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Sunday, March 19, 2023

Solomon en Los Ángeles

Foto: RJ

Ramón Jacques

Continua la colaboración entre la Ópera de Los Ángeles y la orquesta inglesa The English Concert, que anualmente ofrece como parte de la temporada del teatro, un título de George Frideric Handel (1685-1759). La música antigua es uno de los pendientes en la historia de este teatro, y aunque en el pasado se han montado algunos títulos de Handel o de Monteverdi, es siempre un pendiente en sus programaciones, que parcialmente esta cubriendo la presencia de una orquesta especializada en el repertorio con instrumentos de época.  Aunque las presentaciones se llevan a cabo en una sola fecha, y en versión de concierto, lo que parecería poco, la ejecución del oratorio en tres actos Solomon (1743) (HWV 67) dejó muy satisfecho a los presentes, especialmente en la parte vocal por contar con cantantes especializados en un estilo poco conocido aquí. La temporada 2023-2024 del teatro se anunció hace algunas semanas, y ya se incluye una nueva visita de la agrupación inglesa con Rodelinda de Handel.  El encargado del libreto de la obra, que se escucha con cierta frecuencia en diversas salas de concierto a nivel internacional, parece ser desconocido, aunque frecuentemente se le atribuye al escritor y libretista irlandés Newburgh Hamilton (1691-1761), quien trabajo al lado del compositor en Alexander’s Feast (1736) y Occcasional Oratorio (1746).  En la historia sobre el sabio rey Solomon, que se basa en historias bíblicas del Primer Libro de los Reyes, del Segundo Libro de las Crónicas, así como en Antigüedades Judías del historiador romano-judío Flavio Josefo, parece no existir una secuencia que permitiera una puesta en escena convincente, pero su valía radica en sus partes vocales, corales y orquestales. Es indudable que el Dorothy Chandler Pavilion, es un espacio demasiado grande para la orquestación handeliana, pero aun así los miembros de la orquesta lograron transmitir los momentos más musicales, dulces, y conmovedores de la partitura, aun en los momentos y pasajes más apacibles y suaves. La agrupación bajo la conducción de su titular, el maestro Harry Bicket desde el clavecín, convenció por la dinámica y ligereza que le imprimió y por la consideración por las voces. Muy aplaudida fue su ejecución del conocido y vivaz pasaje instrumental “La entrada de la reina de Saba” al inicio del tercer acto, para oboes y cuerdas.  Al final, Solomon parece ser una obra que intenta resaltar las virtudes y la sabiduría de un benévolo gobernante que permite la alegría del amor conyugal.  El elenco de cantantes debutantes contó con la presencia de la mezzosoprano sueca Ann Hallenberg, que cantará hace algunos años en el Mesías de Handel con la vecina LA Philharmonic, y que pisando por primera vez este escenario dejo constancia de su calidad y calidez vocal, con la maestría y el conocimiento que tiene de esta música.  En su canto mostró autoridad, intención y admirable dicción inglesa.  En el doble personaje de la Reina de Salomón y la primera prostituta se escuchó a la soprano Miah Persson, que cantó con buen gusto, claridad en su canto y considerable emoción, con el acampamiento de la flauta. Una grata impresión dejó la mezzosoprano irlandesa Niamh O’Sullivan, en la interpretación de su aria Thy sentence, great King con su voz oscura de brillante cualidad melódica y flexible en su extensión.  Su papel fue el de la segunda prostituta.  Salomón cuenta con amplias recitativos y arias cargadas de sentimiento y pasión, y curiosamente las arias más virtuosas corresponden a las voces masculinas como la del tenor James Way, que en el papel de Zadok, exhibió un amplio rango vocal y agilidad en cada una de sus intervenciones; así como el bajo-barítono Brandon Cedel, como un levita, con una voz no precisamente grata en su color y timbre, pero que demostró ser un cantante solvente.  En el papel de la Reina de Saba, la soprano Elena Villalón canto con convicción y un extenso agradable rango vocal, y su interpretación del aria Will the sun forget to streak fue un momento destacado del concierto.  No se puede olvidar mencionar el aporte del conocido coro neoyorquino The Clarion Choir, quien con treinta y dos elementos y bajo la dirección de su director Steven Fox se mostró uniforme, preciso, claro y hábil en cuando fue requerido, representando el coro de sacerdotes y el de los israelitas, sin dejar de mencionar “May no rash intruder” que es quizás la mejor parte coral compuesta por Handel, y el coro final “The name of the Wicked”


Thursday, October 20, 2016

The Turn of the Screw de Britten en el Teatro alla Scala de Milan

Foto: Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

Para una ópera que tuvo su estreno justo en Italia (en la Fenice de Venecia en 1954), parece increíble que hasta hoy se haya programado por primera vez el Teatro alla Scala una ejecución en su lengua original.  Mejor tarde que nunca, se podría decir.  También porque la producción gustó y convenció del punto de vista musical como el visual.   La nueva producción curada por Kasper Holten previó la subdivisión del espacio en niveles movibles para recrear, tres sobrepuestos a la derecha y dos en el medio, un escenario más amplio unido a una escalera de caracol, de los ambientes claustrofóbicos de la obra de Henry James.  Los personajes  aparecían y desaparecían creando una tensión creciente y siempre más angustiante, también por el uso apropiado de la luz y de evocadoras proyecciones en blanco y negro, y de un tipo de descoloración cinematográfica creada con estudiadas disminuciones de la cortina.  Al final, en este espectáculo quedó en los espectadores quedó esa duda que siempre acompaña a esta historia de fantasmas, es decir, si existían verdaderamente o eran solo proyecciones mentales en la cabeza enferma de la institutriz. Tambien Holten, permaneciendo generalmente ambiguo, parecería inclinarse hacia la segunda hipótesis.  Ello se ve claramente, por ejemplo, en el inicio del segundo acto, cuando el dueto Quint/ Jessel es retratado sin ninguna duda como una pesadilla nocturna de la institutriz (los dos “fantasmas” cantan en la cama a cada lado de las atormentada protagonista).  La institutriz fue personificada de manera extremadamente matizada y vocalmente convincente por Miah Persson, aquí vista en un papel en el evidencio de la mejor manera sus grandes cualidades sobre la escena. Ian Bostridge prestó un timbre absolutamente de antonomasia a Peter Quint, por momentos casi áspero, pero también convincente y provocador.  El color de su voz tan blancuzco y deslavado fue perfecto para este papel tan escurridizo como pegajoso.  También Allison Cook,  con desvanecidos timbres mas graves y sonoros personificó una Jessel perfectamente cumplida, como también la gobernadora de Jennifer Johnston que fue eficaz.   Verdaderamente convincentes fueron los dos chicos del Trinity Boys Choir, Lucas Pinto y Louise Moseley que prestaron sus voces a Miles y a Flora.  El timbre tan puro e infantil de Pinto, suscitó mucha ternura, aunque también una cierta inquietud.  Finalmente, la dirección de Christoph Eschenbach pareció poco interesante, tan poco teatral, y por momentos pesado y escasamente equilibrada.


The Turn of the Screw - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Teatro alla Scala

Massimo Viazzo

Per un’opera che ha avuto la sua première  proprio in Italia (alla Fenice di Venezia nel 1954), sembra incredibile che il Teatro alla Scala ne programmi solo oggi, per la prima volta, una sua esecuzione in lingua originale. Meglio tardi che mai, si potrebbe dire… Anche perché la produzione piace e convince sia dal punto di vista musicale che da quello visivo. Il nuovo allestimento curato da Kasper Holten prevede la suddivisione dello spazio su più livelli movibili per ricreare, tre sovrapposti sulla destra e due in mezzo al palcoscenico più ampi collegati da una scala a chiocciola, gli ambienti claustrofobici della pièce di Henry James.  I personaggi appaiono e svaniscono creando una tensione crescente e sempre più angosciante, anche per l’uso appropriato delle luci e di evocative proiezioni in bianco e nero, e di una sorta di dissolvenza cinematografica creata con studiati restringimenti del sipario. In questo spettacolo, alla fine,  negli spettatori rimane il dubbio che sempre accompagna questa ghost story, e cioè se i fantasmi esistano veramente o siano delle proiezioni mentali nella mente malata della Istitutrice. Holten, pur rimanendo generalmente ambiguo, sembrerebbe propendere verso questa seconda ipotesi. Lo si vede chiaramente, ad esempio, all’inizio del secondo atto, quando il duetto Quint/Jessel è  ritratto senza alcun dubbio come un incubo notturno della Istitutrice (i due “fantasmi” cantano nel letto  proprio a fianco della tormentata protagonista).  Una Istitutrice impersonata in maniera estremamente sfumata e vocalmente convincente da Miah Persson, qui in un ruolo che evidenza al meglio le sue grandi qualità sulla scena. Ian Bostridge dona una timbrica assolutamente quintessenziale a Peter Quint, a volte quasi aspro, ma anche suadente e conturbante. Il colore della sua voce così biancastro e slavato lo rende perfetto per questo ruolo così sfuggente e viscido. Anche Allison Cook, con sfumature timbriche più gravi e sonore impersona una Jessel perfettamente compiuta, come pure  la Governante di Jennifer Johnston è efficace. Davvero convincenti anche i due ragazzi del Trinity Boys Choir, Lucas Pinto e Louise Moseley, che hanno donato le loro voci a Miles e Flora. La timbrica così pura e infantile di Pinto  suscitava molta tenerezza, ma anche una certa inquietudine. Infine, la direzione di Christoph Eschenbach è  parsa meno interessante, così poco teatrale, a volte pesante e scarsamente sfumata.


Monday, February 23, 2015

La Coronación de Popea en el Teatro alla Scala de Milán

Foto: Lucie Jansch

Massimo Viazzo

Con la Coronación de Poppea concluyó la trilogía monteverdiana que le fue confiada la pareja de Rinaldo Alessandrini y Robert Wilson, y que fue programada desde la gestión anterior del Teatro alla Scala, es decir, la del ex sobreintendente Stéphane Lissner. Es verdad que se han tardado cinco años y medio para llevarla a su término, pero a la luz del resultado final se puede afirmar que valió la pena.  El extremo cuidado de la realización musical, por parte de la Orquesta del Teatro alla Scala, reforzada para la ocasión por elementos del Concerto Italiano (para el bajo continuo) se notó también en este último espectáculo. Alessandrini abandonó los fáciles hedonismos sonoros y la rítmica que guiña a la música étnica, prefiriendo incidir con una exposición concisa y con una severidad expresiva que en ocasiones podía llegó a ser árida. Visualmente el espectáculo firmado por Wilson fue elegante y sobrio, ambientado en un lugar abstracto delimitada por un fondo retro iluminado, algunas paredes móviles, y con pocos elementos escénicos fue guiado por un manejo magistral de la luz. La poética del director estadounidense llegó con su más álgida pureza, la que aspira a envolver al espectador al más alto nivel mental y emotivo.  La pareja de protagonistas no desilusionó con Miah Persson que encarnó una seductora Poppea que cantó con buena dicción y timbre suave, mientras que Leonardo Cortellazzi (Alessandrini decidió confiar el papel de Nerone a una voz tenoril) con una personalidad vocal no tan desbordante logró entrar con eficacia dentro de los pliegues del carácter del emperador romano. De gran impacto emotivo fue la prueba de Monica Bacelli quien vistió el papel de una turbada y enfada Ottavia, mientras que más doliente y afligido estuvo el Ottone de Sara Mingardo. Andrea Concetti supo interpretar un sobresaliente Seneca aunque a su voz le careció de resonancia profunda en el registro grave. Maria Celeng fue una Drusilla desenvuelta y extrovertida. Todo el elenco en general mostró conocer el estilo de Monteverdi y muchos papeles secundarios se mostraron muy bien “a fuoco”, con una mención de excelencia para Furio Zanasi (el mejor Orfeo y el mejor Ulises de los últimos años) que aquí interpretó tres papeles. Escucharlo fue todo un placer ya que su modo de realizar el recitar cantando es un ejemplo para todos.

Sunday, February 22, 2015

L’Incoronazione di Poppea - Teatro alla Scala, Milano

Foto:  Lucie Jansch

Massimo Viazzo

Con L’Incoronazione di Poppea si conclude la trilogia monteverdiana affidata all’accoppiata Rinaldo Alessandrini/Bob Wilson e messa in programma ancora dalla gestione precedente del Teatro alla Scala, e cioè dall’ex sovrintendente Stéphane Lissner. E’ vero che si sono impiegati ben cinque anno e mezzo per portarla a termine, ma alla luce del risultato finale si può affermare che ne sia valsa la pena. L’estrema cura della realizzazione musicale, affidata all’Orchestra del Teatro alla Scala rimpolpata per l’occasione da elementi del Concerto Italiano (per la realizzazione del basso continuo), si è notata anche in quest’ultimo spettacolo. Alessandrini bandisce anche qui i facili edonismi sonori e le ritmiche che ammiccano alla musica etnica preferendo una stringatezza nell’incedere e una severità espressiva che a volte poteva anche essere scambiata per aridità. Visivamente lo spettacolo firmato da Wilson è elegante e sobrio, ambientato in un luogo astratto delimitato da un fondale retroilluminato, qualche parete mobile, con pochissimi elementi scenici, e governato da un uso magistrale delle luci. La poetica del regista americano viene fuori in tutta la sua più algida purezza, una poetica che aspira ad un coinvolgimento dello spettatore più a livello mentale che emotivo.  La coppia dei protagonisti non ha deluso: Miah Persson ha incarnato una seducente Poppea cantando con buona dizione e timbrica soave, mentre Leonardo Cortellazzi (Alessandrini ha deciso di affidare il ruolo di Nerone ad una voce tenorile) pur con una personalità vocale non debordante è riuscito ad entrare con efficacia tra le pieghe caratteriali  dell’imperatore romano. Di grande impatto emotivo,poi, la prova di Monica Bacelli che ha vestito i panni di un’Ottavia turbata e adirata, mentre più dolente e afflitto è stato l’Ottone di Sara Mingardo. Andrea Concetti ha saputo interpretare un Seneca autorevole pur mancando la sua voce di risonanze profonde nel registro più grave, mentre Maria Celeng è stata una Drusilla spigliata ed estroversa. Tutto il cast ha mostrato nel complesso di conoscere lo stile monteverdiano. Molte le parti di fianco tutte molto ben a fuoco, con una nota di eccellenza per Furio Zanasi (il miglior  Orfeo e il miglior Ulisse degli ultimi anni) qui impegnato in tre ruoli. Ascoltarlo è stato un piacere: il suo modo di realizzare il recitar cantando resta ancora un esempio per tutti.

Tuesday, June 10, 2014

Così fan tutte en Los Ángeles (LA Philharmonic)

Foto: Craig T. Mathew and Greg Grudt/Mathew Imaging. 

Ramón Jacques

Con Così fan tutte llegó a su fin el ciclo de operas Mozart/Daponte que iniciara hace dos años la Los Angeles Philarmonic. Como en las ediciones anteriores, los resultados escénicos no se acercaron remotamente a la altura y al nivel de lo escuchado en la parte musical y vocal, y ello hace a uno preguntarse si en realidad era necesario el excesivo dispendio en producciones que poco aportaron a la trama de cada uno de los títulos, ya no digamos al espectáculo visual. Parecería que no se previó ni se entendió que el Walt Disney Hall no es un teatro apto para hacer montajes escénicos, y versiones en concierto de las operas, no solo le hubieran ahorrado horas de disgusto y aburrimiento al público, si no que hubieran bastado para hacerle justicia a estas tres obras maestras. Eso sí, de las versiones anteriores quedarán grabadas en la memoria las sobresalientes interpretaciones de Mariusz Kwicien como Don Giovanni, la exuberante y brillante Donna Anna de Carmela Remigio o la apasionante Condesa de Dorothea Röschmann, así como las buenas ejecuciones musicales de la propia orquesta. Una vez más el encargado del montaje fue encomendado a Christopher Alden, reconocido e ingenioso director de teatro estadounidense, que requería de un teatro no de una sala de conciertos para trabajar y que recurrió nuevamente a letárgicos movimientos lentos o circulares sin ningún sentido para los cantantes, quienes por momentos, estáticos cantaban de frente al público, por ello la insistencia de una versión en concierto, como tampoco se entendió la poca interacción entre los personajes que en ocasiones cantaban situados en diferentes partes del escenario. 
Don Alfonso y Despina, vestidos en negro representaron la maldad, y se arrastraron por la escena lentamente o realizaron vulgares e innecesarios gestos Los demás solistas vistieron colores claros en ropas primaverales, muy fashion, diseñadas por el conocido Hussein Chalayan. La futurista escenografía consistió en una estructura blanca circular colocada al fondo del escenario, y cuya parte superior se movía hacia arriba y hacia abajo, como si se tratara de las dunas de un desierto por el cual caminaban los cantantes.  Este concepto fue creado por la firma Zaha Hadid Architects. La idea que nació desde el primer título, fue de combinar la moda con la arquitectura y el teatro, situación que pareció no funcionar completamente. Vocalmente fue un deleite escuchar la soprano Miah Persson, una sensible Fiordiligi que exhibió un colorido timbre y admirable agilidad, transmitiendo y dando cátedra de canto. La mezzosoprano Roxana Constantinescu actuó con sensualidad y cantó con una voz profunda y oscura. El joven tenor Benjamin Bliss, miembro del programa de cantantes de la LA Opera, sustituyó de último minuto al anunciado Alek Shrader, y aunque su Ferrando estuvo muy limitado en sus movimientos por disposición de Alden, dejo constancia de un canto seguro y cálido. Un nombre a tener en cuenta, ciertamente. Correcto estuvo el barítono Phillipe Sly como Guglielmo, así como el experimentado bajo Rod Gilfry que encarno a un diabólico y malicioso Don Alfonso. Cautivo la tonalidad cristalina en la voz de la reconocida soprano Rosemary Joshua, quien dio vida a una vulgar y rebelde Despina. La orquesta tuvo un notable desempeño, muy musical y muy homogéneo en cada una de sus secciones. El entusiasmo explosivo que mostró al inicio de su gestión con esta orquesta Gustavo Dudamel parece haberse esfumado. Hoy nos encontramos frente a un director más mesurado, cuidadoso y por momentos algo rutinario y carente de imaginación. Sus tiempos fueron correctos y el resultado en general fue meritorio, aunque no estuvo exento de cometer algunos desfases entre los instrumentos y las voces. 

Tuesday, August 9, 2011

Dudamel y la Simón Bolivar vuelven a hacer historia en los Proms de Londres

Foto: Fesnojiv

Gustavo Dudamel bajó la batuta y hubo un segundo de silencio. Después de tanto estremecimiento, el público enmudeció, era como si quisieran aguantar la respiración tanto como el recuerdo de lo recién escuchado, visto; de lo recién vivido. Un segundo más y el peso del aplauso fue incontenible. Los 5000 espectadores que fueron anoche al Prom número 29 de esta edición de los BBC PROMS, ovacionaban de pie (y con los pies) a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela. Tal como sucedió hace cuatro años, cuando los músicos venezolanos vinieron por primera vez para presentarse en el prestigioso festival, la Sinfónica Simón Bolívar, protagonizó un episodio memorable. En esta ocasión tocaron la Segunda Sinfonía de Mahler, mejor conocida como la Resurrección, con la que cada alma se conecta, de una y otra forma, con el verbo creer. En esta oportunidad, la obra de Mahler fue cantada por la mezzo soprano Anna Larsson y la soprano Miah Persson, además del Coro Nacional Juvenil de Gran Bretaña. Muchos de los asistentes esperaron 24 horas para poder comprar una entrada del último lote a la venta: el de los tickets para ver el concierto de pie. Desde anoche, un joven de 17 años esperaba bajo un paraguas para ver en vivo a la orquesta venezolana, que hasta ahora sólo había escuchado en discos. “Tengo que ver esta energía con mis propios ojos, escucharla y sentirla de cerca”. Lo logró también Mónica Maduro, venezolana, quien estuvo en la cola desde tempranas horas de la mañana bajo un sol extrañamente inclemente que fue aprovechado por la piel de muchos. “Es un gran orgullo escuchar a la gente de al lado decir que tienen años viniendo a los Proms y nunca habían visto una cola tan larga a esta hora”, dijo Mónica Maduro.
El compromiso de los músicos venezolanos creció cuando en pleno ensayo, el maestro Gustavo Dudamel les confesó que en el concierto del Festival de Salzburgo, una señora se le había acercado llorando. “Tenía mucho tiempo que no me emocionaba así; desde que vi a mi padre dirigir por última vez”, dijo. Era la hija de Herbert von Karajan, legendario director de orquesta del siglo pasado. No hubo mejor inspiración que esas cortas palabras. El lunes 8 se presentan en Estambul para un reto nuevo: tocar por primera vez en tierra turca. La antigua Constantinopla será la última parada de la Gira Bicentenaria Europa 2011 de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, agrupación cúspide del Sistema Nacional de Coros y Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.

El Festival de Salzburgo, los Proms de Londres y Estambul esperan a a la Sinfónica "Simon Bolivar" de Venezuela

Foto: Fesnojiv

La América del Bicentenario suena en Europa con el maestro Gustavo Dudamel. La celebración del Bicentenario de la Independencia de Venezuela seguirá resonando en el mundo. La Orquesta Sinfónica “Simón Bolívar” de Venezuela se encargará de ello. Después de una exitosa gira por Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Colombia y Venezuela, los músicos venezolanos llevarán su ofrenda musical para conquistar a la antigua Constantinopla: Estambul, Turquía. Guiados por la batuta del maestro Gustavo Dudamel, en esta oportunidad repetirán como residentes en el Festival de Salzburgo y volverán a los famosos Proms de Londres. El primer compromiso será en Salzburgo, cuna de Mozart, donde los venezolanos se consagraron en el 2008 con elocuentes ovaciones de parte de un público acostumbrado a las mejores orquestas. Esta vez, la Orquesta Sinfónica “Simón Bolívar” de Venezuela llevará a suelo austríaco la Segunda Sinfonía de Mahler, también conocida como Resurrección, en la que participarán la soprano Miah Persson, la mezzo-soprano Anna Larsson y el coro Wiener Singverein. Así mismo, los venezolanos interpretarán las obras de Piotr Ilyich Tchaikovsky inspiradas en Shakespeare: Obertura fantasía Romeo y Julieta, Fantasía sinfónica La tempestad Op. 18, Obertura fantasía Hamlet Op. 67, cuya grabación con los venezolanos le comenzó a dar la vuelta al mundo este año con el sello Deutsche Grammophon. La narración de los textos del autor inglés estarán a cargo del actor Simon Callow, conocido por sus roles en películas como Shakespeare in love, Cuatro bodas y un funeral, Una habitación con vistas, En tierra de nadie y El fantasma de la ópera, entre otras. La representación venezolana protagonizará la edición 117 de los Proms en el Royal Albert Hall de Londres, justo en el teatro donde en 2007 causaron el furor de los miles de espectadores que asistieron a este tradicional festival para escucharlos tocar la Décima Sinfonía de Shostakovich y algunas obras latinoamericanas. Gracias al resultado de esa primera presentación, la expectativa por la orquesta criolla y el director Gustavo Dudamel -quien también se ha presentado en los Proms con la Sinfónica de Gotemburgo- creció y para este concierto las entradas se vendieron en sólo tres horas. En Londres, interpretarán la Resurreción de Mahler, esta vez junto al Coro Nacional Juvenil de Gran Bretaña. La participación de los venezolanos fue la escogida para conmemorar el centenario de la muerte de Mahler, uno de los artistas más importantes de un festival que, desde su primera edición en 1895, siempre ha estado atento a la necesidad de recordar de manera especial los onomásticos de los compositores universales.

Turquía: un territorio para otra conquista

La Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela se presentará por primera vez en el Centro de Convenciones de Halic, en Estambul, Turquía. A través de la Sociedad de Cultura y Arte, el país anfitrión ha querido ofrecerle al público, además de los conciertos, un panel para promover la implementación del programa pedagógico del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, en la nación turca. En la antigua e histórica Constantinopla, la orquesta interpretará el repertorio shakesperiano de Tchaikovsky y, en el segundo concierto, la Suite n.º 2 Daphnis y Chloe, de Maurice Ravel, Santa Cruz de Pacairigua, del compositor venezolano Evencio Castellanos, la Sinfonía India de Carlos Chávez y el Pájaro de Fuego de Stravinsky, repertorio con el que celebraron, en este lado del mundo, el Bicentenario de los países de América Latina.