jueves, 1 de julio de 2010

Concierto de la Sinfónica Simón Bolívar en Atenas, Grecia.

Fotos: Fesnojiv

Prensa Fenojiv

Con un hecho sin precedentes, la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, orquesta cúspide de El Sistema, escribió en Grecia un nuevo capítulo en su historia como agrupación y como representación de la música hecha en Venezuela. La orquesta de 300 jóvenes músicos venezolanos dirigida por el maestro Gustavo Dudamel, ofreció un memorable concierto para los helenos así como para sus dioses, a la luz de la noche veraniega, en el marco del Festival Griego, celebrado en Atenas cada año. Con entradas vendidas en su totalidad, tres días antes del concierto, 5.000 personas se concentraron anoche en el Odeon de Herodes Atticus, un anfiteatro milenario en la Acrópolis de Atenas, donde está prohibido terminantemente tomar fotos, con o sin flash, pero cuando, a oscuras, los venezolanos se ponían la chaqueta con la bandera de Venezuela, cientos de cámaras de celulares se encendieron para capturar el momento.
Los guías de sala se miraban entre sí. Nada se podía hacer. Tampoco pudieron hacer nada para evitar que se congestionara la trastienda del escenario más del tiempo que los organizadores hubieran deseado. Hasta el último momento, los espectadores hacían cola para saludar a los músicos y en el camerino de Gustavo Dudamel, sin pensar en el reloj, esperaban el gran violinista Leonidas Kavakos, quien confesó su deseo de ir a tocar en Venezuela, y el renombrado compositor griego Mikis Theodorakis.

Toda esta ruptura protocolar en la Atenas milenaria, se produjo luego de que los músicos de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar revivieran la osadía de un compositor como Igor Stravinsky, quien, en 1913, se atrevió a hacer una obra que también quebró con todas las reglas de una época: La Consagración de la Primavera. La composición narra el delirio de una mujer que debe danzar hasta morir, como un ritual para agradar a los dioses y consagrar la primavera. Frente a miles de almas sobre las gradas de mármol del Odeon de Herodes Atticus, los venezolanos se atrevieron a consagrar la primavera en pleno verano y en la cuna de los dioses griegos.

En diagonal al escenario, el Partenón, más allá la esquina que sobrevive del Templo de Zeus. Lugares donde, hoy, quedan ruinas arquitectónicas como acervo de la memoria, los venezolanos, guiados por Gustavo Dudamel, construyeron un nuevo capítulo de su historia. Theodorakis, que por motivos de salud sale muy poco de su casa, señalaba que en estos músicos se halla un milagro y una revolución para la cultura. Suspiró con el deseo de escuchar el Canto General a Neruda, que compuso hace más de 30 años, tocado por venezolanos. "Quizá sea una oportunidad para que sea tocado como realmente se tiene que tocar", dijo en el intermedio del concierto, luego de que se interpretara la Sinfonía nº 5, de Ludwig van Beethoven.

El reconocido compositor griego abogó por la creación de una orquesta sinfónica integrada por venezolanos y griegos, idea que fue aplaudida por 370 personas que llenaron, el martes, una de las salas del Megaron, uno de los principales teatros de Grecia, para escuchar al maestro José Antonio Abreu narrar parte de la historia y la filosofía de El Sistema como proyecto social y a otros cuatro panelistas griegos explicar los proyectos que llevan adelante en la República Helénica inspirados por El sistema venezolano.

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