sábado, 19 de marzo de 2011

Agrippina de Handel en Boston

Foto: Agrippina - Jeffrey Dunn for Boston Lyric Opera © 2011

Lloyd Schwarz

La compañía Boston Lyric Opera presentó la primera opera exitosa de Handel, Agrippina: una comedia negra sobre el poder despiadado, la lujuria y algunos destellos de nobleza. Quien piensa que Handel suele ser demasiado solemne, al ver esta opera se sorprendería, ya que el libreto es una velada sátira política, y por ello uno desearía que hubiera menos farsa y mas sátira. Esta producción de Agrippina, importada de los teatros de Glimmerglass y New York City Opera, es moderna (creada por el diseñador del Met Jess Goldstein), ya que Poppea lee lo que pareció ser un ejemplar de la revista Vanity Fair. La dirección escénica de Lillian Groag fue también una amplia farsa, pero a la vez pareció ser una oportunidad perdida para que los personajes representaran a ciertos políticos de la actualidad. Muchos de los trucos de Groag – una tina con espumas, la escena de un borracho, encendedores de cigarros y pistolas- son ya demasiado conocidos, y aunque tuvieran poco que ver con el libreto, parecieron ir acordes a la música. Los diseños romanos del creador John Conklin, con siniestros bustos de Cesar y columnas, crearon animadas y flexibles escenas. Musicalmente, la producción tuvo sólidos valores musicales, y Gary Thor Wedow guió una vigorosa y bien proporcionada función que fue excitante en su dinámica y lujuriosa en sus pocos momentos de expansiva conmoción. La orquesta con instrumentos antiguos, y una particularmente fina sección de continuo, proporcionaron todo aquello que se pudiera esperar. Todo el elenco cantó bien, con buenos tiempos cómicos y mucho regocijo. En el papel principal, la soprano Caroline Worra sobreactuó pero pudo mostrar sus deslumbrantes trinos. El incestuoso Neo, interpretado por el contratenor David Trudgen, mostro una suave, ligera pero impresionante coloratura, y a pesar de estar vestido en ridículos boxers nunca perdió su lado de malvado. El bajo barítono Christian Van Horn interpretó el papel de Claudio con amplió tono, una especie de predecesor del Conde Almaviva, un adicto sexual que termina siendo engañado por aquellos sobre los que aparentaba tener algún poder. En papeles más pequeños, el contra tenor José Álvarez, el barítono David McFerrin y el bajo David M. Crushing hicieron vividas interpretaciones de sus personajes. Pero son los dos amantes, quienes merecieron el aplauso más grande. Poppea, a quién dio vida la soprano coloratura Kathleen Kim, una encantadora comediante con sorprendente técnica, y el contratenor Anthony Roth Costanzo de articulado y elegante fraseo, fue un convincente Ottone que proyectó su original voz como una jabalina de poderoso empuje, raro para su tipo de voz. Peter Sellars y Craig Smith en sus legendarias producciones de operas de Handel, mostraron que las arias da capo en tres partes no son solo una mera repetición si no una extensión dramática de lo que se escuchaba inmediatamente antes. Para no extenderse, la compañía abrevió algunas arias, entre ellas la exquisita de Ottone sobre los arroyos murmurantes.

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