lunes, 21 de noviembre de 2011

Jordi Savall recrea el territorio espacio temporal de la Dinastía Borgia en el Teatro Auditorio de Madrid.

Foto: Jordi Savall

Alicia Perris

La Dinastía Borgia. Iglesia y poder en el Renacimiento. Auditorio Nacional de Madrid. Sala Sinfónica. Concepción musical del proyecto: Jordi Savall y Montserrat Figueras. La Capella Reial de Catalunya, recitantes (en catalán y valenciano), castellano e italiano y el grupo Hespèrion XXI, que dirige Jordi Savall, en la viola de arco soprano. 17 de noviembre de 2011.

El concierto fue una fiesta. Pero atenta, relajada y exultante para todos. El público, pendiente también de la llegada y salida de la Reina de España, Doña Sofía, rodeada de guardaespaldas, que asistió al concierto, prefirió disfrutar en una velada preelectoral con una música que recuerda una vez más las interrelaciones histórico -musicales de una época turbulenta, pero fructífera en lo territorial, artístico, diplomático y político. Un tiempo donde se enciende el papado, de la mano de Rodrigo Borgia, instalado en la sede de San Pedro como Alejandro VI. El concierto se dividió en dos partes, la primera “Los caminos hacia el poder. Orígenes y expansión de una dinastía (ca. 1238-1526)” y la segunda, “Del “reino” convulso de Alejandro VI al triunfo espiritual de Francisco de Borgia (1530-1671)”. Autores anónimos y otros tan conocidos como Ausiàs March, Carlo Verardi, Garcilaso de la Vega, Teresa de Jesús, Joaquín des Prez, Gilles Blanchois, Claude Goudimel. Creadores musicales y literarios se entrecruzan en este viaje en busca de ciertos infiernos y paraísos perdidos. Los principales integrantes de esta familia marcada a fuego por la historia de varios estados, provenían de Xátiva (ciudad del Reino de Valencia, uno de los territorios de la corona Catalano-Aragonesa), en unos acontecimientos que van desde el 1400, poco antes del Cisma de occidente, a la Caída de Constantinopla en manos de los turcos (1453), Lepanto( 1571), la terrible carnicería de las guerras de religión en la Francia de los Valois (Noche de San Bartolomé) y la muerte en Roma de Francisco de Borja, el último y pío representante de la dinastía, ambas en 1572.  Inmersos en la leyenda negra y la admiración de los ambiciosos del poder y la gloria, todos los miembros de la familia Borgia, dejaron una estela en la historia de mecenazgo, exuberancia y audacia, que sería recogida por autores tan clásicos como Maquiavelo como modelo para El príncipe. Actos violentos y carnales (muertes, venganzas, asesinatos crueles, amores desaconsejables) pero también la protección de poblaciones tradicionalmente segregadas como los judíos sefardíes, acogidos en Roma, a pesar de la oposición de los reyes Católicos, jalonan la investigación del Maestro Savall donde la música, la historia y la literatura son unos hitos decisivos, pero no son los únicos a tener en cuenta. Jordi Savall, sus músicos y todo el equipo de investigadores que estudia junto a él, desvelan para el melómano agradecido, épocas enteras de la historia medieval y renacentista que se hubieran desvanecido en el tiempo si ellos no las hubiera rescatado: el periodo de fulgor y destrucción de los cátaros, las vivencias de “Jerusalem” y la “Diáspora sefardí” entre otras, sin referirnos una vez más, porque es ya un clásico, la partitura que le valió un premio César para la película de “Todas las mañanas del mundo”. Diálogo intercultural que no descansa, los hilos conductores de las vivencias de judíos, moros y cristianos, la motivación musical del Maestro Savall se plasmó la noche del Auditorio con músicos sensibles, empáticos y colaboradores de un proyecto común-otro más- que no tiene parangón en nuestro panorama cultural español en la actualidad. Lawrence-King en el salterio y arpas, Dimitri Psonis en el santur y la morisca, Driss El Maloumi en voz y oud, Pedro Estevan en percusión y campanas, entre otros, las siete voces que acompañaron el todo consiguieron el milagro de arrancarle a Savall una propina que tocó encantado: una chacona. Llovieron los aplausos, muchos y fervientes, aunque siempre escasos para el merecimiento. Legendario.



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