domingo, 20 de septiembre de 2009

Lady Macbeth de Mtsensk en Santiago de Chile

Foto: Jeanne-Michèle Charbonnet y Gleb Nikolsky
Credito: Juan Millán – Teatro Municipal de Santiago

Johnny Teperman

La ópera "Lady Macbeth de Mtsensk", tercer título de la temporada 2009 del Teatro Municipal, respondió plenamente a lo esperado y ha sido considerada como toda una grata sorpresa para los aficionados chilenos por su puesta en escena y sus grandes cantantes, que han llevado a denominarla como el gran evento de este año en el principal escenario cultural del país. El montaje de la obra ha sido brillante y espectacular, causando una gran admiración para el conocedor público chileno que en realidad se ha deleitado, al contemplar una puesta en escena moderna, cuyo director, el artista argentino Marcelo Lombardero, ha confirmado sus dotes de gran creador, con un equipo multidisciplinario igualmente eficaz, como en su trabajo anterior con "Tristán e Isolda", de Wagner. Lombardero define la historia de esta ópera, como de un mundo miserable y donde hay bastante promiscuidad también. Basada en un relato del escritor ruso del siglo XIX Nikolái Leskov, "Lady Macbeth de Mtsensk" indaga en la tragedia de Katerina Ismailova, una mujer casada con un pusilánime vendedor viajero. En su gran casa, Katerina es vigilada día y noche por su matonesco suegro y cree encontrar el amor perdido en un recio trabajador de la estancia familiar. Con complicidad de éste, la mujer asesina a su esposo y su suegro, por lo que cae en la cárcel. Esta obra del autor ruso Dimitri Shostakovich, se entregó en siete presentaciones (cuatro del elenco internacional y tres del estelar o segundo elenco). Lombardero ofreció una versión en que mezcló lo original con lo espectacular, dando gran importancia a la combinación música-teatro, incluyendo en varias partes, algunos muy felices toques cinematográficos. Hay párrafos marcados a través de las tres horas que dura la obra y el crítico tiene la obligación de resaltar lo ingenioso y artístico que resulta el "regista" argentino en su "mise en scene" de esta "Lady Macbeth", con elementos innovadores a través de todo su desarrollo. Ambos elencos participantes en las siete funciones, pudieron contar con excelentes cantantes y bajo la completa dirección o 'regie' del argentino Lombardero y la conducción de la Orquesta Filarmónica de Santiago a cargo del maestro ruso Dmitri Jurowski y del chileno José Luis Domínguez , junto al Coro del Teatro Municipal, siempre muy bien conducido por el maestro uruguayo residente, Jorge Klastornick. Ambos directores estuvieron impecables y adaptaron los sonidos de la orquesta a las exigencias y a la idea de Shostakovich, en total sincronización con los cantantes. En el reparto de los intérpretes de los dos elencos, hubo brillantes figuras.Mencionemos a Boris: Gleb Nikolsky - Hernán Iturralde; Zinovi: Valeriy Serkin - Pedro Espinoza; Katerina: Jeanne-Michèle Charbonnet - Natalia Kreslina; Sergei: Richard Cox - Enrique Folger; Sonyetka: Katherine Rohrer y Aksinya: Daniela Ezquerra. Sobresalientes fueron las actuaciones de las sopranos Charbonnet (estadounidense) e Ismailova (rusa): la primera con gran caudal de voz y una tesitura muy afín a la exigencia del creador musical. Más versátil la rusa, una de las mejores cantantes que han llegado a Chile, admirada por críticos, comentaristas y espectadores. De los varones, las palmas fueron para el malvado suegro Boris, del barítono ruso Glab Nikolsky; el Serguei, del tenor estadounidense Richard Cox y el Zinovi, del tenor ruso Valeriy Zerkin. Grandes performances también lograron el histriónio Pope del bajo ruso Maxim Mikhailov y el Viejo Convicto, un notable Alexander Teliga, bajo polaco. También de las damas, hay que mencionar -en orden de importancia- los aportes de la mezzosoprano estadounidense Katherine Rohrer, como la coqueta Sonyetka, y la soprano chilena Daniela Ezquerra, en su doble rol de la sufrida y vejada Aksinia y de una prisionera. La Escenografía de Diego Siliano; la Iluminación , de José Luis Fiorruccio y el Vestuario, de Luciana Gutman, funcionaron todos ellos como parte de un todo armónico que Lombardero condujo con mano maestra.

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