miércoles, 19 de enero de 2011

"Una música constante" novela de Vikram Seth

Fotos: Vikram Seth, Wigmore Hall, Violón, Phillipe Honoré
Massimo Crispi
Yo no conocía a Vikram Seth, y tampoco sabía quien era porque nunca había leído sus obras. Una alemana, que conocí por casualidad en la red gracias a un mágico Lied de Schubert y que ahora se convirtió en una buena amiga, un día me dio una sorpresa. Ella me envió un libro de Seth, titulado "An Equal Music" (o "Una música constante" en español). Ella quería que yo lo conociera porque allí se hablaba mucho sobre Schubert y sobre como fluye constantemente la música en nuestras vidas, cómo es la música un instrumento y lo que "hace" por los otros, como en el caso de una enfermedad que afectó a un músico, y sobre como son las vidas de las personas que viven de música, etc Para mí que soy músico me interesó profundizar en el argumento. Después de abrir el paquete con felicidad y sorpresa, a las pocas horas comencé a leerlo, un poco perplejo inicialmente, porque estaba escrito en inglés y porque a pesar de que lo hablo y lo traduzco, no es un idioma que me guste particularmente para la literatura. Claro, delante de Shakespeare, Dryden, Donne, Dickens, pongo todas mis reservas por un lado y reconozco su inmensidad, pero siempre me canso un poco de leerlo. Aun asi, "An Equal Music" tenía algo especial: era una novela, sí, pero con una banda sonora en el fondo, y había música entre las palabras, y yo conocía muchos de los fragmentos que Seth describía mientras se desarrollaban la historia y sus personajes, y era como vivir entre ellos, compartiendo al mismo tiempo sus aspiraciones, sus sentidos, y los gustos de todos ellos.

Así que me hundí en la lectura. Desde el inicio está clara la relación que unía a Michael Holme, el narrador, protagonista y segundo violín de un famoso cuarteto de cuerdas de Londres, a su instrumento, un inestimable violín italiano, un Tononi del siglo XVIII. Los que no saben que un músico es también su mismo instrumento no puede comprender hasta el fondo tal interrelación, que generalmente es una ejecución musical de su punto de vista. Un instrumento forma el sonido de un artista desde su primera edad, su particular manera de comunicar por las notas que él puede extraer de ese instrumento, las vibraciones que ese instrumento produce en el aire, y los fraseos que el artista puede hacer con aquel instrumento y no con otros. Es determinante, diríamos, para marcar el propio lenguaje del artista, y es valido tanto para los violines como para los chelos, las flautas, las guitarras, los oboes y los pianos. Eso cambia si se utilizan cuerdas metálicas o de intestino, cambia si se utiliza un tipo de madera y no otra. Un jinete cambiando de caballo no consigue el mismo resultado, así como un ciclista o un piloto con sus coches, así como un escultor que no tiene sus mejores utensilios o un cocinero que solo quiera utilizar cazos en cobre y ninguno de acero inoxidable. Beethoven, Liszt, Chopin y muchos otros requerían instrumentos especiales para componer su música y, si no hubieran tenido esos instrumentos especiales, no conoceríamos sus obras así como las conocemos; ellos mismos sugerían a los constructores hacer modificaciones, y de no haber sido así no tendríamos los pianos modernos. A pesar de que el protagonista de la novela tocaba el violín desde su infancia, ese instrumento precioso no era suyo. Era un préstamo, proveniente de una gentil y generosa oferta que le hizo una vecina, amiga de la familia y ex-violinista. Ella, dándose cuenta que el chico tenia talento y viendo el obstáculo que era el propio padre quien veía a la música como un hobby y nada más, decide darle ese inestimable instrumento, que quien sabe que manos ilustres lo habían tocado durante los siglos. Esa fuerte relación, se convierte en un constante peligro cuando el violinista se da cuenta que "su" instrumento en realidad nunca será verdaderamente suyo, porque la propietaria debía incluirlo en la herencia de su insensible y nieto y de sus tres insoportables hijas, todas tan inútiles como su padre. Así el violín siempre es visto por el músico como un huésped, un amigo inseparable, pero con la conciencia de que un día se irá por otro lado y con la más triste certeza durante las dificultades económicas de un músico (a menos que sea una estrella como Anne Sophie Mutter o Isaac Stern) y le será muy difícil encontrar otro idóneo de acuerdo a sus posibilidades económicas.

En la novela hay también un episodio muy conmovedor, en el que en un negocio de venta de antigüedades, el primer violín del cuarteto (un personaje por demás antipático y ácido) intenta comprar un mejor instrumento para expresarse de mejor manera, y a pesar de las promesas del vendedor, el violín lo valúan en una cifra inalcanzable para el músico. Así, él tiene que olvidarse del instrumento que para él hubiera significado, una nueva voz, un enriquecimiento para si mismo, para el cuarteto, para el público y para la música. Pero después de tantas aventuras, crisis, arrepentimientos, dejando su carrera sin mas ganas más de tocar, y al final resignado a la perdida del violín, Michael será recompensado por un cambio de idea de última hora de la vieja mujer, quien justo antes de morir, y en presencia de notarios y abogados, la vieja amiga lo elige como heredero, sin condiciones de sucesión o pagos de impuestos, del magnífico Tononi, convirtiéndolos de facto a ambos en inseparables. En este punto se pone atención al problema de la sobrevivencia de los inestimables patrimonios de los artistas solos, sin descendencias o con descendencias horribles, que se pierden y no conocen una continuidad o herederos que puedan comprender el inmenso valor de objetos y obras de arte salvados que fueron utilizad durante una vida consagrada a la búsqueda de la belleza, del arte, de la música, y de cuan importantes puedan ser esos objetos para todos, para comprender mejor el mundo donde vivimos y quienes somos. Esta es una de las tantas caras de esa novela, un aspecto fundamental y complementario, que para muchos otros es una realidad casi periférica, si la comparamos con la normalidad de la vida de la mayoría de la gente. Lo que se "escucha" fluyendo en la novela, de cabo a rabo, como si fuera audible por el oído, es una música constante, como señala su título traducido al español (editorial Anagrama, 2006). Desde la primera pagina, mientras Michael intenta tocar sobre su violín la línea del canto de un Lied de Schubert, la Trucha, nuestra impresión es la de verdaderamente estar escuchar esa música y sus frases, y es muy difícil describir una música sin que esta estuviera escuchándose realmente ahí. Claro, yo conozco muy bien casi todas las obras descritas en el libro, y en las descripciones de Seth he vivido las frases, así como los momentos líricos y los dramáticos de cada fragmento. Quien sabe si pueda ser tan fácil para quienes no conozcan esa músicas. A mi me encanta la idea que a quien haya leído la novela y no conociera la música se le despertaría la curiosidad por conocer esos espectros musicales y buscaría esos fragmentos para darles un cuerpo. Darles un cuerpo, es una cosa imposible para algo que no tiene una esencia material y que solo es una vibración del aire que a su vez hace vibrar los "instrumentos" en el interior del oído humano, transmitiendo así la experiencia al cerebro que la decodifica y la cataloga como ruido, sonido, y música. Aquí, justamente sobre el tema de la perceptibilidad, se desarrolla otro importante personaje de la novela. Julia, la co-protagonista con Michael, que es una pianista extraordinaria. Michael la conoce en Viena, mientras asistía a los cursos de un extraordinario profesor de un carácter imposible, y vive con ella una intensa historia de amor, alimentándose de sexo (apenas descrito, con mucha e infrecuente delicadez), de amor y de música. La música juega un papel fundamental en esa relación, porque la pianista lo introduce el juvenil Trío de Beethoven (que él reinterpretó como un quinteto, op.104, al final de su vida) y muchas otras cosas más que hacen especial esa relación entre músicos.

Cuando Michael decide dejar Viena porque no puede soportar más las reacciones del amado-odiado profesor y no es capaz de tocar con libertad, cambia totalmente de vida y, con un dolor profundo, deja también a Julia a quien continuaba amando. No sirven para nada las cartas que él escribe a ella unas semanas después y que ella nunca recibe. Por casualidad, diez años después, a pesar de que Michael nunca olvidó a Julia y después de una serie de combinaciones, como el descubrimiento de partituras y grabaciones discográficas que de todas formas reconducían a Beethoven, al trío y al quinteto del periodo de Viena, Michael se reencuentra con Julia. Así, comienzan a verse y encontrarse en citas breves pero fuertes, cargadas de emociones, de amor y contradicciones, de sexo, delicadez y turbaciones. Ella tiene una vida nueva con un marido y un hijo, mientras que el tiene una relación poco importante con una alumna francesa, sin ningún interés para ella. Los dos retoman las piezas de ellos mismos, las piezas de un rompecabezas suspendido, piezas que no encajan más que pero que aun así, ambos intentan recomponer de alguna manera. Julia tiene un secreto atroz. Como Beethoven ella está perdiendo gradualmente el sentido del oído. La pianista cuya principal ocupación es la de tocar música de cámara con otros músicos, no puede escuchar lo que interpreta, solo puede imaginar lo que ocurre mirando las manos de los otros músicos que suben y bajan, y sus teclados. El secreto sale poco a poco a relucir y Michael se conmueve y se perturbaba profundamente por ello. La falta de percepción para un músico es todo, es una interpretación del mundo: escuchar a un pájaro cantando (como en el fragmento de Vaughan Williams "The Lark Ascending", que cuanta música hay en esa novela...), la resonancia de las sonatas de Manchester de Vivaldi en la iglesia de Venecia, las mismas de Vivaldi, el viento en el campo inglés, el ruido constante de las ciudades, la voz de las personas. Claro, ese sentido varia de un instrumento a otro, porque el piano no tiene problemas de afinación, una vez que se encuerda y el teclado está afinado. Un violinista o un cantante, sin el retorno de la resonancia exterior, a menos que tengan una afinación absoluta, están obligados a la continua búsqueda de la afinación sobre los teclados, verdaderos o virtuales. El pianista que tiene que acompañar a los otros tiene que calibrar su impulso, tiene que cuidar al ensemble, la fusión de los sonidos, y estar sordo es un enorme obstáculo. Seria como quitarle los ojos a un pintor, el mundo de colores y líneas, de espacios y visiones, existiría solo en su cerebro y así no sabría como reproducirlo. En un cierto punto de la novela, Julia aparece en la vida del cuarteto a través de un agente austriaco común y a causa de la enfermedad imprevista del pianista quien debía tocar con el Cuarteto Mayor en el Musikverein de Viena, donde la sociedad de conciertos había solicitado en el programa la ejecución de la “Trucha” de Schubert, es decir un cuarteto de cuerdas mas un piano, y por ello se impuso a Julia como pianista, con todas las implicaciones sentimentales y profesionales que ello conlleva, y de las cuales solo estaban concientes Julia y Michael. Ninguno en el cuarteto sabía algo del secreto de Julia, excepto Michael, y el agente. Sin embargo todo salió bien, y aunque el primer ensayo fue solamente un momento de excitación para Julia, nadie se dio cuenta su sordera. Solo las ansias de Michael hicieron sospechar al primer violín, pero a partir de ahí fue todo un crescendo de búsqueda y de presiones hasta que la verdad saliera a flote. La enfermedad, la sordera, es un horrendo espectro para cualquier músico, que se afronta, se entiende, se digiere, se tolera, pero es siempre una causa de tensión y de miedos, en primer lugar para la pianista, quien de ahora en adelante decidió no tocar con ningún otra mas que con ella misma, situación en la que podía aun fingir que su sordera no existía, conociendo algunos tonos de su teclado y siendo capaz de reproducir la música sin ninguna evidente manifestación externa de su enfermedad. Son paginas extrañadamente dolorosas, donde cada uno veía las cosas desde su propio punto de vista, despiadado, si se quiere, pero muy cierta y que podría ocurrir realmente.

Hacían una pareja con la desgarradora escena de la película Amada Inmortal (Immortal Beloved de Bernard Rose) en la que un Beethoven, que ya para ese momento se encontraba sordo, apoyaba su oreja en el piano para poder sentir las vibraciones de la música, en la parte mas intima y mas conmovedora de la película. En la novela, fueron bien descritas las agencias, y los buitres que frecuentemente resultan ser los agentes, que decretan el ascenso de una carrera o el derrumbe de un artista, y como a su vez, existen raras y particulares personalidades que los ayudan. Aquello que disgusta, aunque también es lo que al final con una partida para violín solista y piano, pone todo en orden, como a los fantasmas que rondan en la mente de los músicos y en la radio de un taxi que captan el vuelo de Michael, es Bach, sobretodo con su Arte de la Fuga, obra encargada por una importante casa discográfica para ser el ultimo lanzamiento del Cuarteto Mayor y que después se convierte como una Némesis en la causa de su desintegración. Es la misma obra que Julia tocaría en el Wigmore Hall durante su primer concierto junto al cuarteto. La ambivalencia del genio de Bach: como haya sido acomodada, funciona siempre provocando confusión y éxtasis, o siendo la cruz y la delicia de los ejecutores y los escuchas. La música constante transcurre y acompaña cada minuto del día de todos los personajes y de los lectores. La ciudad es el fondo de los acontecimientos para los protagonistas, y así, Londres, Viena y Venecia viven a través de los lugares de la música como: las salas de ensayo, los cuartos insonorizados, las tiendas de laúdes, los conservatorios, las bibliotecas, el Wigmore Hall, el Hyde Park, el Musikverein, el Danubio, la iglesia de S. María de la Piedad, la iglesia de Vivaldi, y el agua de la laguna, y resuenan con notas mudas pero presentes. Describir aun mas “Una música constante” es una empresa imposible porque la novela esta totalmente llena de eventos, de reacciones, de relaciones ligadas entre los personajes, de relaciones familiares y profesionales, de música, y todo esta tan pormenorizado que seria como rescribir de nuevo y a fondo todo el libro. Lo cierto es que esta novela debería ser leída por todos los músicos, por los apasionados a la música, por los que van a los conciertos y consumen la música reproducida, pero no solo la de ellos.

Muchos se reconocerían en las situaciones descritas, y todos descubrirían muchas cosas, sobre la música y sobre los músicos, que habitualmente son desconocidas, que no se consideran o no se piensan, como tampoco se cree que puedan existir. Quizás, así podrían abrírsele al lector nuevas maneras para escuchar la música, para estudiarla y para protegerla como una cosa santa. Si tan solo nuestros políticos pudieran entenderlo y así lo quisieran, este libro les seria útil para hacerlos comprender cuan necesaria es para vivir la “verdadera” música y como debería ser defendida y no agraviada, así como la propia vida de los músicos, que son los sacerdotes que hacen inteligible esa jungla de garabatos misteriosos plasmados sobre los pentagramas. Existe también un CD doble del sello Decca, que acompaña la novela y que incluye toda la música que se menciona en la novela, como si fuera la verdadera banda sonora de una película, y esto es lo que el propio Vikram Seth dice al respecto:

…¿Por qué incluir un CD - o mejor dicho dos, a una novela sobre la música? ¿No seria como agregar una ballena a una copia de Moby Dick? o ¿Se tiene como propósito ilustrar mejor la acción de la novela? o ¿es una música de fondo para la lectura? o es ¿quizás un sustituto del mismo texto, que intenta describir aquello que en verdad no puede ser descrito? Por lo que a mi respecta, no busco nada de lo anterior mas que dar placer.

Algunas obras que juegan un papel fundamental en “Una música constante” son muy conocidas y otras no tanto. Todas juntas serian muy caras si se intentaran comprar, o como muchos lectores me han hecho notar, seria virtualmente imposible. Cuando Decca sugirió hacer una recopilación, o si fuera necesario, grabarlas y ponerlas a la venta a un precio razonable, yo quede encantado. La mayor parte de las selecciones musicales no requiere de ninguna explicación. Son todas grabaciones maravillosas, y muchas de ellas son consideradas clásicas, con interpretes como:
Mstislav Rostropovich, Andras Schiff, María Joao Pires
y Iona Brown, entre otros. Pero para el Largo de la Sonata Manchester n. 1 de Vivaldi se realizó una grabación para violín y piano, porque a pesar de que existían muchas grabaciones de esta pieza, naturalmente que en todas se utilizó el clavecín.

Es para mi un placer especial presentar por primera ocasión una obra musical a los escuchas. Algunos lectores, incluidos algunos músicos me han escrito después de haber leído “Una música constante” para preguntarme si el quinteto para cuerdas en re menor, op 104 de Beethoven verdaderamente existe - como si yo hubiera tenido la desfachatez de inventar una obra inexistente y además agregarle un numero opus. Es una obra olvidada, pero ahora gracias a esta nueva grabación, es posible escucharla. Entre los interpretes de esta y otras piezas esta también a quien dedique la novela, el violinista Philippe Honoré. Fue una idea suya que el protagonista de mi obra fuera un músico. Es justo decirle que ha llevado a mis oídos, y los de los lectores, aquello que hace algunos años, durante el transcurso de una conversación informal, provocó en mi aun fallida imaginación.


Vikram Seth, Londres, Noviembre de 1999"
Vikram Seth, Una música constante, TEA 2001




1 comentario:

  1. Después de haberla leído por tercera vez puedo decir, desde mi punto de vista como pianista, que es la mejor novela sobre músicos que he leído. Una joya extraordinariamente documentada.

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