lunes, 25 de octubre de 2010

Montezuma de Graun – Festival Internacional Cervantino, México

Fotos: Javier del Real

Ramón Jacques

La reposición de Montezuma, rara ópera barroca del compositor alemán Carl Heinrich Graun (1704-1759) nació de la iniciativa de diversos teatros e instituciones internacionales para conmemorar el bicentenario de la independencia de México. La música le fue comisionada a Graun por Federico II “El grande” Rey de Prusia, monarca, genio militar y músico quien se encargó el mismo de escribir el libreto, inspirándose en la historia de la conquista de México por los españoles, en el que plasmó su visión e ideales del soberano: justo, bondadoso y protector. En la trama: Moctezuma, representa al equitativo y generoso emperador de México, que debe enfrentarse a la violencia y beligerancia de Hernán Cortes y sus conquistadores. El libreto original de Montezuma, en su premier mundial el 6 de enero de 1755 en el Hoftheater de Berlín fue en lengua francesa, pero después se tradujo al italiano, que es la versión hoy conocida y la que se utilizó en las presentaciones realizadas de esta producción en: el Theater der Welt de Mülheim, en el Festival de Edimburgo, el Festival Cervantino de México y en el Teatro Real de Madrid (con esta opera inició la era de Gerard Mortier al frente del teatro español. El director belga fue el principal impulsor de este proyecto por su reconocida admiración por la historia y la literatura de México).
La partitura es musicalmente rica y expresiva, con pasajes muy melodiosos y gratos, con la incorporación de metales como los cornos, así como arias (Graun sustituyó muchas arias da capo por cavatinas) y dúos como los reservados para Montezuma y su prometida Eupaforice que son de inmensa belleza y lucidez. La obra tiene como punto débil sus extensos recitativos, fundamentales para la historia teatral, pero que fragmentan la continuidad orquestal reduciéndola por momentos a escenas individuales; y su final que parece irresuelto con la muerte de Montezuma. Por ello, para concluir con un espíritu más jubiloso, el director musical argentino Gabriel Garrido, experto en música barroca hispanoamericana, agregó el “villancico” o cantata coral Albricias Mortales, del compositor mexicano Manuel de Sumaya (1680-1755) maestro de capilla de la catedral de México. La orquesta Concerto Elyma, ejecutó la pieza con instrumentos de época, emitiendo un sonido armonioso, compacto, con una sensación de ligereza y dinámica en las cuerdas, muy satisfactoria, bajo la precisa y exaltada batuta de Garrido.

En su concepción escénica el director mexicano Claudio Valdez Kuri, ofreció una cruda y brutal imagen de la conquista (en los primeros dos actos) con escenas de violencia, sexo y humillaciones al estilo de Calixto Bieito; y la ironía que se vio: por ejemplo en la entrada a escena de los conquistadores con un furioso can, o la sustitución de botellas de agua por botellas de Coca Cola. En el tercer acto, Valdez Kuri, descontextualizó la trama y la situó en una decadente época moderna, con vestuarios modernos, incluso para la orquesta que para este acto se situó sobre el escenario; muchos simbolismos, y movimientos absurdos, con la intención de provocar o irritar al público, como en el Regietheater. La escenografias del belga Herman Sorgeloos, fueron sencillas y austeras, tres pequeñas pirámides movibles (actos I y II) y una columna en el centro del escenario en el III acto, todo con brillante iluminación.

Notable estuvo el contratenor español Flavio Oliver, quien dio vida a un expresivo y afectivo Montezuma, emocionante en sus arias por su flexible, colorida e impecable voz de tonalidad oscura. La soprano mexicana Lourdes Ambriz cantó con calidez y flexibilidad su estrepitoso dúo con Oliver, y su exigente aria acompañada de los cornos, y adecuada fue la prueba de la soprano Lucia Salas con su timbre cristalino y suave como el guerrero Pilpatoé. Los conquistadores españoles fueron recreados por el contratenor rumano Adrián George Popescu, un violento y exagerado Hernán Cortes con voz homogénea de considerable expansión, y el contratenor francés Christophe Carré, un belicoso Narváez de canto estridente. Correctos en sus intervenciones estuvieron el resto de los participantes y el pequeño coro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario