viernes, 8 de abril de 2011

Gran noche verista en el Gran Teatro del Liceu de Barcelona

Fotos: A. Bofil - Gran Teatro del Liceu

Alicia Perris

Cavalleria Rusticana, ópera en un acto de Pietro Mascagni (1863-1945), basado en un cuento de Giovanni Verga con libreto de Guido Menasci y Giovanni Targioni-Tozzetti y Pagliacci, música y libreto de Ruggiero Leoncavallo. Día 1 de abril de 2011. Elenco: Cavalleria: Santuzza: Ildiko Komlosi, Lola: Ginger Costa-Jackson, Turiddu: Marcello Giordani, Alfio: Marco di Felice, Lucía: Josephine Barstow. Elenco Pagliacci: Marcello Giordani, Nedda: Ángeles Blancas, Prólogo/Tonio: Andrej Dobber, Beppe(Arlecchino): David Alegret, Silvio: Jean-Luc Ballestra. Dirección musical: Daniel Callegari. Directora de escena: Liliana Cavani. Escenografía: Dante Ferretti. Vestuario: Gabriella Pescucci. Orquesta Simfónica y Cor del Gran Teatre del Liceu. Cor Infantil dels Amics de la Uniò de Granollers. Participación de la Polifónica de Puig-Reig. “La commedia è finita”. Con esta frase podrían definirse el final de las dos óperas que ofrece el Liceu en su noche de estreno. Mucha gente, bien vestida, animosa y despierta, dispuesta para disfrutar de una velada que en Barcelona, aúna voluntades: los caminos sinuosos y para algunos superados de la tradición verista. La puesta en escena de Liliana Cavani siempre levanta expectativas. Su propuesta de la aldea siciliana no defrauda, las cortinas en lino claro que cierran y abren las ventas son la metáfora de los corazones de los pueblerinos, volátiles, pasionales, inquietos. Tiene un aroma de Sicilia su proyecto, pero no podemos olvidar la mítica recreación que en El padrino (tercera parte) hacía Coppola en el escenario del Teatro Massimo de Palermo o la versión fílmica de Zeffirelli, con exteriores sugerentes y la voz de Plácido Domingo inundando la pantalla. El drama, en todas partes. Se huele la sangre y la tragedia en cada esquina y en cada recoveco aldeano. Ildiko Komlosi compone una Santuzza imponente aunque a veces excesivamente incisiva en el registro agudo, bien su actuación escénica. Turiddu tiene musicalidad y resuelve su papel con desenvoltura y perfeccionismo. Fue muy aplaudido. El resto del elenco acompaña bien a los protagonistas y la dirección de orquesta consigue por momentos un sonido redondo y entusiasta. La religiosidad y la fiereza de las costumbres lo impregna todo: la mujer a la vez, víctima y verdugo de la historia, siempre entre su casa y la iglesia. Todo es excesivo en esta historia de desamores y desencuentros. El tiempo juega siempre en contra de los personajes que se sienten, a pesar de festejar la Pascua, bastante abandonados de Dios, desamparados. “…lo que sucede más bien es lo contrario. Que incurre en el comportamiento celoso aquel que sabe amar peor, es decir, aquel que por no saber amar, difícilmente puede sentir y entregarse a un amor intenso”. (Aquilino Polaino-Lorente, “Personalidad y conflictos conyugales”) Este es el gran tema de la primera de estas obras, pero también de la segunda, aunque podríamos agregar la percepción que de su edad tiene el protagonista, Canio, en relación con otros actores más jóvenes o avispados que se disputan el amor de su mujer, la voluble y frívola Nedda. Poco rica la puesta en escena para esta tragedia y muertes anunciadas. Bien defendido el rol que interpreta Marcello Giordani, menos elegante en lo vocal Ángeles Blancas con unos agudos un tanto forzados. Bien el resto de los cantantes en un acompañamiento más coral de los personajes principales. Agradable Silvio en un papel corto pero importante, así como Tonio y Beppe. Muy ajustada la labor del coro. El público aplaudió agradecido una función que si podía mejorarse, dejó sin embargo muy alto el listón de la ópera verista, con una defensa del repertorio más tradicional en los grandes teatros que bien quisieran para sí otros coliseos, más entregados a montajes contemporáneos, algo alejados de las expectativas de los melómanos que habitan y dan vida a este tipo de salas.


HOMENAJE AL TENOR JAUME ARAGALL Después de terminada la función del día del estreno, el Liceu dedicó un homenaje en el balcón-foyer, al tenor catalán Jaume Aragall, para premiar una larga y fecunda trayectoria en el mundo del canto. Estuvieron presentes todos los cantantes que esa noche actuaron, medios de comunicación, la familia y los amigos del tenor y el President de la Generalitat, Artur Mas, que dedicó unas palabras llenas de afecto al cantante, resaltando además, la fertilidad de Cataluña para dar a luz artistas reconocidos en el ámbito internacional. Como no podía ser de otra manera y a pesar de la contundencia de la crisis a la que no es ajena Cataluña, no faltaron los brindis, regados con un riquísimo cava de la tierra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario