domingo, 30 de agosto de 2015

El Elixir de Amor en el Teatro Solís de Montevideo Uruguay

Fotos: Teatro Solís de Montevideo

Luis. G Baietti

Hacía mucho tiempo que no salía de un teatro de ópera con una sonrisa de oreja a oreja después de haber visto un espectáculo descollante perfecto, logrado hasta el mínimo detalle y para colmo creativo, pero dentro del más absoluto respeto a las intenciones de su autor. En primer lugar porque Elisir es una de las óperas que más me gustan y que con mas placer veo y reveo, con su delicado equilibrio entre comedia y drama ( la pasión no correspondida del protagonista por Adina es para él una tragedia ), por la belleza de la música de Donizetti en el ápice de su inspiración melódica y por la delicadeza poética de los versos de FeliceRomani, un autor que tiene en su haber varios de los textos más logrados de la época. La versión ofrecida por el Solís difícilmente podría ser mejor y se cuenta entre las mejores que he visto en mi vida en diversos teatros de las redondezas pero también en el Met, en la Ópera de Viena y en el Covent Garden, incluyendo una versión de hace unos cuantos años en Viena donde Erwin Schrott era precisamente el Dulcamara y arrebataba a la platea con su interpretación que ya era genial. Una versión que podría pasearse entre los más importantes escenarios del mundo, como los ya citados y que no sólo sería ovacionada como aquí por el público, pero además sería recordada al final del año entre los mejores títulos que en ese teatro se han visto durante el período. Un gran aplauso al Solís por no haberse tentado de hacer de esta versión una especie de “show Schrott“ centrándose exclusivamente en la brillantez del célebre cantante uruguayo, hoy entre los más cotizados en el mundo, y al cual finalmente, luego de un insistente asedio, consiguieron traer. Por el contrario se buscó rodearlo de los mejores elementos posibles y se acertó en pleno, por lo que la descollante actuación del divo uruguayo fue realzada por un elenco que no le fue en zaga en calidad interpretativa. Erwin Schrott claro está divirtió y se divirtió con el personaje al cual dotó de tics visuales vocales muy efectivos, agregó algunas invenciones propias, como su incapacidad para recordar el nombre Isotta y los errores que de ello se suceden, e impactó con una voz absolutamente apabullante, que se sobra para la parte, generalmente cantada por algún bajo bufo con más limitados recursos vocales, o por un bajo que al final de carrera por obra del desgaste de la voz, ha decidido utilizar la experiencia escénica adquirida para pasar a cantar este tipo de papeles. Como el gran Sesto Bruscatini. Schrott fue sencillamente maravilloso. Demostró cabalmente porque es un grande en el mundo lirico mundial. Y me anoto desde ya en la lista de espera para ver su Don Giovanni del año próximo en el Colón si se confirma su rumoreada contratación. Homero Velho redondeó un impecable Belcore, con una bella uygenerosa voz de barítono tanto en la extensión, que le permitió agregar algún agudo de su factura, como en el volumen, saliendo muy airoso de la difícil coloratura que Donizetti le ha colocado en un par de arias fundamentales. Belcore es por ello un papel traicionero en el cual he visto a muchos naufragar. Jaquelina Livieri en desbordante estado vocal, cumplió con toda la pirotecnia del personaje, en particular sus dos difíciles arias del último cuadro (Il mio rigor es de lo más difícil que ha compuesto Donizetti) y exhibió un volumen considerable que sobresalió en todos los conjuntos, al par que un impecable registro agudo, incluyendo dos sobreagudos no escritos en el final de cada uno de los actos. No es difícil prever que tendrá una importante carrera internacional, si bien seguramente en papeles más pesados que éste porque su voz tiende a un registro más grave y más potente que el de Adina. 
Lució además la exacta mezcla de vivaz, coqueta , juvenil y romántica, soñadora, que cree en la historia de Tristan e Isolda y en definitiva enamorada ,en un retrato perfecto de la voluble Adina que cae subyugada por el verdadero amor. Sandra Escorza fue un agradable complemento, muy bien actuada la parte y sobresaliendo en algunos conjuntos especialmente en la zona aguda. Me reservé el final para hablar de Santiago Ballerini porque tuvo una interpretación genial, histórica. Apoyado en su bello timbre central, su total competencia para llegar a las notas graves que abundan en el primer acto y que han sido el terror de muchos tenores líricos como él, la belleza y facilidad de sus agudos y una desarmante mezzavoce fue vocalmente el Nemorino ideal, pero además tuvo actoralmente una interpretación memorable, desopilantemente cómica pero también permeable al drama cuando aparece. A veces ambas cosas a la vez. La mayor parte del tiempo me tuvo al borde del llanto. La mayor parte de las veces de risa, pero no todas. Rodeado además por colegas de voces enormes como Schrott, Livierii Velho supo además no intentar competir pero hacerse oír perfectamente sobre la base de una natural proyección de la voz, que no es enorme pero que corre con absoluta facilidad y es un constante placer al oído.Un nuevo galón en la carrera de este joven tenor que está evolucionando de logro en logro en una carrera siempre ascendente que ha comenzado a ser notada en el exterior. Absolutamente brillante el desempeño de los alumnos de la Escuela de Arte Lírico que se entregaron con alma y vida a sus personajes creando cada uno de ellos un ser humano identificable y contando además espléndidamente el texto de Donizetti. La escenografía se vio beneficiada con el traspaso al Solís. En primer lugar porque al ser menor el espacio escénico se evaporó por completo esa sensación de monumentalidad exagerada que tenía en el escenario del Colón. Además el menor ancho de boca obligó a suprimir toda la parte izquierda del decorado donde había un retrete masculino que daba lugar a algunas humoradas no muy elegantes sobre la sensación olfativa que provocaba. Sufrieron un poco las proyecciones traseras, por la falta de distancia con el proscenio. Y el último escenario, que acompaña la bellísima Una furtiva lacrima mantuvo su seducción poética. Me sentiría tentado de decir que fue brillante el trabajo de Florencia Sanguinetti y que trabajó al detalle con todos sus intérpretes, con larguísimas y bien aprovechadas horas de ensayo. Pero hubo algo diferente que es mucho más que eso. El desarrollo de la acción teatral muestra una total compenetración de cada uno de los intérpretes con la puesta, apoyando unos las acciones de los otros. Y si bien uno se sentiría tentado de adjudicarle a Schrott y su experiencia en los mejores Teatros del mundo varias de sus ocurrencias como Dulcamara, es imposible no ver que hubo un fantástico trabajo de conjunto, donde cada uno aportó ideas y enriqueció la creación del otro. Y esto es precisamente el logro máximo al que puede aspirar un director de escena. Que su equipo sea un conjunto y además trabaje creativamente aportando ideas. Y hay que incluir en esto al maestro Martin Jorge, Director de la Banda Sinfónica de Montevideo , que en una brillante ejecución de la partitura supo otorgar el margen de libertad creativa que sus intérpretes necesitaban, haciendo que la orquesta acompañara la acción en lugar de limitarla. Algo que pocos directores de opera saben hacer. Esperemos que vuelva al género porque es una adquisición de primer nivel para la lírica nacional. Una reflexión final: la puesta es un acabado ejemplo de lo que se puede lograr cuando se piensa que las respuestas están todas en el texto, y no se busca impactar apartándose de él o modificando su contenido. Una demostración además de que se puede lograr la comicidad trabajando con los integrantes del elenco solista y del coro sin necesidad de agregar actores de la Comedia del Arte o saltimbanquis , que están fuera de contexto y si bien pueden proporcionar buenos momentos de teatro lo hacen más a contrapelo del texto que al servicio de este. El espectáculo se inició además con un momento de incontenida emoción cuando el Maestro Basaldúa dirigió al público unas breves pero muy emotivas palabras recordando al gran director y autor de la puesta original Sergio Renan, recientemente fallecido. Y un aplauso especial a la directora repositora Florencia Sanguinetti que supo entender que el mejor homenaje que podría brindarse al maestro ausente era presentar su versión como una cosa viva, sujeta a la inspiración de sus intérpretes actuales, y no como una rígida pieza de museo. Aplausos de pie entonces para el Solís y para el equipo reunido.

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