jueves, 7 de abril de 2011

Ensayo abierto de ‘El gran macabro’ en el Colón de Buenos Aires



Gustavo Gabriel Otero

Fotografías gentileza Oficina de Prensa del Teatro Colón

El año pasado la dirección del Teatro Colón anunció la contratación del grupo catalán La Fura dels Baus para el estreno local de El gran macabro de Gyorgy Ligeti. Desde noviembre de 2010 una parte del personal -en su mayoría miembros de ambas orquestas- mantiene un conflicto laboral y gremial con la conducción del teatro y con las autoridades políticas de la ciudad de Buenos Aires. El conflicto, a la fecha no resuelto, obligó no sólo a interrumpir la venta de abonos para el 2011 sino a llevar adelante esta producción escénica sin orquesta y en forma de ‘ensayos abiertos’ gratuitos.

La orquesta fue reemplazada por Eduviges Picone en piano, Robert Houssart en piano y sintetizador, Cecilia Fracchia en clave y celesta, César Bustamante en órgano y Diana Melo Reyes y Eduardo Caicedo en percusión. En algunos momentos el sintetizador pareció reconvertirse en grabación cuando en los interludios el timbre de los bronces es fundamental. No deja de sorprender la gran afluencia de público para un mero ensayo de una función que no se realizará jamás. Esta fue la manera que encontraron las autoridades del Colón para mostrar el trabajo de los casi 800 empleados que no están en conflicto y trabajan regularmente. Claro que una ópera sin orquesta no es el espectáculo pensado por el autor y esto vale para Monteverdi, Mozart, Bizet, Verdi o Ligeti. El pecado es el mismo para cualquier obra operística y máxime en un teatro de más de cien años de vida y en una capital de gran tradición operística. El pecado no es mayor por ser una obra contemporánea: es el mismo. Pero naturalmente se nota mucho más por la importancia que tiene la orquesta en las óperas del siglo XX.

Los músicos a cargo del acompañamiento tuvieron un desempeño de gran nivel dirigidos con precisión por Baldur Brönnimann. Lo mismo vale para el Coro Estable preparado por Peter Burian. El elenco lució casi perfecto con el histrionismo y la calidad del tenor Chris Merritt como Piet the Pot, los matices del barítono Roderick Earle como Nekrotzar y la solidez del contratenor Brian Asawa como el príncipe Go-Go. La soprano sueca Susanna Andersson impresionó con sus coloraturas exactas y sobreagudos rutilantes en el doble rol de la diosa Venus y Gepopo, el jefe de la policía secreta. Frances Bourne (Amando) e Ilse Eerens (Amanda) se amalgaman no sólo vocalmente sino, también, en sus coreografiados movimientos. Ning Liang ofrece una atrapante Mescalina mientras que su dominado marido Astradamus es sólidamente interpretado por Wilbur Pauley. Los ministros Blanco y Negro de Gustavo De Gennaro y Javier Galán resultan ajustados e histriónicos, mientras se desempeñan correctamente Sebastiano De Filippi, Alejandro Meerapfel y Christian Peregrino en los breves roles de los policías Ruffiack, Schobiack y Schabernack.

La puesta en escena impacta por su creatividad y por el gran despliegue técnico. Es extraordinario el diseño de iluminación de Peter van Praet, Lluc Castells encuentra como caracterizar y mostrar cada uno de los personajes a través del vestuario y la muñeca ideada por el escenógrafo Alfons Flores, además de impactante por sus dimensiones y por la proyecciones de Franc Aleu, sirve de perfecto marco a las ideas de Alex Ollé y Valentina Carrasco que convierten a la muñeca Claudia de escenografía en protagonista de la obra.

Así como Claudia en sus pesadillas por su indigestión sueña este fin del mundo que termina con la evacuación de sus excesos, el Colón esta sufriendo pesadillas: parte de su cuerpo está bien y otra parte con problemas. ¿No habrá que hacer como Claudia para solucionarlos?

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