domingo, 27 de junio de 2010

El barroco hispanoamericano de Capilla del Sol - Buenos Aires, Argentina

Fotos e imagen cortesía: Capilla del Sol
Ramón Jacques

El vestíbulo central del Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco de la Ciudad de Buenos Aires, rodeado de su amplia colección de piezas de arte virreinal iberoamericano creó un ambiente verdaderamente evocador para la realización del concierto del ensamble Capilla del Sol, evento que a la vez sirvió como presentación de su reciente material discográfico titulado “Como pudieran en cualquier catedral”: Una misa en las Reducciones Jesuíticas del oriente boliviano, ca 1750.

Este conjunto argentino de música antigua, que fue creado en el 2004 y tiene su residencia precisamente en el museo, se especializa en la interpretación de obras del extenso patrimonio iberoamericano de música barroca con instrumentos originales y técnicas de ejecución similares a las de aquella época. Desde su creación, el grupo se ha presentado en diversas sedes en Buenos Aires y en la Argentina, así como en las ediciones 2004, 2006 y 2008 del Festival de Música Renacentista y Barroca de Misiones de Chiquitos, Bolivia, en la edición 2006 del Tropical Baroque Music Festival of Coral Gables, Florida, EEUU y en el Festival Internacional de Música Sacra de Quito, Ecuador entre otras presentaciones. En el 2010 sobresalen sus presentaciones: en el National Museum of American Indian del Instituto Smithsoniano y en el Kennedy Center for the Performing Arts de la ciudad de Washington EUA, y en el mes de octubre tiene previsto realizar una gira por México, que incluirá su debut en el importante Festival Internacional Cervantino de Guanajuato.

En el programa que nos ocupa, se ejecutó la musica de una misa tal y como hubiese ocurrido en las misiones de Bolivia alrededor del año de 1750. La reconstrucción de dicha misa nació como fruto de extensos viajes, exhaustivas investigaciones y consultas realizadas por Ramiro Albino, director de la agrupación, particularmente en los archivos musicales de Moxos y Chiquitos Bolivia, que contienen un significativo acervo de partituras musicales de diversos estilos e influencias.

Históricamente, estas tierras recibieron durante mucho tiempo misioneros de tierras tan alejadas y diversas como: Alemania, Argentina, Bolivia, Republica Checa, Chile, España, Francia, Hungría, Italia, Paraguay, Perú, Polonia y Suiza, y debido a la intensa actividad litúrgica, y por lo tanto musical que ahí existía, se fue creando a lo largo de dos siglos un amplio archivo musical que se nutrió de las partituras que fueron traídas por los misioneros en sus viajes, o creadas in situ por diversos compositores. Como no existía un orden profesional o una actualización en el repertorio, lamentablemente se desconocen los nombres de muchos de los autores de las piezas, y cuando era necesario elegir música para alguna celebración, simplemente se seleccionaban partituras del archivo de acuerdo a los textos, y así eran interpretadas.
El anterior fue el criterio utilizado por Capilla del Sol para crear esta misa, utilizando todas las partes que la componen, y cuya elección incluyó una conmovedora: Misa de octavo tono a tres voces -o la Misa de Pariache- de Tomas y Torreón y Velasco, una obra cargada de gran espiritualidad y de la que además se extrajeron: Kyrie, Gloria, Credo y el Sanctus; que junto a otros pasajes, y las profusas partes vocales y corales, como tambíen un Agnus Dei, fueron entrelazadas por partes musicales como: un fragmento de la Toccata en re menor, otro del Verso II, y de la Retirada del emperador de los dominicos de SS, acompañadas al órgano, de Domenico Zipoli, así como por una serie en tres partes de la Partida de los metales: Peltre, Plomo y Hierro, de cargado acento musical renacentista, y quizás de tintes monteverdianos.

En conjunto la Capilla del Sol exhibió un sonido compacto y homogéneo, cuantioso en el dinamismo y la musicalidad, con la que se logró emocionar y tocar fibras profundas del público presente en el concierto, bajo la segura y diestra dirección de Ramiro Albino. El componente instrumental incluyó: dos violines, cello, órgano, vihuela y guitarra, arpa, fagot, y flauta, y sin renunciar al carácter y sello latinoamericano inherente a las obras que se ejecutaron, exuberantes percusiones, que fueron notablemente plasmadas en el pasaje musical Manzana (el fragmento de la Partida de las Frutas) con la que concluyó la velada.





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