domingo, 21 de diciembre de 2014

Fidelio de Beethoven en la inauguración de la temporada del Teatro alla Scala de Milán.

Foto: Brescia&Amisano

Massimo Viazzo

Este Fidelio, que sella oficialmente el adiós a la Scala de Daniel Barenboim, no será recordado por la parte visual. Debora Warner confeccionó un espectáculo respetuoso del libreto, de la música y todo sumado estuvo cuidado al detalle, aunque no hubo ideas solidas, ni mucho menos momentos memorables. Todo lo que se vio en escena (por momentos un poco oscuro, aunque tratándose de una prisión allí se podía estar) es todo aquello que normalmente se espera de la obra maestra de Beethoven. De cualquier manera, estuvo interesante el rejuvenecimiento de la escena inicial entre Marzelline y Jaquino, que aquí estuvo más viva y creíble de lo habitual. El gran triunfador de la velada fue el Maestro Barenboim, quien estuvo por última vez en el podio scaligero como director musical, para dirigir la ópera inaugural de una temporada. El próximo 7 de diciembre del 2015 seremos testigos de Riccardo Chailly quien tendrá a su cargo la rareza verdiana Giovanna d’Arco. En cuanto a Barenboim, se apreció la energía de su sonido orquestal, la excavación del fraseo y la profundidad de la visión general. Muy interesante y de gran impacto dramático fue la elección al inicio de la ópera de Leonora n. 2, una de las cuatro oberturas elaboradas por Beethoven, rara de escuchar, para un inicio verdaderamente electrizante. Mirando a las voces, el papel de la protagonista le fue confiado a Anja Kampe, una artista de gran temperamento que cantó con sabiduría y tensión dramática, aunque al final de la ópera pareció un poco cansada. Klaus Florian Vogt dio a Florestan su timbre claro hecho de un sonido desteñido aunque no carente de harmónicos. Rudo y áspero estuvo Falk Struckmann (Pizarro), suave y musical Kwangchul Youn (Rocco) como vivaz y teatralmente creíbles en sus discusiones estuvieron los jóvenes Marzelline y Jaquino, interpretados respectivamente por Mojca Erdmann y por Florian Hoffmann. Al final, Peter Mattei interpretó con timbre rotundo y noble en la última escena el papel de Don Fernando, mientras que el Coro del Teatro alla Scala estuvo perfecto en cada una de sus intervenciones.

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