jueves, 6 de mayo de 2010

Concierto OFUNAM - México D.F.

Foto: Enrique Arturo Diemecke -Musica UNAM

Ramón Jacques

Agradable, sugestivo y emociónate, así fue este concierto presentado por la Orquesta Filarmónica de la UNAM, bajo la conducción de Enrique Arturo Diemecke. El reconocido director mexicano de prolífica carrera internacional en el terreno operístico y sinfónico, que hoy funge como director titular de la Filarmónica de Buenos Aires en Argentina, comenzó su estrecha relación con la OFUNAM hace treinta años cuando ocupó el cargo de director asociado.

El concierto comenzó con una alegre y dinámica ejecución de la Obertura de El empresario,k 486 la comedia con música en un acto que Mozart compuso en enero de 1786 por encargo del emperador José II para una celebración importante, y que además de la orquesta grande resalta por el sonido de las trompetas y los timbales. A continuación, se interpretó el Concierto para fagot y orquesta en si bemol mayor, K191 de Mozart. Aunque existen pocas partituras orquestales para fagot, al igual que otros instrumentos que han vivido a la sombra de tantos conciertos para piano y violín, Mozart compuso obras para instrumentos de aliento como: la flauta, el oboe, el clarinete, el corno y el fagot, prueba de ello son sus conciertos, serenatas y divertimentos. El concierto de tres movimientos tuvo como solista al estadounidense David Bell, quien emitió con su fagot la sensual musicalidad del movimiento Allegro y el sereno y pausado carácter, pleno de melancolía y tranquilidad del Andante ma adagio. La orquesta, bajo la segura y entusiasta guía de Diemecke, proporcionó un adecuado acompañamiento de sonido compacto y homogéneo, de típica sonoridad mozartiana apoyada en la ligereza de la sección de cuerdas. Como bis, Bell interpretó el Capricho n. 3 de Rossini.

La segunda parte del concierto vibró con la Sinfonía nº 5 en do sostenido menor de Mahler, y la ardiente y pasional lectura, de cinco contrastantes movimientos, muy acordes al temperamento del maestro Diemecke quien transmitió y contagió a los músicos la fuerza y la exaltación del movimiento Traeurmarsch que inició con una triste marcha fúnebre que fue subiendo de intensidad al sonido de las trompetas; y del romántico Stürmisch bewegt que terminó con una violenta conjunción de todas las fuerzas musicales. En el tercer movimiento Scherzo, la orquesta se adentró en el gusto y la armonía del landler, el típico ritmo vienés. En el exquisito y tranquilo Adagietto, el movimiento musical que fue inmortalizado en la película Muerte en Venecia de Luchino Visconti, Diemecke condujo con delicadeza y libertad expresiva, extrayendo conmovedora sutileza de los instrumentos de cuerdas, notablemente el arpa. Al final, se escucharon referencias musicales del Adagietto y del segundo movimiento, así como una exuberante melodía que concluyo con un monumental y escalofriante cierre.

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