jueves, 12 de junio de 2014

Un maravilloso Rigoletto en la Ópera de Rennes, Francia

Foto: Laurent Guizard

Suzanne Daumann

El director artístico de unos de los principales teatros de la región de Paris rechazó recientemente una propuesta argumentando que ese espectáculo “no era para su público”  ¿Significa que hay diferentes tipos de públicos para diferentes tipos de espectáculos en la tierra de la « Égalité »? Un amplio punto de reflexión se abre aquí, demasiado extenso para estas páginas, pero he podido ver espectáculos en la “provincia” así como en la “capital” y mi admiración hacia los teatros de provincia crece continuamente por la calidad de su trabajo, que está hecho con el poco dinero que los teatros de Paris les dejan. Recientemente la Ópera de Rennes puso Rigoletto, producido por la Opéra de Monte Carlo, una esplendida producción de claros oscuros que compaginó con la sombría luminosidad de la obra y que no tiene nada de inferior respecto a las producciones que uno puede ver en los grandes teatros nacionales, y en el que un elenco de estrellas ofrece una presentación técnicamente presentación perfecta que deja un sabor amargo a rutina. La puesta de Jean-Louis Grinda colocó la obra en el tiempo de Verdi, finales del siglo 19 con trajes de noche, fracs y ropa interior de prostitutas que llevaban los invitados a la fiesta del duque, y cuando Gilda apareció vestida como hombre al final, era un mini retrato de Verdi. Marianne Lambert, brillante soprano, encarnó una dulce y fresca Gilda, inocente. Bravo significa valiente en italiano y ella merece todos sus bravos por su prestación. Considerando que se anunció que estaba enferma nadie lo hubiera imaginado. El barítono argentino Víctor Torres con su perfecta voz muy bien manejada para este pequeño teatro y una autoritaria presencia, fue un fuerte Rigoletto, pero cariñoso con Gilda, muy irónico con los cortesanos, e inamovible del camino de su destino.  Luciano Botelho, tenor, fue el promiscuo duque de Mantua para quien el amor no fue más que una posesión. Lamentablemente las semanas y funciones se mostraron en la poca facilidad de sus agudos, lo que no le quita valor al encanto de su voz y a su interpretación. El bajo barítono Anatoli Sivko fue un frio y amenazador Sparafucile y la mezzosoprano Laura Brioli fue una astuta y vivaz Maddalena. Rudy Sabougny firmó el simple y efectivo escenario y vestuarios, con paneles de madera frente a los que encontramos algunas sillas y una pantalla, el palacio del duque. A un lado de la casa vimos un cielo, techos de tejas, quizás Mantua. Un cielo nublado realzó la iluminación y los cambiantes colores lo que la música decía, de Laurent Castaingt.  El mismo cielo cubrió el fondo del escenario y sirvió para representar una tormenta, y la casa de Sparafucile estaba hecha con bambús. La puesta en escena fue una obra de arte, que nos preparó sutilmente desde que se alzo la cortina. Sascha Götzel condujo a la Orchestre Symphonique de Rennes con energía y finura, y el coro de la Ópera de Rennes dirigido por Gildas Pungier, estuvo excelente como siempre, preciso y profundo.  Bravo para todos en esta presentación en Rennes!



No hay comentarios:

Publicar un comentario