lunes, 27 de junio de 2011

El burgués gentilhombre por Le Poème Harmonique en los Teatros del Canal de Madrid, España

Foto: Marco Borggreve - Teatros del Canal de Madrid

Ramón Jacques

Le Bourgeois Gentilhomme,  la obra maestra del genero de la comedia-ballet, que nació de la unión del talento del dramaturgo Molière y el músico Jean Baptiste Lully, y cuyo estreno tuvo lugar en 1670 en la corte de Luis XIV, fue representada en su versión original e integra en los Teatros del Canal de Madrid por Le Poème Harmonique, el ensamble francés especializado en el repertorio musical de los siglos XVII y principios del XVIII.  Con la intención de reivindicar la tradición del teatro de Mòliere, la Comedia Francesa omitió las partes cantas y bailadas dejando una obra que carecía de coherencia artística y dramática. Fue así como en el 2004, el músico Vincent Dumestre (fundador en 1998 del ensamble), junto al director de teatro Benjamin Lazar y la coreógrafa Cécile Roussat representaron la obra en el ambiente escénico, festivo y desenfrenado, propio de la comedia-ballet, restituyéndole los diálogos originales, así como los ballets de Beauchamp y la música e intermedios musicales de Lully, como la ceremonia turca, que incluye la celebre y conocida Marche pour la cérémonie des Turcs. Un amplio grupo de actores y bailarines enriquecieron una interpretación musical y vocal de muy alto nivel, ante la atónita mirada de Monsieur Jourdain, personaje en el cual convergen el canto, la danza y el teatro, que fue interpretado con justa comicidad e inocencia por el actor y comediante Olivier Martín Salvan.  En la parte escénica, Benjamin Lazar intentó recrear una estética de época con un detallado y cuidado énfasis sobre la pronunciación, la declamación, los estilizados movimientos, danzas y la gestualidad barroca, pero sin dejar a un lado las situaciones cómicas. Lo más sugestivo de esta puesta escénica fue que se realizó completamente con la iluminación de unas velas situadas al frente del escenario, lo que creó un contraste entre luces y sombras que transportó a la escena, y a los espectadores, hacia un ambiente mágico y poético. Los vestuarios de Alain Blanchot lucieron por su elegancia y buena confección. Buena fue la prueba de los cantantes, destacando a la soprano Claire Lefilliâtre por su calido y cristalino timbre. Por su parte, Dumestre dirigió con seguridad y entusiasmo, por momentos tocando la guitarra barroca, a una orquesta que emitió un sonido uniforme, suntuoso y dinámico en su sección de cuerdas, sobretodo en el bajo continuo.

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