domingo, 14 de noviembre de 2010

Lylia Zilberstein y Akademie für Alte Musik Berlin en la UNAM, Mexico

Foto:Gerardo García

RJ

El ciclo de conciertos de música internacional que presenta Música UNAM contó con la presencia de dos invitados de lujo como: la pianista Lilya Zilberstein y la Akademie für Alte Musik Berlin. El recital de la pianista rusa dio la posibilidad de escuchar obras de rara ejecución de Federico Chopin como: el Rondeau en do mayor, Op 1; las Variaciones brillantes sobre Je vends du scapulaires de Ludovic de Ferdinand Hérold en si bemol mayor, op 12; y la Sonata para piano 1 en do menor, op 4, piezas que Zilberstein tocó con incuestionable solvencia técnica y admirable ligereza con la que logró extraer una amplia e ilimitada gama de colores y timbres, logrando pasajes de conmovedora suavidad y casi imperceptible sutileza. Para la segunda parte de su recital, eligió un repertorio mas cercano a su carácter ruso como la Sonata para piano no 3 en fa sostenido menor, op 23 de Alexander Scriabin y Moments musicaux, op 16 de Sergei Rachmaninov, dos piezas de una textura mas compacta y densa, un perfil mas oscuro, quizás por momentos triste, pero igualmente emotivas y sugestivas, que interpretó con mayor ímpetu sobre su teclado. Un verdadero deleite fue escuchar a la AKAMUS, la orquesta berlinesa, que ofreció El Arte de la Fuga, BWV 1080 de Johann Sebastian Bach, en un arreglo concebido por Stephen Mai y Bernhard Forck, violinistas principales, para esta agrupación. El carácter abstracto de la obra cuya partitura no especifica una instrumentación precisa, permitió a la AKAMUS diseñar una versión con estructura y claridad para el público. La orquesta se dividió esencialmente en tres grupos: un cuarteto para cuerdas como núcleo y centro del sonido, un tutti compuesto por instrumentos de cuerda –seis violines, tres violas, dos violonchelos y un contrabajo- así como un inusitado cuarteto de instrumentos de viento (oboe, oboe de caza, trombón y fagot), que se complementaron con algunas partes para órgano y clavecín. Las fugas a dos o tres voces fueron verdaderos diálogos entre instrumentos en dúos y tríos, a los que se agregaban los demás instrumentos. Notable fue la sección de cuerdas de la orquesta, que emitió un sonido liviano, uniforme y equilibrado. La sección de metales y órgano sirvieron para dar un perfil mas jovial a la pieza.

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