sábado, 25 de abril de 2015

“He construido mi carrera en el escenario” - Entrevista con Virginia Tola

Nos encontramos con Virginia Tola por la tarde, cerca de un bar en la plaza Verdi, frente al Teatro Comunale de Bolonia. Estamos en el centro histórico de la ciudad y en el corazón de la zona universitaria, llena de jóvenes, de confusión y de ruido. Virginia parece sentirse a gusto en este lugar, tanto que podría confundirse con los estudiantes que se encuentran en la plaza. Nuestra charla empieza con gran naturalidad antes que entremos en el bar y sigue acompañada por cappuccino e brioche, el típico desayuno de Italia aplazado unas diez horas. Vida de artista. 

Anna Galletti 

Virginia ¿Cómo te acercaste al canto?

Decidí que quería ser cantante a los cuatro años, pero por supuesto que a esa edad no sabía qué tipo de cantante quería ser. Mi familia no pertenece al mundo de la ópera. Además en mi ciudad, Santo Tomé, en la provincia de Santa Fe, tenemos un teatro hermoso, construido por emigrantes italianos, cómo todos los teatros de Argentina. Sin embargo, no hay una temporada lírica. Cuando era niña estudiaba piano, flauta, y ballet, pero cuando por primera vez escuché un coro, me enamoré de eso, dejé todos los otros estudios y le dije a mi mamá que quería cantar. Así inicié a cantar en un coro a los ocho años y hasta casi diecinueve. Primero era contralto, ya que tenía lindas notas graves. Después, a los doce  años, llegué a ser la solista del coro y a cantar cómo soprano. Cuando tenía dieciséis años, mi maestra me sugirió que hiciera una audición para interpretar a una de las hadas en la ópera Hansel y Gretel, un proyecto en el que estaba involucrado el coro y que se iba a realizar con la compañía del Teatro Colón. Para nosotros obviamente era un evento muy importante y para mí el proyecto de mi vida. Cuando hice la audición, me aceptaron enseguida y fue así que hice mi debut como solista en una ópera. Mientras tanto, también había empezado a tomar clases de canto con una maestra de mi ciudad y ya tenía claro que esa sería mi vida.

Entonces ya habías tomado esa decisión antes de cantar en Hansel y Gretel. ¿Cómo llegaste a conocer la ópera antes de ese momento, ya que como comentaste, en tu ciudad no había una temporada?

Me enamoré de la ópera al ver un video de Carmen con Placido Domingo y al entender que la ópera es teatro cantado. En ese momento comprendí qué tipo de cantante quería ser, es decir una cantante que cuenta una historia, que transmite un personaje. Me fue claro que no quería ser una cantante popular y no porque pensaba que fuera menos importante, sino porque lo que me interesaba era ponerme en un rol, identificarme con un personaje y ser otra persona por la duración de la ópera. Eso se hizo la pasión de mi vida y desde ese momento nunca paré. A los diecinueve años empecé asistir a clases del Teatro Colón. Era la más joven, ya que los otros antes de ir a esa escuela habían asistido al conservatorio y yo no. Estuve en la escuela del Colón cuatro años. El último año, la Embajada de Argentina en Noruega, que era muy activa y que ya conocía mi actividad en la escuela, me propuso participar en el concurso de la Regina Sonja. Tenía miedo, y solamente veintitrés años, y hasta ese momento nunca había salido de Argentina. Además, el programa era extenso y difícil, con algunas elecciones obligatorias; por ejemplo cantar algo de Grieg. Me resolví a intentar, porqué el jurado era impresionante  y quería que los artistas que lo formaban me dijeran lo que pensaban de mi voz. Era muy importante para mí, ya que estaba convencida que tenía que hacer esta carrera y que había nacido por eso. Y al final ¡gané el concurso! En esa ocasión también conocí a Frederica Von Stade, quién me presentó a Placido Domingo y me invitó a participar a Operalia, su concurso, que también gané. Era el año 2000. Hice todo eso siendo todavía una niña, ya que a esa edad no se sabe nada. No tenía experiencia, no hablaba inglés ni italiano y no conocía una ópera  completa, solo quizás Bohéme.

Es fácil pensar que, no obstante tu juventud, ganar esos concursos le dio una vuelta a tu carrera. ¿Qué pasó después que ganaras el “Regina Sonjia” y “Operalia”?

Después de ganar esos concursos me llegaron muchas propuestas interesantes cómo cantar en Washington, Los Ángeles, Madrid, Roma, y yo aceptaba siempre. En los primeros años también cantaba a menudo en Noruega. En conclusión, dejé que las cosas pasaran. Mi maestra de canto me ayudaba mucho, pero puedo decir que mi carrera la construí en el escenario, de vez en cuando cometiendo errores o haciendo cosas que no tenía tan seguras. Hoy en cambio, me siento en mi momento más maduro, ya que al estoy haciendo el repertorio que siempre pensé que es el mío. Por supuesto no lo podía hacer a los veintitrés años, porqué no tenía la madurez para interpretar roles dramáticos. Por eso, durante diez años hice solamente roles líricos, cantando Mozart y Puccini, también con coloratura. Ahora, desde que me sigue Raina Kabaivanska, con quién trabajo desde hace dos años y medio, interpreto también este nuevo repertorio y siento que me encuentro en el lugar en el que puedo expresarme mejor.

Se puede decir que tu “gran debut” fue en el Teatro Colón, es decir en uno de los templos de la lírica y en tu País. ¿Qué recuerdos tienes de esa experiencia?

Mis recuerdos del Teatro Colón en realidad datan del tiempo de la escuela, que estaba dentro del teatro, donde no está más. Era una escuela muy buena cuyo fin era capacitar solamente cantantes y no, por ejemplo, profesores de canto. Había que cantar en cuatro o cinco idiomas, se tomaban clase de expresión corporal, de repertorio, de canto en ensamble. Los alumnos podíamos ver lo que pasaba en el escenario, aunque había que hacerlo a escondidas porqué en realidad no estaba permitido asistir a los ensayos. Eso sin dudas era para nosotros un gran estímulo para estudiar y prepararnos para estar nosotros también un día, en ese escenario. Y el día que esa oportunidad llega es especial y bellísima.  Además, el Colón es maravilloso, enorme, y al nacer artísticamente en un teatro tan grande se quita el miedo de cantar en Europa, donde los teatros son mucho más chicos. El Colón también tiene una acústica increíble y una energía especial. La edad de oro de la ópera coincidió con la del Colón. Allí pasaron todos los cantantes más afamados. A ese tiempo en América del Sur había riqueza, mientras que Europa atravesaba los años de la posguerra. Es mi opinión que el teatro sin artistas, sin historia, no existe. Creo en la energía de la gente y del arte queda en los lugares en lo que se expresa. Está bien que se construyan teatros, pero después tienen que llenarse de arte, de funciones, de público. Cualquier persona deja su propia huella y eso en el Colón es algo que se siente muy fuerte.

Demos un paso adelante y lleguemos al presente, para hablar de tu rol protagónico en Bolonia. Recién cantaste el rol de Amelia en la Arena de Verona, pero con un montaje muy diferente al de  “Un ballo in maschera” que se presentó en Bolonia. ¿Cómo repercute la diferencia de dirección en tu interpretación?

Lo que se presentó en la Arena de Verona fue un montaje tradicional. De todas formas, esta es la quinta vez que participo de “Un ballo in maschera” y la segunda en clave moderna; la primera fue el año pasado, en el Teatro Colón, donde interpreté Amelia en un montaje de La Fura dels Baus. Me encanta cambiar y creo que eso es importante para los cantantes. En general, no tengo nada en contra de los montajes modernos, pero no me gustan las incongruencias, es decir aspectos que no tengan que que ver con lo que quiso decir el compositor. Es mi opinión que este montaje es muy inteligente. Bajo el perfil estético, no me parece ni bueno ni malo: es simplemente lo que es. Es un hecho artístico que considero muy interesante y muy bien meditado, y que me hizo reflexionar mucho sobre mi interpretación. Yo intento mejorar cada vez que interpreto un rol, así que mi manera de cantar también se modifica. Sigo estudiando y escucho a mi maestra, Raina Kabaivanska, que me ayuda en mi crecimiento. Nuestra carrera para mí es parecida a la de un deportista, un tenista por ejemplo, que tiene un coach, que lo sigue, le pone límites y  la da sugerencias algo fundamentales para no perderse. Nosotros los artistas, al ser tan receptivos, podemos recibir muchas sugerencias que nos parecen útiles y nos pueden gustar muchas cosas diferentes, pero al fin tenemos que entender lo que es adecuado, o no lo es, para nuestra voz. Por eso es necesario que nos cuide alguien que nos conozca y conozca nuestra voz muy bien. Yo tengo mucha suerte en tener a Raina Kabaivanska.

Volvemos a tu rol protagonista en estos días ¿Crees que Amelia sea un personaje actual?

Estoy convencida que sí. Ella es una mujer, y una esposa, que se puede ver bajo muchos aspectos. Quizás vive encerrada en su casa y se enamora del jefe de su marido, que es un seductor, un narciso, pero también un sueño que no habría tenido al no encontrarlo. Por otro lado, es verdad que en el presente, una mujer no aceptaría ser asesinada, pero el “morrò” (morir) de Amelia se puede entender en un sentido espiritual. Lo que ella acepta es su muerte en cuanto mujer, el fin de sus deseos, de su vida interior y eso sí, creo que aún podría pasar.

¿Hay alguna heroína de Verdi que te gusta más o que te gustaría interpretar?

En realidad, yo me identifico mucho con el personaje que estoy interpretando y lo sostengo tanto que no pienso en otros. Igual puedo decir que en general me gustan las mujeres fuertes y no tanto las que lloran desde el principio hasta el final, cómo Mimí. Las heroínas de Verdi sin dudas tienen más personalidad y más fuerza. Amelia, por ejemplo, acepta su destino, pero es ella quien lo avisa a Riccardo de la conspiración, lo va a buscar e insiste en que se ponga a salvo. De todas formas, yo no juzgo a ningún personaje. Cada uno tiene una razón para ser lo que es.  Por ejemplo me gustó mucho interpretar Abigaile de Nabucco, que lucha todo el tiempo, aunque que al fin se redima. Lo que es increíble en ella es el furor que su amor le ocasiona. Para prepararme para el rol de Abigaile, me fijé en los roles que había interpretado antes. Ya había hecho las tres óperas de Mozart con libretto de Da Ponte y se me ocurrió que el rol más parecido bajo el perfil vocal era el de Fiordiligi, debido a su determinación y a la coloratura vocal, dos características que me encantan.

A parte la ópera te dedicas mucho a la difusión de la zarzuela ¿Quieres hablar de eso?

Con gusto, porqué hace tiempo que tengo el deseo de cantar una zarzuela entera, pero hasta hoy no lo logré. Soy argentina, pero mi corazón está en España (a parte por mi compañero, que es italiano) y mi mente en Italia. Sea como sea, me siento española, quizás aún porque mi bisabuela era asturiana. Placido Domingo me hizo conocer la zarzuela. Ya canté muchas arias, que siento muy cercanas a mi alma y porqué me permiten cantar en mi lengua. Espero que surja pronto algún proyecto de realizar una zarzuela entera, aunque entiendo que, al tener una parte hablada tan amplia, se prefieren cantantes de España, por lo menos por un tema de acento.

La zarzuela no es tan conocida fuera de España ¿Crees que tenga un futuro y que le pueda interesar a las nuevas generaciones?

Creo que sí. Sin embargo, hay un problema muy grande, es decir encontrar partituras fuera de España. Hice conciertos de zarzuela en Argentina,  y tuve que llevar conmigo las partituras,  además que me encargué de que fueran transcritas para cada instrumento. Es verdad que es un género típicamente español y con muchos diálogos, más que en la operetta. Igual con Placido Domingo hacemos conciertos desde hace catorce años, y en la primera parte presentamos arias de óperas, mientras que en la segunda proponemos otro tipo de música, zarzuela incluida, y a la gente le gusta muchísimo.

¿Qué te ha dado en especial esta colaboración con Placido Domingo?

Gracias a Domingo aprendí a cantar géneros diferentes de la ópera. Por ejemplo canto piezas de musicales, ya que cómo comentaba en la segunda parte de nuestros conciertos y en los bis presentamos un repertorio – musical, tango y otras canciones - que le pueden gustar también a quienes no sean aficionados a la ópera. Así aprendí a ser muy versátil  y a poner algo más en mis interpretaciones de ópera. Creo que todo lo que uno hace y vive agrega algo a su trabajo, si se sabe cómo dirigirlo. Te pongo un ejemplo. En los conciertos con Domingo se usa el micrófono y por lo tanto tuve que aprender a cantar así y a hacer “pianos” que propongo también en teatro. Todo sirve y, ante todo, no considero que haya géneros menores. Pero lo más importante es que me divierto, mucho. Para quien no se divierta, esta carrera puede ser un suplicio, porque los sacrificios que hay que hacer son muchos. Un cantante lírico no se queda nunca en el mismo lugar y no puede tener un ritmo de vida regular. No quiero decir que esta vida sea mejor o peor que otras, solamente que es diferente. La pasión y la diversión son fundamentales. Para mí la pasión se concreta en lograr decir algo que toca a la gente en su alma, en comunicar un sentimiento que suscita una emoción.

En Argentina hay muchos cantantes líricos jóvenes de muy buen nivel. Ya siendo un punto de referencia, qué piensas haya acercado tantos jóvenes a la ópera?

 Cuando el Teatro Colón estuvo cerrado por obras de refacción, (ndr: de 2006 a 2010), en Buenos Aires surgieron compañías que presentaban sus propios montajes, más económicos, en el Teatro Avenida, en los que participaban cantantes argentinos jóvenes. Yo también inicié allí. Con Ana D’Anna hemos realizado la primera ópera con estas características, “Il Barbiere di Siviglia”, haciendo largos ensayos en su casa. Al principio no era diferente a frecuentar una clase, pero luego este fenómeno explotó. Aparecieron propuestas muy interesantes e inteligentes, porque las compañías tenían que realizar óperas con presupuestos mínimos y por eso lo más importante era la idea que se mostraba y no la magnificencia de la escenografía, que era imposible. Asimismo en el trabajo del cantante contaba mucho su preparación en actuación, su capacidad de crear el personaje. Todo eso ha producido un movimiento muy interesante y ha atraído un público distinto y más joven el del Colón. De aquí nació la ola de los nuevos cantantes que hoy se encuentran en Argentina. Después que el Colón reabrió, estas compañías siguen haciendo producciones con su propia marca y estilo, y presentan cada temporada cuatro o cinco óperas a las que asisten también muchos críticos.

Para concluir esta charla. ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Después de Bolonia, voy a seguir con “Un ballo in maschera” en Palermo, luego en febrero estaré cantando “Ernani” en Florencia por las celebraciones de la transferencia de la capital de Italia de Torino a esa ciudad. Sucesivamente, en julio, estaré debutando en el “Don Carlo” en Madrid, en el Escorial, y después en I Due Foscari” en Marsella,  con Leo Nucci. Continuaré con este repertorio en Sao Pablo y en Lieja, también con “Nabucco”, así que estaré interpretando roles a los que creo que puedo dar tanto todavía. Sigue también mi colaboración con Placido Domingo, que es siempre muy  activa.


Gracias a Virginia Tola. 

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