sábado, 24 de agosto de 2013

Aleko y Francesca da Rimini de Rachmaninov en Buenos Aires

 
Foto: Teatro Colón de Buenos Aires

Gustavo Gabriel Otero

Buenos Aires, 21/05/2013. Teatro Colón. Serguei Rachmaninov: Aleko. Ópera en un acto. Libreto de Vladimir Nemirovich-Danchenko, basado en Los gitanos, de Alexander Pushkin. Francesca da Rimini. Ópera en un prólogo, dos actos y epílogo. Libreto de Modest Ilich Chaikovski, basado en el Canto V del Inferno de la Divina Commedia de Dante Alighieri. Estrenos en el Teatro Colón. Silviu Purcarete, dirección escénica, Helmut Stürmer diseño de escenografía y de vestuario. Karel Vanek, coreografía. Rares Zaharia, dramaturgia. Jerry Skelton, iluminación. Sergei Leiferkus (Aleko y Lanciotto Malatesta), Irina Oknina (Zemfira y Francesca Malatesta), Leonid Zakhozhaev (Joven gitano y Dante Alighieri), Maxim Kuzmin-Karavaev (Un anciano y Espíritu de Virgilio), Hugh Smith (Paolo Malatesta) y Guadalupe Barrientos (Vieja gitana). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Martínez Dirección Musical: Ira Levin.
 
El Teatro Colón ofreció, en carácter de estreno local, dos de las tres óperas del compositor ruso Serguei Rachmaninov: Aleko (de 1893) y Francesa da Rimini (de 1906). En un más que interesante programa que se concretó con una realización musical de excelencia y una faz visual controvertida. La puesta de Silviu Pircarete intentó llenar el espacio escénico de elementos comunes a las dos obras que las mismas no tienen. Los movimientos escénicos planteados lucieron anodinos y pueriles. La escenografía de Helmut Stürmer es una gran estructura metálica de color negro que deja ver pasarelas. En Aleko representa un interior donde los gitanos pertenecen a un circo ambulante. Lo esencial del galpón gitano persiste en el infierno de Paolo y Francesca y en el Palacio de los Malatesta. Responsable también del vestuario, Stürner, ideó trajes dispares y sin un anclaje temporal definido. Indudablemente pobre la iluminación de Henry Skelton y prescindibles los movimientos coreográficos trazados por Karel Vanek. La orquesta, dejando pasar algún acorde de bronces poco feliz, cumplió una labor loable, conducida por Ira Levin, quien supo llevar a buen puerto y con calidad ambas obras. Sergei Leiferkus con su línea de canto de gran nobleza, bello timbre e interesante musicalidad dio vida a dos personajes: Aleko y Lanceotto Malatesta. Irina Oknina (Zemfira y Francesca Malatesta) evidenció una voz homogénea, buen fraseo y volumen adecuado. Leonid Zakhozhaev fue un joven gitano -el amante de Zemfira- de voz poderosa y agudos certeros en Aleko y un correcto Dante en Francesca da Rimini. Maxim Kuzmin-Karavaev fue convincente como un viejo gitano primero y como el Espíritu de Virgilio después. Hugh Smith un tanto exigido en el rol Paolo Malatesta cumplió con lo necesario. Mientras que Guadalupe Barrientos se destacó en el brevísimo papel de vieja gitana en Aleko. El Coro Estable, que dirige Miguel Martínez, tuvo una participación brillante que contribuyó a la excelencia musical de la noche.

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