jueves, 16 de abril de 2015

Die Zauberflöte en la De Nationale Opera de Amsterdam

Foto: Hans van den Bogaard

Federico Figueroa

Esta coproducción de Die Zuberflotre en la De Nationale Opera de la English National Opera y el Festival de Aix-en-Provence ya había sido aplaudida en Amsterdam en diciembre de 2012 y por petición popular fue repuesta apenas dos temporadas después. El director escénico inglés Simon McBurney recreó, de forma extraordinaria, el rito iniciático urdido finamente por Schikaneder y Mozart. Su propuesta partió del texto, de la búsqueda del conocimiento, base del ideal de la Ilustración según el cual deberíamos ir de la oscuridad a la luz. Sin dejar pasajes donde la carne también clama por ser atendida. Y McBurney lo presenta cercano, tanto en la forma como en los conceptos. También retoca las partes habladas sin pudor. El monólogo de Sarastro con que se inicia el segundo acto se convierte en una reflexión actual de la crisis general que aún atravesamos. La escenografía (Michael Levine), aparentemente simple, está compuesta por un plano móvil suspendido del techo. La complejidad técnica sorprende por la precisión con que la que maquinaria y artistas se mueven sobre y debajo de ella. La iluminación espléndida de Jean Kalman es otro factor de gran valía, así como las proyecciones de video (Finn Ross). Verdaderamente vale la pena verla, por lo imaginativa, sorprendente y bella. La interacción entre orquesta y escenario en esta propuesta es visible. El primer flauta sube al escenario y también el músico que hace sonar las campanas de Papageno (Glocekenspiel) así como varios músicos que se encargan de hacer los sonidos ambientales. En el podio el maestro Marc Albrecht tuvo una noche inspiradísima al frente del Nederlands Kamerorkest. Su lectura fue ágil, sugerente en todo momento y perfectamente acorde con aquello que ocurría en el escenario. El elenco de  Die Zauberflöte en la De Nationale Opera, brillantemente y homogéneo, desde el tenor Maximilian Schmitt como un Tamino con cuerpo vocal rotundo, seguro en la zona aguda de su registro y magníficamente interpretado hasta la soprano Iride Martínez interpretando a la Reina de la Noche con adherencia al personaje creado por McBurney. Extraordinario el barítono Thomas Oliemans como un exuberante, vocalmente, Pagapego. Espléndida la Pamina delineada por Chen Reiss, cantante elegante y con espesor. El Sarastro de Brindel Sherratt exhibió el volumen de su voz aunque un tanto hierático. Monostato (Wolfgang Ablinger-Sperrhacke ), Papagena (Regula Mülhemann), las tres damas de la Reina de la Noche (Judith van Roij, Silvia de la Muela, Julia Faylenbogen), los tres magníicos niños del Knaben Chor de Dortmund, acertadísimos en sus cometidos, al igual que el coro de la Nationale Nederlnadse. El público aplaudió hasta el delirio a cantantes, orquesta y a la propuesta escénica.


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