Tuesday, November 10, 2009

Tancredi - Opera Boston

Fotos: Ewa Podles, Amanda Forsyth,
Crédito: Clive Grainger


Lloyd Schwartz (The Phoenix)

La directora Kristine Mcyintyre situó Tancredi, este poco realista romance medieval, durante el tiempo de la guerra civil española, agregando nada mas que confusión ( ¿Quien estaba de que lado? ¿Quienes eran los partidarios del régimen y quienes los fascistas?), y durante la brillante y colorida partitura de Rossini, fuimos forzados a observar los sombríos tonos cafés, negros y grises de la escenografía de Carol Bailey, que consistió en una enorme pared falsa de ladrillos al fondo, con un trapo de lona colgando y algo que pareció ser el lado de una pirámide, además de unos vestuarios sin gracia. La estrella de Tancredi fue la contralto de coloratura polaca Ewa Podles. El exiliado guerrero es uno de sus papeles más representativos, y su voz de tres octavos, aun es capaz de emitir admirables trinos y giros en los registros altos y bajos. Su famosa aria de inicio “Di tanti palpiti” ocasionó una gran ovación. También demostró que puede actuar. Opera Boston utilizó la versión revisada de Rossini con el final tragico, en el que Tancredi muere peleando por el honor de la mujer de la cual esta convencido que lo traicionó. Sin embargo, el final con la versión feliz de Rossini, tampoco hubiera tenido mucho sentido, ya que mucha de su original música se balancea hacia los dos lados. Aun así, Podles hizo que la muerte de Trancredi fuera completamente dolorosa. Amenaide, la heroína de Tancredi fue interpretada por la soprano Amanda Forsythe, cuya energía escénica reestableció algo de la determinación del personaje expresada en la obra de Voltaire, y que desapareció en el acartonado libreto de Gaetano Rossi. Su brillante y transparente tono y su flexibilidad vocal se complementaron bien con Podles. Su exigente aria de la prisión, en el segundo acto, fue también un punto alto de la función. Hubo interpretaciones muy profesionales como la del tenor Yeghishe Manucharyan en el exigente y más bien ingrato papel de Argirio; de Victoria Avetisvan como Isaura, y del barítono Dong Won Kim como el villano. La elegante y vivaz conducción de Gil Rose tuvo brío y mucho más color que las escenografías. Pero fueron Podles y Forsthe quienes en realidad encendieron este Tancredi.
ENGLISH VERSION

Photo: Ewa Podles, Amanda Forsyth, Yeghishe Manucharyan
Credit : Clive Grainger

Lloyd Schwartz (The Phoenix)

Director Kristine McIntyre situated Tancredi, this essentially unrealistic mediæval romance during the Spanish Civil War, adding nothing but confusion (Who’s on which side? Who are the loyalists and who the fascists?), and so during Rossini’s sparkling, colorful score we were forced to look at the dreary browns, blacks, and grays of Carol Bailey’s set — a massive faux brick back wall from which a huge canvas rag was hanging and something that looked like the side of a pyramid — and ultra-drab costumes. The star of Tancredi was Polish coloratura contralto Ewa Podles. The exiled warrior is one of her signature roles, and her three-octave voice. She’s still capable of breathtaking trills and roulades at the highest and lowest registers. Her famous opening aria, “Di tanti palpiti,” brought down the house. She can also act. Opera Boston used Rossini’s revised tragic ending, in which Tancredi dies battling for the honor of the woman he’s convinced has betrayed him. Rossini’s original happy ending doesn’t make much sense either, and much of his inventive music swings both ways. Still, Podles made Tancredi’s death richly poignant. The heroine of Tancredi, Amenaide, was soprano Amanda Forsythe, whose stage energy restored some of the feistiness of the character in the Voltaire play that’s lost in Gaetano Rossi’s stilted libretto. Her bright limpid tone and vocal flexibility were a good match for Podles. Amenaide’s demanding second-act prison aria was another high point. There were professional performances by tenor Yeghishe Manucharyan in the demanding and rather ungrateful role of Argirio, Victoria Avetisyan as Isaura, and Korean baritone Dong Won Kim as the villain. Gil Rose’s stylish and lively conducting had panache and a lot more color than the set. But it was Podles and Forsythe who ignited Tancredi.

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