martes, 17 de abril de 2012

Don Giovanni - Metropolitan Opera


Matthew Polenzani - Marina Rebeka
Photo: Marty Sohl/Metropolitan Opera
Don Giovanni de Mozart fue una de las operas presentadas en la temporada inaugural  del Metropolitan en el año de 1883, y desde entonces se ha repuesto en este teatro con regularidad. En todas las funciones realizadas los elencos han contado con la presencia de los mejores cantantes y especialistas en Mozart, pero desde hace poco tiempo las estrellas han ido desapareciendo paulatinamente de este escenario. Este hecho quedo en evidencia en esta representación en la que el elenco tuvo un desempeño disparejo e irregular, alejado de lo que se esperaría de un teatro de este nivel. Si bien Gerald Finley en el papel de Don Giovanni cantó con robusta y homogénea voz de grata tonalidad su actuación estuvo cargada de exasperante sobreactuación. Ellie Dehn en el papel de Donna Elvira mostró un timbre de grata coloración, pero fue poco sutil en los agudos y tuvo notables desafinaciones en el aria “Mi tradi quel alma ingrata”  La pareja Zerlina- Masetto tuvo a Isabel Leonard, quien dio vida a una joven vulnerable y misteriosa de canto claro y fluido, y al bajo-barítono chino Shenyang, que bordó un personaje rígido y falto de temperamento muy discreto en la parte vocal. El tenor Matthew Polenzani fue un elegante Don Ottavio que interpretó sus arias con buena técnica y expresividad, y la soprano Marina Rebeka una Donna Anna de bella apariencia escénica y profundidad musical.  El legendario James Morris  aportó su larga experiencia y dignidad escénica como el Commendatore. Mención aparte para el bajo-barítono Kyle Ketelsen como Leporello, un papel que domina con autoridad en todos los sentidos. La lectura de Sir Andrew Davis, fue colorista y matizada, pero sobretodo equilibrada.  En esta época de modernidad y renovación escénica, se agradece que la nueva producción de Michael Grandage y Christopher Oram, estrenada el pasado mes de noviembre, sea elegante y apegada al libreto recreando una calle con balcones de Sevilla, y con un coup de theatre final en el que Don Giovanni es literalmente tragado por el escenario en medio de llamaradas de fuego. RJ

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