domingo, 27 de marzo de 2011

Ballet Béjart Lausanne en el Teatro Auditorio Ciudad de Alcobendas (Madrid). Cuaderno de bitácora pasado y presente

Fotos: Ballet Béjart
Alicia Perris

ÉRASE UNA VEZ (IL ÉTAIT UNE FOIS): un coreógrafo fuera de serie, proteico, único, Maurice Béjart, que creó en consonancia con otros taumaturgos y siempre en armonía con todas las vibraciones del universo. El maestro de maestros, que en realidad se llamaba Maurice Berger, tenía un padre especialista en filosofía oriental, lo que habría de influirle a lo largo de su vida personal y profesional. Bailarin de joven, concibió su primera coreografía en Estocolmo, en 1950, una versión del tan revisitado “Pájaro de Fuego” de Stravinsky. Experimenta con la música electroacústica de Henry y Schaeffer y en 1959 retoma Stravinsky en una versión de “La consagración de la primavera” que hizo historia. El Ballet del Siglo XX, una de sus primeras creaciones, verá la luz en Bruselas y ejercitará su magia hasta 1987, cuando el artista se traslada a Lausanne y funda el Ballet homónimo en Suiza. Partidario de democratizar la danza sin que amortiguara su peso específico ni su trascendencia, con él bailaron Maya Pliséskaya, Alicia Alonso, Paolo Bartoluzzi o Marcia Haydée e interactuaron genios tan dispares y heterodoxos como el cineasta Federico Fellini o el diseñador Versace. Experimentó con toda la energía de las diferentes civilizaciones en cuyas fuentes bebió y por cuyos territorios paseó a la vez, las zapatillas, los maillots y las alas. JORGE DONN: Pareja sin igual, el dúo Béjart-Jorge Donn hizo historia y traspasó las fronteras del mundo de la danza, hasta que la muerte se llevó al bailarín argentino en 1992. Relación potente, creadora, Donn se transfiguró en su más complementario alter ego, estrenó y bailó durante años las famosas coreografías que Béjart en ocasiones había imaginado sobre todo para él: el “Bolero” de Ravel, que el realizador Claude Lelouch trasladó a la pantalla en “Les uns et les autres”,” Bhakti” (1968), “Nijinski clown de Dios” (1971), “Lo que el amor me dice” (1974) y “Adagietto” (1981) entre otras. Sus danzas griegas encandilaron al público madrileño hace décadas en el Palacio de los Deportes, en un despliegue de talento e incandescencia que algunos no hemos olvidado todavía y que experimentamos en su día como un regalo único, una ocasión para la memoria y el recuerdo. Puro Eros. Nada de Tánatos. Nada de Tánatos. Nunca más… MAINTENANT (AHORA): La propuesta actualizada del Ballet Béjart Lausanne que se presenta en Alcobendas es otra cosa. Otra concepción del cuerpo y del movimiento. Mucha técnica y esfuerzo, pero falta el antiguo esplendor. Sin embargo, una velada más que digna, llena de expectativas. Con un público entregado a teatro lleno. El programa incluye un Paso a tres de Elton(John)/Berg, un Paso a dos de “Tristán e Isolda” de Wagner, el “Song of herself” con música de Franz Schubert y Dafnis Prieto y “Le chant du compagnon errant” de Mahler. Después de la pausa, el “Étude pour une dame aux camélias”, con música de Chopin y finalmente “L´oiseau de feu” de Stravinsky, todas coreografías de Maurice Béjart. La dirección del ballet en estos momentos, como desde la muerte del maestro está en manos de Gil Román, que lleva a cabo un trabajo encomiable. Su primer encuentro con el coreógrafo francés tuvo lugar en 1979, en el Ballet du XXè Siècle y a “la inteligencia de la palabra aliada a la pertinencia de la mirada hacen de Gil Román más que un intérprete de talento. El Béjart Ballet Lausanne, entró en el Libro Guinness por los 160 mil espectadores que vieron “1789…et nous” en París y los 50 mil que ovacionaron a la compañía en el ““Ballet por la vida” en México”. Nos alegramos de verdad y…nos morimos de nostalgia.



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