martes, 21 de abril de 2015

Andrea Chénier –Juventus Lyrica, Buenos Aires Argentina


Foto: Liliana Morsia

Dr. Alberto Leal

Andrea Chénier, estrenada en La Scala en 1896 con gran éxito, es la única opera de Umberto Giordano que logró sobrevivir con el paso del tiempo. Con una hermosa música y un papel de tenor tentación para cualquiera de dicha cuerda, figura con bastante asiduidad en los teatros del mundo, no así en nuestro país donde no se da con frecuencia. La obra exige tres cantantes importantes y un gran número de comprimarios. Por eso es de destacar la valentía de Juventus Lyrica de poner esta importante obra en escena, quizás más apta para grandes teatros con otro tipo de recursos, abriendo la temporada. El Maestro Antonio María Russo, como siempre, fue una garantía. Con tiempos bien elegidos, con un cuidado balance entre foso y escenario logró un muy buen rendimiento de la Orquesta. Lo mismo del Coro por él preparado en colaboración con Hernán Sánchez Arteaga. Ana D’Anna, que aprecio en general su trabajo por su fidelidad al autor y a la época, no tuvo aquí un logro particular. Con un primer acto con demasiado movimiento escénico, confuso por momentos, pero demasiado veloz siempre, logró equilibrar a medida que pasaban los actos, pero con algunos errores imperdonables como la tocante escena de Madelón, donde su marcación estuvo totalmente contraría al texto cantado, pasando casi desapercibida una escena fundamental. Con una única escenografía de Gonzalo Córdoba, con algunas escenas logradas pero otras complicadas para los desplazamientos o no muy estéticas visualmente, pero con un más que agradable vestuario diseñado por la misma D’Anna – un logro aparte las curiosas y estéticas pelucas – la función se generó sin mayores problemas.
Juan Salvador Trupía Y Rodríguez fue sin dudar la figura de la noche y quien se llevó la más grande ovación del público. Con una voz de bellísimo timbre, excelente técnica y afinación, importante volumen, además de tener excelentes condiciones de actor, hizo pensar si esta puesta no tuvo que llamarse Carlo Gérard en lugar de Andrea Chénier. No fue una sorpresa en lo personal, ya que desde que lo vi, hace ya varios años, como Tonio en Pagliacci en el Teatro Roma, tuve en claro que estaba para otro nivel y para encarar una carrera internacional. Tuve la misma sensación que años atrás me ocurrió con López Linares y Veloz. Finalmente parece que le han dado el lugar que merece. Solo es de lamentar que cante nada más que una función más el día 16. Y creo que tiene todas las condiciones para cantar el “Escamillo” de la próxima puesta de Carmen de Juventus. Voz, físico y condiciones teatrales lo ameritan. Sabrina Cirera, a quien admiro profundamente como artista, sigue fluctuando en distintos repertorios. Algunos le son totalmente afines a sus condiciones vocales, como Boheme, Oberto, Medea, logrando merecidos éxitos con ellos. No ocurrió lo mismo con Cavalleria y tampoco esta vez con su Magdalena de Coigny. Su voz sigue siendo la de una soprano lírica con más volumen y recursos de los habituales. Pero esto no la convierte en una soprano spinto o dramática que su rol en Andrea Chénier reclama. Cantó con gran sentimiento el aria” La mamma morta”, superando con habilidad un pequeño percance al final de la misma. Generó hermosos pianísimos y un canto siempre matizado. Y tengo bien en claro que no existen muchas posibilidades para los cantantes locales, teniendo que aceptar los roles que les ofrecen. Cirera tiene temperamento, es una muy buena actriz y una voz inusual en volumen y extensión para una soprano lírica. Su centro y grave se escuchan mas contundentes que tiempo atrás, pero todavía no es el momento cantar una Magdalena donde graves y centro con mas cuerpo son requeridos. Creo que cualquier papel de lirico y los primeros Verdi, son lo más adecuados para su estado vocal actual. De todas formas su prestación fue valorable debido a su gran entrega y a sus condiciones escénicas. Darío Sayegh, como Andrea Chénier, un papel que ha sido cantado por los más célebres tenores del mundo, mostró una voz importante. Su zona aguda suena tirante, forzada, pero su canto fue siempre afinado. En un papel que requiere condiciones actorales importantes su prestación en este campo fue casi nula, notablemente estático. Creo que debería rever su técnica, ya que su material vocal no es de los que abunden. Recuerdo haberlo visto en una función de Tosca de Juventus cuando comenzaba su carrera, acompañado de Haydee Dabusti y Ricardo Ortale. Me impresionó más que favorablemente, presentando una voz totalmente libre en el extremo agudo y un timbre con más punta, con más armónicos. Este fue mi comentario de esa función para la revista española Canto Lirico: “El tenor Darío Sayegh – de corta carrera - como Cavaradossi lució una voz de excelente timbre, muy buen volumen y extensión adecuada. Y cosechó un éxito personal. En la medida que adquiera más experiencia escénica, y su registro se torne algo más parejo podrá aspirar a una carrera de nivel internacional.”. Algo tuvo que suceder en su técnica para perder atributos que tenía varios años atrás. De todas formas encontré muy mejorada su afinación con respecto a “Manon Lescaut” y mostró su resistencia llegando en las mismas condiciones vocales al último acto, aunque el dúo no fue de lo más logrado de la función. Del resto del numeroso reparto cabe destacar a Norberto Lara, con excelente timbre, técnica y condiciones actorales en los roles de El Increíble Y el Abate. El resto del numeroso elenco se desempeñó en general correctamente, con algunos casos que deberían ser revistos. Por el bienvenido atrevimiento de Juventus Lyrica al poner en escena un título de notable dificultad, por la poca frecuentación del mismo y por algunos trabajos de excelencia este Andrea Chénier merece ser visto y disfrutar de una función donde – con independencia de los valores de cada interprete - todos dieron lo mejor de si.

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