sábado, 27 de febrero de 2010

Recital Tamsin Waley Cohen y Gregorio Nardi en FLAMEnsamble, Florencia

Foto: Tamsin Waley Cohen ©; Tamsin Waley Cohen, Gregorio Nardi, Il Cortile -Museo Bargello - Firenze © Veonica Citi.
Massimo Crispi

Parece que para escuchar novedades y sobre todo para conocer a los músicos que florecen en el mundo, más allá de las estrechas fronteras de este nuestro país, cuyo “evento” musical parece ser la canción del Festival de Sanremo, donde un trió compuesto por un ex-príncipe, un cantante pop y un tenor (sí, un tenor...) cantó “te amo Italia”, como si fuese un equipo de futbol, será necesario frecuentar las temporadas de sociedades de música de cámara secundarias. Pero ello no significa que forzosamente sean menores en importancia, porque son esas temporadas las que cumplen el trabajo de fertilización, de riego y cosecha, en la búsqueda de ofrecer al público flores raras y verdadera información. Además que allende esas realidades locales, que no son tan locales ya que al final resultan ser más cosmopolitas que sus hermanas mayores, existe la dictadura del star-system que impone a las verdaderas o supuestas estrellas, con programas de recitales siempre iguales y que excluyen a aquellos que quieren dar sus primeros pasos para expresar su arte, y que son a menudo mejor que las “estrellas”.

En el caso de la temporada de cámara del FLAME (Florence Art Music Ensamble) que se lleva acabo en el Museo del Bargello de Florencia, consagrada a la interpretación de las sonatas de Beethoven para flauta, violín, violonchelo y piano, la inteligencia de los que programaron esa temporada permite a la par de las obras clásicas, que se puedan escuchar obras contemporáneas, y ese contacto con la modernidad es hoy fundamental y educativo, ya que se pueden escuchar obras de compositores modernos como: Scelsi, Panni, Cavallari, Stockhausen y Huber.

El 25 de febrero asistimos a un muy interesante concierto con la joven violinista inglesa Tamsin Waley-Cohen y con el pianista florentino Gregorio Nardi que presentaron la Sonata n. 7 in do minore op. 30 n. 2 y “La Primavera” op. 24. Entre las dos sonatas la violinista propuso tres cortos fragmentos para solo de violín de George Benjamín, compositor británico que cumplió 50 años y que es muy conocido en Inglaterra, o así parece serlo. Pero hay que decir unas palabras sobre Waley-Cohen antes de continuar, porque esa artista merece un retrato con un poco más de detalles. Con solo 24 años, la violinista inglesa ha tenido etapas importantes ganando concursos como el Royal Overseas League String Prize en el 2005 y en el J&A Beare Bach competition en el 2007 y ha sido solista de orquestas como la Royal Philharmonic y otras mas, además de que tiene la gran suerte de tocar desde el 2007 el violín Stradivarius que perteneció al celebre violinista húngaro-canadiense Lorand Fenyves, que desapareció en 2004, y a cuyas clases maestras asistió Waley-Cohen. El sonido de ese instrumento es muy difícil de describir. Se podría comparar al de una voz humana de excelsa calidad, cuyo canto cuenta el alma más intima de los autores, la historia nunca escrita de sus emociones y sentimientos, pasando por los siglos, y por las mágicas manos de los que saben abrir la cerradura secreta, para manifestarse por primera vez a la audiencia. Tanto Waley-Cohen como Nardi “cantaron” todo el concierto, desde la primera hasta la última nota, regalándonos un aspecto de Beethoven casi desconocido, privado de los oropeles post-románticos, pero al mismo tiempo pasional y elegante. “La primavera” lució así en toda su dimensión, casi rococó y con la finura del fraseo, sin nunca emitir un sonido incorrecto, y con una libertad y una gracia que hace tiempo no escuchábamos.
Gregorio Nardi difundió un pianísimo muy lleno de tonalidades, que nos permitió descubrir caras de Beethoven que quizás estaban escondidas tras una cortina de humo negro, así como hizo también la violinista con su instrumento, quien pareció como ver el Juicio Final de Miguel Ángel después de la limpieza, abriendo puertas de habitaciones cerradas por siglos y observando con maravilla sus contenidos. Interesantes fueron también los tres fragmentos para violín de George Benjamin: Lullaby for Lalit, Canon for Sally, y Lauer Lied. La escritura de Benjamin en esas obras no es tan virtuosa pero la expresividad y la elegía son la clave de la lectura, no dejando de investigar todas las propiedades técnicas y expresivas del instrumento, y como lo hizo la Waley-Cohen, no pudo haber sido mejor. Mucho interés, además de puro placer, fue también el bis. Una transcripción de “Abendlied” de Robert Schumann para violín y piano nada menos que por József Joachim, el violinista amigo de Brahms y que tanto tocó con Clara Schumann. Nardi subrayó que era una joya rara porque entre la infinidad de transcripciones, la de Joachim no se había tocado desde su época. El Stradivarius de Tamsin Waley-Cohen nos sedujo también en esta vez.

Es superfluo subrayar que la presencia de esta princesa del violín en Italia esta limitada (hasta el dia de hoy) a las temporadas de FLAMEnsemble e dell’Accademia San Felice de Florencia, cuando su nombre se puede ver ya en importantes salas de conciertos de Europa. Podríamos subrayar también que hoy en Italia, cada día y de una manera más y más constante, se elogia a figuras principescas que con la música y el arte nada tienen que ver. Menos mal que existe quien fertiliza las semillas de una planta y las cuida.







FLAMEnsamble, Museo Nazionale del Bargello - Firenze

Foto: Tamsin Waley Cohen© ; Gregorio Nardi©
Foto di Waley Cohen al Bargello © Veronica Citi

Massimo Crispi

Sembra che per ascoltare delle novità e soprattutto per conoscere dei musicisti che stanno sbocciando nel mondo al di là dei confini politici di questo nostro paese (dove l’evento musicale è la canzone dell’abominevole trio pupoprincipetenore a Sanremo... si salvi chi può) sia necessario frequentare le stagioni di musica da camera di società concertistiche considerate a torto minori, ma che in realtà compiono un gran lavoro di fertilizzazione e di innesti, di ibridazioni, di ricerca per donare al pubblico questi fiori rari e consentire una reale informazione. Anche perché al di là di queste realtà circoscritte, che poi tanto locali non sono e che si rivelano più cosmopolite di tante altre “maggiori”, vige la dittatura dello star system che impone le vere o presunte star con programmi sempre uguali e che esclude chi si fa avanti per esprimere la propria arte, spesso anche meglio delle star. È il caso della stagione cameristica FLAME (Florence Art Music Ensemble), al Museo del Bargello, tutta incentrata sulle sonate di Beethoven per flauto, violino, violoncello e pianoforte. L’intelligenza della programmazione, che la differenzia da molte altre, fa in modo che accanto alle opere classiche trovino posto quelle di autori contemporanei o comunque moderni. Importantissimo questo contatto colla modernità: Scelsi, Panni, Cavallari, Stockhausen, Huber.

Il 25 febbraio scorso abbiamo assistito a un concerto assai interessante con la giovane violinista inglese Tamsin Waley-Cohen e il pianista Gregorio Nardi che hanno presentato la Sonata n. 7 in do minore op. 30 n. 2 e “La Primavera” op. 24. Tra l’una e l’altra sonata la violinista ha proposto tre brevi pezzi per violino solo di George Benjamin, compositore britannico che compie 50 anni e che è molto festeggiato in Gran Bretagna, pare. Bisogna spendere qualche parola sulla Waley-Cohen prima di andare avanti, perché l’artista merita un ritratto particolareggiato. A soli 24 anni la violinista inglese ha bruciato tappe importantissime, vincendo prestigiosi concorsi (2005 Royal Overseas League String Prize, 2007 J&A Beare Bach competition) e suonando come solista con orchestre come la Royal Philharmonic e molte altre, avendo anche un’ulteriore, enorme fortuna: quella di suonare dal 2007 sul violino Stradivari appartenuto al celebre violinista ungherese naturalizzato canadese Lorand Fenyves, deceduto nel 2004, alle cui master classes la Waley-Cohen aveva partecipato. Il suono di questo strumento è indescrivibile. Si potrebbe davvero paragonare a una voce umana di eccelsa qualità, il cui canto racconta l’anima più intima degli autori, la storia mai scritta delle loro emozioni e dei loro sentimenti che, passando nei secoli attraverso le mani magiche di chi ne sa aprire il lucchetto segreto, si palesano per la prima volta a chi ascolta. E sia Waley-Cohen che Nardi hanno “cantato” tutta la serata, dalla prima nota all’ultima, regalandoci un Beethoven quasi irriconoscibile, privo di orpelli post-romantici, ma al contempo passionale ed elegantissimo. “La primavera” ritrovava tutta la sua dimensione quasi rococò e la leggerezza del fraseggio, senza mai un suono stridulo o costretto, ma al contrario con una libertà e una grazia che da tempo non ascoltavamo.

Gregorio Nardi ha sfoggiato un pianismo assai pieno di sfumature, facendoci riscoprire aspetti di Beethoven che sembravano finora nascosti da una patina di nero fumo, così come ha fatto la giovane artista inglese col suo violino: era un po’ come rivedere il Giudizio di Michelangelo dopo la ripulitura, come aprire delle porte su stanze chiuse per decenni e osservare stupiti il loro contenuto. Interessanti anche i tre pezzi per violino solo di Benjamin: Lullaby for Lalit, Canon for Sally, Lauer Lied. La scrittura di Benjamin in questi pezzi non è virtuosistica ma privilegia l’espressività e l’elegia, indagando però tutte le possibilità tecniche ed espressive del violino, che meglio di così, grazie all’abilità della Waley-Cohen, non potevano essere espresse. Interessante, oltre che estremamente piacevole, il bis. Una trascrizione di “Abendlied” di Schumann per violino e pianoforte fatta nientedimeno che da József Joachim, il violinista amico di Brahms e che tanto suonò con Clara Schumann. Nardi ha ricordato che era una primizia in quanto tra le infinite trascrizioni esistenti, quella di Joachim non era stata più eseguita da allora. Lo Stradivari di Tamsin Waley-Cohen ci ha sedotti anche stavolta. Superfluo sottolineare che la presenza in Italia di questa principessa del violino è limitata fino a oggi alle stagioni di FLAMEnsemble e dell’Accademia San Felice di Firenze, mentre il suo nome si legge nelle più importanti sale d’Europa? Ci si consenta di sottolineare che in Italia, oggi, si festeggiano esclusivamente, e in una maniera ogni giorno sempre più rivoltante, altre figure principesche che colla musica e l’arte nulla hanno a che vedere. Meno male che qualcuno fertilizza i virgulti e li coccola.

Lucrezia Borgia de Donizetti en el Teatro delle Muse de Ancona, Italia

Foto: Mariella Devia; Marianna Pizzolato,Massimiliano Luciani,Carlo Giachetta,Gianni Paci,Roberto Gattei. Foto di scena Bobo Antic- Teatro delle Muse, Ancona.

Giosetta Guerra
Ovaciones de pie para Mariella Devia, reina del belcanto, y para Alex Esposito joven bajo que ha lucido también en el Rossini Opera Festival. Al asistir a una opera en concierto, se tiene el privilegio de gozar de las voces, y si las voces son buenas, como en el caso de esta Lucrezia Borgia en Ancona, el privilegio se convierte en placer. Finalmente, no debemos dedicar muchas palabras para describir la escenografía y no debemos pensar mucho para descifrar las intenciones del director de escena y del escenográfo. Utilizamos solo un par de palabras para elogiar las luces que cambiaron el color del fondo y la elegancia del esplendido vestido azul claro de Devia.

Lucrezia Borgia, mujer malvada que reencuentra su humanidad en el amor del hijo, fue Mariella Devia, un papel consolidado para esta sublime belcantista, prodiga de trino y virtuosismo en el canto de coloratura, de agudos astrales, filados reforzados, larguísimos fiatos en el canto melódico y patético, maestra en el cincel del fraseo, del embellecimiento de las medias voces, del control inteligente de las medios vocales, y de la intensidad en la interpretación.

A su lado, en el papel del hijo Gennaro (interpretado también por el tenor marchigiano Mario Tiberini en 1856 y 1857 en las Américas y en 1861 en Londres) canto el tenor Giuseppe Filianoti, quien ya había acompañado a Devia en el mismo papel en el 2001 en el Teatro Comunal de Bolonia. tenore di grazia, lírico y no de coloratura, que posee una bella pasta vocal de color claro, buenos apoyos en la zona grave, luminosidad y sostén de las proyecciones agudas, pero escasa familiaridad con el canto en mascara, para el cual en el acto final se quebró como le sucedió hace nueve años. El bajo Alex Esposito, como el Duque Alfonso, fue un cantante de temperamento que brilló por la belleza de su timbre vocal, la imponente y amplitud del sonido, la potente consistencia en las notas graves, el dominio técnico del canto, la seguridad de emisión en todos los registros, y el fraseo rico de intenciones.

Hermosa fue la voz de la mezzo soprano Marianna Pizzolato, en el papel en travesti de Maffio Orsini, (voz pareja, luminosa en la tesitura aguda, apoyos graves naturales, línea de canto mórbida, buenos medios de voz). Se le dio importancia en la opera a los personajes de complemento, y estos fueron interpretados por buenos cantantes Stefano Rinaldi Miliani (Gubetta), que utilizó con arte su bella voz de bajo, Carlo Giacchetta (Oloferno Vitellozzo), un tenor claro y correcto, Gregory Bonfatti (Rustighello), un buen tenor ligero agudo, Giacomo Medici (Astolfo), Massimiliano Lucani (Jeppo Liverotto), Roberto Gattei (Apostolo Gazzella), Gianni Paci (Ascanio Petrucci). Bravo por las bellas voces y la suavidad en el canto del Coro Lírico Marchigiano “V. Bellini”, dirigido por David Crescenzi.

La opera compuesta por Donizetti en 1833 con libreto de Romani e inspirada en el drama de Víctor Hugo, fue un momento atípico en la producción donizettiana, una mezcla entre serio y bufo, que se advierte en el preludio orquestal (lúgubre fue la intervención de los cornos, vivaz la de los violines, densita en conjunto). Toda la opera si desenvuelve en una inquietante alternancia entre fiesta y tragedia, que la Orquestra Filarmónica Marchigiana, dirigida por Marco Guidarini, ejecutó con propiedad, aunque con una sonoridad por momentos un poco alta. Un éxito desenfrenado de interminables e incontenibles aplausos.

viernes, 26 de febrero de 2010

"El Sistema" honra a su creador José Antonio Abreu en su 35 Aniversario, Caracas

Fotos: 35 Aniversario Fesnojiv. Sinfónica Juvenil Teresa Carreño, Dudamel y Abreu. 12-02-2010. y Entrega Orden Rio Branco de Brasil a Abreu. 13-02-2010. Foto: José Alberto Gutierrez. Fesnojiv.
Cortesia: Prensa Fesnojiv
Desde el 12 de febrero de 1975 se abrieron las puertas al conocimiento musical masivo en Venezuela; y tres décadas después más de 300 mil jóvenes y niños se han beneficiado del proyecto social y cultural emprendido por José Antonio Abreu, y que hoy en día es reconocido a lo largo y ancho del orbe como el gran milagro de “El Sistema”. Sin palabras y con instrumentos en mano, la música se adueñó del Centro de Acción Social por la Música en Caracas desde el 10 de febrero, para conmemorar esta fecha y agasajar a su creador y colaboradores de siempre.
Como una gran fiesta en casa, los músicos rindieron honor a quienes los han formado a través de la música como elemento transformador del hecho social, y han brindado varios conciertos académicos de la mano de la orquesta cúspide de El Sistema, la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar y la pujante y talentosa Sinfónica Juvenil Teresa Carreño, bajo la dirección de Claudio Abbado y Gustavo Dudamel.
La jornada de conciertos aniversario, se inició con la presentación de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar dirigida por el maestro Claudio Abbado, con un repertorio que denotó en cualquier instancia el carácter de importancia de este evento. Suave, profundo y elegante exaltó la maestría de Abbado en el arte de la dirección, mientras la orquesta se crecía ante el movimiento de su batuta. El Sueño de una Noche de Verano de Mendelssohn, creó en un primer tiempo una atmósfera nostálgica, vivaz y esperanzadora, desde la obertura hasta la marcha nupcial. En seguida, Angélica Olivo interpretó el Concierto para violín nº 2 en mi menor de Mendelssohn, con una brillante ejecución que unida a la sutileza del consagrado director Claudio Abbado y el sello único de espíritu colectivo de la orquesta, recordaron a muchos, el valor de honrar el trabajo de El Sistema; finalmente la jornada culminó con el Adagio de la Sinfonía nº 10 en fa sostenido menor de Mahler y con una ovación para el maestro Abbado.

Posteriormente, el 12 de febrero, efeméride de la creación del Sistema Nacional de Coros y Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, la Sinfónica Juvenil Teresa Carreño -un creciente y distinguido talento que se perfila como digno merecedor del legado musical cosechado durante 35 años- tomó el escenario de la Sala Simón Bolívar para ser conducida por el maestro Gustavo Dudamel, en la interpretación de la Danza Macabra y el Concierto para violonchelo nº 1 en la menor de Camille Saint- Saëns, con el novel chelista Daniel Arias considerado un gran prospecto por su talento y dedicación. Al culminar la primera parte del programa el recinto se llenó de una atmósfera especial, cuando varios de los fundadores de la Sinfónica Simón Bolívar: Frank Di Polo, Ulyses y David Ascanio, Florentino Mendoza, Lope Valles, Antonio Mayorca y Antonio Manzano, con sus insignias tricolor fusionaron en un fraternal abrazo más de tres décadas de esfuerzo, talento y dedicación a un sueño que se ha convertido en realidad, y ha trascendido al mundo entero. Más tarde, Dudamel visiblemente conmovido dirigió al Maestro Abreu unas palabras: Gracias maestro por soñar y seguir soñando, porque este movimiento durará por los siglos de los siglos y no hay como agradecerle este legado. Por su parte el visionario creador de El Sistema respondió: Viva la juventud venezolana, viva Gustavo Dudamel. Entre la efusividad y conmoción la Sinfónica Juvenil Teresa Carreño culminó el concierto aniversario con una esplendida ejecución de La Mer, de Claude-Achille Debussy, aclamada en esta ocasión tan especial.

Los dias posteriores, en la Sala Simón Bolívar, el maestro Gustavo Dudamel dirigió a la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, con un programa compuesto por las Oberturas Fantasía La Tempestad, Fantasía Romeo y Julieta y Fantasía Hamlet, piezas del compositor Piotr Ilyich Tchaikovsky inspiradas en las obras de William Shakespeare, destacando la fecha del 13 de febrero, cuando José Antonio Abreu recibió la Orden Rio Braco del Brasil, por su máxima distinción como embajador de la música en el mundo, y su tesón para recrear movimientos como el venezolano en otras latitudes. El viernes 19 de febrero en la Sala Simón Bolívar del Centro de Acción Social por la Música, Gustavo Dudamel dirigió nuevamente a la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar con la Sinfonía nº 9 en re mayor de Gustav Mahler

Con 35 años, el Sistema Nacional de Coros y Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela ha recibido importantes premios por su labor socio cultural, entre los que destacan el Polar Music Prize, Premio TED, Premio Príncipe de Asturias, Embajador de Buena Voluntad UNESCO, Artistas UNESCO por la Paz y quizás el más noble de todos: el reconocimiento perenne de niños y jóvenes por la oportunidad de una educación para el alma.

Lucrezia Borgia di Donizetti - Teatro delle Muse, Ancona

Foto: Mariella Devia, Alex Esposito, Giuseppe Filianoti - Teatro delle Muse, Ancona.

Giosetta Guerra

Standing ovation per Mariella Devia, regina del belcanto, e per Alex Esposito, giovane basso messosi in luce anche al Rossini Opera Festival. Assistendo ad un’opera in forma di concerto si ha il privilegio di godere delle voci e, se le voci sono buone, come nel caso di questa Lucrezia Borgia ad Ancona, il privilegio si muta in piacere. Finalmente non dobbiamo spendere fiumi di parole per descrivere la scenografia e non dobbiamo allambiccarci il cervello per decifrare le intenzioni dei registi/scenografi. Spendiamo solo due parole per lodare le luci che cambiavano il colore del fondale e lo stilista dello splendido abito blu chiaro della Devia.

Lucrezia Borgia, donna malvagia che ritrova la sua umanità nell’amore per il figlio, era Mariella Devia, un ruolo consolidato da questa sublime belcantista, prodiga di gorgheggi e virtuosismi nel canto di coloratura, di acuti astrali, filati rinforzati, fiati lunghissimi nel canto melodico e patetico, maestra nel cesello del fraseggio, impreziosito dal fascino delle mezze voci, dal controllo intelligente dei mezzi vocali, dall’intensità dell’interpretazione.

Al suo fianco, nel ruolo del figlio Gennaro (interpretato anche dal tenore marchigiano Mario Tiberini nel 1856 e ’57 nelle Americhe e nel 1861 a Londra) ha cantato il tenore Giuseppe Filianoti, già partner della Devia nello stesso ruolo nel 2001 al Teatro Comunale di Bologna. Tenore di grazia, lirico e non di coloratura, ha bella pasta vocale dal colore chiaro, buoni appoggi nella zona grave, luminosità e sostegno nelle proiezioni acute, ma scarsa dimestichezza col canto in maschera, per cui nell’atto finale la voce si è più volte spezzata, come era già successo nove anni fa. Il basso Alex Esposito, come Duca Alfonso, è un cantante di temperamento, ha brillato per la bellezza del timbro vocale, l’imponenza e l’ ampiezza del suono, la possente consistenza nelle note gravi, la padronanza tecnica del canto, la sicurezza d’emissione in tutti i registri, il fraseggio ricco d’intenzioni.

Bella la voce del mezzosoprano Marianna Pizzolato, nel ruolo en travesti di Maffio Orsini, (voce estesa, luminosa nella tessitura acuta, appoggi gravi naturali, linea di canto morbida, buona messa di voce). Vista l’importanza a loro riservata nell’opera, anche i personaggi di contorno sono interpretati da buoni cantanti: Stefano Rinaldi Miliani (Gubetta), che usa con arte una bella voce di basso, Carlo Giacchetta (Oloferno Vitellozzo), un tenore chiaro corretto, Gregory Bonfatti (Rustighello), un bravo tenore leggero acuto, Giacomo Medici (Astolfo), Massimiliano Lucani (Jeppo Liverotto e un usciere), Roberto Gattei (Apostolo Gazzella), Gianni Paci (Ascanio Petrucci e un coppiere).

Bravissimo per le belle voci e per la morbidezza del canto il Coro Lirico Marchigiano “V. Bellini”, preparato da David Crescenzi. L’opera, composta da Donizetti nel 1833) su libretto di Romani ispirato al dramma di Victor Hugo fu un momento atipico nella produzione donizettiano, una commistione di serio e di buffo, che già si avverte nel preludio orchestrale (lugubre l’intervento dei corni, vivace quello dei violini, densità dell’insieme). Tutta l’opera si snoda nell’inquietante alternanza di festa e tragedia, che l’Orchestra Filarmonica Marchigiana, diretta da Marco Guidarini, ha eseguito con proprietà anche se con sonorità a volte un po’ alte. Successo sfrenato e applausi interminabili ed incontenibili.

Recitales de piano de András Schiff, Leif Ove Andsnes y Murray Perahia de la Società del Quartetto di Milano

Foto: András Schiff © Roberto.

Massimo Viazzo

Conservatorio de Milán, Mílan, Italia. 9-16-21 de febrero del 2010

La elegancia de Murray Perahia, la visión cartesiana de Andras Schiff, y la seducción de los colores de Leif Ove Andsnes: esto es en síntesis, el resultado del mini ciclo pianístico organizado por Quartetto di Milano, con motivo del doble aniversario Chopin- Schumann, una breve reseña que mostró una vez mas como diferentes aproximaciones pueden iluminar una obra de arte musical de perspectivas aparentemente incompatibles. Tomemos a Schumann como ejemplo. El recital de András Schiff, que fue el único monográfico de la serie, apuntó directamente a la sustancia musical entendida como una estructura, amplificándole las connotaciones armónicas y contrapuntísticas en una visión global de gran solidez formal (por tanto, no es casualidad que el pianista húngaro haya propuesto dos obras de amplio respiro como la Sonata en fa in fa diesis menor n. 1 y la Fantasia op. 17). Schiff privilegió la ponderación de un Maestro Raro aun con el costo de ceder algo en términos de fascinación tímbrica, y donde el detalle y la voz se convirtieron imprevistamente en verdaderos protagonistas de una interpretación muy calibrada, aunque por momentos fuera un poco aséptica. Sin embargo, fue ejemplar la lectura especulativa de las tocantes y raras Geistevariationen colocadas con una luz diáfana, débil, casi en una contra escena, y vista como un verdadero Abscheid del mundo y de la vida.

Foto: Leif Ove Andsnes- Crédito: Lorenzo Agius
Florestano fue sobretodo la poderosa reaparición de Eusebio, en el pianísimo de Leif Ove Andsnes cuya paleta tímbrica es contenida también por una rara habilidad en la dosis de los pesos sonoros, sobretodo cuando estos se aproximan a las regiones del piano y del pianísimo (pero en la breve selección de Játékok de Kurtág, y notablemente en Aus der Ferne II y en Hommage a Farkas Ferenc II, Andsnes logró también reinventar el timbre del piano transformándolo repentinamente en un instrumento de cuerda (a pizzico!). El pianista noruego privilegió la voz baja, la intimidad de los muros de casa, y la narración que supo convertirse en un coloquio intimo. En tal sentido, la interpretación de Kinderscenen pareció paradigmática (el programa de la sala recuperó la escritura original con la letra c en lugar de la z) y en la que el tono crepuscular se fundió perfectamente con aquella nostálgica mirada al distante mundo de la infancia que permea esas paginas. A decir verdad, en la segunda parte del concierto, la poética chopiniana, apareció como una exaltación de esa visión y los Valzer parecieron ser extraños retoños del universo onírico shumanniano: nada banal, entendiéndose como un superficial y parpadeante resultado del dictado musical, pero de una intimidad límpida y sentida que supo comunicar profundamente, y que unida a una fija y brillante técnica permitió a Leif Ove Andsnes esquivar las sirenas vacías del virtuosísimo, apuntando decididamente hacia la poesía.
Foto: Murray Perahia ©Copyright © 2008 SONY BMG MUSIC ENTERTAINMENT
Con Murray Perahia, nos encontramos, al fin, frente a la nobleza que ofreció, a la elocuencia del gesto, a la seguridad en el fraseo, y a la rotundidad del sonido (también en Bach…donde quizás los filólogos fruncieron la nariz). Sin retorcimientos interpretativos y sin recorridos dinámicos exasperados y exasperantes, todo sonó de manera justa, eufónica, y se pudo sentir que se movió dentro de la justa convicción. Perahia no es ostentoso, pero su labor de cincelado es continua e incesante. No hubo ningún riesgo de sentimentalismo en su interpretación de Chopin, por lo tanto, ninguna exageración por medio de fácil histrionismo. En la penúltima Sonata de Beethoven tuvo la mirada puesta, por una parte, en la calidad integral de la pieza, y por otra, en la expresión siempre nítida, cantante y verdadera para hacer una interpretación caracterizada de una extrema naturaleza, afable y profunda.

Concierto de la Scottish Chamber Orchestra - Lingotto, Turín

Foto: Scottish Chamber Orchestra / Robin Ticciati / Peter Whelan -Associazione Lingotto Musica, Pasquale Juzzolino

Massimo Viazzo

Elegancia, refinamiento, esplendor, ligereza: estas son las cualidades que particularmente se aplican cuando se ve dirigir al joven talento ingles de origen italiano Robin Ticciati, quien condujo a su orquesta la Scottish Chamber Orchestra (de la cual es desde hace algunos meses su director principal) quizás sin gran fantasía pero con un búsqueda tímbrica verdaderamente sorprendente. La gema de la velada fue la ejecución del primer movimiento, Adagio-Allegro, de la Sinfonía “¨Praga” de Mozart, que fue un verdadero caleidoscopio de colores (siempre muy calibrado), con un fraseo muy cuidado en cada mínimo detalle y que supo desenlazar hasta crear vitalismo puro, pero sin hacer menos, en ningún momento, su empuje propulsivo inicial. Si bien es cierto que ciertas imprecisiones de parte de la agrupación escocesa (que no siempre estuvo técnicamente impecable) ofuscaron el resultado virtuosístico; el brillante, luminoso y siempre equilibrado Mozart de Ticciati convenció.
A su vez, una cierta estilización hedonística fue lo que en parte impidió a las admirables micropolifonías y a las fantasmagóricas desmaterializaciones tímbricas de Ligeti (Ramifications) envolver dramáticamente al público presente, que en realidad pareció mas estar un poco irritado. También las fascinantes Danzas Rumanas de Béla Bartók perdieron un poco de energía rítmica y naturaleza. Al final, resulto ser muy bueno el fagotista Peter Whelan, quien forma parte de la Scottish Chamber Orchestra desde el 2008, quien pareció encontrarse de maravilla con el universo “galante” que domina al Concierto para fagot de Mozart. Al final de la velada, que no fue muy extensa, no se concedió ningún bis. Pero se sabe que así son los escoceses

jueves, 25 de febrero de 2010

El Barbero de Sevilla en la Opera de Florida, Miami.

Foto: Sarah Coburn, Frédéric Antoun, Roderick Williams - Crédito - Gaston de Cardenas.
Abigail Brambila
La compañía Florida Grand Opera ofreció la opera-cómica El Barbero de Sevilla de Gioacchino Rossini, como tercera entrega de su temporada que se realiza en el teatro Adrienne Arsht Center de Miami.

En el elenco de artistas, destacó la participación del barítono ingles Roderick Williams quien en su debut local en el papel de Fígaro, y desde su interpretación de “largo al factotum”, dejo muestra de una vasta capacidad vocal. La soprano Sarah Coburn interpretó el papel de Rosina con inigualable presencia en escena, resaltando esa parte inocente, coqueta y astuta de la mujer. Su canto fue ágil y de grato color. El tenor canadiense Frédéric Antoun personificó un Conde de Almaviva de buena figura y aspecto, y cantó con elegante fraseo y articulación.

Incuestionables fueron las cualidades mostradas en escena por el legendario bajo- barítono italiano, Bruno Praticò quien demostró una vez más porque los papeles bufos son su especialidad.

El bajo-barítono Tom Corbeil dio vida a un malicioso Don Basilio con su potente y profunda voz, y el resto del elenco: Amanda Crider en el papel de Berta, Jonathan G. Michie como Fiorello, Jim Herron como Ambrogio y David Bailey como el Sargento, cumplió satisfactoriamente en cada una de sus breves intervenciones. Bajo la batuta de Gary Thor Wedow la orquesta siempre mantuvo orden y su lugar, permitiendo disfrutar al máximo la alegre música sin olvidar la consideración por las voces de los cantantes.

La producción y dirección de escena estuvieron a cargo de Renaud Doucet. Gran parte de la escenografía se basó en animaciones y proyecciones al fondo del escenario, dando un toque de creatividad e innovación, aunque algunos detalles en la actuación dejaron mucho que desear, porque que hicieron que la comicidad contenida en la trama se exagerara con innecesaria ironía y sarcasmo. La iluminación de Guy Simard logró dar al escenario un efecto adecuado, y el vestuario a cargo de André Barbe, y el maquillaje de Chris Diamantides, no solo estuvieron de acuerdo a la época, si no que enfatizaron el estilo y la caracterización de cada personaje.

Murray Perahia, András Schiff, Leif Ove Andsnes - Società del Quartetto di Milano

Foto: András Schiff © Fritz Etzold ©
Massimo Viazzo

L’eleganza di Murray Perahia, la visione cartesiana di András Schiff, le seduzioni coloristiche di Leif Ove Andsnes: ecco, in sintesi, gli esiti del miniciclo pianistico organizzato dal Quartetto di Milano in occasione del doppio anniversario Chopin-Schumann, una breve rassegna che ha mostrato una volta di più come approcci differenti possano illuminare l’opera d’arte musicale da prospettive anche apparentemente incompatibili. Prendiamo Schumann, ad esempio. Schiff, in quello che era l’unico recital monografico delle serie, punta dritto alla sostanza musicale intesa come struttura, amplificandone le connotazioni armoniche e contrappuntistiche in una visione globale di grande saldezza formale (non a caso il pianista ungherese ha proposto due lavori ad ampio respiro quali la Sonata in fa diesis minore n. 1 e la Fantasia op. 17). Schiff predilige la ponderatezza di un Maestro Raro anche a costo di cedere qualcosa in termini di fascinazione timbrica, e così il dettaglio, la voce interna diventano improvvisamente i veri protagonisti di una realizzazione calibratissima anche se, a volte, un po’ asettica. Esemplare, comunque, la lettura speculativa delle toccanti e rare Geistevariationen poste in una luce diafana, fioca, quasi una contrascena, e viste come un vero e proprio Abschied dal mondo, dalla vita.

Foto: Leif Ove Andsnes © Simon Fowler ©

Florestano e, soprattutto, Eusebio riappaiono prepotentemente nel pianismo di Leif Ove Andsnen la cui paletta timbrica rapisce anche per una rara abilità nel dosaggio dei pesi sonori, soprattutto quando si avvicinano le regioni del piano e del pianissimo (ma nella breve selezione da Játékok di Kurtág, e segnatamente in Aus der Ferne II e in Hommage a Farkas Ferenc II, Andsnes riesce anche a reinventarsi il timbro del pianoforte trasformandolo inopinatamente in uno strumento a pizzico!). Il pianista norvegese predilige la bassa voce, l’intimità delle mura domestiche, una narrazione che sa trasfigurarsi in colloquio intimo. In tal senso paradigmatica è parsa l’interpretazione della Kinderscenen (il programma di sala recupera la scrittura originaria con la lettera c in luogo della z) in cui il tono crepuscolare si fonde perfettamente con quello sguardo di nostalgica lontananza sul mondo dell’infanzia che permea queste pagine. A dire il vero, nella seconda parte del concerto, la poetica chopiniana viene come fagocitata da questa visione e i Valzer sembrano così ancora propaggini straniate dell’universo onirico schumanniano: niente salotto, inteso come superficiale e ammiccante resa del dettato musicale, ma un’intimità limpida e sentita che sa comunicare confidenzialmente e che unita ad una tecnica salda e brillante permette a Leif Ove Andsnes di schivare le vacue sirene virtuosistiche puntando decisamente sulla poesia.

Foto: Murray Perahia ©Copyright © 2008 SONY BMG MUSIC ENTERTAINMENT

Con Murray Perahia eccoci, infine, di fronte alla nobiltà del porgere, all’eloquenza del gesto, alla sicurezza del fraseggio, alla rotondità del suono (anche in Bach… e i filologi forse hanno storto un po’ il naso). Senza stravolgimenti interpretativi, senza escursioni dinamiche esasperate ed esasperanti, tutto suona giusto, eufonico e ognuno si può sentire cullato nelle proprie certezze. Perahia non ostenta, ma il lavoro di cesello è continuo e senza posa. Nessun rischio di sentimentalismo nel suo Chopin, dunque, e nessuna gigionata, via i facili istrionismi. E la penultima Sonata di Beethoven è scorsa con un occhio rivolto alla tenuta complessiva del brano e l’altro all’espressione sempre nitida, cantante e vera per un’interpretazione caratterizzata da estrema naturalezza, affabile e profonda.

Ticciati e la Scottish Chamber Orchestra, Lingotto - Torino


Foto: Scottish Chamber Orchestra / Robin Ticciati -Associazione Lingotto Musica, Pasquale Juzzolino
Massimo Viazzo

Eleganza, raffinatezza, nitore, leggerezza: ecco le qualità che si sono particolarmente imposte all’ascolto del giovane talento direttoriale inglese di origini italiane Robin Ticciati che ha condotto la sua orchestra (di cui è direttore principale da alcuni mesi) forse senza grande fantasia, ma con una ricercatezza timbrica davvero sorprendente. La gemma della serata è stata l’esecuzione del primo movimento, Adagio-Allegro, della Sinfonia “Praga” di Mozart, un vero caleidoscopio di colori (sempre calibratissimi), con un fraseggio curato nei minimi dettagli che sapeva sciogliersi in puro vitalismo, mai venendo meno la spinta propulsiva iniziale. E’ pur vero che qualche imprecisione da parte del complesso scozzese (non sempre tecnicamente impeccabile) ha offuscato la resa virtuosistica, ma il Mozart di Ticciati così frizzante, luminoso, ma equilibrato ha convinto. Una certa stilizzazione edonistica ha invece, in parte, impedito alle mirabili micropolifonie e alla fantasmagoriche smaterializzazioni timbriche di Ligeti (Ramifications) di coinvolgere drammaticamente il pubblico, parso invero un po’ stranito, e anche le fascinose Danze Rumene di Béla Bartók perdevano un po’ in energia ritmica e naturalezza. Molto bravo, infine, il fagottista Peter Whelan, prima parte della Scottish Chamber Orchestra dal 2008, che è parso trovarsi a meraviglia con l’universo “galante” che pervade ancora il Concerto per fagotto mozartiano. Alla fine di una serata non particolarmente lunga non è stato concesso nessun bis. Ma si sa, gli scozzesi…

lunes, 22 de febrero de 2010

Intervista a Eufemia Tufano (mezzosoprano)

Foto: ©Eufemia Tufano - Adalgisa - Norma, Lecce©
La napoletana Eufemia Tufano ha intrapreso gli studi musicali nella sua città, conseguendo il diploma in musica barocca con Antonio Florio al Conservatorio San Pietro a Maiella La sua versatilità musicale è confermata dall’assidua collaborazione con il Festival della Valle d’Itria a Martina Franca, dove ha interpretato, oltre a numerosi concerti, Mosé in Egitto di Paisiello, Werther di Massenet (versione per baritono), Siberia di Giordano, Pietro il grande di Donizetti, Semiramide di Mayerbeer, Achille in Sciro di Sarro, Hérodiade di Massenet, Re Lear di Antonio Cagnoni (1828-1896) in prima esecuzione assoluta. Dal debutto avvenuto nel 2000, anno in cui ha cantato nella Cenerentola a Siena e nel Jongleur de Notre Dame, e nella Carmen al Ravenna Festival; Nabucco (Fenena) per il Luglio Musicale Trapanese e La clemenza di Tito (Annio) nel Circuito Lirico Lombardo; nel Trittico pucciniano che ha inaugurato la stagione 2002 dell’Opera di Roma; la partecipazione successiva alla Cenerentola (San Carlo di Napoli), l’Italiana in Algeri (Opera di Roma) e Giulio Cesare di Handel (Comunale di Bologna) Negli ultimi anni vale la pena ricordare soprattutto la Rodelinda di Handel alla Konzerthaus di Vienna, Bellini - ultime luci di Marco Betta a Lecce, Nabucco (Fenena) a Cagliari, l'inaugurazione della stagione 2007 del San Carlo di Napoli come Meg nel Falstaff diretto da Jeffrey Tate. È ancora Fenena, nello stesso anno, all'Opera Royal de Wallonie di Liegi e, nell'estate 2008, nella ripresa di Nabucco all'Arena di Verona. Eufemia è molto impegnata anche sul versante liederistico e oratoriale, in un repertorio che spazia da Bach, Purcell e Scarlatti a Stravinsky, De Falla e Weill. Di particolare rilievo le sue Liederabende dedicate a Schumann, Wagner, Berg, Mahler e Strauss, la sua esecuzione di musiche di Berlioz, Spohr, Tchaikovsky e Respighi. Ha cantato in più occasioni anche il Requiem di Mozart e lo Stabat Mater di Rossini e Pergolesi. Se segnalano gli importanti debutti nello Stabat Mater di Vivaldi, nella Partenope di Vinci a Oporto, Siviglia; Emilia nell'Otello verdiano a Londra, sotto la direzione di Sir Colin Davis. In questa intervista Eufemia ha acettato amabilmente di conversare sulla sua carriera.
Ramón Jacques

Quando hai deciso di fare del “canto” la tua carriera e come hai iniziato?

Ho deciso per caso ed abbastanza tardi direi….. grazie al suggerimento di un’amica cantante

Come definiresti oggi la tua voce?
Morbida,brunita,omogenea...questo è quanto dicono della mia voce

A chi non conoscesse la tua voce, cosa le faresti ascoltare?

Charlotte dal Werther di Massenet e Adalgisa dalla Norma di Bellini….includerei qualcosa di Handel

Chi sono i tuoi modelli, sia come mezzosoprani che come compositori?

In questo momento citerei Anne Sophie von Otter e Regine Créspin per quanto riguarda il passato…Mahler, Berlioz,Bach, Monteverdi e Handel sono i compositori che riaffiorano dal mio inconscio.

Qual è il ruolo che più si addice alla tua personalità? I tuoi ruoili preferiti?
Charlotte e Adalgisa…forse anche un po’ Cassandra da Les Troyens di Berlioz
Se dovessi dire un’opera che ti ha profondamente segnata quale citeresti?
Werther

Qual è il tuo ricordo più importanti sul palcoscenico?


Martina Franca: sono stata chiamata a sostituire, 24 ore prima, una “Charlotte”,è stata una bellissima esperienza..

E la tua carriera futura?
Spero di riuscire a fare ciò che è giusto per la mia voce e ciò che agli altri piacerebbe che io facessi sempre all’insegna della dignità e dell’onestà vocale……GRAZIE!

http://www.eufemiatufano.com/

Entrevista a Eufemia Tufano (mezzosoprano)

Foto: © Eufemia Tufano, Adalgisa en Norma - Lecce©

La mezzosoprano napolitana Eufemia Tufano inició sus estudios en su ciudad natal y obtuvo su diploma en música barroca con Antonio Florio en el Conservatorio San Pietro en Maiella (Salerno). Su versatilidad musical la ha llevado a colaborar frecuentemente con el Festival della Valle d’Itria en Martina Franca, Italia en diversos conciertos como en operas como: Mosé in Egitto de Paisiello, Werther di Massenet, Siberia de Giordano, Pietro il grande de Donizetti, Semiramide de Mayerbeer, Achille in Sciro de Sarro etc. Desde su debut en el 2000 como Cenerentola en Siena ha participado en Le Jongleur de Notre Dame en Roma, Carmen en Ravenna, Nabucco (Fenena) en el Luglio Musicale Trapanese, La clemenza di Tito (Annio) en el Circuito Lírico Lombardo e Il Trittico pucciniano con el que inauguró la temporada 2002 de la Opera de Roma, asi como Cenerentola en el Teatro San Carlo de Nápoles, l’Italiana in Algeri en Roma, y Giulio Cesare de Handel en Bolonia. En años recientes vale la pena mencionar su participación en Rodelinda de Handel en Konzerthaus de Viena, Fenena de Nabucco en Cagliari, la Opera Royal de Wallonie de Lieja, y la Arena de Verano (en el 2008), así como Meg en el Falstaff que dirigió Jeffrey Tate en la inauguración de la temporada 2007 del Teatro San Carlo de Nápoles. Su repertorio de concierto y oratorio incluye obras de Bach, Purcell, Scarlatti, Stravinsky, De Falla y Weill, y los lieder de Schumann, Wagner, Berg, Mahler y Strauss sin olvidar el Requiem de Verdi y los Stabat Mater de Rossini y Pergolesi, que ha interpretado en varias ocasiones. Éxitos recientes incluyen: el Stabat Mater de Vivaldi (con Antonio Florio), Partenope de Vinci en Oporto y Sevilla, y Emilia en Otello en Londres bajo la dirección de Sir Colin Davis. En esta breve entrevista, Eufemia nos da a conocer mas detalles sobre su carrera en el canto.

Ramón Jacques

¿Cuándo decidiste hacer del canto tu carrera y como iniciaste?

Decidí por casualidad y debo decir que bastante tarde, esto se debió a la sugerencia de una amiga mía cantante.

¿Cómo definirías actualmente tu voz?

La definiría como mórbida suave, bronceada, que es como me dicen que suena mi voz.

A quien nunca ha tenido al oportunidad de escuchar tu voz ¿Qué seria lo primero que le harías escuchara?

Le diría que escuchara Charlotte de Werther de Massenet y Adalgisa de Norma de Bellini. Incluiría también algo de Handel.

¿A quienes consideras como un modelo a seguir entre las mezzosopranos y los compositores?

En este momento citaría a Anne Sophie Von Otter y a Regine Créspin, en lo que se refiere a cantantes del pasado. Entre los compositores estaría: Mahler, Berlioz, Bach, Monteverdi y Handel que son los que afloran de mi subconsciente.

¿Cuales son tus papeles preferidos o los que más se adaptan a tu personalidad?

Diría que Charlotte y Adalgisa, y quizás también un poco Cassandra de la opera Les Troyes de Berlioz.

¿Cuál ha sido para ti el momento más memorable sobre un escenario?

Fue en Martina Franca, Italia, donde fui llamada 24 horas antes de la primera función para hacer una sustitución en el papel de Charlotte, y fue una bellísima experiencia.

¿Cuál seria entonces la opera que te ha marcado de la manera profunda?

En este caso, seria Werther.

¿Cómo vislumbras que será tu carrera a futuro?

Espero lograr hacer todo lo que es justo para mi voz, y que gustaría, pero haciéndolo bajo la insignia de la dignidad y la honestidad vocal. Gracias!




















domingo, 21 de febrero de 2010

Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México - Shostakovich y Strauss

Fotos: Ángel Kenji ©James Judd (director) y Marc Coppey (violonchelo) © - Orquesta Filarmónica de la Cd. de México. ©
Ramón Jacques

Por segunda semana consecutiva, el director ingles James Judd dirigió un programa de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (el 6 de esta temporada), y esta ocasión lo hizo con un programa diverso e interesante, cuyo punto de unión fue la auto descripción o autobiografía de sus autores por sus propias obras. La función comenzó con el Concierto para violonchelo y orquesta No. 2, Op. 126 de Dmitri Shostakovich, que fue dedicado y estrenado en 1966 por el legendario Mstislav Rostropovich, amigo y gran promotor de la música del compositor ruso, quien plasmó en la obra la conciencia de su mortalidad. La obra de particular fondo y energía sombría tuvo como solista al francés Marc Coppey, que en cada una de sus intervenciones al violonchelo creó una admirable atmosfera de tono oscuro, de lentas pero sonoras pinceladas en el movimiento Largo, y por momentos mas alegre en los dos continuos movimientos Alegrettos de la partitura, sin renunciar al perfil tenebroso y contemporáneo de la composición, ni al intenso dialogo con las cuerdas, metales y percusiones de la orquesta, que fue dirigida por Judd con simplicidad, control y esmero en cada detalle.

En la segunda parte se ofreció Una vida de héroe (o Ein Heldenleben, en alemán) poema sinfónico de Richard Strauss, el mejor exponente de esta tradición de composición, que es una especie de autobiografía puesta en música. En esta alegoría que se interpretó sin interrupción, pero con inventiva y homogeneidad, el autor, quien se ve reflejado asimismo en un espejo, es acosado por sus adversarios, los críticos musicales, mientras su esposa lo cuida y lo tranquiliza. James Judd, extrajo con su enardecida dirección, la fuerza y la sutileza de la rica y armoniosa orquestación, en cuyo tema principal se perciben incuestionables tintes y reminiscencias wagnerianas. Cabe resaltar el fulgurante solo de Jorge A. Casanova, violín concertino de la orquesta, el incesante despliegue de los metales, el llamado de las trompetas afuera del escenario, y la impulsividad de la orquesta en conjunto que nos llevó a la imperturbable serenidad con la que concluyó esta obra de cuarenta minutos de duración.

sábado, 20 de febrero de 2010

Recital de Frederica Von Stade en Álamos Sonora México

Foto cortesía: FAOT 2010

La elegancia del canto: Frederica Von Stade

José Octavio Sosa

Se fue Jessye Norman y comenzó a llover y en ese estado nos arrulló, nos conmovió, nos divirtió, nos levantó el ánimo y nos quitó el frío de la ventisca, el encanto y –el canto- finísimo y melódico de Frederica von Stade. Esta dama es, en toda la extensión de la palabra, un hermosísimo espectáculo. Se trató de un viaje musical desde Franz Schubert, Gabriel Fauré, Georges Bizet, pasando por Giacomo Puccini, Ned Rorem, Daniel Schmitt, Richard Strauss y Francis Poulenc, hasta Louis Guglielmi y Edith Piaf, -en una conmovedora interpretación de “La Vie en Rose”; Aaron Copland y Alberto Ginastera; de este último, su interpretación de “Arrorro” fue encantadora. Deleitó, majestuosamente, en toda una gama de situaciones en los bloques del programa vocal que inició con Roses, y continuó con Paris, Religion, Childrens, Shady Ladies y Moi. Dio vida a cada una de esas situaciones, haciéndonos evocar, razonar, gozar y reír; en donde admiramos, nuevamente, la versatilidad en esta artista que derrama en grandes cantidades, sencillez, refinamiento e inteligencia. Una placentera velada músico vocal, en una gratísima segunda Noche de Gala del Festival FAOT 2010. Como “encore” aplaudimos una de sus máximas creaciones: La Perichole, de Jacques Offenbach, opereta con la que se ha presentado en los más importantes escenarios del mundo. Frederica von Stade, la querida Flicka es un regalo que se debe agradecer y que habremos de conservar en el más íntimo rincón de nuestros placenteros recuerdos. Frederica tuvo la descortesía de seguir cantando –Les Jardins de Paris-, en la primera parte del programa, mientras un vecino de la fila de atrás contestaba su teléfono celular. Merecería otra reseña el pianista, Jake Heggie, consumado pianista y destacado compositor, que colaboró de manera contundente al éxito de este concierto.

Recital de Jessye Norman en Álamos Sonora México

Fotos: cortesia Festival Alfonso Ortiz Tirado - Álamos, Sonora - México.

José Octavio Sosa

La apertura del Festival Alfonso Ortiz Tirado en Sonora México en su edición 2010, tuvo el placer de escuchar a la maravillosa soprano estadounidense Jessye Norman. La sola presencia de este ícono fulgurante del arte lírico en Álamos debe ya significar una de las mayores satisfacciones para los organizadores del FAOT. El programa musical, compuesto prácticamente por musicales de Bernstein, Rodgers, Hammerstein, Gershwin y Arlen, resultaron ser como piezas nuevas, no escuchadas antes. En la interpretación que de ellos hizo Jessye Norman, eran reinventadas por el gusto exquisito de su canto. No podían faltar los Spirituals “Ev’ry Time I Feel The Spirit” y “Another Man Done Gone”; en el que Mark Markham, extraordinario pianista, destacó también y no únicamente por su acompañamiento en el teclado durante el recital, sino por escoltar, a manera de percusión, “golpeando” la madera del piano acompasadamente, a la soprano en la última pieza de las mencionadas. Duke Ellington, el compositor fue asimismo maravillosamente cantado, honrado, por Jessye Norman en dos selecciones.

Ciertamente la voz de esta artista no es la misma que escuchamos en su anterior visita a la ciudad de México en 2004; ha pasado un sexenio desde entonces, sin embargo, Norman, con sesenta y cuatro años de edad, conserva incólume su refinamiento, maestría en la interpretación, gentileza exquisita en cada una de sus frases y una voz, que ya quisiera alguna que otra “doncella” cantante, para un domingo de fiesta.Terminó la velada con la interpretación, de obsequio, de “Summertime”, de la ópera Porgy and Bess, de George Gershwin, de la que había cantado en la segunda parte del programa “My Man’s Gone Now”. Jessye Norman es ante todo, y lo será siempre, una artista suprema, consagrada.

Sir Colin Davis dirigió la Pasion de San Juan de James Macmillan en Boston

Foto: Sir Colin Davis; Crédito: Michael J. Lutch.

Lloyd Schwartz (The Phoenix)

Sir Colin Davis dirigió a la Orquesta Sinfónica de Boston (BSO) en el estreno americano de la obra St. John Passion (La pasión de San Juan) del prolífico compositor escocés-católico James Macmillan, quien la compuso en el 2007 con motivo del 80 aniversario de Sir Colin Davis, y por encargo de esta misma orquesta. ¿Tendrá la historia del hombre una historia más penetrante que la de los últimos días de la vida de Jesús? Dos de las obras más grandes de Bach, la pasión de San Mateo y la pasión de San Juan, nos cuentan ese intenso y espiritual drama humano. En nuestros días, la de San Juan, es la más complicada por su política teológica que culpa a los judíos de la muerte de Jesús. A pesar de la humana influencia de la música de Bach, al sofisticado y moderno público aun le cuesta trabajo digerir el tema. Para un compositor moderno, es aun mas engañoso, y MacMillan complicó mas el problema añadiendo los reproches anti semíticos de la misa del viernes santo, un pasaje que resulta ser ofensivo para muchos judíos, y que la iglesia ha tratado de minimizar sugiriendo que los judíos que son objeto del enojo de Jesús, son solo una metáfora, y que su disgusto esta dirigido en realidad hacia la congregación cristiana. La música de MacMillan enfatiza un ritual estático, con poco impulso para dramatizar la historia. Jesús (encarnado por el poderoso barítono ingles Christopher Maltman) cantó en un deshumanizante y monótono tono – lo que hace que este sea quizás un Jesús de poco atractivo, pomposo, egoísta, y enfurecido. Una pequeña parte del coro del festival de Tanglewood, sirvió como narrador, y las amplias fuerzas corales representaron al resto de los personajes. Después de una hora de pesada retorica, de tambores, y explosivos metales, una parte del público se retiró en el intermedio, perdiéndose la mejor música, la que ocurre durante la última media hora. Una hermosa sección que confrontó al Stabat Mater con el Coventry carol, en un evocador post ludió orquestal.

viernes, 19 de febrero de 2010

James Levine dirigió la Orquesta Sinfonica de Boston

Fotos: James Levine (director); Pierre-Laurent Aimard (piano); Steven Ansell (violín). Crédito: Michael J. Lutch.
Lloyd Schwartz (The Phoenix)

James Levine director musical de la Orquesta Sinfónica de Boston regresó a la sala Symphony Hall por primera vez desde octubre, cuando dejo de dirigir por un tiempo debido a una cirugía en la espalda. Su ambicioso y no tan conocido programa estuvo cargado con su acostumbrada perspicacia y energía, y sin muestras de fatiga. Comenzó con una obra nueva para el, Dialogues de Elliot Carter, un cambiante mini concierto para piano y orquesta de catorce minutos, compuesto en el 2003 (cuando Carter tenia 93 años). Pierre-Laurent Aimard demostró un carácter variado y mayor expresividad momento a momento que la que había escuchado con anterioridad en esta pieza y la colorida orquesta – agresiva, conciliatoria, astuta, graciosa- fue un cómplice en la agradable conversación-argumento.

En el 2008, Levine guió a Steven Ansell, el principal violinista de la orquesta en el concierto o sinfónica narrativa Harold en Italia de Berlioz, inspirada en Byron. En esta ocasión Ansell sonó mas byronico, y el y la orquesta tocaron con aun mayor precipitación. La oscura fuga orquestal de inicio tuvo el peso de Bach. Posteriormente, Aimard volvió para interpretar un divertido y matizado concierto de piano para la mano izquierda, que Ravel compuso en 1930 para Paul Wittgenstein (el hermano del filosofo Ludwig, quien perdió su brazo derecho en la Segunda Guerra Mundial). El siniestro inicio orquestal – bajas cuerdas y contrabajo- tiro hacia el horizonte como un barco de guerra, y la sencilla mano izquierda sonó como una orquesta entera. La velada concluyó con la suite no. 2 de Daphnis y Chloe de Ravel, que hizo erupción como un volcán. La grabación completa de Daphnis con Levine y esta misma orquesta ganó recientemente un Grammy por la mejor interpretación orquestal.


jueves, 18 de febrero de 2010

Frankenstein de Andrew Ager, una nueva opera canadiense en Toronto

Imagen del programa de mano de Frankenstein cortesia de TrypTych Concert and Opera

Paula Citron


La nueva opera canadiense Frankenstein merece una vida duradera. TrypTych Concert and Opera, la pequeña compañía de Toronto que montó el estreno absoluto de la obra, lo hizo con un reducido presupuesto y en el sótano de una iglesia, y Edward Franko, su director artístico, hizo que la obra funcionara escenificando la narrativa con simplicidad y sin sorpresas.

El primer paso fue crear un área dentro de la cavernosa sala de una parroquia con soportes para el escenario, y con pantallas y cortinas que rodeaban al público. En sus agradecimientos, Franko mencionó a la compañía restauradora de cocinas que construyó el escenario y los raros elementos utilizados en la escenografía, y las sillas, y mesas que iban de acuerdo al espeluznante tema. El compositor Andrew Ager que fue el hombre orquesta con su acompañamiento al piano, estuvo escondido detrás de una cortina.

Uno de los motivos por los que la opera tuvo éxito es por el hecho de que sus creadores tomaron la historia con seriedad. William Whitla compuso un inteligente libreto que hace justicia a la historia original de Mary Shelley, aunque pareció que al final rivalizaba con Shakespeare. El resultado fue una picaresca historia sobre un monstruo solitario quien a pesar de su buen corazón, mata por accidente porque desconoce su propia fuerza. De hecho, la acción dramática del libreto es muy absorbente, y la tensión creciente es real, mientras la opera se desarrolla en un acto de cinco escenas.

La música impresionista de Ager, parecería la de Debussy, así como sus airosas líneas vocales– ambas funcionando en diferentes tangentes pero unidas por dos caminos paralelos. En suma, esta opera fue difícil de cantar. Ager creó dinámica entre los personajes a través de ensambles, por ejemplo: un trió entre el Dr. Frankenstein y su amigo Henry y su preocupado padre, ambos horrorizados por los experimentos del doctor. El compositor produjo efectivos monólogos, con una larga aria de remordimiento de Frankenstein, que fue particularmente enérgica.

Lo mejor de la opera fueron los matices de la música que Ager moldeó a su gusto, desde la breve introducción hasta los vibrantes acordes de triunfo, cuando Frankenstein creó una vida, hasta el disonante horror de la mujer que ve al monstruo, y la cacofonía final donde se unen la muerte y el deterioro. La partitura de Ager es un rico y moderno poema tonal que es accesible.

El barítono Stephen King con su interpretación del monstruo conmovió. Es un impresionante cantante que controló la voz y la manejó con diversos estados de ánimo. King mostró la vulnerabilidad del personaje, algo que es vital para la trama. El tenor Lenard Whitting como el Dr. Frankenstein, no sobresalió como buen actor, pero cantó con buena dicción haciendo sentir la pasión de su personaje.

El resto de jóvenes cantantes del elenco cantó correctamente sus partes, escuchándose lo que tenían que decir. Se contó con la presencia de Alphonse el padre del doctor (barítono Michael York), su prometida Elizabeth Lavenza (interpretada por la soprano Dawn Bailey), su pequeño hermano William Frankenstein (el niño Charles Waddell), y la familia a la que el monstruo cuidaba que incluyó al viejo De Lacey (York), a su hijo Felix (el tenor Michael Taylor) y a su nuera Agatha (soprano Melanie Conley). Muy bien por todos los cantantes que interpretaron adecuadamente la picante partitura de Ager, sin ver directamente al director, que no estuvo en la escena para no distraer la acción.

Cabe señalar que Ager esta orquestando la obra, y se dice que ya existe interes por la obra en Alemania. Quizás algún día en Canadá, veremos esta obra con el lujoso tratamiento musical que merece.

martes, 16 de febrero de 2010

Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México - Schumann y Brahms

Fotos: Tania Boche. Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México JEAN LOUIS STEUERMANN PIANISTA Y JAMES JUDD DIRECTOR ©

Ramón Jacques

Parecería que las batutas de los directores de orquesta de origen ingles han entendido y se han adaptado muy bien al temperamento y al carácter de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, como ha quedado manifestado en sus recientes y satisfactorias ejecuciones de sinfonías del género romántico, y que en esta ocasión correspondió a la Sinfonía No. 4 en re menor, Op. 120 de Robert Schumann (a 200 años de su natalicio). En su atenta y segura lectura, James Judd extrajo con facilidad, destreza y cohesión, las alegres tonalidades y coloraciones contenidas en los cuatro movimientos continuos que contiene la partitura, y que se expresan con pasión en el Andante-Allegro; que atraviesan la solemnidad y suavidad de la Romanza; y que sellan la obra con un exuberante final en el Finale: Largo – Allegro.

El programa incluyó también una grata realización del Concierto para piano y orquesta No. 1 en re menor, Op. 15 de Johannes Brahms, obra que contiene elementos y referencias directas a Robert Schumann y que contó con la presencia de Jean Louis Steuerman como solista. El pianista brasileño mostró versatilidad frente al teclado captando el ímpetu y la musicalidad del primer movimiento; así como la contrastante tranquilidad y serenidad en el segundo segundo, pero cuya verdadera desenvoltura y atrevimiento quedaron mejor plasmados en su habilidoso y dinámico Rondó: Allegro non troppo, tercer y ultimo movimiento de la obra. La orquesta tuvo un exaltado y agitado inicio, que fue calibrado durante la obra por la mano de Judd, hasta ofrecer un adecuado marco de acompañamiento por la sección de cuerdas de la orquesta, y con brillantes destellos de la sección de metales. Steuerman regaló un bis con algunas notas de Schumann.










domingo, 14 de febrero de 2010

Un Don Giovanni minimalista en el Teatro alla Scala de Milán

Foto: Carmela Remigio - Fotografie di Marco Brescia, Archivio Fotografico del Teatro alla Scala.
Massimo Viazzo
La reposición de la producción de Don Giovanni de Peter Mussbach, creada aquí mismo en la Scala hace cuatro temporadas fue montada para esta ocasión por Lorenza Cantini, quien mostró la vitalidad de esta puesta escénica abstracta y minimalista. Mussbach descontextualizó el acontecimiento proyectando a los personajes, vistiéndolos completamente en blanco y negro, y situándolos en un ámbito atemporal y con una escena lívida, dominada por dos rectángulos móviles y oprimentes que encerraban y se tragaban todo y a todos. La opera adquirió así una universalidad propia que la hizo esencial y definitiva.

Lamentablemente, el elenco vocal no pudo captar plenamente las dinámicas dramaturgias concebidas por el director escénico alemán, y se acomodó frecuentemente haciendo movimientos poco convencionales. Sin embargo, es cierto que la prueba de Peter Mattei, en el papel de Don Giovanni – que realizo un Don Giovanni carismático, seductor y arrogante- pareció perfecta tanto en la recitación como desde el punto de vista del canto, con una voz aterciopelada, cautivante y muy bien proyectada. También Nicola Ulivieri convenció y su Leporello no pareció ser el habitual sirviente exagerado y afligido con clichés y estereotipos. A su vez, Juan Francisco Gatell, que fraseó con garbo, dio vida a un Don Octavio pálido y de un peso vocal un tanto desvanecido.

Pero las notas dolorosas provinieron sobretodo de la parte femenina de la compañía. Carmela Remigio (Donna Anna), estuvo un poco agitada al inicio de la opera, pero fue mejorando con el transcurso de la función hasta encontrar el justo acento en “Non mi dir” (que suscitó el único aplauso de la velada a escena abierta). Emma Bell (Donna Elvira) y Verónica Cangemi (Zerlina) batallaron frecuentemente con una emisión difícil y dispareja (además, Emma Bell tuvo graves problemas de entonación durante el Cuarteto del primer acto) lo que les impidió a ambas, encontrar una mejor línea musical.

Completamente hosco estuvo el Leporello de Mirco Palazzi, como estentóreo (aunque no siempre muy entonado) estuvo Roman Polisadov en el papel del Comendador. Finalmente, Louis Langreé dirigió con transparencia, atención al detalle, y también con cierta finura pero con un paso teatral frecuentemente letárgico.

sábado, 13 de febrero de 2010

Un Don Giovanni minimalista alla Scala - Teatro alla Scala, Milano

Fotografie di Marco Brescia, Archivio Fotografico del Teatro alla Scala. (Carmela Remigio, Juan Francisco Gatell).
Massimo Viazzo
La riproposta del Don Giovanni di Peter Mussbach, creato qui alla Scala quattro stagioni fa e ripreso per l’occasione da Lorenza Cantini, ha mostrato la vitalità di questo allestimento astratto e minimalista. Mussbach decontestualizza la vicenda proiettando i personaggi, abbigliati interamente in bianco e nero, in ambito atemporale con una scena livida dominata da due opprimenti parallelepipedi mobili che inghiottiscono tutto e tutti. L’opera acquista così una sua universalità che ce la rende essenziale e definitiva. Purtroppo il cast non ha pienamente introiettato le dinamiche drammaturgiche concepite dal regista tedesco adagiandosi spesso su movimenti più convenzionali. E’ vero, peraltro, che la prova di Peter Mattei nel ruolo di Don Giovanni - un Don Giovanni carismatico, seducente e protervo - è parsa perfetta sia come recitazione sia dal punto di vista del canto con una voce timbricamente vellutata, suadente e molto ben proiettata. Anche Nicola Ulivieri ha convinto e il suo Leporello non è sembrato il solito servo gigione afflitto da cliché e stereotipi. Juan Francisco Gatell, invece, pur fraseggiando con garbo, ha dato vita ad un Don Ottavio pallido e di peso vocale un po’ evanescente. Ma le dolenti note venivano, soprattutto, dalla parte femminile della compagnia. Se Carmela Remigio (Donna Anna), un po’ troppo concitata all’inizio dell’opera, è andata via via migliorando nel corso della recita trovando il giusto accento in “Non mi dir” (unico applauso a scena aperta della serata), Emma Bell (Donna Elvira) e Veronica Cangemi (Zerlina) hanno combattuto spesso con un’emissione difficoltosa e disomogenea (Emma Bell ha anche avuto grossi problemi di intonazione durante il Quartetto del primo atto) che ha loro impedito di trovare la linea musicale migliore.
Giustamente scontroso il Masetto di Mirco Palazzi e stentoreo (e non sempre intonatissimo) Roman Polisadov nei panni del Commendatore. Louis Langreé, infine, ha diretto con trasparenza, attenzione al dettaglio, anche una certa finezza, ma con un passo teatrale spesso letargico.