martes, 3 de junio de 2014

Salome de Strauss en Filadelfia

Foto: Dominic M. Mercier

Carlos Rosas

La representación en forma  semi escénica de la provocativa Salome de Strauss, realizada en la sala de conciertos Kimmel Center Verizon Hall de esta ciudad, marcó la primera colaboración entre la Orquesta de Filadelfia con la Ópera de Filadelfia para un proyecto operístico. La dinámica ejecución orquestal, teniendo a una de las cinco mejores orquestas estadounidenses, fue dirigida con entusiasmo y vigor por su titular Yannick Nézet-Séguin quien con su amplia experiencia dirigiendo ópera logró extraer la exuberante orquestación encontrando un balance entre los instrumentistas con la escena sabiendo acompañar a las voces con detallada consideración, aunque la posición detrás de la orquesta pareció incidir en el desempeño y emision de las voces en general. La sala de conciertos no cuenta con foso, pero la actuación se llevó a cabo en una plataforma elevada al fondo del escenario, con la orquesta al frente, adaptada a la sala, y en un espacio reducido se creó un ambiente teatral íntimo bajo la dirección escénica de Kevin Newbury, de mucho movimiento, con diseños y vestuarios inspirados en el tarot, correspondientes un tiempo indeterminado ideados por Victoria Tzykun, en los que recurrió a los símbolos como la misterioso deposito, los velos, y la colorida luna.  El papel principal fue encomendado a la soprano finlandesa Camilla Nylund quien mostró el tamaño y la optima belleza y claridad vocal para hacerle justicia al exigente papel. Con las coreografías de Sean Curran, su baile de los siete velos resultó creíble.  El bajo barítono Alan Held fue un imponente Juan Bautista; John MacMaster cumplió como Herodes y Birgitt Remmert como Herodias tuvo una discreta interpretación con cierta rigidez. 


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