martes, 26 de enero de 2010

Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, México D.F.

Fotógrafo: Fotógrafo Ángel Kenji- Howard Shelley, director huésped, Serguei Gorbenko, violinista

Ramón Jacques

La Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, una de las agrupaciones musicales más importantes del país, ofreció un interesante y variado programa compuesto por dos sinfonías y dos conciertos para violín y orquesta, pertenecientes a compositores de diversas épocas y estilos, pero similitudes en su estructura. Primero, se ejecutó la Sinfonía No. 1 (sinfónica clásica) en re mayo, Op. 25, de Prokofiev, una de sus obras mas populares y en la que cambió su propio estilo de composición buscando colores orquestales mas claros y limpios con el fin de crear una composición con la técnica de Haydn, es decir, en el estilo “clásico”, por el cual adoptó su nombre la pieza. La obra de carácter ligero y optimista, fue cadenciosa, musical y animada en su primer movimiento gracias a la sección de cuerdas de la orquesta; serena en el segundo movimiento, con el acompañamiento del piano; interesante en la gavota del tercer movimiento en el que se percibieron reminiscencias musicales de Haydn, quizás algunas del estilo barroco de Bach, y sobretodo de la música folclórica rusa; la obra concluyó con un excitante final de alegres flautas. Ademas, se interpreto la Sinfonía No. 8 en fa mayor, Op.93 de Beethoven, obra de cuatro movimientos que inició con una cierta tranquilidad que fue aumentando en vigor y brillo musical, particularmente de la sección de metales, pasando por el simpático y rápido sonido del tic-tac del metrónomo en el allegreto scherzando.

En su conducción musical, el pianista y director ingles Howard Shelley mostró compenetración con la orquesta, que ya ha dirigido anteriormente, de la que obtuvo un sonido homogéneo y alegre, concertando con buen gusto y de manera escrupulosa y atenta a cada detalle. El compositor polaco Karol Szymanowski, se hizo presente con el lenguaje moderno y post-romántico de su Concierto para violín y orquesta No. 2. Op 61 que contiene oscuras armonías en su pastosa partitura, y los intensos y dramáticos pasajes y sentimientos que emanaron del incandescente violín del solista ruso Serguei Gorbenko, miembro de la orquesta, quien ademas mostró con su instrumento: solemnidad, destreza y un tono melancólico, característico del romanticismo francés, contenido en el Poema para violín y orquesta, Op. 25 de Ernest Chausson. Finalmente, el propio solista, concluyó con un breve bis de alegres notas musicales para violín de Debussy.

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