domingo, 14 de noviembre de 2010

Fazil Say solista de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, Mexico

Foto: Fazil Say (Jennifer Taylor), Kopatchinskaja Patricia

RJ
Bajo la dirección de su actual director titular, el húngaro Moshe Atzmon, la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM, asociada a la Universidad Nacional Autónoma de México) y en la actualidad una de las agrupaciones más importantes de este país, presentó dos emotivos conciertos dedicados a Mozart y a Beethoven, particularmente por la explosiva presencia del pianista turco Fazil Say, quien en el primer concierto regaló una magistral interpretación del Concierto para piano y orquesta No. 3 en do menor, op. 37 de Beethoven, permitiéndose libertades musicales y sonoras que hicieron crecer la intensidad de su ejecución, particularmente en el movimiento Allegro con brío del que extrajo una amplia gama de colores y timbres. Say no es un pianista convencional, si no un poeta y un pintor del teclado que vibra y sintie la música con exaltación y frenesí, y que paso a paso en cada nota y en cada ataque fue creando una labor que se convirtió en un verdadero tour-de-force. Un día después, Say demostró su capacidad para adaptarse a la sutileza y a la musicalidad mozartiana con una ejecución plena de imaginación del Concierto para piano y orquesta No. 21 en do mayor, K 467 contagiando a la propia orquesta que le respondió en cada momento y al frenético publico que lo premio con largos y entusiastas aplausos. Say no se limitó en los diversos y largos bises que ofreció de obras de su autoria cargadas de ritmos de jazz y tonos de la música folclórica de su país, o en la conocida marcha turca.

Ambos conciertos contaron con la presencia de la violinista moldava Patricia Kopatchinskaja, conocida en este país desde el año 2000 cuando ganó el concurso internacional de violín Henryk Szeyng, quien interpretó el Concierto para violín y orquesta no.4 en re mayor, K218 de Mozart, con serenidad, brillantez y la ligereza que emanó de su instrumento. En el segundo concierto, su ejecución del Concierto para violín y orquesta en re mayor, op. 61 de Beethoven pareció ser más afín a su temperamento y su naturaleza, ya que mostró mayor virtuosismo, agilidad e ímpetu. La orquesta interpretó en solitario una rítmica y satisfactoria Obertura Leonora no. 3, op 72b de Beethoven, bajo la dirección de Atzmon quien es un director refinado, flemático, quizás moldeado a la antigua, pero que trabaja con seguridad y eficacia.



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