miércoles, 25 de agosto de 2010

Virginia Tola brilló en Pilar Golf

Fotos: Liliana Morsia Gentileza Pilar Golf

Gustavo Gabriel Otero
En un país como la Argentina donde las iniciativas culturales no soportan el paso del tiempo la continuidad de Conciertos Pilar Golf, que ya transita su sexta temporada, es un hecho más que relevante. La inteligente dosificación del repertorio, la inclusión de los mejores artistas nacionales y el respeto por el público ya son sellos indelebles de este emprendimiento, coordinado por Graciela Nóbilo, que ofrece ocho conciertos un sábado por mes entre abril y noviembre para la gente que ha huido de la gran ciudad de Buenos Aires -para refugiarse en barrios cerrados, clubes de campo, quintas y otros de la zona norte- y que de esa forma ha logrado un equilibrio con la naturaleza y el deporte pero no con la cultura y que gracias a Conciertos Pilar Golf tiene la oportunidad de encontrar algo más tranquilidad sino también arte y del mejor. El pasado 14 de agosto, en el quinto concierto del año, se presentaron la soprano Virginia Tola y el pianista Jorge Ugartamendía en un espectáculo denominado Emociones Únicas con arias de ópera, canciones españolas y populares, comedia musical y zarzuela. Virginia Tola inició su recital con Io son l´umile ancella..., de Adriana Lecouvreur, de Cilea, en lo que podría denominarse una declaración de principios dado el texto de la bella aria donde Adriana/Tola medita sobre su condición de humilde servidora del genio creador. La correcta versión significó la entrada en clima de artista, pianista y público.

Luego con Dove sono..., de la ópera Las bodas de Fígaro, de Mozart la temperatura emocional creció ante esta interpretación de Tola, que encontró los acentos necesarios para insuflare en los pocos minutos del momento solista todo el dolor a la engañada Condesa de Almaviva. Como siempre su refinado canto fue modelo de estilo y perfección. Como es habitual en estos casos el primer movimiento de la Sonatina de Maurice Ravel, sirvió de pausa a la cantante y de lucimiento para el pianista. En este caso Jorge Ugartamendia logró, en la difícil página, superar los objetivos propuestos, demostrar su valía como intérprete y preparar para el clima francés que sobrevendría. Depuis le jour de Louise de Charpentier y el Aria de las joyas que entona Margarita en el Fausto de Gounod mostraron una Virginia Tola refinada, cálida y compenetrada con el repertorio francés. Lamentablemente allí terminó la primera parte y todo el público quedó con ganas de escuchar más. Con la segunda parte, dedicada al repertorio español, Virginia Tola se presentó con cambio de vestuario, luciendo mantón español y con otra actitud corporal. Las exquisitas Siete canciones populares de Manuel de Falla encontraron en la soprano santafecina -con interesante carrera internacional- a una intérprete de lujo que plasmó cada una de ellas con el modo y el decir exacto de cada una.

El final fue con un fragmento de la zarzuela El niño judío, de Pablo Luna, la conocida De España vengo, que llenó de luz, color y alegría al auditorio de la mano de la impecable versión de Tola. Cuatro bises fueron el regalo ante la insistencia del público y que redondearon una duración razonable a un recital de por si breve. Así pasaron por la voz y la elegancia de Tola, secundada siempre con maestría por Jorge Ugartamendía, el Tango de la Hermenegilda de la zarzuela La Gran Vía vertido con natural histrionismo, la popular Estrellita de Manuel María Ponce interpretada con delicadeza y buen gusto, un fragmento de la comedia musical My fair Lady que electrizó al público por su calidad y la sutileza de Lauretta en O mio babbino caro, de Gianni Schicchi de Giacomo Puccini. Final de una noche donde brilló el natural encanto y calidad de Virginia Tola, una soprano llamada a dar ‘emociones únicas’ en cada presentación.




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