jueves, 5 de noviembre de 2009

San Diego Symphony - Copley Symphony Hall, San Diego

Foto: San Diego Symphony Crédito: Ken Jacques

Ramón Jacques

La Sinfónica de San Diego (San Diego Symphony) ofreció un variado y musicalmente interesante programa como parte de su ciclo de conciertos “Jacobs’ Masterworks Series” dedicado a los compositores mas celebres. El concierto inició a toda fuerza con una breve, pero emotiva, interpretación del Preludio al Acto III de la opera Lohengrin de Richard Wagner, de la que se logró extraer la exuberante orquestación del compositor, con una notable interpretación de la profusa y uniforme sección de metales de la orquesta. El concierto fue dirigido por el maestro Jahja Ling, director titular, quien mostró su mano segura e incisiva, dando la impresión de una ligereza que permite libertades interpretativas y de coloración a sus músicos. La segunda pieza fue el Concierto para violín No. 2, Op. 44, que el compositor alemán Max Bruch escribió y dedicó al violinista español Pablo Sarasate, quien fue el solista en el estreno de la pieza en Londres en 1877. Su extendido y lento movimiento que abarca casi la mitad del concierto, y que inicia con un suave y melancólico adagio, emanó la serenidad y el carácter nostálgico de la partitura, en el instrumento de Jeff Thayer, primer violín de la orquesta y solista. Su ejecución del movimiento recitativo fue virtuosa y la del allegro molto final armoniosa. La orquesta aportó un buen fondo de cuerdas, acompañamiento y explosiones musicales cuando fue requerido. En la segunda parte se ofreció el Réquiem de Mozart, en la versión de Süssmayr, que Ling dirigió con evidente conocimiento del estilo, resaltando los colores orquestales con un lirismo suspendido entre la poesía y el drama de la obra. El coro San Diego Master Chorale estuvo entusiasta y partícipe en todo momento, y el elenco vocal se mostró uniforme, alcanzando alta emotividad durante el admirable motete Recordare. La soprano Jessica Rivera cantó con claridad sus partes; la mezzosoprano Sasha Cooke, lo hizo con su suntuoso y oscuro color vocal. El bajo barítono Jason Grant mostró potencia y correcta línea de canto, y el tenor Thomas Cooley exhibió una controlada y lírica voz, muy expresiva en el fraseo.

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