jueves, 6 de agosto de 2015

Concierto de Vittorio Grigòlo en Los Ángeles

Foto: The Broad Stage

Ramón Jacques

Situado en el suburbio de Santa Mónica en Los Ángeles, la sala de conciertos The Broad Stage se ha convertido en una parada obligatoria para que las estrellas de la lirica de la actualidad ofrezcan al público de esta ciudad su faceta de recitalistas, y las dimensiones e intimidad que ofrece este recinto con capacidad para 500 espectadores lo convierten en un lugar ideal para ello. Por este escenario han pasado ya artistas de la talla de Elina Garanca, Juan Diego Flórez y Joyce Di Donato, por mencionar algunos, y el esperado retorno estadounidense de Cecilia Bartoli programado para el pasado mes de marzo fue cancelado de manera intempestiva. La próxima temporada luce interesante con los recitales de Angela Gheorghiu, Marcelo Álvarez, Piotr Beczala y el de Jonas Kaufmann, que marcará su debut en esta ciudad. El joven tenor Vittorio Grigòlo, quien habia pisado este escenario el pasado mes de febrero en un recital con piano, volvió para ofrecer un concierto acompañado con orquesta, en algo así como una selección de los “mejores éxitos de arias para tenor” algunas de las cuales fueron interpretadas de manera sobresaliente, homogeneidad, calidez en el timbre y con mucho ímpetu y pasión. Grigòlo demostró, y a la vez nos recordó, cómo deben ser bien cantadas arias que conocemos de memoria pero que ya pasamos por alto como: Una furtiva lagrima, La donna è mobile, precedidda del Questa o quella de Rigoletto y Che gélida manina de La bohème, con los que cautivo y se hecho al bolsillo a un público entusiasta. Si bien su voz adquirió un tono metálico no muy grato en arias como Angelo casto e bel de Il Duca di Alba y E’la solitaria storia del pastore de L’Arlesiana, su entrega y brio no menguaron ni un segundo. Es evidente que se trata de un artista que busca darlo con tal de complacer a su público. Si bien aclaró atinadamente que tanto Nessun Dorma como E Lucevan le Stele no forman parte de su repertorio, estas no podían faltar en un programa como este, las cantos de manera correcta pero con el mismo espíritu y entusiasmo. Un punto destacable del concierto fue su interpretación de arias francesas, un repertorio que le es afin a su estilo y temperamento, deleitando en particular con Le Rêve de Manon, incluidos unos escalofriantes pianos de las cuerdas de la orquesta. Otras arias de este repertorio fueron Ah leve toi soleil  de Romeo y Julieta, la ópera con la que debutó  en la Ópera Los Ángeles hace un par de años, y Pourquoi me reveiller de Werther. La orquesta conformada para el concierto, reunió a destacados músicos de diversas orquestas de la ciudad, quienes bajo la segura mano del director Alberto Meoli, mostró cohesión y ofreció atractivas ejecuciones de las oberturas del Barbero de Sevilla, de la Gazza Ladra, de Don Pasquale, el Intermezzo de Cavalleria, así como la desconocida obertura, al menos por estos pagos, de la ópera Le Maschere de Mascagni.  El punto criticable y reprochable de la velada fue la actitud del artista, quien a partir de la segunda parte y después de agradecer al publico su asistencia, desvirtuó por completo su desempeño al más puro estilo del “stand up comedy” hollywoodense, con exageradas y cargadas bromas, interacción y burlas de mal gusto hacia el público, corriendo por los pasillos del teatro y utilizando un lenguaje vulgar, ofensivo e inapropiado para un evento de este tipo. Francamente innecesario considerando que vocalmente ya había conquistado al público. Imposible recordar cuantos o cuales fueron los bises que ofreció, que fueron bastantes, porque ante tal despliegue de ridiculez, la mayoría del público, incluido quien esto escribe, ya había optado por retirarse. 

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