domingo, 7 de junio de 2015

Recital de Marie-Claude Chappuis en Friburgo, Suiza

Foto: Christoph Lösche

Ramón Jacques

El ‘Festival du Lied’ que se realiza en la ciudad de Friburgo y que ha atraído durante su historia a importantes interpretes de ópera y de lied, inauguró su 8ª edición.  El formato en esta ocasión se modificó, y en vez de que todos los recitales se realizasen en una misma semana, ahora se ofrecerán durante cada una de las estaciones del año. El recital  de “Primavera” le correspondió a Marie-Claude Chappuis, reconocida mezzosoprano nativa de esta localidad y fundadora y directora del festival, quien ofreció un programa de Mélodies et Chansons françaises, genero del cual es una especialista. El Templo de Friburgo fue el espacio ideal en el que se creó un ambiente reconfortante y pleno de intimidad para la realización de este recital, que se centro en piezas de tres compositores como Gabriel Fauré, Francis Poulenc y Eric Satie. Marie Claude Chappuis disfruta esta música que conoce bien y que canta con dulzura y musicalidad, dando sentido a cada palabra y a cada frase que emite, con nitidez en la dicción y con elegancia. Es una artista que hace de cada pieza, por más corta o larga que sea, una historia que le cuenta y le transmite al público al que logra conmover y emocionar. El primer bloque de canciones de Fauré, fue luminoso con una calidez casi solar como en Après un rêve. Su gracia particular y simpatía se manifestó en los dos ciclos de canciones de Poulenc que interpretó desde Avant le Cinéma, sin olvidar Nous voulons une petite soeur o la conocida Les chemins de l’amour, con el que literalmente y sin necesidad de cerrar los ojos nos transportó a algún lugar y tiempo en el pasado. Las canciones de Satie las matizó de expresividad e intención, y su desempeñó lo coronó con "Adieu de l'hôtesse arabe" de Bizet, con texto de Víctor Hugo, sin duda la mejor canción del compositor de la que Marie-Claude extrajo la sensualidad y exotismo contenido en el texto, con dúctil y radiante tonalidad vocal. No olvidemos mencionar el sobresaliente marcó musical que ofreció Malcolm Martineau, experimentado pianista, y conocedor, que creó una simbiosis y estrecha complicidad entre su teclado y la voz. Como dato curioso, este recital fue grabado para ser emitido posteriormente en CD, y quienes estuvimos allí podremos revivir esos momentos.


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