatro neoyorquino se realizará precisamente la noche del 10 de diciembre de este año.
Se puede decir que la opera de Puccini, así como la obra teatral que inspiró su creación The Girl of the Golden West de David Belasco, mantienen una cercana conexión con la Opera de San Francisco, ya que su trama se sitúa en la alta California, en las minas cercanas y en los alrededores de esta ciudad, durante el periodo de la llamada “fiebre del oro” representada en esta opera. Resultó simpático ver como el publico presente reconoció con familiaridad los nombres de las ciudades, montañas, minas (incluido el famoso mensajero de Wells Fargo) que son mencionadas en los dialogos. De cualquier manera, la opera ha sido poco representada en este escenario, ya que su primera representación local ocurrió veinte años después de su estreno mundial, en 1930, y su ultima puesta escénica fue en 1979 con: Carol Neblett, Placido Domingo y la conducción de Giuseppe Patanè.

Como marcó visual de la función se estrenaron las escenografías concebidas por Maurizio Balò, realizadas en coproducción con el Teatro Massimo de Palermo donde serán vistas en el mes de diciembre, que le dieron a la acción un toque cinematográfico y captaron ese ambiente californiano del lejano oeste: como el bar construido dentro de una mina en el primer acto, una idea tomada del film Johnny Guitar de 1954 con Joan Crawford; la sencilla cabaña de Minnie en el segundo acto con montañas y nieve al fondo, y el tercero en el que se observa, además de las montañas, un evocador valle típicamente californiano. Tanto los correctos vestuarios, adecuados a la época, como la brillante iluminación, y la detallada, afanosa, pero nunca exagerada regia de Lorenzo Mariani (director artístico del Teatro Massimo) ayudaron a dar un toque de mayor realismo a la escena.

La soprano Deborah Voigt, quien debutó el personaje de Minnie y lo interpretará en todas las representaciones norteamericanas, ofreció una caracterización dramáticamente convincente, y aunque en su prestación vocal tuvo algunos problemas de emisión y en los agudos al inicio, una vez que calibró la voz la voz, cantó de manera homogénea y timbre robusto, por momentos de manera vibrante.

El tenor Salvatore Licitra interpretó con carácter y virilidad a Dick Johnson, con elegante fraseo, amplia proyección y grato timbre. Memorable fue la caracterización de un furioso y arrogante Jack Rance, por parte del barítono Roberto Frontali, quien actúo con confianza y autoridad, y mostró precisión vocal, así como brillante dicción y musicalidad. El resto del elenco tuvo un correcto desempeño, destacando al bajo Kevin Langan como Ashby, al barítono Timothy Mix como Sonora, y al tenor mexicano David Lomelí como Harry.

Para esta representación, Nicola Luisotti, titular de la orquesta del teatro, le cedió la batuta a Giuseppe Finzi, segundo director musical, quien mostró compenetración e identificación con la orquesta. La lectura de este joven maestro de Bari sorprendió y emocionó por el sonido compacto y parejo que obtuvo del foso, y sobretodo por la manera como fue cincelando la amplia gama de colores y exhuberancia de la orquestación. Una personalidad a tener en cuenta.

Wednesday, July 7, 2010

Simon Rattle dirigió a la nueva generación de músicos de la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela.

Fotos: Fesnojiv- Simon Rattle en el Aula Magna de la UCV
Presna Fesnojiv
En el Aula Magna de la UCV se realizó el primer concierto de la nueva generación de la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela. Al finalizar el último ensayo, el director de la Filarmónica de Berlín, Simon Rattle, confesaba: “Estoy muy orgulloso de ustedes. Están en mi corazón desde ahora y para siempre. Este será el mejor concierto en la historia del planeta”. Rattle subió al podio para dirigir la Obertura Cubana de George Gershwin. El director fue niño con ellos y los niños fueron grandes.

Apretados, los 377 niños, con edades comprendidas entre los 8 y 13 años, tocaron el futuro orquestal venezolano. Los pequeños interpretaron la Pavana para orquesta de Gabriel Fauré. El público permanecía mudo del asombro. La tercera obra del programa fue el Malambo, último movimiento de las Danzas del Ballet La Estancia del argentino Alberto Ginastera. Los niños de la Sinfónica Nacional Infantil eran almas al galope. Se movían con gran entusiasmo desde sus sillas, contagiando de ese ritmo y frenesí a la audiencia.

Después de una breve pausa en el programa, vendría la prueba de fuego de los futuros talentos. ¿Cómo, después de Gershwin y Ginastera, ponerles mesura para interpretar, nada más y nada menos que la Sinfonía n° 1, Titán, de Mahler? El maestro Rattle supo cómo hacerlo. Los niños hicieron gigante el futuro. Los niños tradujeron las atmósferas ideadas por Mahler. No sólo tocaban lo que para muchos es un repertorio extremadamente difícil, sino que en medio de su ímpetu de niños, respetaban los pianos tanto como destacaban los pasajes forte. Los infantes tradujeron la palabra magia, la palabra poesía, la palabra ensueño y el tránsito de las tinieblas a la luz que Mahler quiso escribir con esta obra. Las nubes de Calder en el Aula Magna fueron testigos de una estrepitosa ovación. Rattle se regalaba en abrazos a los distintos solistas de la obra. Luego, caminó hasta le filo del escenario para elogiar con gestos a José Antonio Abreu, fundador del Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela.
Algunos niños le entregaban sus medallas con el lema Tocar y Luchar al maestro Rattle, y cuando los aplausos se hicieron más fuertes el director británico se volteó hacia el público y dijo: “Por primera vez en Venezuela. Esto no lo habían escuchado antes”. En seguida, sonó el Mambo de Leonard Bernstein tocado con fiebre de música. Las palabras de Rattle se convirtieron en una nota de humor, ya que esta obra se ha convertido en un tema obligado en los “bises” de los conciertos de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar. José Antonio Abreu, quien vivió uno de los días más importantes de su vida, señaló: “Venezuela merece a estos niños y estos niños merecen a Venezuela. Estamos iniciando una nueva era en la historia contemporánea de la música”.

Simon Rattle en Venezuela

Foto: Fesnojiv- Simon Rattle en un ensayo en Venezuela

Prensa FESNOJIV

Cuando, en 2007, Sir Simón Rattle presenció más de 400 niños de todo el país que querían formar parte de la nueva Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela el director dijo: “Es un milagro lo que ocurre musicalmente aquí. Sólo puedo decir dos cosas todo el mundo tiene que verlo y todos en Venezuela tienen que estar orgullosos”.

Casi tres años después, ese milagro, esa nueva generación que hoy conforma la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela debutará justamente bajo la batuta de Rattle, quien viajó desde Berlín para dirigir un concierto en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela.

Los 377 niños que integran la orquesta debutarán con un titán, no sólo porque estarán dirigidos por uno de los mejores directores del mundo, sino porque interpretarán la Sinfonía nº1 en re mayor, conocida también como Titán. Al terminar el ensayo Simón Rattle felicitó a la orquesta y les dijo: “fantástico”.

“En nada se parece al repertorio que hoy ensaya esta orquesta, al que se trabajó en 1994, cuando con 12 años yo formaba parte de la Infantil. Las interpretábamos cuando ya teníamos cuatro años de constituidos. Estos niños son una promesa musical”, dijo, Gustavo Dudamel luego realizar un seminario, hace tres meses, con los seleccionados en las audiciones a las que asistieron más de cuatro mil niños venezolanos.

La Sinfónica Infantil Nacional de Venezuela interpretará también la Obertura Cubana de George Gershwin, al que Rattle, según su biografía -escrita por Nicholas Kenyon-, ya conocía a los dos años cuando tamborileaba con sus dedos el ritmo de las obras de este compositor. Pavana para una orquesta de Gabriel Fauré, el “Malambo”, último movimiento de las Danzas del Ballet Estancia del argentino Alberto Ginastera.

La presencia en Venezuela de Sir Simon Rattle, quien ya había dirigido a la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar aquí en Caracas y en el Carnegie Hall de Nueva York, se debe a su marcado interés por colaborar con la formación académica de los músicos venezolanos, especialmente los niños, intención que también ha motivado las visitas de directores del calibre de Claudio Abbado o del compositor Krzysztof Penderecki.

La Sinfónica Venezolana Simón Bolívar en la edición 60 del Festival Internacional de Música de Granada

Foto: Fesnojiv - en concierto en Granada.
Prensa Fesnojiv

La Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar fue la encargada de abrir este 25 de junio, la edición número 60 del Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Guiados por Gustavo Dudamel, los venezolanos ofrecieron el último concierto de su gira por Europa en La Alhambra, paraje histórico cultural de España, considerado como Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1984.

Por la noche cuando ya la luna llena le había quitado el sitio al sol brillante que ilumina los jardines y los Palacios de los Nazaritas, los músicos venezolanos subieron al escenario del Palacio de Carlos V, uno de los recintos más preciados para la música sinfónica de la nación ibérica.

En el concierto, los músicos interpretaron Margariteña (Variaciones sinfónicas) del venezolano Inocente Carreño y por esos instantes, gracias a la obra de Carreño, la montaña donde está ubicada La Alhambra fue isla venezolana. El palacio renacentista también fue el escenario para revivir las escenas musicales de las Danzas del ballet La Estancia de Alberto Ginastera.

La Consagración de la Primavera, de Stravinsky cerró el concierto contemplado por 1.200 espectadores a los que les fue imposible no alargarse en aplausos. Granada confirmó que es casi improbable no rendirse ante los encantos de una perturbadora obra que inicia con el intrigante solo de fagot, interpretado por Gonzálo Hidalgo -elogiado en cada escenario-, y que en adelante se constituye de arritmias y armonías complejas con las que se rinde homenaje a la naturaleza, específicamente a la estación primaveral en la que todo renace.

Sunday, July 4, 2010

Piazzalunga, Bertoli, Bombardieri Jazz Trio - Baveno Festival, Lago Maggiore

Foto: Bombardieri Jazz Trio

Renzo Bellardone

BAVENO FESTIVAL –Umberto Giordano
Sabato 3 luglio 2010 ore 18,30 Baveno - Hotel Lido
Improvvisando sulla Bohème e sulla Carmen di Bizet


Piazzalunga, Bertoli, Bombardieri Jazz Trio

Il Baveno Festival è dedicato alla figura di Umberto Giordano che qui dimorò per lunghi anni in una villa che chiamo’ ‘Villa Fedora’ in onore alla sua composizione più conosciuta; dall’edizione passata si è inaugurato un accattivante appuntamento denominato HAPPY (MUSIC) HOUR.

Sabato 3 luglio nelle prestigiose sale dello storico Hotel Lido di Baveno con impareggiabile vista sul lago Maggiore che vide tra i suoi ospiti illustri la Regina Vittoria, Wiston Churcill ed in qualità di concertista nientemeno che Richard Wagner, si è ripreso il simpatico appuntamento con il trio Jazz formato da Fabio Piazzalunga al pianoforte, Stefano Bertoli -sax e clarinetto e
Guido Bombardieri alla batteria e percussioni.

L’offerta musicale si è incentrata su trascrizioni alla maniera del Jazz di notissimi brani operistici:
Bohème, Carmen, L’Elisir d’amore ed immancabile tributo alla Fedora di Umberto Giordano. La sapiente reinterpretazione, con nacchere e percussioni, assolo di clarinetto e virtuosismi al pianoforte, ha presentato un lavoro intelligente, innovativo e soprattutto non banale o banalizzante le partiture originali. L’invenzione di suonare il clarinetto nel vano del pianoforte aperto, o piuttosto dei piccoli timpani sul pavimento hanno creato suoni inusuali che hanno stuzzicato la platea alla ricerca dei motivi conosciuti che all’improvviso facevano capolino nel turbinio dei suoni restituendoci peraltro integra l’emozione delle note arie d’opera.

La curiosità musicale del pubblico è stata soddisfatta !

IESI: Il Flaminio, commedia per musica in tre atti di Gennarantonio Federico, musica di Giovanni Battista Pergolesi

Foto: Fondazione Pergolesi Spontini-Jesi

Giosetta Guerra

Nel terzo centenario dalla nascita di Giovanni Battista Pergolesi la Fondazione Pergolesi Spontini onora il suo concittadino allestendo alcune opere del compositore jesino. Il 4 e il 6 giugno 2010 nel Teatro "Valeria Moriconi", uno spazio teatrale ricavato nella chiesa sconsacrata del convento di San Floriano, va in scena l’ultima opera composta da Pergolesi prima della sua prematura morte per tubercolosi all’età di ventisei anni, Il Flaminio.

In questa occasione viene introdotto il nuovo sistema tecnologico myKoiné, che permette di visualizzare sul display di un piccolo apparecchio touch screen che si tiene in mano i sopratitoli dell’opera, il programma di sala, l’argomento dell’opera, il cast, la sinossi, le immagini dell’allestimento ai video di backstage. MyKoiné nasce da una Joint Venture di due dinamiche società, la NetResults, azienda Spin-off dell'Università di Pisa, e la Eikon di Firenze, e dall’esperienza nel teatro di Cristian Venturini. Il Flaminio, rappresentato al Teatro Nuovo di Napoli nel 1735, è un’ opera di grandi dimensioni, in tre atti, per complessive 55 scene con una introduzione strumentale molto elegante in tre movimenti, recitativi di grande effetto, 24 arie, 4 pezzi d’insieme, 2 duetti, un terzetto ed il finale. Le arie, molto belle, hanno un’introduzione strumentale che ne annuncia il clima.

L’esecuzione musicale è affidata ad Ottavio Dantone, direttore e maestro al cembalo, e al complesso Accademia Bizantina, grandi esperti di musica del 700 e della prassi esecutiva barocca e ad una compagnia di canto specializzata. L’intreccio è complicato e stravagante, ruoli buffi convivono con ruoli seri, il dialetto napoletano si intreccia con la lingua italiana. In scena agiscono sette personaggi ognuno con le proprie specificità: i borghesi Flaminio e Giustina, parti serie derivate dall’esperienza barocca, Agata, Ferdinando e Polidoro parti di “colore”, Checca e Vastiano, parti buffe. Juan Francisco Gatell (Polidoro, fratello di Agata, innamorato di Giustina) fin dalla prima aria che è di gioia “Amor che si sta accolto” (atto II sc. I) dimostra di essere un tenore con bella proiezione vocale, bel timbro chiaro, robusto e deciso, corretto nel porgere e nel rispettare le dinamiche del canto.
Vito Priante (Vastiano, servo di Polidoro) è un basso dalla bella voce ampia, di buon peso, timbratissima sia nei recitativi che nel canto (“Con queste paroline”), ha note gravi importanti (“Quando voi vi arrosseggiate”), bellissima estensione e notevole capacità di alleggerire. Marina De Liso (Giustina, vedova innamorata di Flaminio) esibisce voce densa e di bel colore mezzosopranile, corpo vocale interessante, vibrante, ricco di pathos, luminoso in zona acuta, sia nelle arie di dolore (“D’amor l’arcano ascoso”), sia in quelle di furore (“In mezzo a questo petto”) sia in quelle che esprimono dolcezza (“Più, crudel, non mi dirai”). Laura Polverelli con un vestito bianco da uomo è Flaminio col nome di Giulio, amante di Giustina; nell’aria di furore, con introduzione strumentale e accompagnamento vigoroso, “Scuote e fa guerra” (atto I sc. IX) è una virtuosa con voce estesissima e solida, anche se piuttosto chiara per essere un mezzosoprano. Nell’Aria di disperazione molto lunga “O Dio. Sei troppo barbara” la voce è usata sia con impeto che con morbidezza. Serena Malfi in abito maschile grigio, scarpe e cappello neri, baffi, capelli brizzolati, occhiali, è fortemente caratterizzata nel ruolo di Ferdinando, un uomo pieno di fisime, promesso sposo di Agata; scenicamente bravissima, è un mezzosoprano dotato di voce pulita, ricca di sonorità e vibrazioni e luminosissima, canta bene sia le arie di dolore del tipo “Non si’ cchella ch’io lassaie” accompagnata da una musica struggente, sia quelle di rabbia come “Lo caso mio”.
Sonia Yoncheva (una provocante Agata, innamorata di Flaminio), è un soprano d’agilità che si destreggia benissimo nell’aria agitata “Non vo’ tal sposo” e alterna abilmente una vocalità lanciata con trilli, mezze voci e delicatezze su musica agitata nell’aria “Da rio funesto turbine”. Il soprano Laura Cherici (Checca, fante di Giustina) esegue con maestria arie brillanti del tipo “A lui donai mio core”.

Molto originale e funzionale il nuovo allestimento scenico di Benito Leonori. La chiesa a pianta centrale ospita il pubblico, in palcoscenico è disposta l’orchestra dietro un reticolato di corde e foglie, i personaggi agiscono in tutti gli spazi possibili e inimmaginabili, in palcoscenico, in platea, negli spazi laterali divisi da tende di corda (in quello a destra si vede Agata a mollo in una tinozza), dietro porte che si aprono intorno alla platea e nei terrazzini del piano superiore della chiesa, niente arredi, se non quattro sedie, ma quanta abilità a far sembrare pieno un palcoscenico praticamente inesistente e a coinvolgere il pubblico in un carosello di apparizioni, in cui le luci hanno ampio gioco (regia scherzosa con immagini anche in controluce e luci di Michal Znaniecki, costumi di Klaudia Koniecki). Spettacolo ben fatto e molto interessante. E sicuramente sarà stato bellissimo ed interessantissimo anche l’altro spettacolo, Adriano in Siria con gli intermezzi Livietta e Tracollo, che io non ho visto, e mi dispiace molto, per ragioni di orario: non si possono iniziare alle 21 opere che durano più di quattro ore (il barocco ha bisogno di gente sveglia) e rimettere le persone non residenti e non alloggiate in loco alla guida della propria auto a notte inoltrata. C’è tanto bene la domenica pomeriggio per queste operazioni…………..