viernes, 19 de diciembre de 2014

El Barbero de Sevilla en la Ópera de Oviedo, España

Foto: Ópera de Oviedo

Alejandro G. Villalibre -Opera World

La Ópera de Oviedo recuperó una coproducción de El Barbero de Sevilla estrenada en el año 2008, realizada conjuntamente por el Stadt Theater Bern y la Ópera de Oviedo, y dirigida escénicamente por la directora franco-iraní Mariame Clement. Hace seis años se mostró audaz, actual e incluso no exenta de polémica, ya que traslada la acción a una consulta de dentista, que se supone del ‘doctor’ Bartolo. Esta propuesta escénica trata, ante todo, de potenciar los aspectos humorísticos del texto de Sterbini y conectar con un público joven. Lindoro se disfraza de Rambo o de Elvis para poder colarse en casa del tutor y ver a Rosina, Fígaro es todo un macarra que bebe cerveza y fuma sin parar, Rosina no es más que una joven presa de las hormonas. Hoy, aún resultando menos chocante, todavía encontró oposición de una minoría de público, siempre reacio a innovaciones que, a nuestro parecer resultan atractivas y revitalizantes de una ópera que no deja de ser un guiño a la alegría de vivir. En el foso, la OSPA cumplió solventemente bajo la batuta de Ottavio Dantone, que ofreció una versión limpia, aunque algo falta de nervio en determinadas arias (las intervenciones de Basilio y Bartolo fueron las más afectadas) y que a menudo se mostró insegura a la hora de concertar, provocando numerosos desajustes con solistas y coro, y no pudiendo controlar volúmenes, sobre todo cuando los solistas intervenían en la parte alta de la casa que constituía el escenario principal. Aún con estas dificultadas sin lugar a dudas Dalibor Jenis fue Fígaro. Domina el personaje con tanta facilidad, que lo hace suyo y administrando su punto de ironía y sus momentos de derroche vocal (que los tiene) como solo lo puede hacer aquél que conoce la partitura muy a fondo. A su lado Bogdan Mihai como Almaviva se presentó como una voz joven, pero muy certera en su afinación, con gran facilidad para las agilidades y con un timbre muy dulce, algo que se agradece en los momentos más virtuosísticos de sus intervenciones, que fluyen de una manera muy natural. Carmen Romeu –Premio Lírico Teatro Campoamor en 2013 como cantante revelación– ofreció una Rosina muy segura desde “Una voce poco fa”. Convincente, con una voz que se mueve con gran ductilidad entre la picaresca y, la ternura y el autoritarismo de un personaje que de los tres es el que exige más matices al cantante A destacar el plantel de secundarios –que en el Barbero no lo son tanto– con Enric Martínez-Castignani seguro en su papel de Bartolo, pero sobre todo convirtiéndose en un auténtico ‘robaescenas’ por su capacidad cómica y su sentido del humor. Carlo Malinverno se presentó como un Basilio con unos graves poderosos, quizá algo más desigual al ir hacia el agudo, pero que supo en todo momento mantener un equilibrio entre lo cómico de un personaje (que en esta versión es fan de Elvis) y una cuidada línea de canto. Por último, mencionar a Mercedes Gancedo como Berta, un papel siempre comprometido por su famosa aria di sorbetto “Il vecchiotto cerca moglie”, que le sirvió para lucirse y, juntoa sus intervenciones en concertantes o incluso como figuración en la escena, supo ganarse al público. El Barbero de Sevilla, en definitiva, recupera un tono iconoclasta con este tipo de producciones, rememorando las intenciones rebeldes de sus autores, ya desde el original de Beaumarchais, quien no se distinguía precisamente por presentar temas fáciles al público. Y eso se ha conseguido con creces en Oviedo.

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