lunes, 22 de diciembre de 2014

Manon Lescaut en el Palau de les Artes de Valencia

Foto: Palau de les Arts
Robert Benito - Opera World

La temporada lirica del Palau de les Arts se ha inaugurado un poco tarde pero a lo grande, con la ópera que le abrió las puertas del éxito a Puccini en su momento. Esta mujer salida de la pluma del Abate Prevost que cautivó ya antes a Massenet y antes a Auber lo hizo igualmente con Pucini cuyas palabras son dignas de recordar ante las reticencias de su editor Ricordi: “Manon es una heroína en la que creo y por lo tanto no puede dejar de ganar el corazón del público. ¿Por qué no van a existir dos óperas sobre Manon? Una mujer como Manon puede tener más de un amante. Massenet la siente como francés, empolvada y con minués. Yo la sentiré como italiano, con una pasión desesperada.” Y por desgracia fue esta pasión, este ingrediente que el de Luca quiso destacar el gran ausente en la representación de Valencia. La propuesta escénica era de lo más simple que se ha visto en este teatro, no sabemos si por voluntad o por necesidad pero excepto alguna pincelada muy conseguida como hacer del casco del barco del penúltimo acto con una presencia omnipresente y que se reconvertía con gran ingenio en la diligencia del primero por lo demás fue de pocas ideas y de un minimaismo casi ofensivo.No se puede decir lo mismo del movimiento escénico muy conseguido ya desde el primer cuadro de la plaza o en el penúltimo donde todo funciono con mucho dinamismo. Si la escenografía no fue lo más destacable el vestuario fue muy clásico y que contrastaba con el uso de las proyecciones que nos indicaban a pie de telón el avanzar espacial de la ópera muy conseguida y pedagógica. En cuanto a la parte musical es aquí donde esta propuesta de Valencia no convenció. Ninguno de los tres protagonistas llegó a un nivel de excelencia. La Manon de la soprano uruguaya María José Siri con una gran proyección internacional en estos últimos tiempos no supo dar en su debut europeo del rol la psicología cambiante de este personaje que va de la niña caprichosa del primer acto a la amante desesperada del último. Sabemos que es un reto difícil con la escritura orquestal de Puccini, pero no apreciamos más que una voz con un gran volumen pero faltada de expresividad. Sospechamos que puede triunfar con una Liu pero en absoluto con este papel que le viene grande en muchos aspectos y que al traspasar el registro medio para pasar al grave su voz queda sin timbre por un exceso de entubamiento que no aporta nada más que confusión de articulación y comprensión del texto. Hubo momentos que salvaron su participación como una correcta interpretación de su aria “In quelle trine morbide” y la otra gran aria del último acto “Sola, perduta, abbandonata” pero no por ello superaron estas impresiones expresadas anteriormente. El caballero Des Grieux fue interpretado por el tenor puertoriqueño Rafael Dávila que posee un gran instrumento que le permite enfrentarse al repertorio de tenor lírico y casi spinto con facilidad, con un canto depurado como apreciamos en el aria de presentación “Donna non vidi mai”,y el dúo del segundo acto “Oh, sarò la più bella!” o el final del tercero “Pazzo son!” donde vislubramos el único momento de entrega dramática de este cantante ya que su generoso instrumento no va acompañado de la misma dosis de teatralidad con una expresividad limitada y un movimiento escénico inseguro. Pero si la pareja protagonista a pesar de las reticencias señaladas tenían motivos para estar en esos roles no consideramos lo mismo del Lescaut del barítono mexicano Germán Olvera el cual carecía de la prestancia vocal y dramática del personaje. Tal vez en un futuro con otro repertorio y en otros coliseos pueda brillar pero aquí dar el salto del Centre de Perfeccionament a un rol principal pensamos que ha superado sus posibilidades, resultando poco definida su interpretación y de dificultad auditiva sus intervenciones. Del resto de los muchos partiquinos de la obra destacamos la Cantante de Mariam Battistelli que supo dar al Madrigal una expresividad que muchas veces pasa desapercibida. El coro no sabemos la causa, si fue la dificultosa comunicación desde la batuta y el escenario u otras razones, pero hubo desajustes que son la primera vez que lo apreciamos en esta formación. Esperemos que sea un mal de un día. Igualmente la orquesta de la Comunitat aunque mantuvo una calidad pero se percibió una musicalidad oscilante y a veces con unos volúmenes o dinámicas desmesuradas para lo que sucedía en el escenario. Esto nos lleva a hablar de la dirección del maestro Placido Domingo que no convenció pecando a veces de excesiva pasión desbocada y otras de una inexpresividad extraña. Evidentemente la noche se cerró con aplausos pero uno se pregunta si a veces la mitomanía de un nombre sea de un compositor o de un director puede envelar una realidad musical de calidad cuestionable. Todo el engranaje de la temporada se ha puesto en marcha y esperamos que estos primeros desajustes se corrijan en noches memorables como es la constante en el coliseo del Turia.

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