martes, 2 de noviembre de 2010

La Orquesta Sinfónica de Boston interpretó a Harbison y a Mahler bajo la conducción de James Levine.

Foto: Stu Rosner
Lloyd Schwarz
James Levine volvió para ofrecernos mas Mahler (la quinta Sinfonía de cinco movimientos, en la primera ocasión que la dirige con la Orquesta Sinfónica de Boston) así como la quinta entrega de la retrospectiva en seis partes de las sinfonías del compositor John Harbison (la numero tres de cinco movimientos tiene ya veinte años de existencia, y la serie concluirá el próximo año con el estreno de la sexta sinfónica de Harbison que fue comisionada por esta misma orquesta). La Quinta de Mahler, aunque inicia con una extensa marcha nupcial (que se convierte en una especie de tango mortal) es mas extrovertida que la Segunda, pero las mismas virtudes quedaron en evidencia, con pasajes muy airosos en ellas que le dan a cada episodio lo que le corresponde, así como extraordinarias ejecuciones, particularmente las de: Thomas Rolfs, el trompetista mas musical y la de James Sommerville en el cuerno. Algunos momentos ásperos aumentaron el sentido de exuberancia de la obra, pero lo que pareció no funcionar para mi sorpresa, fue el famoso Adagietto (el tema musical que Visconti utilizó en Muerte en Venecia) para cuerdas y harpa. El punto central de Levine careció de impulso y de sublime éxtasis, y aunque fue fastuoso fue también perjudicialmente neutral. La obra de Harbison podría ser llamada “Cinco temperamentos” ya que comenzó con un repetido y descendente gemido que pareció una nueva aproximación al movimiento “Melancolía” de los Cuatro Temperamentos de Paul Hindenmith. Cada movimiento de la obra: “sconsolato” (desconsolado), “nostalgico”, “militante”, “appassionato” y “esuberante” contenía cada uno un estado de animo distinto; pero estuvieron desconectados por pausas escritas en la partitura a pesar de que temáticamente están ligados. Solo desearía que Harbison, un inspirado creador musical, le hubiera dado al movimiento “apasionado” un tema memorablemente más lírico. Levine, quien ya ha interpretado esta sinfonía antes, y la ha grabado con la Filarmónica de Munich, condujo con buen gusto, y tanto la pieza como el compositor obtuvieron un entusiasta aplauso.

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