jueves, 4 de diciembre de 2014

L'étoile de Emmanuel Chabrier en Ámsterdam

Foto Marco Borggreve

Ramón Jacques 

La principal compañía de opera de los Países Bajos cambio recientemente su nombre por el de De Nationale Opera, pero lo que no se alteró fue su vocación de ser un teatro atrevido y vanguardista que ofrece obras poco conocidas o poco representadas, como en esta ocasión L'étoile, opéra bouffe en tres actos del compositor Emmanuel Chabrier. Si bien la obra se ha representado con mayor frecuencia en teatros de Francia, en esta temporada el teatro neerlandés fue el único en programarla. La imaginaria y divertida trama en la que sus personajes tienen la creencia de que su destino es controlado por las estrellas fue explotada y bien representada escénicamente con el ingenio de Laurent Pelly, un referente del repertorio francés, quien supo exaltar con ingenio la comicidad y el humor negro del libreto, así como sus partes serias y oscuras –como la del perverso Rey Ouf I que realiza ejecuciones públicas el día de su cumpleaños. Pelly trasladó el mundo fantasioso a uno de humanos con la ayuda de escaleras, laberintos y pasillos que subían, bajan o eran calles sin salida, diseñados por Chantal Thomas; así como los brillantes y coloridos vestuarios de Jean-Jacques Delmotte como del propio Pelly, y una radiante iluminación con las que creó una grata experiencia teatral. La orquestación es rica, sofisticada y por momentos tan refinada, superior que la de cualquier opereta, que acompaña la comicidad, la melancolía o el sentimentalismo sobre la escena. Aquí se notó la mano segura y dinámica de Patrick Fournillier, conocedor del repertorio quien extrajo lo mejor de la Residentie Orkest de la Haya, invitada en el foso. Un acierto, por los extensos diálogos,  fue el de conformar un elenco de cantantes francoparlantes que encabezó el tenor Christophe Mortagne con su caracterización del villano cómico, Rey Ouf I, un Luis XIV moderno, que cantó con seguridad; y la mezzosoprano Stéphanie d’Oustrac quien tuvo un sobresaliente desenvolvimiento musical, con su suntuosa tonalidad oscura, y actoral como el personaje en travesti de Lazulli.  Agrado el desempeño de la soprano Hélène Guilmette como la hermosa princesa Laoula, así como el de François Piolino, como su secretario Tapioca; y del Jérôme Varnier del astrologo Siroco, aquí caracterizado como un científico loco. La mezzosoprano Julie Boulianne hizo resaltar el papel de Aloès mostrando elegancia en su línea de canto y personalidad escénica . Una mención para el resto de los cantantes, así como para el sólido y participativo coro del teatro. 

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