miércoles, 7 de agosto de 2013

Tosca en Los Ángeles


Foto: Sondra Radvanovsky - copyright Robert Millard / LA Opera
 
Ramón Jacques
Como ya ha sucedido en diversas ocasiones en el pasado la Los Ángeles Opera vuelve a encomendar una producción escénica a un director de escena ajeno al mundo de la opera. El resultado de invitar directores cinematográficos de Hollywood o de otro tipo de espectáculos ajenos al mundo de la opera, no siempre ha sido positivo, y en esta nueva producción no encontramos ante una poco atractiva y convincente idea del director ingles John Caird (mejor conocido por su éxitos montaje del musical Les Misérables), que situó la trama de Tosca en un tiempo cercano a la primera guerra mundial, desvirtuándola con excesiva y superflua violencia, ejecuciones y sangre en escena. En una iglesia semi destruida con una enorme pintura y andamios, una bodega  abandona con obras de arte, y en vez de prisión, en un campo de concentración con cuerpos ahorcados colgando del techo, transcurrió la opera. Los vestuarios fueron adecuados al periodo, pero la iluminación, que hizo más oscura y lúgubre la escena, y la sobreactuación de la mayoría de los personajes creó una imagen errónea de lo que Tosca es.  Lo que  sobresalió y dejó una huella indeleble en el público presente fue la presencia de Sondra Radanosky por su admirable interpretación del papel principal. Con radiante presencia, mesura y elegancia sobre la escena, la soprano estadounidense desplegó una voz de amplia de oscura coloración, homogénea y segura con la que emitió conmovedores pianos. A su lado, el resto del reparto palideció en su desempeño con un Marco Berti, que aportó temperamento al papel de Cavaradossi pero apostó por la fuerza de su instrumento y cantó de sus arias de manera poco sutil y destemplada. El barítono Lado Ataneli exageró dando vida a un perverso y violento Scarpia, cantando con potencia desmedida. El resto del los interpretes solo cumplió de manera discreta en cada uno de sus papeles y el coro dejo una grata impresión. En el podio, el actual director de la compañía, Plácido Domingo se encargó de dirigir a la orquesta con seguridad y convicción, a pesar de algunos altibajos en los tiempos y la dinámica que causaron algunos desfases con el escenario. 

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