viernes, 6 de enero de 2012

UNA EXPOSICIÓN DE JULES MASSENET VISTE PARA LAS FIESTAS, LA ÓPERA GARNIER DE PARÍS


Fotos crédito: Julio Serrano

Alicia Perris

El Edificio Garnier era el 31 de diciembre un hormiguero de gente subiendo y bajando por las suntuosas escaleras, haciéndose fotos con el magnífico árbol de Navidad de los salones de gala, admirando la sala de terciopelo rojo con la cúpula de Marc Chagall. La ópera Garnier de París está siempre en estado de revista y no deja de fascinar a los que una y otra vez, casi como en un ritual, nos acercamos cada vez que viajamos a la capital de Francia para ver ”cómo sigue”. La boutique se ha transformado con sus sucesivas ampliaciones en un acontecimiento en sí mismo: libros, películas, recuerdos variados, ropa de ballet, es un sueño para los enamorados de la música. Artistas antiguos y contemporáneos refulgen desde las estanterías mientras una vendedora madura y de excelente buen humor canturrea y baila a la vez un aire que sale de alguno de los rincones de la tienda. Todo aquí parece perfecto. No hay más que asomarse a los ventanales de la primera planta para divisar todo París o detenerse en los maravillosos techos multicolores para sentirse un cortesano o una dama de la corte de Napoléon III. En el subsuelo, una muestra de Jules Massenet, cuyo “Werther” se pudo escuchar en el Teatro Real de Madrid hace unos meses y que acaba de cerrar el 2011 con un“Don Quichotte”luminoso en versión concierto, recuerda la actualidad de este compositor plural, fino, detallista y preocupado por el hecho escénico musical de su época en todos los aspectos. Después de brillantes estudios musicales, Massenet consigue el Gran Premio de Roma en 1863. Amparado por la influencia del influyente compositor Ambroise Thomas que fue su profesor en el Conservatorio, entrega dos obras a la Ópera-Comique: La grand´tante, en 1867 y Don César de Bazan, en 1872. Es su primer editor, Georges Hartmann, quien le abre las puertas de una carrera teatral montando a sus expensas, en 1873, en el Theâtre de l´ Odéon, “Marie Magdeleine”. La obra es un triunfo y le permite ofrecer “Le roi de Lahore” en la Ópera de París en 1877.
 
Desde la creación de esta obra hasta su muerte en 1912, Jules Massenet (1842-1912) dominó la escena operística francesa y consiguió combinar varias formas de arte y de música. No se limitó a su actividad de compositor, sino que se mostró interesado por todo, controlando todo. Cuando “Esclarmonde” se estrenó en la Ópera –Comique en 1889, le pidió a Eugène Grasset, uno de los más famosos ilustradores de su tiempo, que le diseñara parte del frontispicio y secciones del escenario. “Esclarmonde” así ilustró de una manera inequívoca el espíritu de la belle époque, pero su carrera como compositor siguió con numerosas obras de éxito como “Manon”, “Werther”, “Le Cid”,“Thaïs”, “Grisélidis”, “Cinderella”, “Chérubin”… Las partituras de Massenet se interpretaron en todo el mundo por los artistas más talentosos de su época: Sibyl Sanderson, Rose Caron, Lucienne Bréval, Marie Heilbronn o Lucy Arbell entre otras. El compositor fue el adalid del buen gusto y la sensualidad francesa, envuelta en toda su magnificencia y grandeur escénicas. Massenet fue también un maestro entregado y entre sus alumnos destacaron Alfred Bruneau, Gustave Charpentier, Ernest Chausson, George Enescu o Reynaldo Hann. Incluso Debussy, que nunca llegó a ser alumno suyo, confesó su admiración por el compositor.

Esta exposición es una oportunidad para la Ópera Nacional de París y la Biblioteca Nacional de France para celebrar conjuntamente el centenario de la muerte del maestro. En un ambiente recogido pero como de cuento de hadas, pueden admirarse trajes que en su día llevaron cantantes consagrados, dibujos, maquetas desbordantes de imaginación y creatividad, partituras, escenografías y muy especialmente, una réplica del estudio del maestro, donde trabajaba con su piano Pleyel-cómo no-, diseñado para que le sirviera a la vez de instrumento y de escritorio. La muestra tiene un carácter exhaustivo y completo de la obra del creador francés y es un territorio de referencia para todos aquellos que trabajan en el universo de la ópera o para los que navegan por las constelaciones de la historia de la música y de l´élégance. A pesar del recorrido artístico brillante que lo lleva a las más altas funciones y a las mejores distinciones, el hombre como tal sigue siendo un enigma. Efectivamente, Massenet puede aparecer como un personaje mundano y superficial, como un mujeriego, como el compositor oficial a quien le atrae por sobre todas las cosas el éxito y los honores. Y sin embargo, detrás de esa imagen que sus enemigos se preocuparon por difundir, Massenet aparece como un ser torturado que detesta su nombre, un solitario proclive a la melancolía, alguien nervioso, que elude asistir a sus estrenos, que evita el número trece por superstición. Alguien en fin que es buen padre de familia y cae de agotamiento en su mesa de trabajo, el que sólo por obligación los abandona para cumplir con algún evento social y protocolario. Un “trapero del tiempo” de la creación musical y la vida, se podría decir, parafraseando al médico y escritor español Gregorio Marañón. Una recuperación y un hallazgo.


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