martes, 10 de junio de 2014

Tosca en el Royal Opera House Covent Garden de Londres

Foto: Ashmore

Carlos Rosas

La Royal Opera de Londres revivió la producción del 2004 de Tosca concebida por Jonathan Kent, quien situó el desarrollo de la trama precisamente entre el 17 y 18 de junio de 1800, para hacerla coincidir con el contexto histórico que marca el libreto de Puccini,  quien a su vez se inspiró en la obra de Victorien Sardou, en una atmosfera de peligro y desesperación. Los diseños de la escenografía son de Paul Brown,  y contienen una iglesia iluminada por velas, un oscuro  y siniestro estudio con su sala de torturas, y al fondo la salida del solo en del amanecer de un día poco optimismo.  Cada referencia que se hace a detalle tiene sentido y coherencia dramática. Algunas referencias, por ejemplo, están relacionadas con la Batalla de Marengo, ocurrida tan solo unos cuatro días antes del evento visto sobre la escena; o el sonido de un cañón a la distancia, las campanas de iglesia y los disparos de un pelotón de fusilamiento durante el Te deum del primer acto, o la pintura de Cavaradossi, en el estilo de Jacques Louis David, el Palazzo Farnese, el techo del Castel Sant’Angelo con una enorme estatua del arcángel Miguel etc. En suma: se trató una producción visualmente sugestiva atractiva con suficiente espacio para la actuación y movimiento de los artistas. Adecuados fueron los vestuarios así como el sobresaliente manejo de manejo de iluminación, que dio un sentido de terror y miedo inminente en todo momento.  El elenco vocal fue bastante bueno y homogéneo comenzando con Roberto Alagna, quien ofreció un viril y apasionado Cavaradossi, que ya había interpretado en este teatro en el 2000.  La voz del tenor se sintió cómoda, fluida, sobre todo en los momentos más heroicos del papel resultando brillante, solida, y colorida, aunque en la interpretación de su última aria, pareció perder el control.  La soprano ucraniana Oksana Dyka, en su debut local, mostró una voz grande, potente, un poco estridente en la parte alta del registro, pero de grato color. Su interpretación de Tosca fue en términos generales creíble ya que fue delicada y afligida, aunque algunos momentos de hiperactividad sobre la escena, en particular en los pasajes de sufrimiento y dramatismo del personaje parecieron algo cargados. El barítono Marco Vratogna quien dio vida a un malévolo y agresivo Scarpia, al que prestó una robusta voz de penetrante sonoridad.  Correctos estuvieron el resto de los papeles menores, coro y actores que participaron en la puesta.  La orquesta tuvo un desempeño correcto, a pesar de una no muy precisa y fina conducción de Oleg Caetani, quien por momentos pareció transcurrir sin un claro sentido de dirección, aun asi la vivacidad de la música de Puccini siempre funciona y sale adelante. 

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