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Tuesday, April 14, 2026

Così fan tutte en Chicago

Foto: Cory Weaver / Andrew Cioffi - Lyric Opera Chicago

Ramón Jacques 

Così fan tutte, ossia La scuola degli amanti K.55, ópera bufa en dos actos de Wolfgang Amadeus Mozart, con libreto de Lorenzo Da Ponte, y que tuviera su estreno en enero de 1790 en el teatro Burgtheater de Viena, volvió al escenario de la Lyric Opera of Chicago ocho años después de sus últimas representaciones aquí en la temporada 2018. Si bien la ópera nunca ha llegado a ser considerada como una de las obras favoritas o más populares de los teatros estadounidenses, existe la posible de verla programada con cierta regularidad en este país. La ópera hizo su entrada al repertorio estadounidense en el año de 1922, en el  Metropolitan de Nueva York, y en Chicago fue vista por primera vez en noviembre de 1959. La producción escénica utilizada en esta ocasión se originó en la San Francisco Opera y forma parte del encargo que ese teatro le hiciera entre 2019- 2021, al director de escena canadiense Michael Cavanagh, quien falleció de manera inesperada en marzo 2024, y que ideó tres distintos y originales conceptos para la trilogía Mozart- Da Ponte, inspirándose en diversos periodos históricos de los Estados Unidos, pero poniendo un énfasis especial en la arquitectura colonial que se encuentra predominantemente en la región de nueva Inglaterra en el  noroeste de Estados Unidos. El público, y quien este texto escribe, que ha tenido la oportunidad de ver los tres diferentes montajes de Cavanagh, coincidirá en señalar que en cada una de las tres óperas resalta el uso de una fachada de mármol blanco con columnas, que fue adaptada al tiempo en el que Cavanagh situó cada historia. Así, Le Nozze di Fígaro se lleva cabo durante  los años de la revolución estadounidense; Don Giovanni, con el mismo montaje, pero en un futuro distópico e incierto, donde reina la decadencia, la destrucción, la ruina y el caos; y finalmente en Così fan tutte la historia se sitúa en los años treinta del siglo pasado, en el lujoso y exclusivo club deportivo Country Club Wolfbridge, del cual Don Alfonso es el administrador, y los cuatro protagonistas, que son son miembros, de manera despreocupada hacen actividades deportivas en el gimnasio, además de practicar esgrima y jugar ping pong y tenis, o simplemente asolearse al lado de la piscina. Opulentos y arbolados jardines, piscinas y salones, forman parte del montaje, con imágenes de hermosos paisajes, bosques y escenas de atardeceres y amaneceres que se proyectan al fondo del escenario, hacen que la escena luzca muy atractivo y encantadora.  Durante la obertura, y sobre la cortina se realizaron diversas proyecciones donde se ve como se redactan manualmente las invitaciones para asistir a las actividades y eventos del club, así como imágenes de planos de la arquitectura construcción de las instalaciones. Esa misma cortina fue utilizada a lo largo de la función, cuando bajaba para aislar a los solistas entre la oscuridad y el proscenio, creando momentos de intimidad o introspección, en especial durante la interpretación de cada una de sus importantes arias.  El mismo Cavanagh, se encargó de la creación de las escenografías, y de las proyecciones junto con Erhard Horm. No pueden dejar de mencionarse los variados y elegantes vestuarios, deportivos y vestimenta, alusiva a los años treinta, así como los extravagantes abrigos utilizados por los dos jóvenes albaneses, de ello se encargó Constance Hoffmann; la buena iluminación – vital en este montaje- estuvo a cargo de Jane Cox.

Para esta reposición, la dirección escénica fue de Roy Lallo, quien, basándose en las directrices de Cavanagh, retrató a una sociedad de personajes que a pesar de haber atravesado por el periodo de la gran depresión económica de 1929, por su posición acomodada posición económica y privilegios se comportaban como gente banal, inexperta e inconsciente de la realidad de lo que ocurría en el mundo exterior, priorizando el materialismo y las apariencias; por lo que más que una apuesta entre los dos caballeros con Don Alfonso, se trata de un juego que busca generalizar y controlar el comportamiento de las mujeres, con cierta dosis de misoginia, de manera que Lacey, logró reproducir actitudes, visiones e intolerancia semejante a la de cualquier alta sociedad de la actualidad.  Su visión actoral fue directa, y logró plasmas y  transmitir su mensaje, sin dejar a un lado el candor y el humor natural contenido en la historia, pero recurriendo frecuentemente a la innecesaria sobreactuación, cargadas bromas y clichés, tantas veces vistos y repetidos hasta el cansancio, al parecer difícil de eliminar, o presentar de otra manera cuando se aborda este título. Para estas representaciones de Chicago, se recurrió a un buen elenco de cantantes que combinaron la juventud y el talento de unos, con la experiencia y las tablas de otros. (Cabe mencionar que esta producción fue montada recientemente por la Los Ángeles Opera en marzo del 2025, y los personajes de Don Alfonso, Despina y Ferrando fueron interpretados por los mismos cantante elegidos aquí).  Comenzare mencionando al tenor Anthony León, quien mostró una voz plena de amplias cualidades de notable tenore di grazia, y que posee una voz muy dúctil, cargada de musicalidad y buen gusto, y que, a pesar de no poseer un amplio volumen, supo gestionar y proyectarla de manera adecuada, en la amplia sala que es la Lyric Opera. León cantó fue un Ferrando, que generó entusiasmo por su desempeño vocal y por su variedad de matices y colores.  Por su parte el barítono Ian Rucker exhibió seguridad, claridad y elegancia escénica y vocal como Guglielmo con su voz plena de cuerpo y musicalidad. En su debut local, la soprano Jacquelyn Stucker, otra más de los muchos talentos estadounidenses que han hecho carrera, especialmente en escenarios europeos, y por tanto son poco conocidos en su país, agradó en en el personaje de Fiordiligi, desenvolviéndose con naturalidad y franqueza en escena, mostrando temple vocal, nitidez, musicalidad y cadencia en su voz, especialmente en el cantó virtuosismo y diestro que imprimió a sus arias. En su debut americano, la mezzosoprano italiana Cecilia Molinari exhibió un canto muy refinado, y desplegando una voz oscura y afelpada, logró transmitir dulzura y dramatismo, y en escena elaboró una segura, caprichosa, voluble pero creíble Dorabella. La experiencia en escena fue aportada por el barítono Rod Gilfry, un caballo de mil batallas, que mostró buen  desempeño recreando el papel del viejo y malicioso Don Alfonso, con voz firme y segura, aunque es un personaje que no tiene pasajes vocales importantes; misma situación de la veterano soprano puertorriqueña Ana María Martínez, que logró  sacar adelante y de manera plausible su personaje gracias a las buenas cualidades canoras que aun posee, aunque es evidente que por el repertorio interpretó en su carrera, parece carecer de una verve cómica, por lo que su 

Despina lució carente de animación, vivacidad  y malicia que requiere el personaje cayendo en los cargados clichés tan repetidos para este personaje que debe convertirse en doctor y notario. En la versión escuchada en esta función, apegándose a la partitura original, se restituyeron arias que normalmente son omitidas por lo teatros como el aria del segundo actode Ferrando (Ah,Lo Veggio!) y (Tradito, schernito), el aria del segundo acto de Dorabella ('È amore un ladroncello') o la menos conocida aria de Guglielmo (“Rivolgete a lui lo sguardo”) En suma, el montaje  fue bien pensado, despertando interés del público a la reflexión sobre los temas mencionados, así como la desconexión de ciertas personas privilegiadas de cada sociedad que viven y habitan en un mundo diverso al del resto de la gente común.  Yo, además, sigo esperando poder encontrarme con una producción de Così fan tutte que sepa exaltar adecuadamente la comicidad e ironía contenida en la historia, y que no someta y me presente  la cargada actuación y similares gags que parecen tomar de un mismo manual quienes curan actoralmente esta ópera  El coro, que dirige el maestro Michael Black mostró profesionalismo y participación, cuando fue requerido, en escena eran miembros del club que hacían uso de las instalaciones cuando debían cantar.  En el podio, el maestro Enrique Mazzola, quien ocupa la posición de director musical del teatro, dirigió con sutileza, precisión, amplia consideración por las voces, extrayendo de los músicos de la orquesta ese cualidad orquestal, tan característica y reconocible de las partituras de Mozart, creando una sensación de contagiosa satisfacción, alegría y agradó para los escuchas.  Muchos aplausos y entusiasmo de parte del publico que premio a los artistas en esta producción, a pesar de las visibles deserciones que se fueron dando en los entre actos, en una función que se hizo muy extensa en duración.




Saturday, April 11, 2026

Così Fan Tutte di Mozart a Chicago

Foto: Cory Weaver

Ramón Jacques

Così fan tutte, ossia La scuola degli amanti K.588, opera buffa in due atti di Wolfgang Amadeus Mozart, con libretto di Lorenzo Da Ponte, che debuttò nel gennaio 1790 al Burgtheater di Vienna, è tornata sul palcoscenico della Lyric Opera of Chicago otto anni dopo le sue ultime rappresentazioni qui nella stagione 2018. Sebbene l'opera non sia mai stata considerata una delle opere preferite o più popolari dei teatri statunitensi, è possibile vederla in programma con una certa regolarità in questo paese. L'opera fece il suo ingresso nel repertoriostatunitense  nel 1922, al Metropolitan di New York, e a Chicago fu vista per la prima volta nel novembre 1959. La produzione scenica utilizzata in questa occasione ha avuto origine alla San Francisco Opera e fa parte della commissione che quel teatro aveva affidato, tra il 2019 e il 2021, al regist canadese Michael Cavanagh, scomparso inaspettatamente nel marzo 2024, il quale aveva ideato tre concezioni distinte e originali per la trilogia mozartiana-Da Ponte, ispirandosi a diversi periodi storici degli Stati Uniti, ma ponendo un accento particolare sull'architettura coloniale che si trova prevalentemente nella regione del New England, nel nord-ovest degli Stati Uniti. Il pubblico, e chi scrive questo testo, che ha avuto l’opportunità di vedere le tre diverse messe in scena di Cavanagh, concorderà nel sottolineare che in ciascuna delle tre opere spicca l’uso di una facciata in marmo bianco con colonne, adattata all’epoca in cui Cavanagh ha ambientato ogni storia. Così, Le Nozze di Figaro si svolgono durante gli anni della rivoluzione americana; Don Giovanni, con la stessa messa in scena, ma in un futuro distopico e incerto, dove regnano la decadenza, la distruzione, la rovina e il caos; e infine in Così fan tutte la storia è ambientata negli anni Trenta del secolo scorso, nel lussuoso ed esclusivo club sportivo Country Club Wolfbridge, di cui Don Alfonso è l'amministratore, e i quattro protagonisti, che ne sono membri, praticano spensieratamente attività sportive in palestra, oltre a praticare la scherma e a giocare a ping pong e a tennis, o semplicemente a prendere il sole a bordo piscina. Giardini lussureggianti e alberati, piscine e saloni fanno parte dell'allestimento; immagini di splendidi paesaggi, boschi e scene di tramonti e albe proiettate sullo sfondo del palcoscenico rendono la scena molto attraente e incantevole. Durante l'ouverture, sul sipario sono state realizzate diverse proiezioni in cui si vedeva come venivano redatti a mano gli inviti per partecipare alle attività e agli eventi del club, oltre a immagini delle planimetrie architettoniche delle strutture. Lo stesso sipario è stato utilizzato per tutta la durata dello spettacolo, quando scendeva per isolare I solisti tra l’oscurità e il proscenio, creando momenti di intimità o introspezione, in particolare durante l’esecuzione di ciascuna delle loro importanti arie. Lo stesso Cavanagh si è occupato della creazione delle scenografie e delle proiezioni insieme a Erhard Horm. Non si possono tralasciare i vari ed eleganti costumi, sia sportivi che di abbigliamento, allusivi agli anni Trenta, così come gli stravaganti cappotti utilizzati dai due giovani albanesi, di cui si è occupata Constance Hoffmann; le luci – vitali in questa messa in scena e ottimamente realizzate– sono state curate da Jane Cox. Per questa ripresa, la regia è stata affidata a Roy Lallo, il quale, basandosi sulle linee guida di Cavanagh, ha ritratto una società di personaggi che, nonostante avessero attraversato il periodo della grande depressione economica del 1929, a causa della loro agiata posizione economica e dei loro privilegi si comportavano come persone banali, inesperte e inconsapevoli della realtà di ciò che accadeva nel mondo esterno, dando priorità al materialismo e alle apparenze; per cui, più che una scommessa tra i due gentiluomini con Don Alfonso, si trattava di un gioco che cerca di generalizzare e controllare il comportamento delle donne, con una certa dose di misoginia, in modo tale che Lallo è riuscito a riprodurre atteggiamenti, visioni e intolleranza simili a quelli di qualsiasi alta società odierna.

La sua visione era diretta, ed è riuscito a plasmare e trasmettere il suo messaggio, senza tralasciare il candore e l’umorismo naturale contenuti nella storia, ma ricorrendo spesso a un’inutile esagerazione, a battute pesanti e a cliché, visti e ripetuti fino alla nausea, apparentemente difficili da eliminare o da presentare in altro modo quando si affronta questo titolo. Per queste rappresentazioni di Chicago, si è fatto ricorso a un buon cast di cantanti che ha combinato la giovinezza e il talento di alcuni con l’esperienza e la padronanza del palcoscenico di altri. (Vale la pena menzionare che questa produzione è stata recentemente messa in scena dalla Los Angeles Opera nel marzo del 2025, e i personaggi di Don Alfonso, Despina e Ferrando sono stati interpretati dagli stessi cantanti scelti qui). Inizierò menzionando il tenore Anthony León, che ha mostrato una voce ricca di ampie qualità da tenore di grazia, con una vocalità duttilissima carica di musicalità e buon gusto, e che, nonostante non di ampio volume, ha saputo gestirla e proiettarla in modo adeguato, nell’ampia sala che è la Lyric Opera. León ha interpretato un Ferrando che ha suscitato entusiasmo per la sua performance vocale e per la varietà di sfumature e colori. Da parte sua, il baritono Ian Rucker ha dimostrato sicurezza, chiarezza edeleganza scenica e vocale nel ruolo di Guglielmo, con la sua voce ricca di corpo e musicalità. Al suo debutto locale, il soprano Jacquelyn Stucker, un altro dei tanti talenti statunitensi che hanno fatto carriera soprattutto sui palcoscenici europei e che quindi sono poco conosciuti nel loro paese, ha conquistato il pubblico nel ruolo di Fiordiligi, muovendosi con naturalezza e franchezza sulla scena, mostrando tempra vocale, nitidezza, musicalità e cadenza nella sua voce, specialmente nel virtuosismo e nell’abilità canora che ha impresso alle sue arie. Al suo debuttoamericano, il mezzosoprano italiano Cecilia Molinari ha esibito un canto moltoraffinato e, sfoggiando una voce scura e vellutata, è riuscita a trasmettere dolcezza e drammaticità; sul palcoscenico ha interpretato una Dorabella sicura, capricciosa, volubile ma credibile. L'esperienza scenica è stata apportata dal baritono Rod Gilfry, un veterano di mille battaglie, che ha offerto una buona interpretazione nel ruolo del vecchio e malizioso Don Alfonso, con voce ferma e sicura, sebbene si tratti di un personaggio privo di passaggi vocali di rilievo escenicamente ha generato nel pubblico un po' di fastidio e di noia; stessa situazione per l’esperto soprano portoricano Ana María Martínez, che è riuscita a tratteggiare in modo plausibile il suo personaggio grazie alle buone qualità canore che ancora possiede, anche se è evidente che, per il repertorio interpretato nella sua carriera,  sembra mancare di verve comica, per cui la sua Despina è apparsa priva dell’animazione, della vivacità e della malizia che il personaggio richiede, cadendo nei cliché così ripetuti per questo personaggio che deve diventare medico e notaio. 
Nella versione ascoltata in questa rappresentazione, attenendosi alla partiture originale, sono state reinserite arie che normalmente vengono omesse dai teatri,come l’aria del secondo atto di Ferrando (Ah, Lo Veggio!) e (Tradito, schernito), l’aria del secondo atto di Dorabella ('È amore un ladroncello') o l’aria meno conosciuta di Guglielmo (“Rivolgete a lui lo sguardo”). Insomma, l’allestimento è stato ben concepito, suscitando nel pubblico l’interesse a riflettere sui temi citati, nonché sulla disconnessione di certe persone privilegiate  di ogni società che vivono e abitano in un mondo appartato diverso da quello della gente comune. Non vorrei insistere su questo, ma rimango in attesa di assistere a una produzione di Così fan tutte che riesca a valorizzare efficacemente la comicità e l’ironia intrinseche alla trama, evitando una recitazione eccessivamente carica di sovrarecitazione e gag ripetitive che appaiono csistere in un manuale di indicazioni su cui si basano tutti i registi. Il coro, diretto dal maestro Michael Black, ha dato prova di professionalità e  partecipazione, e quando richiesto, sul palco c'erano anche membri del club e partecipano alle attività sportive. Sul podio, il maestro Enrique Mazzola, che ricopre la carica di direttore musicale del teatro, ha diretto con sottigliezza, precisione e ampia considerazione per le voci, estraendo dai musicisti dell’orchestra quella qualità orchestrale così caratteristica e riconoscibile nelle partiture di Mozart, creando una sensazione di contagiosa soddisfazione, gioia e piacere per gli ascoltatori. Molti applausi ed entusiasmo da parte del pubblico che ha premiato gli artisti di questa produzione, nonostante le visibili defezioni che si sono verificate negli intervalli, per uno spettacolo che si è protratto a lungo.




Thursday, November 13, 2025

Dead Man Walking en San Francisco

Fotos: Cory Weaver / San Francisco Opera

Ramón Jacques 

Para conmemorar el vigésimo quinto aniversario del estreno mundial de Dead Man Walking, llevado a cabo en este mismo escenario el 7 de octubre del 2000, la Ópera de San Francisco decidió este título en un prólogo y tres actos del compositor estadounidense Jake Heggie (1961) con libreto del dramaturgo Terrence McNally (1938-2020), basado en el libro homónimo, editado en 1993, y que recopila las memorias de la Hermana Helen Prejean (1939), religiosa católica estadounidense defensora de la abolición de la pena de muerte, quien es es uno de los personaje principales en el libreto,  donde aborda de manera profunda y humana temas relacionados con la justicia, la redención, el perdón y la condición humana, enfocándose  especialmente sobre las implicaciones morales que se desprenden de la pena capital, aun vigente en algunas regiones de Estados Unidos, como en la penitenciaria estatal de Luisiana (conocida como Angola), lugar donde se sitúa la trama de la ópera, y su estrecha relación con el personaje de Joseph De Rocher, quien es condenado a muerte.  A pesar de haber sido comisionada por San Francisco, y de haber  obtenido un resonante éxito en este escenario, además de ser un importante logro de la gestión del legendario Lofti Mansouri, entonces director general de este teatro, la obra no volvió a ser repuesta ni vista aquí hasta el día de hoy en el War Memorial Opera House.  Eso sí, la obra cuenta con un par de grabaciones además de que es considerada un hito dentro del repertorio lirico estadounidense contemporáneo, al ser un titulo ampliamente representado, con más de ochenta producciones a nivel mundial, destacando su escenificación en escenarios como: la Semperopera de Dresde Alemania, que marcó su estreno europeo en el 2006, el Theater an der Wien de Viena, y en los teatros norteamericanos de: Atlanta, Vancouver, Minnesota, Houston, Lyric Opera de Chicago y el Metropolitan de Nueva York, donde fue vista en la temporada 2023-2024, por mencionar algunos. Previo a la adaptación hecha por Heggie, Dead Man Walking, cuenta también con una adaptación para las pantallas cinematográficas, estrenada en 1995, donde la actriz Susan Sarandon interpretó a la hermana H. Prejean, y el actor Sean Penn encarnó al personaje de Matthew Poncelet (llamado Joseph De Rocher en la ópera y Elmo Patrick Sonnier en el libro de Prejean).  Alrededor del reestreno de esta reposición se realizaron en San Francisco diversos eventos como: charlas, debates, coloquios, la proyección de la película, una exhibición de obras de artistas encarcelados, entrevistas con los artistas de la ópera, lideres religiosos y con el propio compositor sobre un tema que indudablemente aun genera mucha polémica, controversia y rechazo en la sociedad estadounidense, que aun se divide entre los que están en contra y otros más a favor.  Los eventos culminaron con una premiación a Jake Haggie, con la medalla de oro (San Francisco Opera Medal) el premio más importante que otorga la compañía, al finalizar la función de estreno, donde además estuvo presente como invitada la hermana Helen Prejean. En breve, la historia describe el brutal asesinato y violación una pareja de adolescentes que se encuentran junto a un lago por la noche, a manos de los hermanos De Rocher.  La hermana Helen, quien dirige un coro infantil “He will gather usa round” (que después se convierte en leitmotiv de Helen a lo largo de la ópera) acepta convertirse en la guía espiritual de De Rocher, a quien conoce a través de una relación epistolar, hasta su ejecución.   Así, comienza una secuencia de escenas, desde la llegada de Prejean a la prisión, las criticas que debe soportar de las hermanas de su congregación, los padres de los adolescentes asesinados, incluso el Padre Grenville, capellán de la prisión. La Hermana Prejean le solicita a George Benton, alcaide de la prisión, que interceda por De Rocher ante las autoridades de la prisión para que su condena de muerte sea condonada, pero lamentablemente esto no ocurre.  La hermana Prejean, debe soportar los insultos y en enfado de los padres de los adolescentes, mientras que a la vez da palabras de aliento y confort, acompañando a Joseph De Rocher, así como a su madre y sus dos hermanos menores.  Incluso debe intervenir en una discusión entre los cuatro padres agraviados y la madre de De Rocher.  Finalmente, llega la noticia de que gobernador del Luisana no le otorga el perdón a De Rocher, quien se resigna a morir por su crimen.  Helen intenta convencer a  De Rocher de confesar y hacer la paz por sus acciones, pero el se niega. La fecha de ejecución queda fijada el día 4 de agosto.  Mientras tanto Helen Prejean reflexiona y tiene pesadillas, pero se decide a seguir acompañando a De Rocher.  Hablando sobre diversos temas, incluido el de la música y su mutua admiración por Elvis Presley, De Rocher le confiesa a Prejean de tener miedo, mientras su madre y sus hermanos van a despedirse de él. Prejean habla con los padres de las víctimas, y uno de ellos le confiesa que su parecer ha cambiado y no sabe si la pena de muerte es lo que en realidad desea. Helen habla por ultima vez con De Rocher, quien le confiesa su crimen y ella lo perdona.  Mientras es llevado a su ejecución, “Dead Man Walking” exclama en voz alta George Benton; De Rocher le expresa a Prejean su agradecimiento diciéndole que ella representara siempre para el “The face of Love” (la cara del amor).  Delante de todos los presentes, Joseph De Rocher es ejecutado, y antes de caer el telón Prejean canta por última vez su himno.  El montaje escénico utilizado, que fue una nueva versión creada en el 2002 por la Lyric Opera de Chicago, en coproducción con la desaparecida Opera Pacific de California y los teatros de Cincinatti, New York City Opera, Austin, Michigan, Pittsburg y Baltimore creada por Michael Mcgarty, nos traslada a los años setenta del siglo pasado, que nos los indican los vestuarios y el coche de los adolescentes, y con el transcurso del tiempo las escenografías se convierten en instalaciones metálicas, con escaleras y diversos pisos, cubiertos por un reja que cubre todo el frente del proscenio, trasladándonos al interior de la prisión. Los vestuarios fueron elaborados por Jess Goldstein, y la iluminación, de Brian Nason, que aquí juega un papel importante, para exaltar diversos estados de ánimo, pero sobre todo para crear esa sensación de zozobra y desasosiego, manteniendo al público atento y en suspenso, también con el uso de algunas proyecciones (de Elaine J. McCarthy), hasta la inevitable escena final. La caracterización  y expresivo canto de los personajes de Helen Prejean, por parte de la mezzosoprano Jamie Barton, y del barítono Ryan McKinny como Joseph De Rocher, fueron notables.  Ambos exhibieron un canto rico en matices, elegancia en el fraseo, proyectando envolvimiento con sus personajes. En el caso de McKinny, literalmente se metió en la piel de De Prejean, y extendió su papel hasta límites de una angustiante y sofocante desesperación, casi al borde del delirio, pero sus aires de petulancia y engreimiento se fueron transformando hasta esbozar en escena a un hombre, humilde, arrepentido, y conmovedoramente creíble. La celebre mezzosoprano Susan Graham, quien en el estreno mundial de la obra creó el personaje de Helen Prejean, aquí asumió el papel de Mrs. Patrick De Rocher, y dejo constancia de su experiencia y largo recorrido para regalar la imagen de una afligida, desesperada e impotente madre.  Demostró sus medios vocales, aun en buena forma, y con elegante fraseo en su recitar.  Del extenso elenco se debe mencionar el buen trabajo del experimentado bajo Raymond Aceto como George Benton, el de la soprano Brittany Renee como la Hermana Rose, así como, del tenor Chad Shelton, como el Padre Grenville, así como del barítono Rod Gilfry, como Owen Hart (padre de la adolescente asesinada), todos ellos con un notable aporte en sus respectivos papeles.  La extensa lista de personajes, algunos con mayor participación que otros, fue adecuada para el desarrollo de la función, muchos de ellos alumnos actuales y ex alumnos del programa Merola del teatro, miembros del coro.  La dirección escénica de Leonard Foglia, asistido por Katrina Bachus, no podría abordar una temática tan fuerte y emotiva de manera ligera.  Hubo momentos de exacerbada violencia, en el prólogo con la violación y asesinato de los dos adolescentes, fantasmas que se le aparecen en un par de ocasiones a De Rocher, así como la dureza que se vive en el interior de una cárcel. La escena final de la ejecución de De Rocher, fue tan vivida y brutal para el público, que nadie abandonó la sala, y al final provocó que gente alrededor mío prefería voltear hacia otro lado y no ver la escena, mientras que otros lloraban, algunos de manera intensa al presenciar la escena.  Por ello es entendible que, al finalizar la función, los pocos aplausos de la mayoría de los asistentes que se quedaron petrificados en sus butacas, no se debió a un desprecio a la obra, si no al shock y la conmoción que les generó presenciar la historia. En el podio estuvo el maestro Patrick Summers, quien fue el encargado de dirigir el estreno mundial, y en su calidad de director artístico del teatro de Houston, de presentarla en aquel teatro, funciones de las que existen grabaciones. Contrario  a lo que se podría pensar, la orquestación de Heggie, irradia profundidad emocional y musicalidad. Adopta diferentes estilos que van de lo atonal, al minimalismo, tintes de la music folclórica, popular americana, sin renunciar a su vocación de servir al canto, con una partitura plena de encanto y misterio.  Summers dirigió con seguridad y conocimiento de la partitura, extrayendo exuberantes pasajes, pero con atención a lo que sucedía en escena.  El coro, también estuvo presente en esta obra, con profesionalismo y homogeneidad que el sello de su director John Keene. Como dato adicional, un indicativo de la dificultad que supone escenificar Dead Man Walking, es que en est función se requirieron ciento doce personas (entre artistas principales, coristas, coros de niños  y figurantes) y una orquesta de setenta músicos.





Tuesday, April 15, 2025

Così fan tutte en Los Ángeles

Foto: Cory Weaver

Ramón Jacques

Las nuevas y más dinámicas programaciones de los teatros estadounidenses, que apuntan hacia la escenificación de obras contemporáneos, principalmente de compositores estadounidenses, y algunos extranjeros (el siguiente título del teatro será  Ainadamar del compositor argentino Osvaldo Golijov -1960), así como de musicales, galas de ópera y recitales, con el fin de abarcar e interesar a la mayor cantidad posible de públicos, indudablemente han ido relegando paulatinamente títulos como Così fan tutte,  obra conocida por ser parte de la trilogía Mozart-Daponte, que, si bien no se consideraría como uno de los títulos más conocidos del repertorio operístico tradicional, si goza del interés del público y muchos teatros internacionales la  programan con regularidad. La ópera se había mantenido fuera del repertorio de la compañía Los Ángeles Opera, y su reposición es uno de los títulos elegidos y que ha querido dirigir el maestro James Conlon, quien el próximo año concluirá su gestión de veinte años como director musical del teatro, que además coincide con el 40 aniversario de la fundación de la compañía angelina, que inicialmente se llamó Los Ángeles Music Center Opera, ya que su sede, el vetusto teatro Dorothy Chandler Pavilion, al igual que la sala de conciertos Walt Disney Concert Hall, cruzando la calle,  y un par de teatros más, forman parte del complejo llamado Los Ángeles Music Center.  La última vez que se escucharon las notas de esta obra aquí fue cuando Così se programó para iniciar la temporada 2011/2012 con un elenco que incluyó a la entonces poco conocida Aleksandra Kurzak (Fiordiligi), Ruxandra Donose (Dorabella), Roxana Constantinescu (Despina), Ildebrando D’Arcangelo (Guglielmo), Lorenzo Regazzo (Don Alfonso) y el tenor Saimir Pirgu, literalmente un albano por nacionalidad y personaje, haciendo a Ferrando. En aquella ocasión dirigió también la orquesta el maestro Colon.  Trece años y medio después, y aunque la LA Philhamonic hizo su propia versión escénica en el 2014, vuelve la obra a escucharse en Los Ángeles, especialmente en el escenario del Dorothy Chandler. A lo largo de ese tiempo las cosas han cambiado y para esta nueva producción se recurrió a un buen elenco de cantantes que combinan la juventud y el talento de unos, con la experiencia y tablas de otros; comenzando por la presencia del tenor Anthony León, nativo de esta región, quien mostró cualidades interesantes desde sus días como miembro del estudio del teatro, especialmente hace dos temporadas en su primer estelar que fue Don Ottavio.  Considerado un óptimo tenore di grazia de voz dúctil y grata, León cantó el papel de Ferrando de manera entusiasmaste pintando su desempeño vocal con amplios colores y matices.  De igual manera, el barítono Justin Austin exhibió seguridad, claridad y elegancia escénica y vocal como Guglielmo; sin embargo, un detalle que les jugó en contra a ambos interpretes fue la falta de espesor y cuerpo en sus respectivas voces, lo que comprometió su proyección, que de no haber sido por la la pericia que le imprimió el maestro Conlon a su lectura, sus personajes hubiesen sido poco audibles durante diversos pasajes de la función.  Por su parte, la soprano Erica Petrocelli, también ex alumna del estudio del teatro agradó en el personaje de Fiordiligi. Su desenvolvimiento fue con naturalidad y franqueza en escena, sumado a su temple vocal, y a la nitidez y a la musicalidad de su voz, en sus arias, resaltó de manera positiva en escena. También la mezzosoprano canadiense Rihab Chaieb, personificó y dignificó al personaje de Dorabella, a la que prestó su voz oscura, afelpada, dulce y suave.  La experiencia la aportaron el barítono Rod Gilfry, con una buena encarnación del viejo Don Alfonso, y aunque su voz es firme y segura no sobresalió especialmente por ello, como si por su desempeño actoral, aunque por momentos parecía estar un poco hastiado; como también fue el caso de la soprano Ana María Martínez, que sacó adelante y de manera plausible su personaje por  las buenas cualidades canoras que aun posee, aunque por su repertorio, no es una cantante que haya desarrollado una verve cómica en su carrera, por lo que su Despina lució  algo acartonada y carente del espíritu de animación, vivacidad  y malicia que requiere el personaje.  Cabe señalar que en la versión escuchada en esta función, y por elección James Conlon, se restituyeron arias normalmente omitidas en escena, con el fin de presentar una versión más completa y fiel a la partitura: como el aria del segundo acto de Ferrando (Ah, Lo Veggio!) y (Tradito, schernito), el aria del segundo acto de Dorabella ('È amore un ladroncello') o la muy poco conocida aria de Guglielmo (“Rivolgete a lui lo sguardo”) que fueron bien interpretadas por sus respectivos personajes.  La parte escénica del espectáculo estuvo bien cubierta por la vistosa producción ideada por el director de escena canadiense Michael Cavanagh, quien falleciera inesperadamente el año pasado, y que por encargo de la Ópera de San Francisco ideó las puestas en escena para su trilogía Mozart-Da Ponte, inspirándose en la arquitectura colonial americana de la región noroeste de los Estados Unidos, y cuyo elemento principal, presente en las tres operas es la fachada de mármol de una casa que se adecuo a cada título. Cavanagh situó Le Nozze di Fígaro en la época de la revolución estadounidense; Don Giovanni en el mismo lugar, pero en un futuro distópico, mientras que Così fan tutte se ubicó en un periodo intermedio, en los años 30 del siglo pasado, en el lujoso Country Club Wolfbridge del cual Don Alfonso es el administrador, y los cuatro personajes principales son miembros, y hacen deporte, nadan, se asolean y juegan tenis y ping pong.  Opulentos jardines, albercas y salones, son parte de las escenografías, con imágenes de paisajes y bosques al fondo, o de atardeceres y amaneceres. Durante algunas escenas se bajaba la cortina, y los personajes quedaban entre el proscenio y la cortina, reflexionando y cantando sus arias de manera intima, mientras sobre la propia cortina se realizaban proyecciones de diseños arquitectónicos del club, o invitaciones a eventos. El encargado de la creación de las escenografías y las proyecciones, que fueron estrenadas en San Francisco en el 2021, es Erhard Horm; con los elegantes vestuarios alusivos a los años 30, y algunos algos, extravagantes, como los abrigos utilizados por los extraños jóvenes albaneses, creados por Constance Hoffmann; además de la buena iluminación – vital en este montaje- de Jane Cox.  De la dirección escénica se encargó Shawna Lacey, quien se basó en las directrices de Cavanagh, quien buscaba retratar una sociedad que acaba de atravesar por la gran depresión económica, su una visión actoral es directa, y los personajes son retratados como inexpertos, privilegiados, confiados, pero con defectos e inconscientes y aislados del mundo que los rodea, interesados solo en el materialismo y las apariencias, que los lleva a apostar, como si se tratase de un juego,  a generalizar y controlar el comportamiento de las mujeres.  En resumen, el montaje fue bien pensado, despertando interés y la reflexión sobre los temas mencionados y otros más, sin olvidar la habitual dosis de comicidad, por momentos justa y en otros exagerada, y sin duda, aludiendo a los usuales clichés, algunos ya vistos, de los que muchos títulos como este, parecen no poder alejarse o despojarse. El coro mostró su profesionalismo y participación, cuando fue requerido, en escena eran miembros del club que hacían uso de las instalaciones cuando debían cantar.  En el podio, el maestro James Conlon, dirigió con su entusiasmo, precisión, y consideración por las voces, como ya se mencionó. Al inicio de la ópera y desde la obertura, la sonoridad de la orquesta se escuchó errática, con notables desajustes y desfases, y cierta lentitud, que fue recomponiendo en el transcurso de la función, acercándose a ese sonido orquestal, tan característico y reconocible de las óperas de Mozart. En el balance, la función dejo muchas satisfacciones al público presente, a pesar de lo extensa que se hizo la función.





Friday, May 12, 2023

Tosca en Houston

Foto: Lynn Lane

Ramón Jacques

Tosca de Puccini es un tan popular que desde 1970 a la fecha se ha mantenido entre los diez títulos más representados por los teatros estadounidenses (de acuerdo a datos de la asociación Opera América que agrupa a los teatros norteamericanos) de una lista encabezada por La Traviata de Verdi y Carmen de Bizet.  Por ello no debe sorprende que en la actual temporada yo la haya presenciado en tres distintos teatros (San Diego, Los Ángeles) y ahora en la Houston Gran Opera. Al igual que Salome de Strauss, que se escenificó de manera alterna a esta producción, Tosca es otros de los títulos que la compañía ofreció en su temporada inaugural de 1956-1957. Una razón para reponerla fue que la soprano Tamara Wilson, cantante con una carrera internacional consolidada, formada en el estudio de este teatro, eligió este escenario para asumir por primera vez en su carrera a Floria Tosca.  Wilson satisfizo y se llució, demostrando que, a pesar de poseer una voz amplia y opulenta, la sabe gestionar con sentido en todos los registros, que lo hace no solo potencia y brío si no alcanzando conmovedores y emocionantes pianos, casi susurrados, como los que regaló en su interpretación del aria Vissi d'arte. Su desempeño actoral fue natural y fluido en escena, sobretodo porque ofreció una aproximación diferente con garbo y elegancia, incluso delicadeza, despojada de la sobreactuación que frecuentemente se acostumbra ver y que exacerba el carácter celoso, pasional e impulsivo del personaje. El papel de Mario Cavaradossi fue interpretado muy bien por Jonathan Tetelman, a quien el público local escuchó hace pocos meses cuando cantó en el Réquiem de Verdi con la Houston Symphony.  Su Cavaradossi sobresalió por una voz lirica-spinto de buenas cualidades en el fraseo, en el color y en la dicción, sobretodo en la proyección. Metido en la piel del papel se mostró compenetrado en escena y en sintonía con Wilson.  Como el Baron Scarpia se presentó el experimentado y veterano barítono Rod Gilfry, quien logro sacarlo adelante de manera satisfactoria, aunque si el carácter malvado y despiadado del personaje está ya indicado en el libreto, no se entiende porque su necesidad de desplegar excesiva y desmedida fuerza vocal. Ameno y seguro se vio al bajo-barítono Nicholas Newton como el Sacristan, y al bajo mexicano Daniel Noyola como Angelotti. El resto de los papeles, cantando por competentes miembros del estudio del teatro incluyó al tenor Matthew Grills (Spoletta) y al barítono Luke Sutcliff (Sciarrone). Desde el nombramiento de Patrick Summers, titular de la orquesta, como director artístico del teatro, paulatinamente ha ido cediendo su lugar a la nueva generación de directores estadounidenses como: Benjamin Manis, joven director que mostró oficio y buenas cualidades al frente de la orquesta de la que obtuvo un óptimo resultado para el desarrollo del espectáculo. Bien también estuvo el coro en su participación. Por último, el teatro recurrió de nueva cuenta a la producción del director inglés John Caird, coproducida con los teatros de Chicago y Los Ángeles (donde se vio en diciembre pasado) situada en una época cercana a la segunda guerra mundial, con diseños y vestuarios de Bunny Christie e iluminación de Bunny Christie. El montaje no logra convencer del todo, por la idea de mostrar excesiva y grafica violencia en escena, sangre por todos lados, lo que parecería un campo de concentración con un cuerpo colgando (se entiende es el de Angelotti como lo pide Scarpia), la bodega llena de arte sacro robado en el segundo acto, o la escena final donde Tosca, cae de lo alto después de haberse degollarse en el cuello, y sin ninguna referencia que haga pensar que la historia es en Roma como indica el libreto. Este montaje ha sido visto ya dos veces en Houston, dos en Los Ángeles, donde se estrenó en el 2017, así como en Chicago, por lo que una futura reposición del título en cualquiera de estos escenarios será seguramente con una nueva producción escénica. 


 

Sunday, June 5, 2016

Crossing de Matthew Aucoin en Boston

Fot: Gretjen Helene Photograph

Lloyd Schwartz

Hay una historia conmovedora detrás de “Crossing” de Matthew Aucoin obra que presentó el American Repertory Theater  de Boston en su estreno mundial.  Inspirada en el diario de la guerra civil de Walt Whitman, la historia versa sobre la labor de voluntario que hizo el poeta en un hospital, queriendo sanar  soldados heridos y a los débiles, pero su labor se ve comprometida por su atracción sexual hacia las víctimas de guerra.  Se aparece un soldado confederado herido disfrazado quien aprovechándose de la atracción que Whitman siente por él  le pide que le escriba una carta a su familia, que es en realidad una clave para que el ejercito confederado destruya el hospital. Afortunadamente la guerra termina antes de que suceda una catástrofe. En soldado confronta a Whitman y termina muriendo.  Esta es la segunda ópera de Aucoin, de 25 años de edad, quien quiso darle el mayor sentido posible a su composición. El escribió el libreto con una dicción no idiomática y amplias citas de Whitman, otros poetas, incluso referencias de la divina comedia, y algunos largos pasajes corales que detenían la acción intentando dar significado, además de un ballet, que no se sabe si fue idea del compositor o de la directoar de escena Diane Paulus o de la coreógrafa Jill Johnson pero fue bochornoso, ya que Paulus no pudo hacer mucho con los tintes melodramáticos del libreto, así que en vez ofrecer una arrasadora historia corta, esta se convirtió en una inflada, que duró casi dos horas sin intermedio en la que los numerosos puntos álgidos parecían interminables. Aucoin es actualmente director asistente en el Met y ha recibido comisiones del Met como de la Opera Lirica de Chicago, pero espero que pueda tener tiempo de madurar.  Crossing es su primera pieza musical que escucho y puedo decir que es un buen orquestador, ya que la partitura está llena de colores, brillos y destellos en la oscuridad,  con texturas y  ritmos cambiantes,  y como director fue capaz de extraer esos matices de la orquesta de cámara A far cry.  Sin embargo, la partitura parece carecer de un perfil personal. La composición para la orquesta y las voces, es genérica sin obvios cambios de estado de ánimo de una escena a otra, aquí es donde el libreto es torpe buscando articular ideas combinadas con música que no mostraron ser reveladoras, o tener carácter o necesidad dramática.  El barítono Rod Gilfry fue un sólido y sincero, pero vulnerable Whitman; el tenor Alexander Lewis como el seductor y siniestro John Wormley, así como el coro, el tenor Frank Kelley y el barítono David Kravitz parecieron salirse un poco de lo genérico.  Es loable ver que se invierta dinero en un proyecto valido, pero considero que este en especial no tiene la madurez suficiente y al final me impacientó y me aburrió tanto intelectualismo.  Aun así desearía que Aucuoin tenga éxito.

Tuesday, June 10, 2014

Così fan tutte en Los Ángeles (LA Philharmonic)

Foto: Craig T. Mathew and Greg Grudt/Mathew Imaging. 

Ramón Jacques

Con Così fan tutte llegó a su fin el ciclo de operas Mozart/Daponte que iniciara hace dos años la Los Angeles Philarmonic. Como en las ediciones anteriores, los resultados escénicos no se acercaron remotamente a la altura y al nivel de lo escuchado en la parte musical y vocal, y ello hace a uno preguntarse si en realidad era necesario el excesivo dispendio en producciones que poco aportaron a la trama de cada uno de los títulos, ya no digamos al espectáculo visual. Parecería que no se previó ni se entendió que el Walt Disney Hall no es un teatro apto para hacer montajes escénicos, y versiones en concierto de las operas, no solo le hubieran ahorrado horas de disgusto y aburrimiento al público, si no que hubieran bastado para hacerle justicia a estas tres obras maestras. Eso sí, de las versiones anteriores quedarán grabadas en la memoria las sobresalientes interpretaciones de Mariusz Kwicien como Don Giovanni, la exuberante y brillante Donna Anna de Carmela Remigio o la apasionante Condesa de Dorothea Röschmann, así como las buenas ejecuciones musicales de la propia orquesta. Una vez más el encargado del montaje fue encomendado a Christopher Alden, reconocido e ingenioso director de teatro estadounidense, que requería de un teatro no de una sala de conciertos para trabajar y que recurrió nuevamente a letárgicos movimientos lentos o circulares sin ningún sentido para los cantantes, quienes por momentos, estáticos cantaban de frente al público, por ello la insistencia de una versión en concierto, como tampoco se entendió la poca interacción entre los personajes que en ocasiones cantaban situados en diferentes partes del escenario. 
Don Alfonso y Despina, vestidos en negro representaron la maldad, y se arrastraron por la escena lentamente o realizaron vulgares e innecesarios gestos Los demás solistas vistieron colores claros en ropas primaverales, muy fashion, diseñadas por el conocido Hussein Chalayan. La futurista escenografía consistió en una estructura blanca circular colocada al fondo del escenario, y cuya parte superior se movía hacia arriba y hacia abajo, como si se tratara de las dunas de un desierto por el cual caminaban los cantantes.  Este concepto fue creado por la firma Zaha Hadid Architects. La idea que nació desde el primer título, fue de combinar la moda con la arquitectura y el teatro, situación que pareció no funcionar completamente. Vocalmente fue un deleite escuchar la soprano Miah Persson, una sensible Fiordiligi que exhibió un colorido timbre y admirable agilidad, transmitiendo y dando cátedra de canto. La mezzosoprano Roxana Constantinescu actuó con sensualidad y cantó con una voz profunda y oscura. El joven tenor Benjamin Bliss, miembro del programa de cantantes de la LA Opera, sustituyó de último minuto al anunciado Alek Shrader, y aunque su Ferrando estuvo muy limitado en sus movimientos por disposición de Alden, dejo constancia de un canto seguro y cálido. Un nombre a tener en cuenta, ciertamente. Correcto estuvo el barítono Phillipe Sly como Guglielmo, así como el experimentado bajo Rod Gilfry que encarno a un diabólico y malicioso Don Alfonso. Cautivo la tonalidad cristalina en la voz de la reconocida soprano Rosemary Joshua, quien dio vida a una vulgar y rebelde Despina. La orquesta tuvo un notable desempeño, muy musical y muy homogéneo en cada una de sus secciones. El entusiasmo explosivo que mostró al inicio de su gestión con esta orquesta Gustavo Dudamel parece haberse esfumado. Hoy nos encontramos frente a un director más mesurado, cuidadoso y por momentos algo rutinario y carente de imaginación. Sus tiempos fueron correctos y el resultado en general fue meritorio, aunque no estuvo exento de cometer algunos desfases entre los instrumentos y las voces.