domingo, 6 de febrero de 2011

Real Coliseo Carlos III de el Escorial: Febrero Lírico (Lírica amorosa para noches de invierno).

Foto: Julio Serrano

Alicia Perris

Accademia del Piacere. Per un bacio. Mariví Blasco, soprano. Fahmi Alqhai, dirección y viola de gamba bajo. Rami Alqhai, viola da gamba bajo y colascione. Alberto Martínez Molina, clavicémbalo. 5 de febrero de 2011.

La Accademia del Piacere presentó anoche un programa italiano basado en el eterno y lacerante discurso amoroso: el florecimiento y la caducidad de las emociones de los amantes en lo que tienen de más evidente: todas comienzan y se acaban. No hay rosas sin espinas. La nostalgia, la tristeza, se unen indisolublemente al placer, al gozo y al enamoramiento. Todo se diluye finalmente, pero, ah! mientras dura… No sólo lo expresó como nadie el poeta latino Catulo, predecesor lógico de estos espadachines del amor que en esta propuesta pueden disfrutarse, cuando le decía a Lesbia algo así como: “amemos Lesbia mía…dame cien besos y luego otros cien…” ¿Quién lo podría haber contado mejor? Tal vez Pierre de Ronsard, el poeta francés de la Pléïade renacentista, cuando escribía para Helena su famoso soneto, que era un puro lamento admonitorio de tiempos peores, sin amor, con sólo el aliciente del recuerdo del amado: “Ronsard me célébrait du temps que j´étais belle!” (Ronsard me adulaba mientras fui hermosa!”). La Accademia del Piacere reúne en un gran esfuerzo, la interpretación y también la investigación musicológica y ha actuado como conjunto (los tres instrumentistas y la soprano) en destacados proyectos nacionales e internacionales como en el Gran Teatro de Luxemburgo o el Festival de Ravello. Mariví Blanco, la soprano del grupo, natural de Valencia, ha recibido una formación vocal con grandes maestros como Victoria de los Ángeles, Robert Expert, Anatoli Goussev o Marta Almajano, colaborado con grupos de gran prestigio como Europa Galante (Fabio Biondi), L´Arpeggiata (Christina Pluhar), La Fenice (Jean Tubéry), entre otros y ha participado en la ópera Diálogo de Carmelitas en el Teatro Real de Madrid, bajo la dirección de Jesús López Cobos.
El director de l´Accademia, Fahmi Alqhai, en extremo compenetrado con la soprano y los dos músicos, uno de los cuales es su hermano Rami y el otro, Alberto Martínez Molina, talentoso y sensible en el clavicémbalo, es hijo de padre sirio y madre palestina, posee sello discográfico propio, Alqhai & Alqhai, con el cual dará a luz su tercer disco y es reclamado por formaciones camerísticas notables de dentro y fuera de España. Ha colaborado con Hesperión XXI (Jordi Savall), el Suonar Parlante (Vittorio Ghielmi) y ofrecido conciertos en toda Europa, Hispanoamérica, Japón y Estados Unidos. El repertorio de anoche se inició con una obra de Girolamo Frescobaldi (1581-1643), Se l´aura spira tutta vezzosa, para continuar con la Sonata sopra l´aria di Tordiglione, de Salamone Rossi (c.1570-1630). Luego, de Claudio Monteverdi Si dolce è l´tormento. Vino enseguida Damigella tutta bella, que el director reconoció como una de las obras preferidas de la agrupación y que repitieron como una de las dos propinas. La otra fue una tarantella deliciosa y efervescente que relataba también la añoranza por el paso del tiempo que todo se lo lleva y destroza. La Tocata de Francesco María Bassani (c.1650-c.1700) sonó fantástica, como la improvisación sobre Follias, mientras que Novello Cupido de Biagio Marini (c.1597-1665) fue chispeante y envolvente. La voz de Mariví Blasco fue afianzándose a lo largo de la actuación, tiene una dicción clara y elegante en italiano y se esfuerza. Hay que destacar la pasión que pone Fahmi Alqhai en la dirección y en la ejecución instrumental. La última obra antes de las propinas, fue definida por el director como la más trágica de todo lo que habían tocado, Amanti io vi sò dire, de Benedetto Ferrari (1597-1681). El público, que fue más nutrido y caluroso que en el concierto reseñado anterior sobre la compositora Jacquet de la Guerre, aplaudió con convicción a los intérpretes. “Accademia del Piacere. Per un bacio”: toda una declaración florida de principios. ¿Qué no haría, qué no daría cualquiera de nosotros por obtener y conservar aunque fuera solo una de estas dos propuestas?

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